VIVIR EN UNA RESIDENCIA Y SER FELIZ

Por Gustavo de Alvaro

 

 

No es absolutamente necesario; pero si muy conveniente, establecer una primera fase de lo que podríamos llamar calentamiento. Dicho de otra manera, una fase de mentalización para que cuando llegue el día de tu probable ingreso en una Residencia, no te encuentre totalmente desprevenido.

La primera reflexión ha de ser la de rechazar el concepto "Asilo" y sustituirlo por "Hotel de Personas Mayores". Hoy, cada día más, los lugares en los que se acogen los ancianos, no son sitios lúgubres, regidos por religiosos y con disciplina monacal; si no lugares - hoteles - de distintas categorías, pero todos adecuados y vigilados por las autoridades autonómicas y/o locales.

Como segunda reflexión, me parece oportuno reseñar que las personas a quienes la vida o las circunstancias han aislado, pueden encontrar en una residencia el contacto con otras de parecida edad y circunstancias y crear vínculos sociales que serán, sin duda, un poderoso remedio para llevar mejor la soledad.

Es cierto, que la demanda de plazas hace que sea difícil conseguir ingresar en una de estas Residencias y más si son de titularidad pública; pero también es verdad, que cada día aumenta la oferta.

La costumbre tradicional, que hoy ya no es costumbre ni tradicional, exigía que, así como los padres habían cuidado de los hijos y los habían ayudado a conseguir una independencia, ellos debían cuidar de los padres cuando no pudieran valerse por sí mismos; con el añadido de que si existía una hija, tenía preferencia para ejercer ese cuidado.

Hoy, cada día más, los hijos se ven imposibilitados para atender adecuadamente a sus padres. Los hijos o familiares siguen queriéndonos mucho, como siempre y sólo desean nuestro bien; pero se encuentran con obstáculos por todas partes. Uno de ellos es la propia vivienda que, a diferencia de las antiguas, no tiene espacio suficiente para alojar de forma permanente a otra persona. También está desapareciendo el servicio doméstico, y son los propios hijos los que tendrían que dedicar un tiempo, que no tienen, al cuidado de los padres. Antes, la esposa permanecía casi todo el día en su casa y podía atender con relativa facilidad a sus padres, hoy trabaja. Por fin, hay que considerar el caso más grave, pero muy frecuente, de padres con lesiones o enfermedades permanentes que exigen atención profesional medico - psiquiátrica, que es imposible proporcionar, en una familia normal. Resulta doloroso hablar fríamente de estas penosas circunstancias; pero olvidarlas como si no existieran, no soluciona el problema real.

Muchos matrimonios, ya mayores, piensan que ellos no se quieren mover de lo que ha sido siempre su hogar, con sus lazos de recuerdos y ventajas de lo conocido. Está bien y, personalmente, alabo esa decisión; pero la vida es imprevisible y accidentes, lesiones, enfermedades y, por descontado, la muerte de uno de los cónyuges, pueden desbaratar en un segundo los proyectos más firmes.

Como consecuencia de todo lo dicho, me atrevo a sugerir una preparación mental para, llegado el caso, entrar en una Residencia como una solución a tu problema específico y nunca como una penalidad más que te exige la vejez. No pensar en que nuestros hijos o familiares próximos nos abandonan, sino que somos nosotros los que elegimos disfrutar de unas vacaciones, bien merecidas siempre, tras toda la vida con una entrega y una dedicación a la familia que sólo pueden comprender los que han llegado a nuestra edad. Por fin vamos a ser libres, podemos disfrutar de nuestro tiempo sin ninguna atadura, por dulce que sea, que nos sujete y nos condicione. Por primera vez en nuestra vida vamos a ser libres.

Cuando llegue el momento de ir a una Residencia, hay que saber actuar con inteligencia y nunca precipitadamente:

El primer paso es determinar el dinero con que cuentas, para poder acceder a una determinada Residencia. Las más económicas son, naturalmente, las públicas; las privadas tienen entre sí precios parecidos según las categorías.

Es muy importante acertar con el clima más apto para tu mejor calidad de vida; la situación, comunicaciones con el centro urbano más próximo y sobre todo espacios adecuados para pasear, sin tráfico de vehículos.

