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EN LA TIERRA DE LOS MUERTOS

En la provincia de Luxor, en la orilla oeste del Nilo (la orilla de los muertos), en las montañas de la antigua región de Tebas, está Deir el-Bahari, lugar donde se encuentra el Valle de las Reinas. Aproximadamente a un kilómetro y medio de donde descansan varias dinastías de faraones se encuentran también las tumbas de las esposas e hijos pequeños de aquellos. Allí tuvimos la oportunidad de contemplar algunos de los recintos funerarios más hermosos que la historia recuerda.

El Valle de las Reinas

A pesar de no gozar de la misma fama, el Valle de las Reinas posee tumbas cuyas pinturas se conservan en mejores condiciones que las del Valle de los Reyes. La joya del valle es el sepulcro de Nefertari. En ella descansó durante miles de años la esposa de Ramsés II. Quienes han tenido ocasión de visitar muchos más sepulcros han dicho que es la tumba más hermosa de los dos valles. Cuando se restauró no fue necesario añadir ni una sola gota de pigmento a sus pinturas que conservan unos colores y un brillo extraordinario. La perfección de los dibujos en sus trazos, la hermosura con la que el artesano plasmó a la reina y las imágenes de los dioses que parecen querer salir de los muros para protegerla, dejan patente que Ramsés II trató de construir la más bella sepultura para aquella que era la preferida entre sus esposas.

Detalle de la Tumba de NefertariDespués de deleitarnos con la belleza de la tumba de Nefertari visitamos otras dos más, ambas pertenecientes a hijos de Ramsés III. La tumba de Amonhirjopeshef y la de Jaemuaset. Aunque no compiten en hermosura con la de Nefertari, son mausoleos bien conservados, con increíbles pinturas.

El principe Amonhirjopeshef (he visto al menos otras tres formas de escribirlo) murió poco después de nacer. En su tumba se encontró también la momia de un feto. Este se exhibe en la cámara del sarcófago en el interior de una vitrina. Se especula que pudo ser un hermano de Amonhirjopeshef, fallecido antes de nacer, o un gemelo del príncipe nacido sin vida. Los antiguos egipcios pensaban que cada niño tenía un gemelo al que se le relacionaba con su Ka o fuerza vital. El Ka partía hacia el cielo en el momento del nacimiento, mientras que el príncipe permanecía en la tierra. Quizá un cúmulo de circunstancias llevaron a pensar que éste gemelo mítico era el niño nacido antes de llegar a término.

Detalle de la Tumba de Amonhirjopeshef Detalle de la Tumba de Jaemuaset

Por su parte, la sepultura de Jaemuaset, hijo también de Ramsés III, es una de las más bellas de la Dinastía XX y reproduce una tumba real a tamaño reducido. Fue enterrado bajo el reinado de Ramsés IV, según reza una inscripción en su sarcófago, lo que indica que debió sobrevivir a su padre.

Una constante en todas las tumbas de este reinado es la presencia del faraón Ramsés III acompañando a sus hijos, los príncipes. Él siempre se encuentra representado en talla superior a la de sus hijos para indicar la jerarquía. Por su parte, el príncipe en pie, luciendo una coleta lateral, signo de niñez, acompaña a su progenitor para ser presentado ante la asamblea de los dioses, para que le faciliten la estabilidad y la protección que necesita.

Templo de HatshepsutDeir el-Bahari es un lugar privilegiado por la historia por la presencia de los dos grandes valles y de algunos importantes templos. Pero seguramente el más destacable de ellos es el templo de la reina Hatshepsut. Después de nuestro paseo por las tierras de los muertos tuvimos la oportunidad de visitar este magnifico lugar único en Egipto.

Cuando llegamos a las inmediaciones del templo nos encontramos con una cantidad enorme de niños de varios colegios que hacían una excursión escolar. Ya nos habían avisado sobre los niños, les entusiasman los turistas, intentan hablar con ellos usando las pocas palabras que puedan haber aprendido en inglés, francés o español. Saludan, piden que les escribas tu nombre, se vuelven locos si les regalas caramelos o bolígrafos… Pronto estuvimos rodeados de muchachos que desobedecían a sus profesores para hacerse fotos con nosotros. Después de este divertido inciso accedimos al recinto del santuario y un pequeño tren turístico nos acercó hasta los pies de la edificación escalonada.

El templo fue construido por la reina Hatshepsut en forma de terrazas, de grandes dimensiones, con columnas que se confunden con la ladera de la montaña, situada tras el templo. La obra se debe al arquitecto Senmut quien consiguió una perfecta armonía de proporciones. El templo está en parte excavado en la roca y en parte construido externamente, basándose en construcciones previamente realizadas por Mentuhotep I.

