PEQUEÑOS MOMENTOS DE FELICIDAD

Cuenta Antonio Gala de un Rey Moro de Granada que, hablando de su vida, dijo:

" Solo he sido feliz durante 6 días, pero no seguidos".

Este concepto de lo efímera que es la felicidad humana, nos sirve como Portada de esta nueva Sección donde queremos que reflejéis las pequeñas cosas que os han producido placer o felicidad durante vuestras vidas. No se trata de que reflejéis grandes pasiones o momentos de éxtasis místico. Queremos referirnos a los placeres pequeños, como puede ser un croissant recién salido del horno, un paseo en Otoño por el hayedo..... ¿me entendéis, verdad?

Tampoco pongo límites al formato que queráis enviar; puede ser una sola línea o las que necesite el relato, si queréis incluir un dibujo o una foto pues la ponéis también. Más adelante, si el número de colaboraciones lo permite podíamos hacer un miniconcurso para elegir, entre todos, la frase del mes, que colocaríamos en la portada de la web. Así que animaros y empezad a contarnos lo felices que habéis sido y continuáis siendo en esta vida.

 Empiezo con dos de mi cosecha:

1 - Una noche de invierno, llegamos al pequeño Hotel de la costa de Gales, después de 3 horas de conducir por la izquierda entre una niebla espesa, en un coche sin calefacción. Al entrar al restaurante, sin muchas esperanzas dada la hora, el maitre que se acerca y nos dice: " Yo le soy de la parte de Padornelo" y nos invita a cenar con él un humeante plato de "pulpo al albariño" y un orujo de su tierra.

 

2 - Domingo por la tarde. Estoy ayudando a mi nieta de 5 años a desenredar la madeja de lana para hacer un ovillo, como le ha pedido su abuela. Después de explicarle como se hace: .......hay que aflojar el nudo, no aprietes, pásalo por aquí debajo......, me mira y dice: "¿Abuelito, tu por qué sabes tantas cosas?"

 

Sigo con otros de Claudine Dufour

 

3- Dormir mecida en una litera de tren, y escuchar silbar la locomotora, entre sueños, a cada paso a nivel, a cada pueblo.

4- Leer el periódico, y ser la primera en abrirlo.

5- El olor de la mantequilla que se derrite en el fondo de la cacerola, y el de las virutas de los lapiceros. Afortunadamente, las mujeres todavía nos damos este placer con los lápices de maquillaje y el sacapuntas...

6- Que se levante el telón en el teatro, o se apaguen las luces en el cine. Momento mágico.... Todo puede ocurrir !

 

 

 

7 - Un placer tempranero. De Gloria Hernández

Me gusta madrugar, no sé cuál es la razón, quizás se manifiesta en esta edad, mi origen rural, pero siento el placer de levantarme antes de salir el sol, y desde mi ventana observar como va naciendo el día, siento la casa sosegada, tranquila; dormida mi hija adolescente, que acelera demasiado mi ritmo, dedico un tiempo a mi interioridad, a intentar descubrir qué es lo fundamental en mí.

A las 8, empieza la aventura con mi perro, un labrador, que aunque dicen que los perros, no piensan, eso no va con él mío, que no sólo piensa, sino que hasta me adivina el pensamiento. Desayunamos todos los días en una cafetería, en la que ya es una institución, tenemos un rinconcito en un extremo de la barra, y cuando entramos, aunque esté ocupada, nos dejan ese sitio. Tomamos dos "porras" a medias; me sigue con la mirada y respeta mi turno, pero si como dos veces seguidas, me da con el morro en la pierna. Tiene ya su clientela de amigos, un señor, que se le murió un perro y siente nostalgia cuando le ve, le reserva un churro de su desayuno; otras señoras, que sienten culpabilidad, de no poder vencer la tentación de las porra, por lo de la línea, le van dando trocitos y así acallan algo su conciencia, otra extranjera, que le hace caricias, y quizás encuentre en él , ese cariño, que tal vez le falta; el caso es que por una u otra razón, crea un ambiente de ternura, a esa hora en que la gente, mucha por lo menos, va de mal humor al trabajo.

