RUTAS Y VIAJES
Se recogen aquí las descripciones de Rutas de Montaña o de viajes turísticos realizados por Jubilonautas.
Todo el que quiera contarnos sus aventuras puede enviar su relato al Webmaster
jo.tor@redestb.es y lo publicaremos con mucho gusto.
1 -
Ruta de la ALPUJARRA por Miguel López Oliveros2 -
Ruta del Pirineo aragonés por Manuel Panea3 -
Ruta del Moncayo por Manuel Panea4 -
Rutas por las Montañas de Asturias y León por Javier F. Pello (estas rutas pueden verse ampliadas en la página web de Javier http://www.bigfoot.com/~trasgu )5 -
Mi Camino de Santiago por José Luis Toral
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La comarca de MOTRIL en GRANADA
Miguel López Oliveros
- Hace unos días, mi amigo José Luis Toral me envió un e-mail animándome a colaborar en la Web que está preparando. ¡Y nada para mí más grato que poder complacerle! Pero, ¿de qué hablar?
Me decía que una de las secciones de su Web se titulará "Las batallitas del abuelo". Su título no puede ser más agradable, ni más sugestivo. Es para ella, - para esa sección - , para la que solicita mi modesta colaboración de. . . ¡ un artículo !. Un artículo, que habría de tratar. . . ¡de lo que se me ocurriese! ¡Así de sencillo, así de fácil!
Sin embargo, a continuación me reta a escribir " un pequeño artículo " sobre la zona de Motril, mi lugar de residencia. Un lugar que el conoce casi tan bien o mejor que yo. ¡Que fácil y que agradable resulta hablar de lo que uno conoce y de lo que se está tan enamorado! ¡Y que difícil es condesar en un " pequeño artículo " tanta vivencia, tanto recuerdo, tanto paisaje. . . ! ¡Que difícil me lo pones, José Luis!
- Me gustaria que esta colaboración fuese amplia y no se redujera a este artículo, cuya extensión forzosamente ha de ser limitada. Porque, ¿ cómo hablar, en un par de folios, de los pueblos de nuestra comarca y de sus costumbres, o de nuestros campos con sus cultivos exóticos, o de nuestro mar con sus límpidas aguas y con sus numerosas y hermosas playas ? ¿ Cómo olvidar esa comarca tan increible por sus contrastes, por sus costumbres y por su belleza, que es La Alpujarra o Las Alpujarras ?. ¿ Que más dá, si ambas, la granadina y la almeriense, forman un todo armónico e indisoluble ? ¿ Cómo no hablar de la enorme riqueza gastronómica de la región, en donde se entremezclan los platos marineros con la típica cocina del interior, y en los que nuestros frutos tropicales ponen un increible toque de exotismo ? ¿ Cómo ignorar a todos aquellos personajes que hicieron historia y que vieron por primera vez la luz en este rincón ? ¿ Cómo no contar ese rico anecdotario del que el motrileño, con toda justicia, se siente orgulloso ?
- A veces, ¡ que difícil resulta hacer las cosas más sencillas !
¡ MOTRIL !
Al sur de Granada, a los mismos pies de Sierra Nevada, entre las provincias de Málaga y Almeria, y teniendo por fondo ese mar que fue símbolo y origen de culturas, se extiende toda una comarca plena de belleza y de contrastes que tiene por capitalidad a Motril.
Motril es una de esas ciudades andaluzas que, desgraciadamente, han perdido la belleza de aquellos pueblos pequeños, de casas encaladas y planta baja que, apiñadas alrededor de su iglesia, tan característicos son del paisaje andaluz. Motril, con sus 50.000 habitantes, con sus amplias avenidas y sus modernos edificios, con su pujante industria azucarera y papelera, con sus centros de enseñanza y sus instalaciones deportivas, y con sus instalaciones portuarias e industriales, se parece bien poco a aquellos pueblos blancos, limpios y cuajados de flores, que parecen como colgados de sus serranías o como tendidos al sol sobre las arenas de sus playas, y que configuran la estampa más típica de nuestra tierra.
- A solo 8 Kms., camino de Málaga, está Salobreña, ese pueblo increíblemente bello y tremendamente blanco que parece como trepar sobre la roca en que se asienta, tratando de alcanzar el hermoso castillo árabe que la corona. A sus pies, las aguas de su mar, limpias y transparentes, parecen cofundirse con el espléndido verdor de su vega.
Y ya, hasta Almuñecar, toda una serie de calas recónditas, de playas deliciosas, y de cerros poblados, tremendamente poblados, por bellas construcciones, de lo que es buen exponente el " Monte de los Almendros ".
