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EN LA CIUDAD DE LA LUZ DE ORO

Increibles Columnas. Sala Hipóstila de KarnakEl templo de Karnak (cuyo significado es “El lugar más distinguido”) está considerado el templo más grande del mundo. Más que un templo es un complejo templario, construido a lo largo de un extenso periodo por varias dinastías alejadas en el tiempo (XII, XVIII, XIX, XX, XXII, XXV y XXX). Fueron muchos los faraones que reformaron y ampliaron en templo, desde Sensert III hasta Nectanebo, pasando, entre otros, por Hatshepsut, Tutankhamon, Set I, Ramsés II, Ramsés III... No en vano se ha ganado el nombre de “los templos de Karnak”.

Nuevamente, lo que rodea a este templo es una mezcla entre historia y leyenda. Se cuenta que cuando una dinastía, perteneciente a una determinada ciudad, conseguía imponer su reinado a todo el país, el poder y el prestigio del dios local también aumentaban, para convertirse en una divinidad nacional. Tal fue el caso de Amun, dios local de Luxor cuyo nombre significaba El Invisible.

Para convertir a un dios local en nacional, los sacerdotes tenían que asociar a su dios a dos elementos vitales en la vida del país. Asociaron a Amun al sol y lo llamaron Amun-Ra, y lo asociaron al Nilo, símbolo de fertilidad, cuyo máximo representante era el dios Men (del que hablaré un poco después por lo curioso de su historia).

Al igual que todos los años el Nilo crece en verano y abandona su cauce para fecundar la tierra de Egipto, Amun, que residía en el Templo de Karnak, salía de su morada, portado a hombros de sus miles de sacerdotes hasta el río, donde navegaba hacia la morada de su mujer, la diosa Mut, en el templo de Luxor. El resultado de esta unión fue el dios Khonsu, dios de la luna, que tiene su templo detrás del templo de su padre en Karnak, y cuyo nacimiento aventuraba la prosperidad de las cosechas para la tierra de Egipto. El camino de vuelta de Luxor a Karnak era terrestre, y discurría por una senda franqueada por esfinges de carneros (representando a Amun), de las cuales quedan numerosos vestigios a la entrada del templo de Karnak y en las proximidades del templo de Luxor.

Uno de los Obeliscos de KarkakEspecialmente destacable en este templo es el grosor y la altura de sus columnas, especialmente las de la sala hipóstila (los capiteles tiene unos 5 metros de diámetro). Algunos obeliscos (con casi 20 metros de altura) aún se erigen intactos y enigmáticos apuntando al cielo, manifestando las aspiraciones divinas de algunos hombres. Un magnífico espectáculo de piedras e historia.

Fue en el templo de Karnak donde escuchamos por primera vez la peculiar historia del dios Men, frecuentemente tallado en las paredes y columnas de este templo. Cuenta la leyenda que en cierta ocasión todos los hombres de un pueblo marcharon a la guerra. Men se negó a ir por miedo o cobardía de modo que quedó él sólo en el pueblo con las mujeres y los niños. Meses después, al volver los soldados, se encontraron con que todas sus mujeres en edad de concebir estaban embarazadas. Inevitablemente las iras se descargaron contra el bueno de Men, a quien en castigo se le cortaron un brazo y una pierna. Posteriormente subiría al panteón de los dioses como dios de la fertilidad por su “acierto” con todas esas mujeres. Su representación en la piedra es inconfundible hasta para el más profano, ya que siempre se le esculpía con un solo brazo, una sola pierna y por supuesto un falo desproporcionado. El dios Men se convirtió desde ese momento en la comidilla del grupo y el “ídolo” de gran parte del sector masculino (y, ¿por qué no?, del femenino).

Avenida de Esfinges de Amun-RaTras al menos un par de horas en Karnak el autobús nos acercó al templo de Luxor, a unos tres kilómetros. La visita a la morada de Mut tuvo lugar cuando ya casi estaba anochecido, aunque eso no lo deslució en absoluto. La forma en que las piedras absorben la iluminación inunda el lugar de un misticismo y una magia casi tangible. Se data el principio de su construcción alrededor del 1400 a.C., durante el reinado de Amhenhotep III. La madre de este faraón no era de sangre real y él tuvo la necesidad de legitimar su reinado representando su nacimiento divino como hijo de Amun. Posteriormente (y como de costumbre) otro acabó llevándose la gloria: Ramsés II hizo edificar el primer pilón, franqueado con dos obeliscos (de los que uno se conserva casi intacto) y cuatro colosos suyos (de los que quedan dos, uno de ellos en muy malas condiciones). Así pues Ramsés II dejó en un segundo plano al que iniciara la construcción del templo, Amhenhotep III. Unos 1500 años más tarde, Alejandro Magno también se hizo representar en las paredes de ese templo como faraón de Egipto, adorando a Amun.

Pilón Principal del Templo de LuxorA la izquierda del primer patio del templo, se observa una mezquita colgante de más de 1000 años de antigüedad. Hasta hoy en día, se celebra el nacimiento de un Santo, Abu Haggag, venerado por musulmanes y cristianos de la ciudad. En su fiesta, el público saca varias barcas, que recuerdan a las antiguas barcas sagradas del olvidado dios Amun. Esta mezquita denota que cuando llegaron los árabes a Egipto, el templo ya estaba enterrado bajo tierra, y que sobre los capiteles y las paredes del templo, los árabes encontraron, buenas bases para su lugar de culto.

El frenético día terminó con el regreso en autobús a Esna, donde volvimos a nuestro barco. Allí cenamos magníficamente, y tras comentar entusiasmados como niños las vivencias del día y revisar las casi 150 fotos que llevábamos hasta el momento, el cansancio nos pudo y caímos derrotados hasta la mañana siguiente, cuando la simpática voz de acento árabe nos despertó por teléfono con su peculiar mensaje. Aquella mañana, bien temprano, partimos nuevamente hacia otra etapa de nuestra particular y modesta aventura.