CAMINO DE SANTIAGO DESDE MADRID
DÍA 1: "Anecdotario"
Preetapa de Camino el día anterior: cerrada iglesia de Santiago (hay que asegurarse el día anterior de que cuando vayamos a salir la iglesia estará abierta, o ir en horario de misa para sellar la credencial el día antes de salir). 10:38 salimos (me despierto a las siete después de haber estado caminando toda la noche sobre nubes); primer sello en la Almudena; San Bernardo; Bravo Murillo lleno de gente (hablo con Amaya); primer descanso en las Torres Kio (no vemos la primera flecha pero nos la imaginamos en el símbolo de la gasolinera "Shell", que también es una concha); C/Arzobispo Morcillo (como la zona está en obras lo mejor es preguntar por la calle al del kiosco que todo lo sabe); Fuencarral (comemos); meo y me lleno de espigas (son las cosas del campo); Parque Regional del Manzanares (vista espectacular del recortable de Madrid sobre el cielo); buitres; El Pardo; Monte Carmelo sin agua (sobrevivimos gracias a unos obreros) (ojo con la provisión de agua si hace calor porque en unos cuantos kms no encontraremos fuente); El Goloso; Tres Cantos (por la vía bici), preguntamos a la policía y a la Cruz Roja, nada, párroco (se parece al abuelo de Heidi un poco más joven, y aunque no sabía muy bien cómo hacer para alojarnos, si le caes bien te deja un pedacito de suelo en su despacho); terraza con tuna; en el Caprabo explotando ampollas.
DÍA 2: "Diálogos"
«Yo a estos los he visto a eso de las 9:15». Salimos de Tres Cantos a las 9:05 atravesando la vía del tren y acercándonos al arroyo Tejada más seco que nada y sin fuentes (¡horror!, no habíamos bebido lo suficiente porque no había sonado el despertador, y para que no nos viera el cura dejar la notita de agradecimiento, salimos escopetados). Al fondo Colmenar Viejo y aviones teledirigidos, además de alguna que otra oveja descarriada. Hablamos cuando tenemos la boca no demasiado seca por la falta de agua, si no, preferimos ahorrar saliva. «El Ulrich ese, jolín con Francia», se oye en el bar de Colmenar. (Siguiendo la flecha amarilla, en una plaza-rotonda, cerca de la iglesia, hay un bar con objetos de peregrino donde te ponen aperitivo y la mujer te ofrece cangrejos de río). Conocemos a un hombre que nos pregunta: «¿estáis haciendo el Camino? Yo lo hice en el 2003. Es duro, no hay acogida, Valladolid campo y campo sin ver a nadie... Yo cuando veía a alguien hablaba con él». Dejamos Colmenar con sus cigüeñas y caminamos hacia Manzanares por una zona de ganaderos (con toros que miran al búfalo de mi camiseta). Llegamos al río de nuestra ciudad después de pasar bajo un puente (sobre nuestras cabezas una autopista). Seguimos caminando por las vías pecuarias viendo restos del “100km en 24 horas” y de vez en cuando hitos peregrinos con la concha y todo, que nos alegran el camino. Y no digamos las flechas amarillas... Por fin tras una loma vemos Manzanares y la bajada hacia el mismo la hacemos con cuidado por la rodilla y porque oímos música de domingueros escondidos. Desde esa bajada y no antes perdemos de vista las Torres Kio que nos han acompañado hasta ese punto. (Recomiendo encarecidamente ir mirando hacia atrás con frecuencia para observar Madrid en la línea del horizonte. Preciosísimo). Cual Don Quijote y Sancho, Carlos dice: «¿qué es eso?, ¿un molino?»cuando nos vamos acercando al embalse de Santillana. No nos podemos bañar porque está prohibido. Derrengados hemos llegado a Manzanares y nadie nos acoge. No sabemos dónde acabaremos.
DÍA 3: "Aprendizajes"
Nos levantamos prontito, a las siete, para desayunar y ya que teníamos hotel ir al baño. No hay que cargar agua cuando el tramo entre las poblaciones es tan corto. Llegamos enseguida a Mataelpino, 7km, que cada vez nos parecen más cortos los kilómetros. Allí estaban montando el Circo y me gustó ver al elefante, al camello y también a la niña salir de la furgoneta de sus padres para observar el montaje del Circo Roma. Aprendí que a veces es mejor esperar un poquito más para descansar porque enseguida llegas a los pueblos (pasado Mataelpino descubrimos un árbol a la sombra, ideal para descansar). En Navacerrada repusimos agua (hay una fuente en la plaza pero lo mejor es llenar a la salida, pues arriba de la calle Abel hay otra) y una pareja nos indicó que el pueblo estaba al lado, que «les hacíamos gracia, porque su hijo conocía todo aquello muy bien y también había salido así, con la mochila, aunque ahora con niños...», y que saludáramos al santo.
