"El humor se ríe de la muerte.
Su campo de cultivo son los velatorios". (Paco Pérez)
ANÉCDOTAS MOTRILEÑAS
Miguel López Oliveros
Una de las facetas más increíble de Motril, y menos conocida fuera de nuestra provincia, es esa increíble e interminable serie de anécdotas, que configuran el carácter de todo un pueblo tremendamente andaluz, y filósofo por naturaleza.
Un pueblo que se ríe de su propia sombra, y que nos hace reír con esa gracia espontánea del hombre del campo, con esa filosofía que impregna su vida cotidiana, y que se adquiere solamente con el transcurrir de los años.
Gran parte de ese anecdotario está maravillosamente recogido, en la obra que el que fuera Cronista oficial de Motril, Francisco Pérez García, publicara allá por el año 1.983.
Otras anécdotas son recientisímas , como la del recibimiento por nuestro alcalde a "La Veneno". Próximamente la relataré con todo detalle ya que fue vivida por mí.
A continuación relataré algunas de ellas.
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"Se comentaba en la tertulia del Casino, la habilidad operatoria de un célebre cirujano granadino y uno de los contertulios, en el colmo de sus elogias a aquel, quiso exponer la última intervención del tal cirujano, y encarándose con los presentes se atrevió a decir:
_ ¿Que si es buen cirujano? Os voy a contar una de sus últimas operaciones, y que yo casualmente presencié.
En plena Puerta Real de Granada, un hombre fue atropellado por un carro, cuyas ruedas le pasaron por encima del vientre, en el preciso momento que pasaba el doctor con la cartera del instrumental en la mano. No había tiempo de nada. ¡Había que operar de inmediato!
Y sin dudarlo un momento, el cirujano - en plena calle - , le abrió el vientre, le extrajo el estómago y le trasplantó el de una cabra, que oportunamente se encontraba allí. Suturó la herida y envió al herido al hospital.
_ ¿Y se curó? , preguntó un tanto incrédulo uno de los contertulios.
_¿Cómo que si se curó?. ¡No sólo se curó, sino que está dando a diario tres cuartillos de leche!"
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"En tiempos pasados muchos empleados debían sus puestos a la política y para sostenerse en ellos, rivalizaban en adulación, incluso servilismo, al jefe o alcalde que los había nombrado. El protagonista de esta
anécdota, Ricardo Escañuela, más conocido por "Pinchaúvas", cabo de serenos, batió todas las marcas de la coba. No solo realizaba encargos de índole reservada, con faldas por medio, sino que aprovechaba cualquier fútil motivo para lisonjear o adular a su jefe.
El alcalde tenía la costumbre de trasnochar, tras de varias horas de tertulia en el casino con sus amigos políticos. Regresaba a su hogar sobre las tres de la madrugada, seguido de los miembros de su tertulia, uniéndose al cortejo, como guardián, "Pinchaúvas", el cabo de serenos. Una noche, el alcalde sintió una necesidad orgánica apremiante, y acercándose a la pared de la calle, dejó correr el chorrito de la micción.
"Pinchaúvas" aprovechó la ocasión, rompiendo el silencio solemne de la hora con estas palabras:
_"Zeñó Miguel, ¡que hermoso caño de la orina tiene osté . . .!
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"Se presentó en la consulta del prestigioso médico motrileño D. Antonio Puertas, una muchacha muy joven, acompañada de su madre. La joven estaba embarazada y próxima al alumbramiento. Don Antonio la reconoció y expuso su diagnóstico:
_El embarazo es normal, el feto está bien encajado, de modo que no hay novedad. Será un parto normal.
Pero la madre no se encontraba contenta ni dispuesta a abandonar la consulta. Don Antonio se dio cuenta de que algo anormal ocurría y que aquella no se atrevía a hablar. Así que la estimuló a que manifestase lo que le preocupaba.
_Verá usted, Don Antonio, es que mi hija se casó el año pasado, y el marido sólo estuvo con ella la noche de bodas, ya que al día siguiente marchó a servir al Rey, pues estaba cumpliendo el servicio militar.
_ ¿Y eso que importa? - preguntó, extrañado, Don Antonio - . Y la madre, ruborizada y en voz baja, le explicó:
_ Es que como solo estuvo con mi hija una noche, ¿usted cree le habrá hecho bastante "bujero" para que salga el niño?.
Aunque parezca increíble, estas anécdotas, y las que sucesivamente iré dando a conocer, son rigurosamente auténticas.
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