CUANDO
TOCAMOS LA GRAN PIRÁMIDE
Por
la mañana temprano nos dirigimos al comedor para desayunar,
yo casi sufrí una crisis de ansiedad… El buffet
libre del desayuno era espectacular y tuve serios problemas
para decidir que comer, y posteriormente, comer todo lo que
había decidido coger. Tras un abundante desayuno un
autobús nos llevó, por fin, a visitar las míticas
pirámides de Egipto.
Giza
es el nombre actual de un popular barrio de El Cairo, junto
a la meseta donde se elevan las tres grandes pirámides
de la dinastía IV. Cuando bajamos del autobús
y vi alzarse ante mí la gran pirámide de Keops
sentí una emoción intensa y una profunda admiración.
La gran pirámide alcanza unas dimensiones asombrosas:
alrededor de 230 metros de lado y más de 145 metros
de altura.
La
segunda pirámide más grande es la de Kefren
(hijo de Keops) a quien también se atribuye la construcción
de la Esfinge. Se construyó en un terreno algo elevado
por lo que da la impresión de sobrepasar en altura
a la de Keops, aunque sus dimensiones son algo inferiores:
algo más de 143 metros de altura y 214 metros de lado.
Su estado de conservación es algo mejor que el de la
gran pirámide y conserva buena parte de la capa de
revestimiento.
La
última y más pequeña de las tres famosas
pirámides (aunque hay muchas otras en Egipto y varias
de ellas también en Giza) es la de Micerinos (probablemente
hijo de Kefren). Mide algo más de 65 metros de altura
y 105 de lado. Se cree, pese a su tamaño, que esta
pirámide estaba destinada a ser la de mayor belleza,
ya que estaba previsto cubrir toda su superficie con granito
rosado de extraordinaria calidad. Probablemente el proyecto
no se terminó debido a la relativa brevedad del reinado
de Micerinos o por falta de medios materiales.
Andamos
durante largo rato alrededor de la pirámide de Keops,
maravillándonos de su descomunal tamaño, de
las dimensiones de sus bloques de piedra, prácticamente
palpando la misteriosa atmósfera que la rodea. Circundamos
también la magnifica pirámide de Kefren y terminamos
la tríada en Micerinos, donde tuvimos la ocasión
de entrar.
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Es
difícil describir la experiencia de entrar en aquella
pirámide. No es una sensación agradable. No
sé si se debe a que es la más pequeña
de las tres, o por la cantidad de gente que continuamente
entra y sale. Pero lo cierto es que mientras desciendes por
un estrechísimo pasillo (en el que un adulto no puede
erguirse completamente), una sensación claustrofóbica
y opresiva, que no todo el mundo soporta, se va haciendo contigo.
Cada paso que desciendes el calor se acentúa y luego
se llega a una amplia cámara que por fin da un respiro
al visitante. Después sigues bajando por pasillos aún
más estrechos. Entonces eres consciente de que estás
dentro de una tumba de varios miles de años con demasiadas
toneladas de piedra sobre tu cabeza… Definitivamente
no, no es agradable… pero hay que vivirlo.
Un
poco más tarde, desde un montículo elevado,
tuvimos una magnifica vista panorámica de la llanura
y de las pirámides, que pudimos capturar con nuestras
cámaras de fotos. Después fuimos a ver la Esfinge.

Se
cree que las Esfinge representa al dios Horus encarnado en
el rey Kefren. Algunas teorías dicen que durante la
construcción de la pirámide de Kefren sobró
este bloque de piedra, y en lugar de derribarlo, Kefren ordenó
esculpirlo con la forma de un león y la cara del propio
faraón para que, con su presencia, custodiase la que
habría de ser su morada eterna.
La
Esfinge debió medir originariamente unos 60 metros
de longitud y 17 de altura, pero el deterioro de la erosión
le ha restado dimensiones y belleza. Algunos historiadores
siguen achacando la pérdida de la nariz de la escultura
a la artillería mameluca, aunque se sabe que los mamelucos
perdieron la guerra ante Napoleón por falta de armamento
moderno y pesado, y que fueron las tropas francesas las que
usaron artillería desde la meseta de las pirámides
para sofocar las revueltas del Cairo. Por lo que casi se puede
afirmar a ciencia cierta que fueron los franceses los artífices
del destrozo. Los egipcios dicen que fue, de hecho, el primer
cañón de artillería pesada que llevaron
los franceses a El Cairo. Por otro lado, la barba de la Esfinge
está en Inglaterra, que se niega a devolverla, arguyendo
contravenir la ley inglesa.
Existen
numerosas referencias en la literatura y el cine a la construcción
de las monumentales pirámides, en parte debido a que
se desconoce a ciencia cierta como fueron construidas (aunque
cada vez se cree más en los métodos que teorizan
con uso de rampas y palancas). El caso es que en la mayoría
de los casos ofrecen una imagen nada realista de faraones
crueles y esclavitud brutal, cuando en realidad, hacia el
2500 a.C. (en que se fecha la construcción de la Gran
Pirámide) no existía la esclavitud en Egipto.
La hipótesis más aceptada es que en los periodos
en los que los agricultores no tenían trabajo (durante
los meses de crecida anuales del Nilo) miles de ellos eran
empleados para construir las pirámides y recibían
un salario por ello. Además se conjetura con la existencia
de un cuerpo de trabajadores especializados que trabajaban
en estas construcciones durante todo el año.
Después
de la visita a las pirámides estuvimos en el Instituto
del Papiro. En este lugar se fabrican los papiros a la manera
tradicional, nos explicaron el proceso completo de fabricación
de las hojas de papiro que luego son usadas por numerosos
artistas para reproducir fielmente los dibujos de los antiguos.
La exposición era magnifica y no pudimos resistirnos
a comprar algunos. Los papiros que allí se hacen son
algo más caros que los que se pueden obtener en tiendas,
bazares y puestos callejeros, pero al menos estos tienen un
certificado de garantía y autenticidad. Muchos de los
que se vende en la mayoría de los sitios son falsificaciones
hechas con hoja de platanera, que no tiene la calidad y la
resistencia del papiro auténtico (aunque si el dibujo
es bueno quedan igualmente bonitos en un marco).
El
resto del día no teníamos visitas organizadas
y decidimos comer por el centro de El Cairo y pasar aquella
tarde en la ciudad. Por aquel entonces Alfredo, Montse, José
y Raquel ya eran nuestros más indiscutibles y cercanos
compañeros de viaje y aquella excursión urbana
la realizamos juntos. La verdad es que anduvimos bastante
perdidos, comimos en una hamburguesería e hicimos algunas
compras (como hubiéramos hecho en cualquier otra parte),
pero al caer la noche nos aconteció una improvisada
aventura con uno de los famosos taxis cairotas. |