Talibanizando
FERNANDO LÁZARO CARRETER
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Fernando
Lázaro Carreter es miembro de la Real Academia Española. |
Parece que, en la cancha del idioma, los
talibanes están venciendo a los talibán; en cambio, ben
apenas levanta más cabezas que hace un mes, y pierde incluso en casa. Hojeo
ahora un viejo Webster en su edición colegial de 1957 y, buscando por los
alrededores de ese vocablo, me topo con ben (no bin); lo define
como 'hijo de', y pone como ejemplo el nombre del famoso tudelano Rabbi Ben
Ezra, biblista, poeta y gramático. Era judío, pero su lengua está semíticamente
emparentada con el árabe; recuérdense los aún próximos Ben Bella,
argelino, y su rival Ben Jedda, o el marroquí Ben Barka,
partidarios de Alá, junto a Ben Gurion, devoto de Jehová.
Pero los famosos islamistas cuentan con
muchos fieles hispanos a su plural talibán. Estos leales tachan tal vez
de ligereza la conversión de ese plural en singular, susceptible, por tanto, de
recibir la marca española de plural. Y les escandaliza que el recién nacido
Diccionario académico, en sus primeros balbuceos, no ataje talibanes.
Olvidan tal vez que vocablo tan común como hoja es el plural latino folia,
al que los castellanos hicieron singular, y repluralizaron diciendo hojas
cuando les plugo. O que nómina, del también plural neutro nomina 'lista
de nombres', siguió el mismo camino.
Si vamos más al Este, el fenómeno se produce
una y otra vez en español. Lo tenemos bien a mano en musulmán, nombre
originario de Persia -informa el DRA-, y que es el plural de moslem (o
muslin, en árabe clásico), lo cual nada impidió, albarda sobre albarda,
formar el plural musulmanes como había hecho su modelo el francés musulmans.
En inglés mismo, ningún obstáculo se opuso a mussulmans. ¿Desentona
tanto talibanes?
Historia semejante ocurre con sarraceno:
llegado desde el plural latino sarraceni, se transformó en singular, se
regularizó su género y nuestros antepasados ya pudieron decir sarracenos, olvidados
de aquel extraño plural terminado en -i.
Y si acudimos al irrebatible testimonio de
los ángeles, nos aguarda, por un lado, el serafín, que, desde el hebreo serafim
'nobles príncipes', fue transformado en singular por las lenguas modernas al
heredar seraphim de la latina. Por otro, el querubín, vehiculado
también por el latín desde el hebreo plural kérubhim, 'seres
sobrenaturales'. Mi docto amigo don Valentín García Yebra adujo hace poco el
testimonio de estas dos aladas criaturas celestes en apoyo de talibanes.
Indagando por los idiomas vecinos, topamos
con el raro plural, también en -i, del italiano: hay varios casos en que
ha sido tratado como si fuera singular, susceptible, por tanto, de recibir la -s
de la Romania del Oeste. Preguntado de sopetón por un periodista sobre el
porqué de talibanes, recordé sobre la marcha los espaguetis. Se
ha comentado bastante. En la lengua hermana, el singular es spaghetto;
pero esta forma no se expatrió: las lenguas romances, e incluso el inglés,
acudieron voraces a los spaghetti, pero adoptando ese plural como
singular, y redoblándolo al modo romance occidental con la -s.
Y aún tenemos, mínimos y jubilosos, los confetis
españoles; también el francés se mostró poco respetuoso al forjar la oposición confetti
/ confettis, olvidada esa lengua, como la nuestra y otras más, de su origen
italiano, confetti, que ya es plural.
Se me ha tildado de incoherencia, eso me
dicen, porque hace doce años me estremecí cuando un periódico ponía en labios
de Silvio Berlusconi, esta frase entrecomillada: 'Si el Madrid nos elimina,
seré su mejor tiffossi en Barcelona'. Y es que eso no puede decirlo un
italiano (ni escribirlo: tifosi, plural de tifoso), y aún menos,
siendo presidente del Milán y hoy de su país. Es, además, voz extranjera que
sólo utilizan los iniciados como 'tecnicismo' (se trata en realidad de un adorno,
una 'touche de glamour' usual en muchos comentaristas deportivos, que parecen
no oír ni leer a sus colegas de allí; lo prueba cómo suelen pronunciar maglia
con gl de glicerina), mientras que espagueti y confeti
son ya palabras españolas. Plurales son igualmente los cannelloni o ravioli,
o maccheroni y otras pastas, que llegan a nuestros platos con el número
gramatical en orden: canelón / canelones, y los mismo raviolis y macarrones.
Aguardan los fettucini y los tagliatelli, pero ya los ofrecen
algunos restaurantes -poco refinados, esos sí- con el apéndice bautismal de la -s.
Y por España y el mundo, ¿cómo andan
aquellos belicosos afganos? Pues, como bin / ben, partidos por gala en
dos. Abran La Vanguardia donde asoman los talibán; pero si se
pasan a Avui verán brotar pronto los talibanes. En lo cual
coincide con otros diarios como La Razón y este mismo. Los franceses
parecen unánimes en la pareja taliban / talibans; por su parte, Il
Messaggero, distingue entre talibano y talibani; también el Diario
de Noticias lisboeta se apunta a la pareja; y La Nación bonaerense.
No es cuestión trivial, aunque lo parezca:
con la adopción de talibán como plural (y, para más inri, con un acento
español), se acepta que nuestra lengua sea gobernada por leyes de otras,
concediendo a esa palabra una excepción, que no se concedió a ninguna otra en
iguales o similares circunstancias. Sin embargo, un idioma, para su propia
coherencia, perduración y unidad, precisa de la analogía aristotélica: siglos
se pasaron los gramáticos discutiendo si es ella la que estructura las lenguas,
o reina en ellas la anomalía. Parece claro que un sistema no puede mantenerse
con ocurrentes excepciones. Ya hemos hecho nuestra una muy importante: la del
plural en los neologismos o xenismos angloamericanos. Hubo un tiempo en que se
hizo algo; por ejemplo, con revólver (del inglés revolver), al
que se pluralizó a la española, revólveres (aunque se intentó, Gómez de
la Serna se apuntó al intento, revolvers). Pero por los lejanos
principios del siglo pasado ya habían llegado los boers (a pesar de la
coplilla argentina que empieza: 'Ya vienen los boeres, / ¡Vidalilá!
vienen los ingleses'). Y más tarde, el aluvión de los stops, los
spots, los slips, los records, los sprinters, los
handicaps y demás. Excepción son los clubes (forma documentada en
Colombia a fines del XIX), que parecen imponerse sobre los clubs; y eso
que este crudo anglicismo contó desde ese mismo siglo con el apoyo de pioneros
europeizantes como Miñano, Espronceda, Modesto Lafuente o Emilia Pardo Bazán.
Pero si se nos va haciendo el gusto a aquel plural hispanizado, serían
perfectamente intragables estopes, recordes, handicapes, etcétera,
porque está obrando imparable en español una adición a la regla: para formar el
plural de palabras anglosajonas acabadas en consonante, se añade -s.
Pero no a talibán, que es aceite en el agua de lo yanqui. A ver si no la
talibanizamos. A la Gramática, se entiende.