¡ Y ALMUÑÉCAR !
- Con sus calles estrechas y llenas de vida; con sus amplias y numerosas playas; con sus casas encaladas y sus jardines, Almuñécar ha conseguido conservar su caracter tipicamente andaluz , incorporándose, al mismo tiempo, a la corriente turísta de la costa malagueña.
- Y un poco más allá La Herradura, casi en el límite con Málaga, con su hermosa ensenada protegida por dos colosales puntas que se adentran en su mar, como queriendo protejerla de los vientos: La Punta de la Mona y Cerro Gordo.
- Toda la comarca está salpicada de pequeños pueblos: Jete, allá junto al Rio Verde, con una agricultura de frutos exóticos, donde el chirimoyo y el aguacate son los reyes, y donde el mango está próximo a destronarles.
- Y un poco más arriba, más hacia la sierra, Otivar, conservando aún el recuerdo de su alcalde, aquel personaje de leyenda que pasó a la historia, por su heroica lucha en nuestra guerra de la Independencia.
- Y los tres Guájares. Pueblos árabes perdidos entre montañas y valles, con " capitalidad " en Guajar Faragüit. ¡ Vaya nombre y " apellío " !
Y Molvizar, con sus vinos, escasos pero exquisitos.
Y Lobres, junto al rio Guadalfeo, con su pequeño ingenio azucarero
. Y rio arriba, Velez Benaudalla, con su castillo árabe y sus fiestas de moros y cristianos.
Y Orgiva, la capital occidental de La Alpujarra, con la " tremenda " procesión de su patrono, el Cristo de la Expiración, " El Cojonúo ", donde, a la salida de la Imagen, la tierra tiembla y el aire se hace irrespirable con su denso y nausebundo olor a pólvora.
Y Lanjarón, con sus aguas minero-medicinales y su magnífico Balneario. Todo un oasis de paz en medio de aquella espléndida serrania que da comienzo a esa comarca bellísima que es La Alpujarra.
Y Capileira . . ., y Bubión . . ., y Pampaneira . . ., y Cónchar . . ., y Busquistar . . ., y Sorvilán . . ., y Pitres . . .,y Pórtugos, con su " fuente agría ". . ., y Cádiar . . ., y Ugijar, la capital oriental alpujarreña . . ., y Trevélez, el pueblo más alto de España, con su renombrada industria jamonera . . ., y Laroles. . ., y Jorairatar. . . ¡ nombres con reminiscencias árabes, y hasta . . .gallegas !
Y Yégen, donde pasó gran parte de su vida aquel escritor y aventurero inglés que fue Gerard Brenan.
Y Válor, cuna de aquel Aben-Humeya, que anteriormente fuera D. Fernando de Válor. . . , y tantos y tantos increibles pueblos que salpican por doquier toda la agreste geografia de esa espléndida comarca que es La Alpujarra.
- Allá en la costa, camino de Almeria, nos dejamos a Calahonda, villa turística y marinera y a Castell de Ferro, blanca como una gaviota posada junto a su mar.
- Y La Mamola, donde sus pescadores no se atreven a nombrarla por creer que es de mal agüero hacerlo, y la llaman pudorosamente, " el pueblecillo ".
- Y ya, casi en el límite con Almeria, La Rábita, cubierta de invernaderos y donde se dan las hortalizas más tempranas de toda Europa.
- Y más arriba, como queriendo asomarse a aquel mar que tanto añoran, Gualchos, Lújar, Rubite con sus espléndidos vinos, y Polopos, con nombre evocador de la Grecia clásica. . .
- Y Albondón con sus viñedos y extraordinarios vinos.
- Y Albuñol, la " capital " de aquella zona alpujarreña, cuna de aquel político insigne que fue D. Natalio Rivas, y donde mi amigo Andrés, " el Canario ", posee una bodega de ensueño.
- Espero, abusando de nuestro amigo José Luis, poder seguir relatándoos todo lo que encierra esta comarca granadina, tan variada, tan increíble y tan hermosa.
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M. Panea
"¡Ya no hay Pirineos!", exclamó en una solemne ocasión aquel monarca francés que todos sabemos.
Una bonita frase.
En el sentido metafórico, claro. Porque en el sentido físico, real, los Pirineos siguen ahí.
Una colosal muralla, alzada por encima de los 2.000 metros a lo largo de casi toda su extensión del Cantábrico al Mediterráneo. Una enorme mole de 450 kilómetros de longitud, con una base de 55.000 kilómetros cuadrados.
Y, en el núcleo central de la cordillera, el Pirineo de Huesca.