Menudas casas que se ven por aquí. Hasta Cercedilla algo de subida y después bajada. Entre medias esquivamos toros. Tampoco nos acogen: el padre Eladio tiene completo el Colegio de los Escolapios "Miradero Calasanz" (nos dijo que es mejor llamar antes de llegar para confirmar que tiene sitio) y los albergues, lo mismo. Acabamos en el Hostal Longinos.
DÍA 4: "Cómo salvar los obstáculos"
Hay una fuente cerca del albergue "Villa Castora" a la salida de Cercedilla, en el Camino. El frío nada más comenzar hizo que nos pusiéramos los forros polares. También él nos ayudó a subir en dos horas y con sólo un melocotón en el estómago hasta el Puerto de la Fuenfría, donde desayunamos y vimos el monumento al fundador de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Madrid. Pensar en el desayuno y en el solecito también ayudaba. La bajada (pasados 3km está la Fuente de la Reina, un buen lugar para descansar, reponer agua y quizás bañarse en el pilón de al lado) a medias por la calzada, a medias por carretera, pensando en el encuentro con mis padres igualmente ayudó después, no así el cansancio y la poca cobertura del móvil que hacía que nos enfadáramos. Para superarlo lo mejor es hacer las paces como se hacía en el Colegio, a modo de ritual mágico. La falta de alimento la superamos con el avituallamiento (entre Cercedilla y Segovia hay 31 km y nada para comer) que nos aportaron nuestros padres en el km 591 a Santiago (donde nos encontramos con ellos y fue muy emocionante). También se veía ya Segovia y la caminata se hacía menos dura por esto. Claro que además fue primordial haberme cambiado las zapatillas (las mías ya me las había cargado, ¡en tan sólo tres etapas!) y mochila (cuanto más pequeña mejor, aunque al principio noté la falta de la correa para la cintura, que la verdad era muy cómoda) con mi madre y pensar que de nuevo ellos iban a estar en el Acueducto, a pesar de que la entrada no fue muy bonita pues la Puerta de Madrid abría camino a toda una calle en obras. (Antes de entrar en Segovia encontramos una flecha algo confusa, lo que hay que hacer es seguir recto para coger el camino que va paralelo a la autopista). Después de sellar la credencial y ver rápidamente la Catedral (cierran a las siete y por ser peregrino no se paga entrada) porque no podíamos más, sacamos fuerza de flaqueza para encontrar pensión en el número 4 de la Plaza Mayor (por 26 euros una habitación con baño fuera, 24 si no te duchas, en una casa donde habitan los propios dueños y los padres de éstos, y... que a la hora de cenar ven la tele, lo que echen).
Por el Cordel de Santillana, antes de entrar a Segovia, hemos visto muchos nogrirepe, que son peregrinos al revés porque venían andando en dirección contraria, paseantes.
DÍA 5: "Paisajes para pintar"
(Hay una fuente a la salida de Segovia). Es la primera vez, desde que comenzamos el Camino, que escribo sobre una mesa (de la antigua escuela de Añe donde nos han dejado instalarnos y hay cuatro cosas para el peregrino que por aquí pase: botiquín, somier, ducha y esta mesa). Hacía frío cuando salimos de Segovia. Caminábamos echando la vista atrás en muchas ocasiones porque el panorama era precioso. Segovia despertando como en una medio neblina, con el Alcázar. Esto lo vimos desde Zamarramala con su Plaza de las Alcaldesas, que es ya casi un barrio de Segovia. De hecho los 3km que decía la guía no parecían tales. El campo castellano con los fardos de paja, los tractores pasándonos, el chillido de los cerdos en alguna finca ganadera. El oro trigo. Valseca, otro pueblillo con apenas un bar, pero con chalés de nueva construcción. A la salida nos equivocamos (después de 1km y medio hay que tomar un camino hacia la derecha) y tuvimos que repostar en Hontanares de Eresma para reconducir el camino. La entrada a Los Huertos (hay fuente en un parque) con la ermita y la torre de la iglesia es tan bonita como la de Añe, que se ve tras una lomita y te da mucha alegría. Entre estos dos caminamos por más campo de trigo y la vía del antiguo ferrocarril Segovia-Valladolid viendo de vez en cuando letreros antiguos de "cuidado con el tren", "paso sin guarda", que apetecía fotografiar. Luego por un pinar y alguna que otra casa abandonada. El último tramo entre trigo se hizo duro hasta que Mariano (al llegar a los pueblos hay que preguntar a la primera persona que se vea dónde está el albergue y quién nos tiene que dar la llave) nos dio la llave de la escuela. Añe.
DÍA 6: "Cómo sacar el máximo provecho a la gente que te vas encontrando".