Caminamos por distintos caminos, unas veces hacía la Castellana, donde experimento, que es un lujo, poder vivir tranquila disfrutando de ésta etapa de la vida, cuando todo el mundo va corriendo. Aprovecho, para imaginar cosas que me gustaría escribir, aunque luego cuando me pongo delante del ordenador, ya no lo veo tan fácil, pero en esos momentos en que miro a la gente e imaginó su historia, me surgen novelas maravillosas, pienso que me gustaría vivir en una época, que seguro que llegará, en que el pensamiento se pueda grabar, aunque, como todo, cuando lo viese materializado, quizás no me pareciesen tan maravillosas.

Otros momentos, entreno la mente, con pensamientos positivos, para contrarrestar las creencias tan arraigadas que tenemos, por lo menos yo, y muchos de los que conozco, de que la vida es difícil y triste, y que la contrariedad nos acecha siempre.

Hago itinerarios distintos, pero en casi todos, he cogido la costumbre de observar las alturas, y se descubre una ciudad desconocida y maravillosa, por lo menos aquí en Madrid, en el barrio de Chamberí, hay unas casas preciosas, de estilos totalmente diferentes, no entiendo mucho de arte, pero algunas son neomudéjares creo, otras de un estilo afrancesado de principio de siglo, y tienen una característica especial, cada piso, tiene una decoración y estructura distinta.

A las 9'30 termino mi paseo, y llego con energía para enfrentarme a lo rutinario de la casa, que aunque a algún señor, dirá que no es para tanto, seguro, que las mujeres, si que comparten esto conmigo, pero se emprende con otro estado de ánimo después de un paseo.

 

 

8 - ALTEA de Maite Pérez

Los atardeceres de Altea en el otoño. Me refiero a los colores y los olores. Los colores rojizos, con azules que llegan hasta el violeta. El olor el de alguna chimenea de leña.

 

 

9 - Peter Saunders con su español rudimentario y su teclado sin eñes, nos dice :

Mi momento de Placer viene quando he leido las parabolas "Dios proveera!", porque estas eran las parabolas aquellas oido in G H A N A hay veinte anos. En las idiomas ASHANTI (Twi) son:

NYAME BEJERE

y en Ingles: GOD WILL PROVIDE.

 

 

 

Susan Moore Smith nos envía estas tres:

10.- Ver a mis tres nietos dormidos como angelitos después de cuidar de ellos todo el día, saber que están bien y felices y yo puedo sentarme y poner los pies en alto y descansar.

11.- Estar en la cama, abrigadita y con un buen libro y oir la lluvia que cae y el viento que sopla.

12.-Abrir el buzón del correo y ver - entre facturas y propaganda - un sobre manuscrito reconociendo la letra de alguien que se ha acordado de mi.

 

13 - OTROS PLACERES. Gloria Hernández

Es difícil en algunas circunstancias encontrar algún placer, esto pensaba yo hace una semana en que paseando con Chester , mi perro, por el Paseo de la Castellana, resbalé y me rompí la rótula y tuve una lesión en el tobillo, me escayolaron la pierna entera, y aquí estoy incapacitada para todo, con dificultades hasta para escribir en el ordenador, pues tengo que adoptar una postura difícil.

En vista del panorama, me mentalicé, que puesto que era así, era inútil darle vueltas, y estar todo el día viendo lo tremendo que era.

Mi familia en este momento, la forman mi marido de 70 y mi hija de 18, así que ya comprenderéis, que o bien por defecto o bien por exceso, son bastante inútiles, pero ¿qué digo? Corrijo, eran bastante inútiles. Mi marido, en 42 años de casados, jamás se había hecho un huevo frito. En este mismo momento hace una tortilla de patata, espero que le salga bien, pues ya tiene la escuela de estos 8 días. El primer día se hizo dos huevos fritos que provocaron alguna discusión, pues yo no quería que se los comiera para ponerlos en un cuadro, y mi hija nos hace unas comidas de una creatividad de restaurante de lujo, eso si, siempre a base de pasta, porque las verduras no son de su devoción, pero mi marido, que está pendiente de todo, el otro día me trajo una verdura selecta que le dijeron en el mercado que era buena, borrajas, creo que se llama , así que disfruto un montón tratada como una reina. Esto no sabía yo, ni que existía.

De todas formas, no quiero mentir, hay ratos en que me desmoralizo, no quiero aquí empezar a presumir de que estoy en el 7º cielo. Pero os cuento esto, porqué ¿no trata el tema de pequeños placeres? Pues, eso, lo otro ..........

