COMIENZA
LA AVENTURA
Por
la mañana temprano fuimos despertados con una llamada
de teléfono, con un peculiar castellano muy marcado
por el acento árabe: “Buenos días, la
llamada, gracias a Dios...”. Nos reímos un rato
con el curioso servicio de despertador, nos parapetamos de
bolsos, mochilas y cámaras y subimos al comedor del
barco para disfrutar de un increíble desayuno de buffet
libre.
Esa
mañana empezó nuestra aventura egipcia a pie
de calle. La zona de Aswan que pudimos ver antes de subir
al microbús nos mostró una ciudad descuidada,
con tintes de pobreza, a la luz del día descubrimos
otra de las peculiaridades de aquel país que sería
otra de las visiones habituales en nuestro viaje: minaretes
de mezquitas cada cuatro pasos y casas sin terminar. Este
último detalle me sorprendió pese a que antes
del viaje, algunas personas me lo dijeron. Parece ser que
por alguna “brecha” legal, las viviendas que están
en construcción o inacabadas no pagan algún
tipo de impuesto contributivo, así pues la mayoría
de la gente construye sus casas con una ficticia última
planta que nunca llegan a terminar, por lo que es normal ver
edificaciones a las que se le ven los pilares y la herrería
del último piso, carecen de paredes e incluso de tejado...
Otra
curiosidad es que hay tenderetes por todas partes, todo el
mundo intenta venderte algo, hay muchísimos tejidos
y artesanía, magnificas copias y falsificaciones de
casi todo y todo tremendamente barato..., eso sí, es
absolutamente necesario regatear hasta la extenuación,
no hacerlo puedes ser una ofensa, y no hacerlo durante suficiente
tiempo puede acabar en una pequeña estafa... Allí
donde había tiendas o puestos, los turistas éramos
“asaltados”, asediados por los vendedores o por
niños buscando cambiar unas cuantas baratijas por un
par de euros o algunas libras egipcias...
Cuando
subimos al microbús nos dirigimos a un pequeño
embarcadero, donde había numerosas barcazas de motor.
Sus dueños pugnaban por conseguir “los favores”
de los turistas y entre tanto todo volvía a estar salpicado
de vendedores ambulantes con collares, pulseras, escarabajos
de la suerte y mapas del Nilo... Subimos a una de esas barcazas
y nos dirigimos a la que sería nuestra primera visita
turística, el templo de Philae.
Al
sur de la ciudad de Aswan se eleva el complejo del templo
de Philae. Su templo principal fue dedicado a la diosa Isis
y su construcción fue emprendida durante el siglo III
a.C. Cuentan que Philae fue el último bastión
de la religión y de la escritura jeroglífica
egipcia. Debido a la construcción de la primera presa
de Aswan se pasaba grandes temporadas sumergida casi en su
totalidad, situación que se vio agravada con la creación
de la nueva presa, ya que se sumergiría definitivamente
bajo las aguas. Para evitar tal desastre, el templo de Isis
fue desmontado y reconstruido en la cercana isla de Agilkia,
donde actualmente sigue desafiando al tiempo. El conjunto
templario está compuesto por varias edificaciones de
diferentes periodos, incluso columnas romanas de la época
de Augusto y Tiberio.
El
templo de Philae es uno de los cuatro templos donde sucedieron
los acontecimientos de la leyenda de Isis, Osiris y Horus.
De los Hijos del dios Ra, Shu y Tefnut, nacieron dos divinidades
que eran Geb, el dios de la tierra, y Nut, la diosa del cielo.
Estos dos engendraron cuatro hijos: Osiris, Isis, Seth y Nefthis.
Osiris y sus hermanas Isis y Nefthis representaban el bien,
mientras Seth representaba el mal. Osiris, al ser el hijo
mayor y favorito de los dioses, reinaba en la Tierra, enseñando
a los humanos la agricultura, la escritura y la civilización.
Mientras su Hermano Seth, se revolvía de envidia...
Así pues, Seth asesinó a su hermano para gobernar
sobre Egipto, pero la fiel esposa de Osiris, Isis, resucitó
a su marido en Abydos (Primer templo de la historia), y allí
concibió a su hijo Horus. Luego Seth volvió
a matar a su hermano y dispersó sus restos por Egipto
para que Isis no pudiera devolverle de nuevo la vida.
Isis
Tuvo que refugiarse en la isla de Philae (Segundo templo de
la historia) para proteger y criar a su hijo. Horus creció,
desafió a su tío y le venció en Edfu
(Tercer templo de la historia. Horus, reinando sobre Egipto
y como dios sobre la Tierra, se desposó con Hathor,
cuya morada estaba en Dendera (cuarto templo de la historia).
En
este primer contacto con la historia y la mitología
del antiguo Egipto en forma de columnas y paredes grabadas
de dibujos y jeroglíficos, fui realmente consciente,
por primera vez, de que estábamos allí, de que
estábamos realizando uno de los viajes que más
he deseado desde que sé de la existencia de aquella
magnifica civilización.
Volvimos
de vuelta a Aswan y en el microbús nos dirigimos a
nuestra segunda visita de la mañana. Llegamos a otro
embarcadero, a otra barcaza, y volvimos a surcar el Nilo a
ras del agua. El río era navegado por algunas barcas
a motor más y sobre todo por las pintorescas velas
de las falucas.