A la salida de Añe hay que hacer caso omiso a un camino a la izquierda, después de la arboleda de la acera de enfrente, que parece señalizado pero no lo está. Estamos desayunando en un bar en Santa María La Real de Nieva y un hombre ha dicho que para sanear el pozo hay que echar dos kilos de cal después de vaciarlo. Ayer Jose, el de Leganés, nos contó también cosas del Camino que ya había hecho en una ocasión: nos recomendó comer el cocido maragato. Es un tipo que va buscando castillos por todos los lugares por donde pasa. "Ultreia et Suseia", todavía no nos ha dicho nadie qué significa. En Pinilla-Ambroz (hay fuente) vi una imagen que me encantó: un pastor con su perro y sus ovejas sobre un campo de trigo. Todavía no apretaba el sol y se fundía con los trigales. Además la iglesia color ladrillo y una casita en venta. Poco a poco vamos notando en esta zona que se van acostumbrando al paso de peregrinos. Un señor desde el camión nos dio el resto de agua que le quedaba. Esto fue en un pinar de árboles resineros y arena de playa. A la entrada de Santa María La Real de Nieva (la fuente de la entrada no funciona) vimos una cría de algún ave importante que aprendía a volar. A las afueras la antigua plaza de toros de piedra. Y allí desayunamos en el bar referido arriba (bar "España" antigüito de tertulias, merece la pena verlo y tomarse un café, pero no tienen desayuno como tal. Si pides tostada te miran raro y te ponen dos picatostes) mientras escuchábamos una discusión sobre el agua; el pueblo se había quedado sin agua, pero de esto me enteré después de haber hecho mis necesidades en el baño. También entramos en la iglesia primero románica, luego gótica. (Dejado el pueblo hay que coger un camino a la derecha cuando se empiezan a ver unas casas. La flecha está casi borrada). A 2km alcanzamos Nieva, donde un hombre nos indicó el camino y nos alegró anunciándonos el pinar (al principio del cual hay un merendero con fuente). Luego sería eso: más arena, más madereros... Estamos en Navas de la Asunción, donde no hay bares normales (son tipo pub), en el penúltimo bar-pub antes de salir del pueblo, que no nos han puesto nada con el botellín (a pesar de que a mi lado oigo enumerar las tapas). Seguimos andando por un pinar a la vera del río Eresma y atravesando la vía del Ave a Valladolid hasta Coca. Por el camino (siguiendo la flecha con la letra A) se llega al lugar de acogida, la Casa del Peregrino, que es la antigua Casa del Maestro. La llave te la dan en el bar "El Tejar" (segundo bar pasado el arco del Ayuntamiento). Está genial: desde nuestra ventana se ve la iglesia y desde otra he visto nidos de golondrinas. Anteriores peregrinos han dejado un sobre de cola-cao y galletas. El pueblo tiene el Castillo de Fonseca, la Torre de San Nicolás, las murallas, el ayuntamiento con forma de arco y casas rehechas imitando el ladrillo mozárabe. Hay una fuente pasado el Centro Cultural que está al lado de la Casa del Peregrino, en la primera calle a la izquierda, en una plaza. Para sellar la credencial en la iglesia o en la casa del cura, que es la de detrás de ésta, la que tiene escalones.
DÍA 7: "Hablando con la gente del lugar"
Dejamos la Casa del Peregrino con el cuadro de la torre mudéjar y la iglesia dándonos los buenos días. Atravesamos un pinar con la fresca de la mañana mientras aplastaban raíces de árboles muertos. «No, esto no es Segovia, esto es provincia de Segovia», nos dijo una niña que vivía en Villeguillo, pueblo sin tienda, bar cerrado (por la mañana), pero con iglesia, frontón y plaza del Juego de Pelota. Iba al Cole de Coca. Continuamos por el pinar (no hay fuentes) y de vez en cuando atravesando plantaciones de zanahorias, regadíos teníamos que evitar, fresas, frambuesas: «no, esto no da fruto aquí, esto va pa Huelva». Los pajarillos también nos saludan en el bosque y en el bosque nos enteramos de que había a quien no le gustaba que el Camino pasara por ahí y borraban las flechas de los árboles (mucha atención a las flechas medio borradas). Antes de lo que pensábamos entramos en Valladolid y poco después llegamos a Alcazarén donde con sólo nuestra presencia en el bar "Pepín" (donde te dan la llave para el alojamiento, se localiza siguiendo la flecha): «¿Qué tal el camino?, ¿os quedáis a dormir?» Nos dieron la llave de la ermita y aquí estamos alojados detrás de un retablo de madera. El dueño del bar nos enseña orgulloso el autógrafo de un chino peregrino que pasó por aquí. No es la primera vez que nos piden este tipo de autógrafo para peregrinos. Las cañas de cerveza en esta zona son enormes, como tubos. No sabemos si cuando nos acostemos nos encontraremos a los feligreses ocupando bancos de la iglesia y al cura a la puerta de nuestra casa.