Detalle de las Pinturas del TemploConsta de una amplia calzada, que antiguamente estaba flanqueada de esfinges, que conduce desde la entrada hasta el gran patio, al que se accede a través de dos terrazas escalonadas, construidas en la ladera de la montaña y unidas mediante rampas. Las terrazas se apoyan en muros de carga y están separadas por columnatas o pórticos.

En la segunda terraza en el ángulo formado por los pórticos de la derecha hay una capilla en honor al dios Anubis, y a la izquierda, excavada en la roca, está la capilla de Hathor, de quien se dice que fue la diosa principal de Deir el-Bahari.

En la tercera y última terraza, a la izquierda (lado Sur), se encuentra la capilla de Thutmose I (padre de Hatshepsut) y la cámara de ofrendas de la reina, excavada en la roca. En el lado contrario, al norte, hay salas dedicadas a Ra-Horajti, Amón y Amonet. Finalmente está el santuario que consta de tres salas con nichos para colocar objetos de culto.

Una de las cosas más asombrosas del templo es el estado de conservación de algunas de sus pinturas. Tras siglos sufriendo el abandono, la intemperie y finalmente la sepultura en la arena, algunas paredes, en los pórticos conservan un color impactante. Desgraciadamente el templo sufrió las iras de la venganza de Thutmose III, hermano pequeño de Hatshepsut, quien al convertirse en faraón ordenó borrar todas las inscripciones que hacían referencia a la fallecida reina a golpe de cincel y martillo.

Hatshepsut se vio implicada en una gran intriga palaciega que dominó gran parte de la vida política durante el reinado de la dinastía XVIII. Una vez muerto su padre, tomo el gobierno del país con el cargo de regente de su hermano Thutmose. Pero el ansia de poder de la regente y de los nobles y cortesanos que estaban de su lado, hizo que al poco tiempo apartase a su hermano totalmente del poder y se proclamase reina.

Una mezcla de historia y leyenda rodean a este hecho. Como en el antiguo Egipto las mujeres no podían gobernar se cuenta que Hatshepsut encerró a su hermano y se puso una barba postiza para gobernar en su lugar (la barba era símbolo de poder político). De hecho en las pocas representaciones que se conservan de ella, aparece una figura de notorias formas femeninas pero con vestimentas de hombre y barba real. El caso es que a su muerte, cuando Thutmose consiguió subir al trono, como el poderoso Thutmose III, quiso vengarse de su hermana y asegurarse de que no obtuviera el descanso eterno en el más allá. Para ello se aseguró de destruir la memoria de la reina para que no fuera recordada en los siglos venideros, evitando así que lograse la tranquilidad y el descanso en el otro mundo.

Aquella mañana terminamos nuestro recorrido en una fábrica de alabastro. Allí nos deleitamos con cientos de figuras, estatuillas, grabados y escarabajos de la suerte, y fuimos obsequiados con un refresco mientras nos afanábamos en un encarnizado regateo para obtener unas pequeñas réplicas de alabastro de los vasos canopes (vasijas funerarias con tapas que representaban a los cuatro hijos de Horus y donde se guardaban los órganos internos momificados: el chacal Duamutef para el estómago; Amset, de forma humana, para el hígado; el halcón Kebsenuf para los intestinos y el babuino Hapi para los pulmones). Contentos con nuestras compras obtenidas a un buen precio y entusiasmados por todo lo que habíamos visto, volvimos al autobús para regresar a Esna.

De camino hacia Esna hicimos una última parada para admirar los colosos de Memnon y hacer la foto de rigor. Hubiera sido lamentable haber estado en la región tebana y no haber visto los tan mentados colosos. Estas dos enormes estatuas, que originalmente debieron medir unos veinte metros, son monolíticas, es decir talladas de una sola pieza. En su tiempo se alzaron a ambos lados de la puerta monumental del primer pilón del templo conmemorativo de Amen-Hotep III (o Amenophis III), que fue considerado el mayor de todos los templos tebanos. El templo se construyó en el lado más alejado de la llanura fluvial del Nilo, fue destruido por las inundaciones anuales y utilizado como cantera para extraer materiales para la construcción. Los dos colosos representan al faraón divinizado y son el único testimonio que queda de aquella grandiosa construcción.

Los Colosos de Memnon

Al llegar a Esna la primera etapa de nuestro viaje llegaba a su fin. Terminaba el inolvidable crucero por el hermoso Nilo. Aquella noche nos despedimos del personal del barco y de algunos compañeros de viaje que seguirían otros itinerarios. Aquella noche de nuevo un autobús nos conduciría a Luxor, donde cogeríamos un avión con destino a El Cairo. Aquella noche dejamos el magnífico Shehrezade con la esperanza de volver a ver algún día un barco parecido a ese en el que navegar por aquel río.