Hacia el oeste (Navarra, Guipúzcoa) y el este (Lérida, Gerona), las alturas se suavizan, se abren valles amplios. Pero aquí, en el Pirineo central (el Pirineo de Huesca) se encuentran las cumbres más altas (por encima de los 3.000 metros), los valles más profundos, el paisaje más bravío. Esto es la corona de la cordillera.
En la última era glacial, el Pirineo central estuvo cubierto durante varios milenios por una gruesa capa de hielo, que escurría por diversos glaciares. Éstos, en su lento fluir, erosionaron el macizo, excavaron valles de verticales paredes y alteraron drásticamente la configuración orográfica.
Hoy sólo quedan vestigios de aquellos gigantescos glaciares, y por los hondos valles excavados por los hielos descienden hoy pequeños ríos. Pobre recuerdo de pasadas glorias.
Pero, como herencia de aquello, ha quedado el más maravilloso conjunto de picos, agujas, collados, valles, gargantas, barrancos, grutas.
* * * * * *
Si quieres ver maravillas como nunca soñaste, no lo dudes: cálzate las botas, échate la mochila a la espalda y ven al Pirineo de Huesca.
Y sube. Por cualquier sendero, por cualquier valle. Ninguno tiene desperdicio; y no encontrarás dos iguales.
Pero,échale ganas, ¿eh? Porque aquí no hay cuestecitas. Aquí las laderas son verdadermente empinadas (excepto las que están cortadas a plomo). Aquí el camino mejor trazado remonta en penosos zigzags por bosques y praderas de fuerte pendiente. Aquí no hay río que baje manso, todos son impetuosos torrentes.
Quítate las legañas y abre bien los ojos.¡Es tanto lo que hay que mirar y admirar! Las altísimas cumbres coronadas de nieve, los profundos valles, los enormes bosques de abetos y hayas, las extensas praderas cubiertas de flores.
Lávate las orejas y aguza el oído. Escucharás el murmullo del torrente, el retumbe del trote de los sarrios, los chillidos estridentes de las marmotas, los gritos de las águilas, los graznidos de cuervos y grajos, el croar de las ranas en alguna charca, el incesante cricrí de los grillos.
Límpiate la nariz y usa el olfato, casi perdido en la ciudad. Huele la hierba, las flores, el heno si ya han segado en los valles.
Y no olvides el tacto. Siente sobre tu piel el ardiente sol, la frescura de los hayedos, la suave caricia del viento.
Y, para regalo del gusto, alarga la mano a coger fresas, frambuesas, moras, arándanos. endrinas.
¿Qué más quieres? Todos los sentidos gozan aquí en plenitud.
* * * * * *
¿Alguna vez has visto las águilas volar por debajo de ti? Pues sube con ganas por cualquier ladera y mira hacia abajo. Las verás allá abajo, sobre el valle, planeando en majestuoso vuelo.
A los buitres no los verás nunca volar por debajo; ésos están siempre allá arriba, altísimos, describiendo con lentitud amplios círculos. A no ser que tengas las suerte de pasar por la mañana temprano junto a un dormidero de buitres al pie de una loma; entonces los verás trepar torpemente por la ladera, hasta encaramarse a una roca para iniciar desde allí el vuelo tan pronto como se seque el rocío de sus alas.
Seguro que has presenciado algún atardecer a la orilla del mar. Pues baratija, comparado con lo que aquí te espera. Sube a un collado bien orientado y contempla desde allí la puesta del sol entre los lejanos picos, con un aire limpio y sin calima. ¡Inolvidable!
Y luego, al anochecer, túmbate en la hierba y mira hacia arriba. Verás cruzar lentamente por el cielo, de oeste a este, unos cuantos satélites artificiales.
Se ha hecho de noche. ¿Qué es eso que brilla en el suelo? ¡Luciérnagas!
Y no montes la tienda. ¡Vivaquea! Tapado hasta las orejas, asomando sólo los ojos y la nariz (que el frío pega), mira el cielo negrísimo, tachonado de mil estrellas. Inimaginable bajo las luces de la civilización.
¿Y eso? ¡Una estrella fugaz! ¡Y otra! ¡Y otra!
Y te queda lo mejor, si tienes la suerte de presenciar una tormenta de verano, cobijado bajo una roca al pie de un paredón.
El día ha sido caluroso, el sol implacable, ni una nube en el cielo azul intenso.