DÍA 8: "Curiosidades"
Me resulta curioso ver a los niños de los pueblos entrar en los bares a comprar golosinas. Las vacaciones de la gente de los pueblos son los bares, pues no pueden abandonar el campo. Ideas; se me ocurre hacer un trueque con un campesino que nos ha preguntado desde su citroën: yo trabajo sus campos una semana y él me da comida rica y se va a hacer un tramo de El Camino de Santiago. A Carlos se le ha ocurrido que cuando vemos Valdestillas y parece que no llegamos nunca, es como si con una cuerdecita nos lo estuvieran arrastrando. También ha imaginado que como en "La larga marcha" nos pueden eliminar del Camino en cualquier momento. Abandonamos la iglesia del Cristo del Humilladero con un «¡buen camino!» que salía somnoliento de un saco de dormir (ayer llegaron cuatro ciclistas de Alcalá). A la salida de Alcazarén vuelve a poner los mismos kilómetros que a la entrada, con lo que haces un poco de más sin que se cuenten. Hay dos fuentes según se atraviesa el pueblo para salir: una enfrente de la iglesia de San Pedro y otra en un parque. En Valdestillas nos morimos por un desayuno como dios manda: café con leche, palmera de chocolate y zumo de naranja, decía yo, pero sólo tuvimos un café con leche riquísimo, eso sí, y unos servicios muy limpios que me vinieron de maravilla, mientras unos albañiles se calzaban a las once y media de la mañana una ración de calamares, morcillas y chorizo. Después tuvimos que engullir un bollo a la sombra ante la envidia de los vecinos y de uno un poco loco (personaje 1 del Camino) que nos contaba que ayer en los Sanfermines una mujer se quedó en bolas, que se había encontrado un metro en la carretera, que con esas sandalias él no pasaba frío, que podíamos acampar en la casa rural (todo con acento vasco). Hemos llegado a Puente Duero y enseguida hemos encontrado el albergue, (muy bueno, con barbacoa, jabón para lavar la ropa, baúl del peregrino olvidadizo donde poder reponer prendas...) una caseta de madera a la izquierda del río con hospitalera dependiente del Obispado, argentina nacida, pero irlandesa de sangre, que nos ha llenado de historias (luego las refiero). También enseguida nos hemos surtido de comida en un bar cercano donde no nos han preguntado aquello de: «¿Quieren comer?». Curiosidad: me llama la atención que de lo hospitalarios que quieren ser con el peregrino, se transforman y no llegas a conocer la verdadera esencia (me refiero sobre todo a la comida). Te ubican dentro de un prototipo y esquema. Ejemplo: la chica que nos atendió ayer para cenar decía que no nos ofrecía huevos porque normalmente estábamos a esas alturas hartos de huevos y no hacía más que insistir en la cena, cena, (con un primero, segundo y postre) cuando nosotros más que otra cosa queríamos comer algo, llámesele cenar o lo que sea.
Historias de la hospitalera (personaje 2 del Camino):
1: Familia menorquina que vive en una iglesia de Barcelona, todos músicos, menos la madre (asistente social) que tocan en bodas y demás y han acondicionado la iglesia como vivienda: cada planta una generación, los adolescentes han puesto póster (y yo me imaginaba a Tom Cruise al lado de imágenes de Cristo). Cada verano salen con su furgoneta a viajar (son nueve). Viven con lo básico y tienen camas para los invitados y una mesa que se va alargando y encogiendo según las visitas. Cada uno habla un idioma. Llegan de vacaciones un día antes de empezar las clases.
2: Suizo nacido en Sudáfrica que estudia Ética en Cambridge y quería estudiar a Bartolomé de las Casas que defendía a los indios de América.
3: Gente que va siguiendo la huella de peregrinos en los libros de visitas y se encuentra con antiguas novias.
4: Un padre y su hijo Esteban alucinado por un insecto enorme que había visto.
5: Una chica que quería plantar castañas en Argentina y le envían el libro de instrucciones.
6: Un socorrista de montaña que cura los pies a la mujer de un matrimonio andaluz, que no podía más, pero no quería abandonar la promesa de su marido.
7: Ella dando tertulias en las casas de los pueblos y luego volviendo con una lechuga, vinagre, huevos, un libro de poemas...
La hospitalera nos siguió contando historias por la noche, esta vez de Argentina y mucho de Irlanda y del sentido de la familia. No hubo manera de convencerla de que no íbamos a cenar y estuvo un buen rato rallando zanahoria. Carlos se curó de sus granos gracias a una crema que le dio y se cambió de botas gracias a un peregrino olvidadizo.