 

14 - Hugo de Paco desde Argentina nos dice:

Después de recorrer 12.000 Km. en un hermoso avión y realizar nuestro primer viaje traspolar, encontrar en Australia alguien que en nuestra propia lengua nos recibe, nos introduce en su casa y comparte con nosotros momentos inolvidables, como el de poder recitarle "La casada infiel" a un experto australiano en García Lorca, comer paella y tomar jerez en un restaurante español y discutir airadamente sobre política argentina con un compatriota. Todo esto se lo debemos a un duendecillo mágico al que hemos incorporado por siempre a nuestro selecto grupo de sinceros amigos: Amparo Moya, embajadora honoraria de hispanidad en tan lejanas tierras, y conocida por todos los Jubilonautas.

 

 

15 - Aquella feliz Navidad en la que estuve sola. Marine Soria


Fue la primera vez que fui a América, allí vive mi hija felizmente casada, con un americano maravilloso una buenísima persona, yo iba a estar en Seattle tres meses, y faltaba uno para Navidad, un día llegó mi yerno muy contento, la Empresa donde el trabaja, le había regalado para la Navidad, dos pasajes para ir a las Bahamas, ellos se pusieron un poco tristes, pensaban que no iban a ir por que yo no me iba a quedar sola en esos días, pero yo les convencí, día a día diciéndoles que me sentiría mal si no aprovechaban el regalo por estar yo allí, además ya tenia amigas, y estaba invitada a pasar la Nochebuena , por fin logré convencerlos y todos tan contentos, ellos se fueron y yo me quede en esa ciudad tan bonita del estado de Washington, llamada Seattle al dia siguiente me fui al Centro yo hablo muy poquito ingles y siempre voy con mi diccionario en el bolsillo en estas condiciones me disponia a visitar el maravilloso acuarium, asi lo hice, y despues me sente en un banco de una plaza donde habia mucha gente, mirando como un grupo de peruanos cantaban y bailaban por cierto muy bien, en el mismo banco donde yo estaba se sentaron una pareja, de indios ataviados a la clásica usanza ella con sus trenzas y su vestido multicolor, el con su pelo largo ya con canas y los rasgos caracteriscos de su raza eran un matrimonio, me miraban y sonreian aprobando con sus gestos lo bien que bailaban los peruanos, me sorprendio que empezaron a hablar en castellano, con el tipico acento americanizado de los mexicanos, y claro como era mi idioma me sorprendi, y exclame ! hablan español ! Me contaron que ellos vinieron de Mexico, que llevaban en Seattle mas de 40 años y casados 38 que tenian 8 hijos y 12 nietos, que todos vivian alli que eran muy felices y que la Navidad se iban a juntar todos porque ellos lo celebraban por todo lo alto, yo les conte, mi historia, y de momento fui como de su familia me dijeron que si yo pasaba con ellos la Nochebuena seria un gran honor, como si yo recibiera a la Reina en mi casa, fueron tan contundentes tan cariñosos, tan bondadosos, y tan buena gente conmigo, que me deje llevar, y al dia siguiente me recogieron con una de sus hijas en mi casa, y puedo decir que fue la Navidad mas linda que puede pasar persona alguna, maxime cuando era una perfecta desconocida, pero habia tanto amor entre aquella familia que a mi me lo transmitieron y me senti inmensamente feliz, No podria describir en este corto relato tanta belleza de cosas, de niños preciosos, de su foklore, unico, de sus comidas originalisimas, y muy buenas, de sus preciosos ropajes, de la bondad de sus maneras fue realmente maravilloso, yo tambien cante y baile y estaban encantados, después la mejor de las habitaciones me la cedieron y me hicieron sentir el calor de su solidaridad, me contaron que Seattle debe su nombre a unos primitivos indios llamados Snohomish y Suquamish que se instalaron en aquellas costas del Pacifico, y un jefe de ellos que fue un gran emprendedor y hombre de orden se llamaba Seattle y de él le viene el nombre a tan bonita ciudad.
Desde entonces tengo unos amigos americanos que son entrañables y que visito siempre que voy .

 

 

 

16 - LA PEONZA DE HOJALATA José Luis Toral

En la panera grande de abajo, donde se guardaban el trigo y las patatas del año, había, en el fondo, unas grandes cajas de madera donde estaban los muebles que la tía Soledad había dejado cuando se fue a vivir a Tenerife y desmontó la casa que tenían en Burgos.

Mis siete años de entonces, alimentados por las historias que me contaba la tía Tomasa, imaginaban los maravillosos tesoros que debían esconderse en aquellas cajas.