Pero a media tarde empieza a soplar el viento. En cuestión de minutos aparecen negros nubarrones (¿de dónde han salido?), el cielo se oscurece. De pronto, sin aviso, estalla con furia la tormenta. Los rayos zigzaguean deslumbradores; los truenos, ensordecedores, retumban sin cesar, acompañados por los ecos en los paredones (¿no se derrumbará el monte?); una espesísima cortina de agua corta totalmente la vista; el viento sopla con violencia.
Y tú, acurrucado bajo la piedra.
Luego, todo cesa, casi con la misma rapidez con que empezó. El viento se ha llevado las nubes hacia otro lugar. Aún resuenan algunos truenos en la lejanía, ya muy apagados; aún cae una fina llovizna, cada vez más débil. El cielo es azul de nuevo. Vuelve a lucir el sol.
Con el corazón todavéa encogido sales de tu escondrijo. Te has dado cuenta de lo pequeño que eres; o de lo inmenso que es lo que te rodea.
Y, entonces, ante ti aparece el arco iris. No estaba ahí hace un momento. Pero ahora luce esplendoroso, refulgente, con colores brillantes, vivos, nítidos. Como nunca lo habías visto.
Y luego, por la parte exterior, distingues un segundo arco iris, de tonalidades algo más difusas. ¿Habías visto algo igual?
Cuarenta días pasó Noé aguantando la lluvia. Luego vio el arco iris.
Tú has disfrutado de una tormenta formidable, que ha durado sólo un cuarto de hora (pero acongojante, ¿eh?). Y ahora tienes ante tus ojos no un arco iris, sino dos. Te lo digo: el Pirineo es diferente en todo; hasta en esto.
Te aseguro que el recuerdo de la tormenta, acurrucado bajo la roca, se mantendrá vivo en tu memoria durante el resto de tu vida.
* * * * * *
Calculo que, si eres perseverante y buen andador, en unos 1.000 días habrás subido por casi todos los caminos, cruzado casi todos los collados, ascendido a casi todas las cumbras, recorrido casi todos los valles y vadeado casi todos los torrentes. Y ya tendrás una idea bastante cabal de cómo es el Pirineo de Huesca.
Pero la boca se te habrá quedado redonda para siempre, con los labios entreabiertos. De tanto exclamar "¡Oooh!"
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Manolo Panea
¿Te has parado a examinar los mapas meteorológicos de los programas de previsión del tiempo de la "tele", con esos soles y esos nubarrones tan monos que ponen? Pues, a poco que te fijes, apreciarás claramente la cuenca del Ebro como un gran triángulo alargado tendido de noroeste a sureste.
El lado sur de esta enorme cuenca está formado por el Sistema Ibérico, una larga sucesión de sierras y macizos que se extiende desde la cordillera cantábrica hasta cerca de las costas de Castellón.
Y, en el centro del sistema, ¡el macizo del Moncayo!
Este gran macizo montañoso fue en la Edad Media la frontera natural entre los reinos de Castilla y Aragón. Ahora separa las provincias de Soria (al oeste) y Zaragoza (al este).
En este macizo se hallan las mayores alturas de todo el Sistema Ibérico, culminando en los 2.315 metros de la cima del Moncayo (la cota más alta de toda la provincia de Zaragoza). Ni punto de comparación con los Pirineos de Huesca, claro (allí esos 2.300 metros son la altura media, muchas cumbres sobrepasan los 3.000). Pero no importa sólo la altura, el Moncayo tiene sus encantos en otros aspectos.
A pesar de su "modesta" altura, destaca majestuoso en el horizonte al observarlo por el este desde las llanuras del valle del Ebro (que están sólo a poco más de 200 metros de altitud) o por el sur desde la vega del Jalón (a poco más de 300). Desde las altas tierras de Soria resulta algo menos espectacular.
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El núcleo central del macizo se levanta abruptamente sobre las tierras circundantes, mucho más bajas: Tarazona (la capital de la comarca) está a 480 metros de altitud, el pueblecito de Vera de Moncayo (que está "a la vera del Moncayo") se encuentra a 630 metros, otros pueblos de las faldas del Moncayo (Añón, Litago, Trasmoz, Lituénigo, San Martín de la Virgen del Moncayo) están situados entre los 750 y los 850 metros. Desde ahí hasta los 2.300 y pico de la cima del Moncayo quedan muchos metros.
Estos fuertes desniveles en un espacio relativamente reducido y las diferentes condiciones climáticas de las laderas con distinta orientación geográfica han originado una gran diversidad ecológica; voy a citar 4 aspectos:
1)
Los glaciares del Moncayo.Habitualmente relacionamos los glaciares con las altas cumbres de las grandes cordilleras.
