LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA
Todos
hemos oído hablar de la revolución sexual de los últimos tiempos y los efectos
de todo orden que ha producido, especialmente en la gente joven y muy
particular y afortunadamente en la mujer.
Se habla
menos de la misma revolución y los efectos que ha producido en las parejas
estables de edad madura.
No se
habla nada de la ya citada revolución y sus efectos, si ha producido alguno, en
las personas mayores.
En los
jóvenes, los efectos han sido muy espectaculares por la propia condición de los
protagonistas: rebeldía, trasgresión de normas sociales establecidas y
exhibicionismo público como forma de expresión. Todas ellas sin importancia
fundamental para la sociedad o la familia. Únicamente el adelanto en la edad de
la mujer para alcanzar una relación sexual plena, ha tenido la desagradable
consecuencia de los embarazos no deseados. Circunstancia que va desapareciendo
con una educación que elimina la ignorancia sexual.
Los
efectos en las parejas estables han sido menos espectaculares, pero bastante
profundos y se han unido a otros de diferentes orígenes para aumentar su
influencia en las costumbres de la sociedad. Podríamos poner como ejemplo y
siguiendo un orden cronológico: el retraso en llegar a la formalización de su
situación, puesto que ya “no hay prisa” en llegar a la convivencia o el
matrimonio; el retraso en tener descendencia, al preferir, en unos casos, una
situación placentera a una de responsabilidad y, en otros, el deseo de la mujer
de completar su formación de estudios o consolidación de su puesto de trabajo,
pues es consciente de que puede plantearse el ser madre, cuando cumpla treinta
años; el cambio en las conductas íntimas, al pasar la mujer a una actitud
activa y, por tanto, mejorar unas relaciones sexuales en las que el marido ya
no necesita, como antes hacía, buscar nada fuera de casa. No se ha eliminado la
infidelidad, pero ha disminuido mientras aumenta la compenetración en el lecho.
La mujer ha cambiado el calificativo genérico de “amante esposa”, por tres
afirmaciones rotundas: amante, esposa y madre. Enumeración que no indica
prioridad, puesto que cada mujer, no sólo los utilizará variando el orden
citado, sino que los alterará en el tiempo.
De los
efectos en las personas mayores no se sabe nada. Se ha partido de una reflexión
que establecía el principio de que al ser la mujer estéril y por tanto no apta
para su fin principal, había terminado su función sexual. Y al hombre le
sucedía lo mismo, al disminuir la fortaleza de su erección con la edad. El que
hubiera excepciones entre las mujeres, se consideraba una aberración contra
natura. Las excepciones en los hombres, en el caso de tener descendencia, se
pensaba más en la ayuda de un tercero que en la capacidad propia; en el caso de
que manifestaran su deseo sexual a edades avanzadas, se zanjaba con el
despectivo “viejo verde”.
Sucede,
sin embargo, que el instinto de sexual permanece durante toda la vida, aunque
existan fluctuaciones en nivel hormonal en sangre.
La mujer
mayor española, es decir, mayor de sesenta años, sometida durante siglos a la
idea de que todo lo relacionado con el sexo, sin procreación, es pecado y degradante, ha asumido el papel
que le indicaba la sociedad y jamás, bajo ningún condicionado, expresará una
necesidad sexual y, en determinados casos, incluso la perderá.
Pero una
alteración tan importante en la sociedad no podía pasar desapercibida para un
grupo tan numeroso como son los mayores de sesenta y cinco años.
Las
personas mayores, con la lentitud que les impone su medida del tiempo y con la
forma cautelosa que han aprendido de sus escarmientos, más que de sus
experiencias, han empezado su propio camino hacia una revolución silenciosa.
Ya no se
quedan cerrados en casa. Buscan amistades y combaten contra la soledad que
produce la pérdida de seres queridos. Se asocian en múltiples formas y realizan
viajes, celebran fiestas y organizan bailes. Nadie puede ignorar que en este
momento las costumbres y modo de vivir de las personas mayores han sufrido un
cambio espectacular. La sociedad se resiste a admitir que una pareja de
ancianos pueda disfrutar de un placer carnal y procura buscar otras
explicaciones más espirituales y dice que son novios, a una pareja de ancianos,
que, en realidad son, más que amantes, pareja, en el sentido que da a esta
palabra la gente joven: una profunda amistad con la que se comparte sexo. Y
dicen que se van de viaje a Palma de Mallorca para disfrutar del clima, cuando
alguno de los matrimonios, va dispuesto a revivir su luna de miel con todas las
consecuencias. Y dicen que un matrimonio está muy ágil y es muy alegre, cuando,
después de una cena con otros de su misma edad, se queda bailando hasta la
madrugada, cuando la realidad es que, el tal matrimonio, se está preparando
para una noche feliz.
Ya sé
que no sucede en todos los casos. ¡¡Sólo faltaba eso!!
Gustavo
de Alvaro
Residencia,
19 de noviembre de 2000
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JUBILONAUTAS