Un buen día, no sé por qué, se abrieron y la tía Tomasa distribuyó el botín que contenían. Entre otras maravillas apareció esta peonza de hojalata que me fue adjudicada por real decreto. Para mí, acostumbrado a las peonzas de madera que se hacían bailar enrollando una cuerda alrededor y desarrollando grandes dosis de habilidad que yo no tenía, aquella peonza de hojalata pintada con colores brillantes, que se ponía en marcha simplemente dando unas cuantas emboladas al eje, era una maravilla de la técnica, y me pasaba horas embobado viendo como giraba y giraba......

Sesenta años después he visto esa peonza en una exposición de juguetes antiguos que se ha celebrado estos días. Al verla, (¿podría ser la misma?) durante un fugaz y feliz instante he vuelto a estar dentro de la cabeza de aquel ya desconocido niño de siete años....

 

 

17 - La "toupie" francesa Claudine Dufour

!Que curioso, José Luis, la riqueza de las culturas de entonces nos hizo descubrir las mismas cosas, pero en orden distinto¡ Ahora con la cultura "Global " todo será más uniforme supongo.

La única peonza que conoció la niña parisina que fui, era ésta de metal que describes muy bien: con sus colores alegres, y su música incorporada.

Después, en mis primeros años en Madrid, descubrí, en el patio de recreo del colegio dónde daba clases de francés este singular juguete de madera que me pareció tan tosco, sucio, y hasta primitivo, al pretender cogerle en la palma de la mano para observarle mejor. Pero verle en plena evolución, era otra cosa.... cuando lanzado por estos chicos mañosos y diestros, parecía tener vida propia y hasta magia.

Nosotros soñábamos delante de la "
toupie", porque era un juego para niños todavía muy pequeños, vuestra peonza era para niños en edad de ir a la escuela, ya.

Desde luego, compadezco a los traductores, porque para mí "toupie" y "peonza" son dos cosas tan distintas que no me extraña José Luis que te quedaras confuso al descubrir esta "otra" peonza de hojalata. Sentí tu mismo desconcierto al tener que asociar la palabra "peonza" con "la toupie" de mi niñez.......

En fin, José Luis tu te quedaste asombrado de tanta técnica incluida en la peonza de hojalata y yo maravillada de lo que podían hacer unos chavales con un sencillo pedazo de madera.

 

Esther Roig, mi sobrina preferida, tiene también, a pesar de su corta edad, cosas que decir:

18 - Hace poco olí a almendras hervidas y recordé cuando ayudaba a mi padre, los viernes cuando volvía del internado, a recogerlas para ponerlas en sacos. Yo las volvía a tirar al suelo y me revolcaba encima de ellas. Recordarlo con él también ha sido fantástico.

19 - Que me besen mis hijos.

20 - La primera vez que vi a Enrique, mi marido, llegando al colegio en una moto.

 

 

Amparo Moya desde Australia

21 - Un momento de inmensa felicidad: llamar por teléfono al hospital donde mi nuera horas antes había dado luz a su primer hijo, mi primer nieto y encontrarme con el sonido robusto y sonante del llorar sano (si bien un tanto desconcertante para los nuevos padres) del bebé.

 

 

 

Carmen García nos envía estas 4 nostálgicas felicidades:

 

22 - La foto está abarquillada, con los bordes minuciosamente dentados, y en ella la niña que yo fui apoya el brazo sobre el tejado de la casa de muñecas en un gesto a la vez protector y posesivo, mirando a la cámara con sus inmensos ojos asombrados, como si no pudiera dar crédito al hecho de que ese tesoro le pertenezca. Me asomaba a las ventanas de la casa, aspirando su silencio diminuto, rodeado de alfombritas de crochet y camitas con colchas floreadas. No había movimiento, ni ruido, pero no perdía la esperanza de sorprender a sus habitantes -tenía que haberlos, lo sabía- y poder hablarles, asegurarles que yo los cuidaría. La casita me esperaba, inamovible, detenida en un tiempo de sueños que cobraban vida al conjuro de mis manos.

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23 - Una vez al año se repetía el ritual y fabricábamos carne de membrillo, la hoguera en el patio, el fuego iluminando la noche, las risas y la magia, el presente en estado puro. Desde entonces, para siempre, los cuentos y los chistes de antropófagos me han devuelto a aquellas noches olvidadas de mi infancia en las que el caldero borboteaba como un misterio dorado y envolvente. Completado el proceso, yo era la encargada de envolver las preciosas obleas en papel de celofán, y realizaba mi misión con reverencia, consciente de un pequeño milagro repetido. Otra fiesta más de los sentidos, fuego, risas y azúcar iluminando la noche.

