Tan pronto como Federico apartó las ranas tras las cuales lo había vuelto a esconder, el genio exclamó:
          – ¡Ming! ¡Tú, pol fin! Cuánto me aleglo de volvel a velte. ¿Qué hace aquí tu amiga? ¡¿No ilás a dejalme tilado otla vez?!
         –No grites tanto, por favor –suplicó el niño. Por más que el hombrecillo insistiera en que solo él podía escucharlo, Federico tenía la sensación de que en cualquier momento un tropel de gente se amontonaría para preguntar a qué venía tanto escándalo.
         –¿Qué ha dicho? –preguntó Cloe.
         –¿Sigues sin oír nada? –se asombró su amigo.
         –Aparte del murmullo de la gente, la música de fondo, el sonido de los anuncios publicitarios y tus preguntas… no –afirmó, burlona–. Nada más. ¿Tú sí?
         –Soy feliiiiz, soy feliiiiz, soy súpel extla feliiiiiz… –cantaba la hucha con voz de contralto.
         –Buf… está berreando –contestó él, un poco agobiado.
         Cloe había empezado a reírse otra vez.
         –¡Cállate tú también! –solicitó Federico.
         –De acuerdo –dijo Cloe, y se acercó al hombrecillo–. Buenas tardes, honorable genio chino. Mi amigo y yo queríamos que nos aclarara algunas de las cosas que le mencionó ayer.
         –Veo que habéis hablado de mí –murmuró la hucha. Y aunque sus labios no se movieron, su mirada brilló de una manera intensa y peculiar–. ¿Qué queléis sabel?
         Federico tomó la palabra:
         –Ya sabemos que eres mágico pero, aparte de hablar con algunas personas y dejarles que abran y
cierren tu barriga…
         –¿Puede –le interrumpió Cloe– transformarse en otra cosa, cambiar de sitio o hacer que la gente le
obedezca?
         –¡A ti qué te palece! –exclamó el genio, irritado–. ¿Clees que estalía aquí si pudiela hacel algo de
eso?
         –Dice que no –tradujo Federico.
         –¿Y obedecer los deseos de tu amo? –prosiguió la niña.
         –¡Pues clalo que no puedo!
         Federico negó con la cabeza.
         –¿Y qué hay de otorgar la inmortalidad, transformar la piedra en oro o transportar a las personas en
el tiempo…? –enumeraba Cloe.
         –Pelo ¿qué se ha pensado esta impeltinente? ¿Que soy un animal de cilco, o qué? Yo solo soy una
humilde y anciana hucha, con alguna que otla calactelística peculial…

12 x 19 cms. pocket book
224 pages - 9 interior b/w illustrations
40.603 words

EL GENIO EN LA HUCHA / THE GENIOUS IN THE MONEY BOX
Ediciones sm 2007

Cuando, 2.472 años después de su fabricación, Federico encuentra la hucha mágica en unos grandes almacenes, no duda en pensar que la suerte le ha sonreído. ¡Pero, si sus consejos estaban destinados a nutrir a su propietario de auténtica sabiduría! Claro que “incluso los hombres más sabios cometen algún error”.
Una historia llena de humor en la que se entrelazan tres grandes temas: el consumo, la persecución de la sabiduría y el descubrimiento de una vocación profesional.

When, 2.472 years after its manufacturing, Federico finds the magic money box, he thinks he has been undoubtedly lucky. Was it not destined to enlarge the wisdom of its proprietor? Though… “even the brightest men make mistakes”.
A story that intertwines three great subjects with humour and simplicity: consumerism, the pursuit of wisdom and the discovery of a professional vocation.

A partir de 9 años