DÍA 9: "Personajes"
Por la mañana igual: no había forma de decirle que a las 6:30 salíamos y salíamos, sin más. Nos había cortado más melón y preparado el café. La salida fue un poco confusa, pero enseguida nos pusimos en buen camino hacia Simancas. Hay que subir por una cuesta al lado de unas casas a la derecha para coger el buen camino. Todo cerrado, no pudimos desayunar. Vimos el famoso "puente de los ojos" que tanto nos había advertido Patricia para que tuviéramos cuidado con los camiones. Continuamos hasta Cigüeñuela y por el camino nos cruzamos con un pastor que le parecía poco 25-30 kms al día (personaje 3 del Camino) y nos estuvo preguntando mientras el perro no hacía más que olernos y las ovejas muy graciosas mirarnos. El personaje 4 fue el cazador que nos contó cómo habían construido una cabaña con el permiso del Ayuntamiento en 1993 para descansar del campo y resguardarse del frío, y cómo la casita situada en medio del Camino se había convertido en parada y fonda, con su hito y todo. También nos contó historias de peregrinos agradecidos de países, de ciudades diferentes y los jóvenes que se reunían allí por la noche. El cazador, zamorano, la adecentaba, tenía una fábrica de muebles y había plantado los árboles. Nos dijo también que los domingos se reúnen allí e invitan a comer a todo peregrino que pase. También se puede dormir si se quiere. Además hay una fuente cerca con muy buena agua. En Cigüeñuela la dependiente del bar no nos hizo despreciar los bollos empaquetados que nos ofrecía para desayunar. El albergue de Cigüeñuela se construyó en el 2005 sobre la antigua Casa del maestro. Tiene muy buena pinta, con cocina y todo. Y ahora después de pasar llanuras y montículos estamos en Wamba, que nos hemos enterado, es nombre visigodo, tomando un shandy. Allí dejó Carlos su gorro que olvidó en la fuente y nunca más se supo de él. Antes de marchar el cura de la iglesia quiso sellarnos la credencial y una chica (personaje 5 del Camino) que andaba por allí nos enseñó la iglesia del S.X con una ampliación posterior y un osario que nos sorprendió mucho (merece la pena preguntar por él para que te lo enseñen). Salimos de Wamba dirección a Peñaflor de Hornija, (para salir después de la bifurcación del hito se coge el camino de la izquierda) viendo de vez en cuando algún animalito que nos cruzaba el camino, como por ejemplo, una familia de avestruces. Entremedias alguna llamada desde Madrid para animarnos, pero realmente los 7kms al siguiente pueblo se nos hicieron eternos, sin comida y casi sin agua. Cogimos algunos granos de trigo del campo y aguantamos con eso. Peñaflor está en un valle y su acceso es muy incómodo pues hay que salvar una hondonada. Como era domingo estaban todos en los bares tomando un vino y una tapa de rabas, gambas o sepia antes de comer. Para salir hay que preguntar por la piscina, el Camino la rodea, a lo mejor también se puede uno bañar. Continuamos 10kms más hasta Castromonte, casi sin agua y con cerca de cuarenta grados y aquí estamos en un albergue entero para nosotros (es la antigua escuela y está a la entrada del pueblo, al lado de la ermita. Hay que preguntar por la llave en alguno de los bares de la plaza, donde también hay fuente), que se estrenó hace un mes, con lavadora y hasta pasta que vamos a aprovechar. La tuvimos que hacer en el micro-ondas y en una jarra de cristal, porque nos dijeron que la vitrocerámica no funcionaba. Nunca habíamos tardado tanto en cocer la pasta. Antes de cenar nos fuimos a tomar un vino que se convirtieron en cuatro mientras veíamos la final de los mundiales invitados por Santiago que nos contó su vida (personaje 6 del Camino) y la de su hijo, monje que había inventado el aquófono. Él se quedó sin madre a los seis años como nos repitió muchas veces. Luego se unió a la conversación un socio de la Asociación Jacobea y no nos dejaron irnos hasta las 23:00 (como dijo Carlos: eso fue el valor del vino).
DÍA 10: "Cinco sentidos"
La vista al salir se acomodaba a la poca luz, el cielo empezaba a sonrosarse. Los demás sentidos estaban todavía medio dormidos (6:15 de la mañana). Mientras llegábamos a Valverde de Campos vimos varios animalitos atropellados en la carretera que despertaron mis sentimientos de dolor y de pena: dos pajaritos, uno todavía vivía, al que Carlos arrimó al arcén, un zorro muerto y dos gatitos, uno lamiendo a otro atropellado y moribundo. Los hombres del campo empezaban a desplazarse con sus tractores y maquinarias que asustaban al pasar. Ver la antigua estación (cuando se llega a ella hay que coger el camino de la izquierda) y pasar por donde antes iban las vías del tren también producía ciertos sentimientos y los colores del campo con las plantaciones de girasoles y sus azules, ocres, impresionista. En Medina de Rioseco (los hitos cómo iremos viendo empiezan a desvariar con los kms, aquí pone tres kms menos que en la guía), el gusto: un desayuno que me supo a gloria, a pesar de tener que tomar el café por un lado y el bollo por otro (nos son muy buenos desayuneros por aquí). También la preocupación por los granos de Carlos (tuvimos que ir al médico) y el calor que ya empezaba a golpear. No pudimos entrar en el Museo de Semana Santa porque estaba cerrado, pero paseamos por una calle porticada. Carlos me iba avisando de los olores del campo, de todas las hiervas medicinales («huele a herbolario», decía) que tiene que haber por estas tierras de Campos, pero que nosotros, urbanitas, desconocemos. Para salir de Medina cuando llegas a la carretera coges la flecha que te indica a la derecha y cuando se llega a la bifurcación de los tres caminos se coge el del medio que parece comunicar con el de la derecha. Pero este (el camino que escogimos nosotros) es muy incómodo porque la vía no está despejada. Al final se coge un caminillo a la izquierda para llegar al siguiente pueblo. Llegar a Moral de la Reina nos costó rozaduras, arañazos, espinillas clavadas... por querer seguir la vía del tren todo lleno de rastrojos. También pasamos por albondigales, como los llamó Carlos. Hambre. El gusto se tuvo que saciar con la torta de chicharrones comprada en Medina porque en el bar no había nada. Al menos nos puso unas gambas de aperitivo. Me gustaron las casas de adobe con ventanitas de madera. A la salida hay que coger el camino que señala la flecha hacia la carretera y luego en un cruce el de la derecha. Aquí en Cuenca de Campos son iguales y además tienen pórticos muy antiguos que casi se caen y un resto de un convento que nos ha llamado la atención. El albergue está muy bien, aunque hay que pagar seis euros por persona!! y tiene una enorme falta de ortografía en la puerta (nos ha dado la llave el alcalde), pero llegar hasta aquí nos ha costado 36kms y calor, mucho calor. De vez en cuando oíamos a las perdices revolotear y a las ovejas de un rebaño balar. Estamos esperando a que nos den algo para cenar en el bar (a partir de las nueve y media) porque no hay tiendas. Hay un restaurante-casa rural pero cierra los lunes.