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24 - Porque mi padre era mi dios, y yo bebía sus palabras, él era la ilusión pura, la magia, las historias. Nos sentábamos en el suelo, doblando con cuidado las rodillas, adoptando la majestuosa dignidad que pensábamos correspondería a un guerrero indio, y lo inundábamos de preguntas, queríamos detalles, queríamos saber y conocer para poder sumergirnos en aquella historia. Toro Sentado y Serpiente Callada (el malo de los malos), Nube Roja, y tantos otros. Pasaban las horas y nosotros las gastábamos entre nubes recortadas contra el cielo azul de las películas, recorriendo las praderas guiados por su voz, y ganando, ganando siempre, porque éramos los buenos, y era así como debían ser las cosas.

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25 - El buzón era un cordón umbilical con mis raíces, un rey de la selva dorado y desgastado de ojos ciegos. Mi padre me aupaba para que yo introdujera la carta en la boca dorada del león, susurrando con fervor "es para la abuela". Cumplido el rito, él me dejaba de nuevo en el suelo, y yo imaginaba al león amigo, al león mensajero, sacando de sus tripas la carta tan laboriosamente escrita, recorriendo los caminos a grandes zancadas, volando con la melena al viento hasta llegar a la casa de mi abuela, a la plazuela recoleta con su gran árbol solitario, para subir las escaleras y llevársela, rugiendo algo que sonaría parecido a "doña Concha, carta de su nieta", antes de volver deprisa a las calles de Tánger y volver a colocarse en su lugar, con las fauces preparadas para el siguiente encargo.

 

 

A Fernando Pollastrini parece que le produce felicidad leer nuestros Pequeños Momentos de Felicidad

26 - Ha sido hoy, ahora mismo.
Acabo de llegar del trabajo, otro día complicado, agravado por un pequeño
incidente provocado por la mala fe de un supuesto colega; lo suficiente
para dejarte mal sabor de boca y un cierto pesimismo vital.
He encendido el ordenador, he leído el último mail de José Luis, y se me ha
ocurrido entrar en "nuestra" página; ¡hacía tanto que no la visitaba!
Y he empezado a leer esos pequeños momentos tan personales... Gracias, de
corazón, por haber querido compartirlos con los demás. Están tan llenos
de ese equilibrio y de ese amor optimista a lo que nos rodea, que me ha
hecho recuperar el tono vital y superar esos sinsabores que cuentan tan
poco frente a las cosas, casi siempre tan sencillas, que son las que de
verdad valen y nos dan al felicidad.

Gracias de nuevo, amigos jubilonautas.

 

 

Javier F. Pello nos envía estos dos

27 - La media onza de chocolate. Allá en los años 50 estaba interno en un Colegio de Gijón (Asturias), mis padres nos visitaban, a mi hermano y a mí, una vez al trimestre (con suerte). Nos avisaban por los altavoces y al oír tu nombre, te daba un vuelco al corazón, dejabas de inmediato lo que estuvieses haciendo y echabas a correr hasta abrazarte a tus padres.

Por la tarde íbamos a merendar a la confitería Collada en el muelle de Gijón y nos compraban una tableta/libra de chocolate con leche de Nestlé. Este era mi tesoro durante bastantes días, pues por la noche recién acostado en la cama, en la penumbra, con un silencio sepulcral en aquellos dormitorios de 50 ó 60 plazas, tomaba media onza de chocolate que disolvía lentamente en mi boca y que constituía un placer inmenso.

28 - La sobremesa en familia. Creo que es un placer común a bastantes familias, pero en mí caso, valoro mucho las escasas sobremesas con mi esposa e hijos.

 

 María me ha enviado esta pequeña perla, (aunque parece triste, creo que tiene una moraleja feliz)

29 - Mi marido hacía unos meses que había muerto. Mi nietecita de cinco años parloteaba lo que les pediría a los reyes. - Una muñeca, unos lápices, un disfraz... y va a venir el abuelito, como los Reyes vienen del cielo vendrá con ellos -
Es duro cuando la vida te quita los sueños, pero creo que es mucho peor darles a los niños feas realidades en vez de hermosas fantasías.

 

 

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