La comida es importante; pero no es el único detalle a tener en cuenta. En todo caso hay que contar con que será forzosamente colectiva y, en la mayoría de los casos, estará cocinada con poca sal y poca grasa animal, abundará más el pescado azul que el blanco y más las carnes blancas que las rojas. En fin, si usted va buscando comer un entrecot a la pimienta, no vaya a una Residencia.

Conviene leer el Reglamento de Régimen Interior para conocer horarios de convivencia y grado de libertad que, normalmente, es ilimitado y parecido al de un hotel en las Residencias privadas de las primeras categorías.

Los servicios que ofrecen, suelen ser todos parecidos, menos el servicio médico que es importante. A las edades en que normalmente se accede a una Residencia, tener siempre a mano un médico o, por lo menos, un ATS, es fundamental.

Se puede hablar, como inciso, de la modalidad de "Asistencia en el propio domicilio" que tiene como principal inconveniente la falta de asistencia sanitaria. No sólo en el aspecto de diagnóstico y terapéutico, sino también en la "consulta" o "charla" con el médico. Algunos de los frecuentes y molestos achaques que se producen en la vejez se solucionan mejor con una conversación mantenida con un profesional de la Medicina comprensivo y conocedor de tu vida, que con cualquier medicamento. El profesional de la Medicina en una Residencia, sin reírse de nosotros, ni mandarnos a dar un paseo, tendrá siempre una frase amable y comprensiva.

Ya instalados en la Residencia, debemos pensar y tener siempre muy presente que las atenciones y cariño que nos ofrecen nuestros hijos o familiares cuando vienen a visitarnos no puede ser de ninguna forma, la que nos concederían en una convivencia permanente. Si razonamos con serenidad y procuramos suprimir las emociones en lo posible, nos daremos cuenta que los niños pequeños son maravillosos y una delicia estar con ellos…un ratito; para estar con ellos todo el día se necesita tener no más de cuarenta años; si los niños son mayores, no entendemos la mayor parte de lo que dicen y, si nos hablan de "su mejor amigo/a", o no sabemos lo que quieren decir o si nos lo imaginamos, preferimos no darnos por enterados. No queremos a todas las personas de nuestra familia con la misma intensidad: es evidente que no es lo mismo nuestro hijo/a, que su cónyuge.

Por fin, en casa de nuestra familia, por obligación o por sometimiento voluntario, nos veríamos obligados a adaptarnos a su ritmo de vida que, normalmente, es una locura. En una Residencia, nosotros somos "el cliente que siempre tiene razón".

Es indiscutible que la atención sanitaria que presta una Residencia, cualquiera que sea el grado de asistencia, es muy superior a la que podríamos tener en cualquier domicilio particular. Y es un asunto muy importante a tener en cuenta, sobre todo a partir de los sesenta y cinco años.

También es absolutamente necesario conseguir una ocupación cualquiera; pero personalizada y que suponga una obligación. No se trata de hacer una carrera universitaria, ni de hacer una tesis doctoral, aunque pudiera ser, puesto que, con la esperanza de vida actual, tenemos, teóricamente al menos, veinte años para hacer cualquier cosa; basta proponerse pintar un cuadro o, si prefieres, hacer un puzle gigante. Cualquier cosa que suponga una actividad mental obligatoria, como remedio contra la decadencia senil, es, más que buena, imprescindible.

Es igualmente necesario, conservar y fomentar la actividad hacia el exterior. Resulta verdaderamente demoledor el "vivir hacia adentro". Si tus preocupaciones, conversación y actividades se centran en la propia vida en el interior de la Residencia, te verás reducido, poco a poco, a un universo tan limitado que tu cerebro se acomodará y reducirá drásticamente su horizonte de pensamiento.

Siguiendo estas sencillas reglas, vivo en una Residencia junto al mar, en una habitación con mi ordenador, un televisor, un vídeo en el que grabo y reproduzco películas, un disc-walkman para escuchar música. Me atienden en todo lo posible, diría que casi me miman, me relaciono con todos los residentes; estoy en paz conmigo mismo y soy feliz.

Residencia, 7 de octubre de 2000

Gustavo de Álvaro

 

 

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