CAPÍTULOS

 

 

EL PARAISO DE LOS CAZADORES DE BARATIJAS

El colofón final, hasta cierto punto frustrante, de nuestro viaje lo pondría, por la tarde, nuestra visita al bazar Khan el Khalili. Digo que fue frustrante porque a penas tuvimos un par de horas para recorrer una mínima parte de aquel mercado de calles diminutas y tiendas angostas. Cualquiera podría decir que un par de horas es tiempo más que suficiente para recorrer cualquier mercado… nada más lejos de la realidad.

Se podría decir que alguien no ha estado verdaderamente de compras hasta que ha pasado unas horas regateando en el Khan el Khalili. Allí se puede comprar prácticamente de todo: joyería, ropa, alfombras, artesanía…, aunque el verdadero objetivo consiste en regatear como los locales, cuya oferta inicial nunca es la final. Para alguien con suficiente tiempo y paciencia, aguardan en aquel bazar verdaderos pequeños tesoros.

Bazar Khan el Khalili

Cuando el guía nos dijo que teníamos un par de horas para conocer el mercado no nos sentó demasiado bien; pero cuando estuvimos casi media hora regateando para comprar unos frascos de perfume (que además no nos llevamos), vimos a todas luces que ese tiempo era casi un insulto. Así pues compramos unos pocos recuerdos de forma precipitada y bastante disgustados. El Khan el Khalili se hubiera merecido, al menos, toda una tarde de nuestro tiempo. Así pues el bazar se convirtió en uno de los grandes pretextos (entre otros muchos) para volver algún día a la tierra de los faraones y los taxis kamikazes.

Tras la corta visita al bazar volvimos al hotel. Nuestros equipajes estaban prácticamente listos, guardamos los últimos recuerdos adquiridos aquel día y nos sentamos un rato. A ratos entusiasmados por todo lo vivido a ratos enojados por no haber comprado recuerdos para todo el mundo y más cosas para nosotros, pasó el poco tiempo que nos quedaba por estar en El Cairo. Bajamos a la recepción del hotel y nos reunimos con el resto de viajeros que tenían nuestro mismo vuelo. Poco después llegó el autobús.

Era bastante tarde, aunque no recuerdo la hora. Durante el rato que duró el paseo hasta el aeropuerto, el silencio en el vehículo era mayor de lo habitual. Supongo que a todo el mundo le invadía la pena, y las ganas de haber visto y hecho mucho más. Creo que cualquiera de nosotros habría firmado una semana más de estancia, pero todo lo bueno llega su fin y aquel era el final de un buen viaje.

Aquella misma noche cogeríamos un avión en el Aeropuerto Internacional de El Cairo. De vuelta a casa, con varios cientos de fotos, muchas intensas experiencias y recuerdos indelebles en la memoria, recordé algo que me dijo un guía poco después de llegar a esas tierras: Egipto es el regalo del Nilo a los hombres. Después de aquella impresionante semana aquellas palabras no podrían haber sido más ciertas.