Finalmente nos surtieron con una fuente de ensaladilla como para un ejército.
DÍA 11: "Enfermedades"
No sabemos si será por las palizas de estos dos días o porque ya tenía que tocar, pero el caso es que hoy nos hemos levantado cansadísimos y hemos continuado cansadísimos todo el día. Tanto que nos quedamos una hora y media más en la cama. Tampoco importó mucho por el tiempo, porque había amanecido nublado. El caso es que entre los granos, los pies y los ganglios hemos andado la mitad del día. A Villalón de Campos llegamos por la vía verde (justo antes de ésta, está la ermita con un merendero) que era la antigua vía del tren (muy bien acondicionada) llamado popularmente La Burra y entremedias nos terminamos el bocadillo que no nos pudimos terminar ayer, viendo la tierra de Campos a lo lejos. (Muy recomendable esta parada hacia la mitad de la vía verde). Compramos algunas cosas y en la oficina de turismo una señora, (personaje 7 del Camino) desvivida para los turistas, nos estuvo contando cosas de fiestas. Decía que recordaba como de niña la gente iba a la ermita en carromatos. Nos ofreció agua. Dijo que iban a estrenar el albergue dentro de poco. En la plaza había un "rollo" que dicen que se utilizaba para temas judiciales y en una calle la casa de Santiago Carrillo (siguiendo recto por esta calle hay una fuente), que nos señaló un señor quien nos enganchó de camino (personaje 8 del Camino) y se puso a despotricar contra «negros y rojos». A la salida otro, (personaje 9 del Camino) que decía que hablaba con todos y que había conocido a unos peregrinos que trabajaban en El Corte Inglés de la Castellana y estaba tan orgulloso, nos ofreció vino. Esto fue cerca de un abrevadero que aún se conserva para las ovejas. Fuentioyuelo, otro pueblito, pequeño, pequeño, donde las casas de adobe casi cayéndose se mezclaban con los grandes chalés. Al parecer por la zona son típicos los palomares hechos también de adobe. Antes se comía esta carne por ser fácil de transportar y la caca para el abono. Cerca de la plaza, subiendo por una calle hay una fuente de agua fresquita y muy buena, dicen, con propiedades medicinales. Por el camino vamos observando de vez en cuando las labores del campo; cómo reúnen los tractores los fardos... Hay que seguir todo recto como indican las flechas. Santervás de Campos nos ha costado alguna que otra ampolla. Pueblo también pequeño donde va quedando el bar frente a tiendas (no hay), escuelas y casi iglesias. Como en todos. Después del campo la gente se reúne aquí. Son sus vacaciones. Nos han alojado en la escuela sin camas (dormimos sobre el escenario) ni ducha. Un hombre muy majete que nos ha dicho tiremos una piedra por él en el Monte de Ferro, nos ha enseñado la iglesia románica-mudéjar del Siglo XII. Con un montón de santitos en tarimas aunque dice que han robado muchos. Nos ha explicado cómo antes estaba recubierta de yeso y un cura descubrió el ladrillo, y lo lustrosas que eran antes las misas con coro y todo. Ahora si llega, dice, van cuarenta personas, y el cura va a seis o siete pueblos a la vez. A veces tiene que venir una monja, que no les hace tanta gracia, nos comentó. El niño del bar se confunde al decirnos que un tal Manuel abría la tienda por las mañanas pero que si le llamábamos igual nos atendía, y aquí estamos comiendo un bocata de huevos fritos porque no tienen otra cosa. Al parecer la que atiende el bar es extranjera, seguramente búlgara, porque según nos contó Hipólito hay una familia búlgara cuyos hijos van al Colegio al pueblo de al lado.
DÍA 12: "¿Comida?"