El
primer viaje en la barcaza nos brindo vistas magnificas del
río, pero fue este segundo paseo hacia el pueblo Nubio,
en este otro pequeño barco, el que nos regaló
la belleza más íntima del río Nilo. En
la región de Aswan todo su cauce está salpicado
de islotes y rocas con frondosa vegetación, estos lugares
los habitan multitud de aves. Las riveras están llenas
de árboles y verde follaje, y unos pocos metros más
atrás se extiende el desierto, un desierto de película,
con su arena fina y amarillenta, sobre un cielo azul y despejado...
verde, arena y cielo ofrecen un espectáculo de contrastes
fabulosos.
Unos
niños saltaron al agua desde la orilla y llegaron nadando
hasta el barco, se engancharon como buenamente pudieron, ajenos
al peligro, a la hélice del motor y a los cocodrilos
si es que los había..., y nos cantaron añejas
canciones en español, aprendidas de memoria para conseguir,
como no, una propina, un euro, por la peculiar actuación
pasada por agua. Todos nos reíamos, alguno les dio
algo y finalmente se soltaron del barco cuando el capitán
les vociferó algo en árabe... Pero las sorpresas
no terminaban ahí... Viramos hacia una arenosa orilla
y Osama nos preguntó: “¿Queréis
montar en camello?”...
...
Y vaya si montamos. Bajamos de la barcaza y nos encontramos
con una escena de cine. Allí estábamos, caminando
con dificultad por la arena del desierto, con un solitario
grupo de arbolillos y arbustos proyectando su sombra frente
a nosotros, y un montón de camellos y sus propietarios...
Así que, tras cabalgar en camello durante unos veinte
minutos, llegamos al pueblo Nubio. Omitiré los comentarios
sobre subir y bajar del animal y sobre las agujetas que fueron
consecuencia de aquella cabalgada...
Los
Nubios son una antigua raza, que habita en Egipto desde siempre
y que han sufrido las injusticias de todos los pueblos que
han ocupado el país. Han visto como sus tierras han
sido inundadas por las aguas con las construcciones de las
presas y viven en pequeños poblados de casas bajas
de ladrillo y adobe, frescas y humildes, aislados de los grandes
núcleos de población. Ese aislamiento les lleva
a no mezclarse culturalmente ni socialmente (hablan un idioma
único en el mundo que sólo conocen ellos y que
no tiene expresión escrita). Pese a todo, son gente
hospitalaria y cordial. Su piel es bastante más oscura
que la de los demás egipcios (de rasgos más
árabes). Y una de sus mayores peculiaridades son sus
mascotas, pues parecen preferir cocodrilos en lugar de perros
o gatos...
Cuando
llegamos, una familia nos invitó a conocer una de sus
casas, no sin antes ser asediados por un montón de
niños intentando vendernos baratijas y algunos pequeños
juguetes de madera. La casa tenía un gran patio y varias
estancias alrededor. Las pequeñas estancias estaban
modestamente equipadas con lo justo y necesario. El patio
aparecía parcialmente techado por tenderetes de lona
y el suelo estaba cubierto de fina arena. Por un lado un horno
de barro y una mujer joven haciendo la colada en una pila
de piedra, por otro un pequeño puesto improvisado,
con adornos y alhajas fabricadas por ellos, y un poco más
allá... dos peceras llenas de cocodrilos... una de
ellas con más de media docena de crías de unos
25 o 30 centímetros de largo, la otra con un ejemplar
algo más crecidito y que podía rondar el metro
de largo... Tuve en mis manos uno de los pequeños,
el grande, por mucho que me lo ofrecieron, ya no me atreví
a cogerlo... el sentido común me decía que su
mandíbula y los latigazos de su cola debían
hacer daño...
Allí
nos invitaron a un refresco y nos ofrecieron fumar la cachimba,
la popular pipa de agua. Nos reímos un rato con las
niñas de la familia que, tímidamente, se acercaban
a por los caramelos que les ofrecíamos y en definitiva
respiramos el aire y las costumbres de esa gente.
En
nuestro regreso a Aswan no podíamos pasar por alto
una de las obras de ingeniería más impresionantes
de la historia reciente: la presa de Aswan, que cambió
radicalmente la economía y la vida cotidiana de Egipto.
El proyecto de su construcción surge durante el gobierno
del presidente Abdel Gamar Nasser. Y en un principio la colosal
obra iba a ser respaldada económicamente por Británicos
y Norteamericanos, aunque en 1956 estos retiraron su apoyo
al proyecto y finalmente la construcción de la presa
se financió con los peajes del Canal de Suez y la ayuda
de los soviéticos (en plena guerra fría y en
pugna con occidente por el control de África).
Las
cifras que se manejan en torno a la presa son sorprendentes,
cifras como su longitud, su anchura en base, su altura, la
energía que se genera... El embalse, llamado lago Nasser,
es una de las mayores reservas de agua dulce del mundo y,
desde luego, la vista desde lo alto de “dique”
no tiene desperdicio.
Tras
la visita a la presa regresamos a nuestro barco Shehrezade,
donde disfrutamos de una copiosa comida en buffet libre. Mientras
acabábamos de comer el barco se puso, por fin, en marcha
y comenzamos a surcar las aguas del Nilo en dirección
a la ciudad de Kom Ombo.
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