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PREHISTORIA  -  CALCOLÍTICO  y  CULTURA  DE  LOS  MILLARES

LA CULTURA DE LOS MILLARES

Los Millares se integra en un proceso cultural que afectó al Sureste de la Península Ibérica y que puede describirse a lo largo de las siguientes etapas:
  • Neolítico reciente (3.800 al 3.400 a.C.): se produce la expansión de las aldeas agrícolas sobre las tierras aluviales del Sureste y la concentración de la población a partir de la sedentarización plena de los asentamientos. En la mayor parte de los yacimientos predominan las estructuras en fosas que pudieron ser utilizadas para distintas funciones (fondos de cabaña, silos, cisternas, etc.). En esta época se conocen sistemas de fortificación, al menos con fosos y empalizadas y en determinadas áreas de la Alta Andalucía y el Sureste se desarrolla el megalitismo con las manifestaciones rituales asociadas, así como los primeros ensayos metalúrgicos.


  • Cobre Antiguo (3.400 al 3.000 a.C.): durante este período se fundaron todos los grandes poblados fortificados del Sureste como Los Millares a los que, a menudo, acompañan necrópolis concentradas con tholos, construidos para el enterramiento de las élites, que se habrían ido gestando desde el período anterior, y que justificarán su posición a partir de diferentes rituales y expresiones simbólicas. La estratificación social se manifestará mediante diferencias de acceso a la propiedad y al consumo de determinados animales y de objetos de prestigio depositados en las sepulturas.


  • Cobre Pleno (3.000 al 2.600 a.C.): se trata del momento de apogeo de la Cultura de Los Millares con la ampliación de las murallas y la construcción de los primeros fortines, expresión de un posible estado primitivo y centralizado que controlaba las redes de circulación de bienes de prestigio.


  • Cobre Tardío (2.600 al 2.400 a.C.): se produciría el máximo desarrollo de las fortificaciones calcolíticas y al mismo tiempo se iniciaría una crisis que afectaría al universo simbólico de Los Millares y, en última instancia, a su sistema de relaciones sociales. Destaca la llegada al Sureste de los primeros Vasos Campaniformes Marítimos, que se difunden rápidamente aprovechando las redes de circulación existentes.


  • Cobre Final (2.400 al 2.200 a.C.): los sistemas centralizados del Sureste agudizan la crisis que acabará con sus formaciones sociales. Se desarrolla un estilo local de cerámica campaniforme que circula, de forma restringida, en determinados contextos domésticos y funerarios, en este último caso acompañada de armas, que reflejan el carácter cada vez más violento de las relaciones sociales. Se produce una reducción de la demografía de los grandes asentamientos, confinándose lentamente la población de Los Millares en la ciudadela y en los fortines. Al finalizar este período tuvo lugar el abandono de Los Millares, tras una serie de sucesos catastróficos (conflictos o desastres naturales), reflejados en los incendios generalizados en los fortines y en un fuerte deterioro de las fortificaciones. Al tiempo que se despuebla Los Millares se fundan en sus alrededores los primeros asentamientos pertenecientes a la Cultura del Argar.
El Llano de Los Millares, con una longitud aproximada de 1,5 km en su eje este-oeste, tiene una extensión de unas 19 Ha, de las cuales la mayor parte, unas 13 Ha, corresponden a la necrópolis y las restantes al poblado. Hacia el sur la meseta está dominada por varias alineaciones de colinas en cuyas cotas más prominentes, a ambos lados de la rambla de Huéchar, se asientan los trece fortines que completan el potente sistema defensivo que controló el asentamiento y su territorio más próximo. Pasadas las líneas de fortines, sobre las lomas y terrazas situadas bajo el pie de monte de la Sierra de Gádor, se extiende una importante agrupación de necrópolis dolménicas, relacionadas con varios poblados de dimensiones reducidas.
Poblado y cabañas de Los Millares (Santa Fe de Mondújar - Almería)
El interior del asentamiento ofrece un urbanismo organizado en el que las viviendas de planta circular alcanzan distintas dimensiones en cada área del poblado. Destacan varias estructuras de carácter comunal como el gran edificio central y los talleres metalúrgicos del tercer recinto, así como la balsa o cisterna del cuarto y la conducción de agua que cruzaba la meseta donde se asienta la necrópolis y atraviesa las murallas hasta alcanzar la zona más interna del poblado.

