El Grano de Arroz
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Un padre no encontraba consuelo por la muerte de su hijo.
Buscó ayuda por doquier, sin encontrar respuestas.
Las palabras o los silencios le resultaban huecos,
cuando no insultantes.
La vida, un total absurdo.
Se acercó a Buda con reservas, desesperanzado,
y le contó su drama. El maestro le respondió
con segura compasión:
- No te preocupes, buen hombre. Lo tuyo tiene inmediato alivio.
Es muy sencillo:
debes conseguir que alguien te regale un grano de arroz.
Nada más.
- ¿Un grano de arroz?
- Nada más. Pero es importante que no aceptes ese pequeño regalo de una familia en la que haya muerto alguien.
El hombre salió pronto en su búsqueda obsesiva.
Pidió por doquier,
con insistencia, sin tregua.
Pero en todas las casas
y
en todos los casos
alguien había muerto.
El grano de arroz adecuado quedaba siempre invalidado.
Fueron tantas las veces que escuchó la presencia de la muerte que en el océano del dolor universal
encontró la paz de la comprensión.
La lágrima de dolor individual fue absorbida por el mar inagotable de la vida, en movimiento permanente.
Las olas del dolor personal se realizaron
en la mágica unidad del agua.
Fue un diamante de compasión recomendado por Buda. Abundante, cercano, eterno y simple,
como un grano de arroz.
Nada más.
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Extraído de Cuentos para regalar a personas inteligentes de Enrique Mariscal
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La vida nos pone a veces ante pruebas muy dolorosas. La visita de lo irreparable o nos fortalece o nos quiebra. Sólo la comprensión puede ofrecer un remanso de paz, sobre todo cuando uno ha sentido las raíces mismas del sufrimiento.