Dejamos la escuela de Santervás a las 7:30 de la mañana. Para salir del pueblo hay que coger la flecha que señala la carretera. O sea que en dos horas como mucho estaríamos en Arenillas de Valderaduei. No habíamos desayunado, la cena tampoco fue demasiado abundante y 14kms hasta el siguiente pueblo eran muchos, pero pensar en un desayuno especial (café con leche, palmera de chocolate y zumo de naranja) nos hizo animarnos para llegar. Los tractores ya empezaban a funcionar a lo lejos. Llegar a cada pueblo de estos es una incógnita para el comer, pues nunca sabemos si va a haber algo. En Arenillas el bar sólo lo abrían por la tarde (hay una fuente a la salida). Hicimos fuerza de flaqueza y llegamos al siguiente, Grajal de Campos, ya más grande, con castillo, palacio, iglesia y convento. Allí se nos presentó una señora que decía ser de Madrid, aunque (personaje 10 del Camino) luego resultó haber nacido allí «pero se tuvieron que ir». Hacía callar a su madre cuando ésta nos intentaba indicar el camino. Pues bien había tienda (hay dos) y nos zampamos un bocata a las once de la mañana en el banco de los soportales del ayuntamiento que no supo a gloria. El último tramo de la etapa no sabemos si por el sopor de la comida... El caso es que no lo supimos hacer bien y no llegamos al santuario de la Peregrina (la guía pone que pasas próximo a un campo de fútbol y nosotros no lo vimos por ningún lado), pero enseguida aterrizamos en el albergue, que nos habían comentado estaba en una iglesia. Cuatro euros y tiene cocina. Ya hemos coincidido con más peregrinos y conforme avanza la tarde se empieza a llenar. Por aquí ya se ve cómo está todo preparado para el peregrino: menús, recuerdos... Hemos ido al Centro de Salud por Carlitos y le han mandado unos antibióticos. Por la noche guerra de almohadas en el albergue.
DÍA 13: "Nacionalidades"
Después de los ronquidos, de los movimientos desde muy temprano por la mañana, nos levantamos al ritmo que ya lo hacía el albergue y poco a poco fuimos saliendo dirección Bercianos del Real Campo, algunos desayunados y otros no. Pudimos oír frases en italiano, francés e inglés entremezcladas, y lo difícil era buscar un hueco en el camino, en el que no pasara ningún peregrino a pie ni en bicicleta, así como coches, tractores y hasta ovejas, para poder hacer pis. Como me dijo mi madre la etapa de hoy ha sido plana y sin fin, con áreas de descanso, algunas bastante guarrillas. Trigo y otro tipo de maíz y algún que otro río. Entre medias el desayuno en Bercianos (el bar cierra los lunes) y descanso en Burgo Ranero saludando a los lugareños y a las nacionalidades que nos pasaban. La italiana es médico y los irlandeses llevan una gomita para beber agua. El último tramo se nos hizo un pelín duro porque lo confundimos con otro pueblo más cercano y parecía que nunca llegábamos. Ya estamos en el albergue, también de pago (cuatro euros), nos ha atendido una niña y ha habido aglomeración en duchas, water y lavadero. Tiene cocina y hay una tienda en el pueblo. Para comer de nuevo nos han ofrecido los huevos fritos y la ensaladilla rusa. Una señora nos ha anunciado que a lo mejor llovía, «que estaba ella oyendo como atronaba y que parecía que estaba anublado» (personaje 11 del Camino). La gente empieza a moverse para cenar. Reliego es un pueblecito pequeño con especie de bodegas a la entrada.
DÍA 14: "Madrugar"
No hubo forma de aguantar dormida a que sonara el despertador, pues antes ya salían los primeros y tras ellos literas, mochilas, también se iban moviendo poco a poco. Hicimos el tramo Reliego-Mansilla de las Mulas (antes de entrar en este pueblo hay un área de descanso con lava-piés) sin problemas, recto, con el pensamiento fijo en el próximo descanso, pues hoy me he encontrado bastante cansada. Los madrugones y los kilómetros se me van pegando al cuerpo y a veces ni pensar que detrás de una cima viene un descanso, o pensar en el desayuno me alivia el cansancio. Intento de vez en cuando acumular razones para el descanso, pero tampoco esto me alivia: que si hacer pis, meter el jersey, beber agua, ponerme el pañuelo. Nada, las piernas cansadas, las agujetas del culo aparecen y desaparecen igual que las ampollas. La etapa de hoy ha sido rara; empezando por lo mucho que hemos madrugado y lo poco que parecía que lo habíamos hecho, pues salimos los últimos. Después por la cantidad de pueblos, barrios que fuimos pasando para entrar en León, un pueblo detrás de otro, llenos de fábricas y zonas residenciales, intercaladas por alguna que otra casa de pórticos y campos de acequias. Llegamos prontísimo a León, a las once de la mañana, desde la carretera que ya estaban llenando de gravilla. Hicimos todas las obligaciones del peregrino deprisa para poder ir al médico a que miraran el grano otra vez a Carlos y rápidamente a comer porque estábamos hambrientos. Decir que ya hemos descubierto por qué decía el Litros que los albergues se llenaban a los diez minutos de abrirse y es que cuando hemos llegado estaba cerrado (el Municipal no cierra por la noche para entrar cuando quieras de vuelta del paseo por la ciudad, y el de las Carvajalas sí) y con gente esperando en la puerta. Nos zampamos un menú (nos han dicho que el cocido maragato es sólo típico de la zona de Astorga, de la maragatería) y luego la siesta. Sin hora ni nada, parece que siempre tenemos como un reloj para la siesta y nos despertamos a las seis. Las tareas del peregrino pasan después por hacer la cena y visitar la ciudad y de vez en cuando contar batallas de la hazaña: «¿dónde habéis empezado?» con los demás peregrinos. La Catedral de San Marcos impresionante y San Isidro para la misa, que aunque decían del peregrino, era de lo más normal. Después tapeamos por el barrio húmedo antes de que nos pillara la tormenta con granizo incluido. Descubrimos un sitio, "El rinconcito", regentado por tres mujeres, conocidas por todo el que entraba, que te daban tapa a elegir: La estrella era la tortilla de picadillo. Muy graciosas ellas, de vez en cuando contaban sus aventuras de cocina, como cuando al calentar los callos en el micro-ondas les estallaron hacia arriba. Sin hacer mucho ruido, porque teníamos peregrinos compañeros en el albergue, nos dormimos.
