Vivir sin miedos y vivir con plenitud incrementa la calidad de vida y nos hace más felices. Donde hay miedo, no hay libertad y, sin libertad, no hay felicidad. Es la libertad experimentada como un estado interno libre de influencias negativas: dependencias y hábitos que nos atrofian emocionalmente y que destruyen nuestra autoestima e integridad.

Vivir en plenitud es estar en un estado en el que el ser brilla, eres tú mismo, y te atreves a presentarte al mundo con tus singularidades, tus cualidades y tus diferencias. Tu energía fluye creativamente, sin bloqueos ni temores.

Durante el día, gran parte de nuestra energía se va en los temores, en las dependencias, en reacciones emocionales y en la frustración. Ese afán de control te provoca ansiedad y temor.

Temes que las cosas no sean o no vayan como tú quieres que sean. Los miedos fijan tu atención en determinadas cosas, excluyendo las demás. Tu visión y tu mundo se reducen. Pierdes perspectiva global. Te ahogas en un vaso de agua.

Anthony de Mello nos recuerda que “ Piensas equivocadamente que tus miedos te protegen, que tus creencias te han hecho ser lo que eres y que tus apegos hacen de tu vida algo apasionante y firme. Y no ves, sin embargo, que todo lo constituye una especie de pantalla o filtro entre tú y la sinfonía de la energía y no te proporcionan felicidad,

TE DEBILITAN HASTA DEJARTE EXHAUSTO!!!!!!! ( Miriam Subirana)

 

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