¿Te imaginas glaciares en el Moncayo? Pues sí. Durante la última era glaciar se acumularon los hielos en la ladera noreste del Moncayo (la más protegida de la insolación).
Ya no quedan hielos, claro; eran otros tiempos. Pero se aprecian claramente tres cubetas glaciares, situadas a unos 2.100 metros de altitud: las dos más meridionales (circos de Morca y San Gaudioso) son de dimensiones relativamente modestas, la más septentrional (Pozo de San Miguel o circo del Cucharón) presenta unas morrenas realmente impresionantes de grandes bloques de piedra.
2)
Los ríos Queiles y Huecha.Se puede decir que el Queiles es un río poco aragonés. Nace junto a la localidad de Vozmediano (en la provincia de Soria), en el paraje conocido como Nacedero de Vozmediano (donde afloran las aguas del río Araviana que se filtran y desaparecen en un terreno kárstico). Rodea el Moncayo por el norte, atraviesa Tarazona, riega un pequeño territorio en los alrededores de esta ciudad y pasa en seguida a tierras navarras.
El Huecha es más nuestro. Nace al sur del Moncayo (más propiamente en la sierra de Montalbo) y en su curso de oeste a este hacia el Ebro riega las ricas tierras del Campo de Borja (con excelentes viñedos, frutales y huertos).
3)
La vegetación de ladera.Las zonas más bajas del macizo, en las desembocaduras de los numerosos barrancos que descienden de él, están formadas por los arrastres depositados por las aguas torrenciales de los barrancos. Aquí crecen solamente matojos de especies adaptadas a estos suelos pobres y secos (aliaga, tomillo, romero, enebro, coscoja).
Las laderas por encima de estos terrenos de aluvión están ocupadas por bosquecillos de carrasca, encina y roble. En los claros soleados crecen majuelos, endrinos y rosales silvestres.
A partir de unos 1.300 metros de altura, por encima de esta faja de árboles de hoja dura hay extensos pinares (en las zonas soleadas y secas) y hermosos hayedos (en las zonas más frías y húmedas); los hayedos (que en las laderas de los Pirineos ocupan amplios territorios, con ejemplares de gran porte) están limitados en el Moncayo a unos pocos enclaves, y no aparecen ya en otras tierras más meridionales de Aragón. En algunos reductos hay magníficos bosquecillos de acebo arborescente. Los cauces húmedos y frescos de los barrancos están ocupados por fresnos, sauces, abedules y álamos.
El invierno es muy duro en el Moncayo por encima de los 1.600 metros. Aquí sólo resisten el pino negro y el enebro.
Más arriba, ya sin especies arbóreas, es zona de pastizales. La zona más próxima a la cumbre (por encima de los 1.900 metros) está cubierta por la nieve durante una gran parte del año. Cuando la nieve desaparece, deja al descubierto extensos canchales (campos de piedras) prácticamente sin vegetación.
4)
Parque Natural de la Dehesa del Moncayo.Magnífico. Magnífico. Magnífico. ¿Sigo?
Un tupido bosque de árboles de hoja blanda ocupa la zona baja de la ladera oriental del Moncayo. Toda esta zona (casi 1.400 hectáreas) fue declarada Parque Natural en 1978.
Es, sin duda, la zona más visitada del Moncayo. Una carreterita (con ramales desde todos los pueblecitos de la falda) asciende por la ladera y llega casi a las puertas del santuario del Moncayo; para los menos perezosos, varios senderos trepan también hasta el santuario.
En varios lugares se han instalado zonas recreativas con chimeneas, mesas y bancos. Agua fresquísima abundante en numerosas fuentes.Y un campamento juvenil.
En el santuario de Nuestra Señora del Moncayo, situado a 1.620 metros de altura, lo más interesante es la antigua iglesia (donde se conserva una talla de Nuestra Señora del Moncayo, del siglo XIII) y lo más atractivo es la vista sobre los pueblecitos de la falda del macizo.
Con ganas de andar, desde el santuario hasta la cumbre del Moncayo hay casi 2 horas (700 metros de desnivel). Pero vale la pena. Una cruz de hierro, una estatua de la Virgen del Pilar, una señal de vértice geodésico y un seco pedregal es lo único que hay allí. Pero la panorámica es soberbia; si la atmósfera está limpia, la vista alcanza hacia el noroeste hasta la cordillera cantábrica (¡sí, sí!), hacia el norte hasta los Pirineos, hacia el sur hasta Guadarrama. ¿Qué te parece? No se puede pedir más.
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No se puede hablar del Moncayo sin nombrar el monasterio de Veruela.
Pero esto se queda para otro día.
¡Hay tanto que contar de Aragón!