Rocas Galicia

Quiastolita pulida. Vilachán do Monte (Tomiño, PO). 1 cm. NO VISITE K59. SON DESVARÍOS MENTALES SIN INTERÉS.
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Geología de Galicia

No vamos a entrar a exponer las teorías, hoy en general aceptadas, de la tectónica global y la deriva continental. Esto puede encontrarse en cualquier texto de geología. Nos limitaremos a exponer un resumen de las opiniones más autorizadas sobre la historia geológica de Galicia.

Hace unos 650 millones de años, durante el Precámbrico, las masas continentales estaban separadas unas de otras por un océano, y entre ellas había una muy pequeña, denominada Armórica, que constituía la Galicia Occidental y que un poco antes de producirse la orogenia Hercínica, cerca ya del Carbonífero, colisionó con el borde occidental de lo que más tarde sería la península Ibérica. La cicatriz de esta unión se identifica hoy con la región del «Ollo de Sapo» (véase el mapa geológico) que recorre Galicia de norte a sureste.

La era Paleozóica se inicia con la dispersión de un supercontinente (Pangea I), es decir: la totalidad de las masas continentales unidas en una sola, que se disgregó para volverse a unir en un nuevo supercontinente (Pangea II) al final de esta era. Las colisiones que concluyen esta reunificación constituyen lo que conocemos bajo el nombre de Orogenia Hercínica. Durante todo el Paleozóico se acumularon potentes series de sedimentos y rocas volcánicas en las grandes cuencas sedimentarias oceánicas, que durante la Orogenia Hercínica fueron transformadas en rocas metamórficas y plutónicas, formando la cadena montañosa Hercínica, que hoy puede seguirse fragmentariamente desde el norte de África hasta Centroeuropa y desde el golfo de México hasta el Este de los EE. UU.

En la figura siguiente puede verse en amarillo la parte de la cadena Hercínica que en la actualidad existe en la Península Ibérica, denominada «Macizo Hespérico». A pesar de que la orogenia Hercínica borró y trastocó muchas de las características iniciales de las cuencas afectadas, aún pueden reconocerse por criterios paleogeográficos, y coinciden con las grandes zonas o unidades paleogeográficas en que se divide el Macizo Hespérico:

Zonas del Macizo Hespérico

Unidades paleogeográficas del Macizo Hespérico (Lotze, 1945):

I: Zona Cantábrica
II: Zona asturoccidental leonesa
III: Zona centro Ibérica
IV: Zona de Ossa-Morena
V: Zona sur portuguesa


Las rocas cristalinas gallegas pertenecen a las tres primeras de estas zonas.

Atendiendo a las características concretas de las rocas que afloran en Galicia, es posible especificar, dentro de las anteriores, las siguientes zonas paleogeográficas en Galicia:

Zonas paleogeográficas de Galicia

Mapa simplificado de las grandes zonas paleogeográficas de Galicia (Lillo y otros, 1997):

A: Zona Astur Occidental Leonesa
B: Zona Centroibérica

Zona de Galicia-Tras-os-Montes:

C: Dominio esquistoso de Galicia-Tras-os-Montes
Complejos de rocas máficas y relacionadas:
D:
Unidad de Malpica-Tui
E:
Complejo de Ordes
F: Complejo de Cabo Ortegal.


La zona Astur Occidental Leonesa es la de situación más externa respecto al eje de la cadena Hercínica. Tiene forma de arco con la convexidad dirigida hacia el Oeste, a causa de la deformación Hercínica. Consta de varias series metasedimentarias (de Villalba, de Cándana, de os Cabos) con algunas intercalaciones calizas. Abarca desde del Precámbrico hasta el Cámbrico y el Devónico Inferior.

La zona Centroibérica ocupa un banda estrecha. Son series vulcanosedimentarias, areniscas y pelitas de edad precámbrica que a consecuencia del metamorfismo hercínico se transformaron en los gneises porfiroides Ollo de Sapo, y diversas series de gneises, pizarras, cuarcitas (entre ellas la denominada cuarcita armoricana) y esquistos.

La zona de Galicia-Tras os Montes corresponde casi al núcleo del orógeno hercínico. En ella se distinguen:

El dominio esquistoso de Galicia-Tras os Montes. Va desde el Precámbrico hasta el Devónico, y consta de una compleja sucesión de pizarras, esquistos, cuarcitas, mármoles, anfibolitas, migmatitas y vulcanitas metamorfizadas.