Las viviendas, de planta circular, con diámetros que oscilan entre 2,50 y 6,50 metros, estaban construidas en todos los casos a partir de una ligera cimentación con zócalos de mampostería sobre los que se alzaban paredes de barro y cañizo. Las cubiertas, posiblemente cónicas, con un hueco central para la salida del humo, eran de ramaje revestido con barro y se apoyaban en pequeños postes de madera, ubicados en el interior de las cabañas y documentados por los hoyos excavados en el suelo o sobre los niveles precedentes, acompañados de calzos de pequeñas piedras que ayudaban a la sustentación.

Los hogares estaban formados por una base de barro endurecido y un anillo perimetral del mismo material, sistema presente en numerosos poblados calcolíticos del sur de la Península. Otras estructuras domésticas localizadas en las diferentes viviendas son bancos adosados a las paredes, pequeños recintos de lajas hincadas que sostenían vasijas situadas junto al hogar para calentar líquidos o comida, espacios empedrados donde posiblemente se realizaban trabajos textiles y poyetes para la molienda del cereal. Éstos últimos se construían con mampostería de pequeñas piedras trabadas con barro que sostenían un molino de piedra volcánica o conglomerado, sobre el que se deslizaba la moledera del cereal o mano de molino. Algunos silos y pequeñas cisternas de forma acampanada, impermeabilizados con un revoco de arcilla, se sitúan en la proximidad de las cabañas (en ocasiones presentan la boca tapada con lajas de pizarra).
 

Taller metalúrgico de la muralla III y cabaña adosada a la muralla II (Los Millares - Sta. Fe de Mondújar - Almería)

Entre los edificios dedicados a actividades especializadas destacan los talleres metalúrgicos que se han localizado en dos zonas del poblado. Si bien, junto al tramo norte de la muralla exterior existen varias construcciones cuadrangulares y circulares dedicadas a esta actividad, el taller mejor conservado se sitúa en un amplio edificio de planta rectangular adosado al paramento interno de la tercera línea de fortificación.
De dimensiones notables, unos 8 metros de longitud por 6,50 metros de ancho, fue construido con una técnica de mampostería más sólida que la empleada en las cabañas. Posee una puerta abierta en su paramento este y en su interior destacan los restos de tres estructuras: una fosa de 1,20 metros de diámetro, con fragmentos de mineral de cobre, un horno delimitado por un anillo de barro cocido, con una depresión en su parte central para situar las vasijas-hornos dónde se calentaba el mineral y una pequeña estructura de lajas de pizarra en su esquina nordeste. La falta de agujeros de poste en el interior hace presumir que una parte de la edificación posiblemente no estuviera techada. La distribución de escorias y fragmentos de vasijas-horno sobre el suelo, y en relación con las estructuras internas, demuestra que en este singular edificio se desarrollaron diversas actividades relacionadas con la fundición y la manufactura de objetos de cobre.
Muralla I (Los Millares - Santa Fe de Mondújar - Almería)
La muralla exterior del poblado, muralla I, construida tras una ampliación del poblado hacia el 3.000 a.C., tiene un perímetro de unos 400 metros desde su extremo norte, junto al cortado del Andarax, hasta su extremo sur, que alcanza y corre paralelo al barranco de la Rambla de Huéchar. Presenta un espesor medio de unos 2 metros y un foso poco profundo por delante destinado, sobre todo, a desmantelar áreas relativamente elevadas frente a la muralla con una serie de bastiones y torres huecas a intervalos regulares, hasta ahora se conocen 17, con estratos de ocupación en su interior relacionados con actividades domésticas y especializadas. Se han documentado dos puertas que permitían el acceso al recinto exterior del asentamiento donde se construyeron diversas cabañas circulares de pequeñas dimensiones.
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