El dominio de las rocas máficas y relacionadas se compone de tres afloramientos (ver figura anterior): el complejo de Cabo Ortegal, el complejo de Ordes y la unidad de Malpica-Tui. Constan de series de esquistos, pizarras y gneises parecidos a los del dominio anterior y de rocas básicas y ultrabásicas como gabros, serpentinitas, eclogitas, anfibolitas y granulitas. Estas estructuras se han interpretado como trozos de corteza oceánica y materiales subyacentes que durante la deformación hercínica fueron empujados hasta quedar situados encima de materiales continentales más recientes.

En las diferentes etapas de la orogenia hercínica se produjeron rocas plutónicas en profundidad, que más tarde aflorarían a la superficie a causa de la erosión. Entre éstas merecen mención las granodioritas producidas durante la deformación, denominadas «granodioritas precoces»; los granitos alcalinos de dos micas también contemporáneos de la orogenia, y las granodioritas «tardías», originadas al final de la deformación. En el mapa geológico pueden verse algunos de los más importantes plutones de estas rocas, que hoy en día afloran en superficie, ya que aunque la cadena Hercínica fue una cordillera montañosa de, probablemente, varios miles de metros de altitud al final del Carbonífero, fue intensamente erosionada a lo largo del resto del Paleozoico y de todo el Mesozoico.

La deformación hercínica originó también un sistema de fallas y líneas de fractura en la corteza del macizo Hespérico, de las que quizás la más conocida es la Falla de Viveiro, que sirve de frontera en la provincia de Lugo entre las zonas Astur Occidental Leonesa y la zona Centroibérica.

Durante el Mesozoico comienza a disgregarse Pangea II. Es el inicio de un largo proceso que llevará a la actual configuración de la corteza terrestre. La separación de las masas continentales fue debida a la aparición de los llamados puntos calientes o de triple unión.

Rotura de Pangea II

Hace 200 millones de años:

Rotura de Pangea II.

Se ha reseñado la situación aproximada en aquella época de los continentes actuales.


Uno de estos puntos calientes se situaría al noroeste de Galicia, del que partirían 3 rifts o fracturas con vulcanismo asociado, dando lugar a la expansión de los fondos oceánicos. Un proceso muy similar al que en la actualidad se da en el Rift africano.

La placa ibérica en el Cretácico

La placa ibérica en el Cretácico. Los límites de Galicia eran más amplios que hoy, llegando la plataforma continental gallega a 600 km de distancia. Se han indicado las direcciones más importantes en los movimientos de las placas. Véase que la placa ibérica «gira» en sentido antihorario, mientras se abren el golfo de Vizcaya y el Océano Atlántico.


El conjunto montañoso que hoy accidenta Galicia carece de grandes ejes orográficos alineados, debido a la presencia de sierras (pilares tectónicos) y fosas intramontanas, derivadas de la movilidad de la red de fracturas entrecruzadas originadas en la etapa hercínica. A partir del Mesozoico tiene lugar la orogenia Alpina, fruto de la acción conjunta del movimiento relativo de África contra Europa y responsable de la creación de cordilleras como los Alpes, las cordilleras Béticas o los Pirineos, que si bien no afecta directamente a Galicia, sí produce una reactivación por distensión de las fracturas hercínicas que se traduce en levantamientos y hundimientos de bloques.

La formación de este relieve inició un nuevo ciclo de erosión-sedimentación, surgiendo las cuencas terciarias en el Cenozoico (véase el mapa geológico en el apartado de depósitos recientes), que hoy en día aparecen rellenas por materiales arenosos, arcillosos, gravas, conglomerados, y algún nivel de lignito (As Pontes de García Rodríguez, Meirama, Xinzo de Limia...) o de materiales calcáreos. Para algunos autores, las rías gallegas se formaron en esta etapa de distensión. Esta cuestión ha sido ampliamente debatida, pues parece ser que también pudieron intervenir otros factores como la erosión diferencial de los distintos materiales y la dinámica marina.

Durante el Cuaternario se sucedieron las diversas etapas glaciares que dejaron numerosas huellas en las zonas montañosas, y sobre todo en la red fluvial, por el fuerte encajamiento de los cauces en algunas zonas (Sil...) y la formación de terrazas fluviales (Tui, Monforte, Valdeorras...). Estos fenómenos erosivos cuaternarios ayudarán a modelar las rías gallegas al producirse el encajamiento de los cauces de los ríos.





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