DÍA 15: "Varias cosas que mi cabeza ha ido maquinando mientras caminaba"
Como por ejemplo, cuando veía alguna mochila de peregrinos delante y se veían colgar las zapatillas, o asomar la botella de agua. He pensado que de todo ello se puede sonsacar la vida de cada uno, pues es como llevar la casa a cuestas. También está la lista de los males de cada uno y así nos vamos dando ánimo. Carlos: ampollas, cardenal del tobillo, rodilla, espalda, grano. Macarena: ampollas, tripa, culo. También me ha hecho gracia hoy cómo tachan señales de albergues e indicaciones de hospederías, cómo la competencia u enemigos se hacen el Camino del negocio. Y luego están los anapigrims que son los peregrinos al revés, como los hemos llamado, que al principio eran personas mayores paseando, pero ahora ha resultado, según nos hemos enterado, que hay gente que hace el camino al revés. También me ha hecho gracia hoy ver cómo de vez en cuando los coches pitaban, los camioneros nos saludaban, incluso algunos nos aplaudían como si fuéramos héroes. Y por último los letreros y los chiringuitos que surgen a lo largo del Camino, como por ejemplo de parte de "Agapito, el amigo de los peregrinos". Luego en un chalet te ofrecían café, y en una panadería te sellaban la credencial si querías. La salida de León es al lado del río Bernesga y observando la ciudad desde las bodegas, con una luz preciosa de amanecer, que hacía resaltar hasta el más mugriento rincón de la ciudad. A la salida hay un bar con churros donde se puede desayunar desde temprano. La etapa ha sido rara también y de no saber si estábamos o no en León todavía, a pesar de marcar en el mapa los pueblos y kilómetros con distintos nombres. Pero ha sido un continuo ver carretera y casas, además de fábricas: Trobajo del Camino, Virgen del Camino (a la entrada un bar anuncia desayunos para peregrinos y a la salida un área de descanso. En este punto hay que pasar bajo un puente para continuar el Camino), Valverde de la Virgen, San Miguel del Camino (a la salida o a la entrada, no recuerdo bien, pero se ve porque te lo encuentras en el Camino, Agapito, "el amigo de los peregrinos", te ofrece en una silla caramelos, cacahuetes y galletas gratis), Villadangos del Páramo, San Martín del Campo, Puerto Hórbigo y por último Hospital de Órbigo (antes de llegar, cuando faltan tres o cuatro kms, se pasa por una zona de moras que en Agosto y Septiembre debe estar plagadita) donde nos hemos alojado en el Albergue Parroquial más céntrico que el Municipal que está más allá de la piscina, donde nos han dicho que nos dejaban un gorro de baño si queríamos porque es obligatorio ponérselo. El supermercado lo han cerrado a las doce porque están de boda. Hay otro cerca de la carretera. Esta "ciudad" tiene puente romano. El albergue es una suerte de casa okupa-corrala con mezcla de varias cosas entre religiosas y artísticas: una pintura que ocupa toda la pared, unas esculturas de hierro en el patio, información de la historia del Cristianismo en grandes paneles... El otro albergue, el Municipal, está como a un km del puente, nos han dicho que está muy bien, pero muy alejado.
DÍA 16: "Por los dos"
Ayer me dijo Carlos que si estaba escribiendo por los dos. La verdad es que no, pero es una buena idea. Hoy ha dormido bien y me ha dado un besito de buenos días que me ha sabido a gloria, a pesar de querer despacharlo rápido por la premura de salir, pues nos esperaba una etapa "fina". Y es que aunque intente tomármelo con calma hay elementos que me hacen percatarme de que el tiempo pasa y no se detiene. A pesar de que como decía la italiana «el tiempo aquí se desvirtúa, ni sé en qué día estoy de la semana, ni de número». También noto cómo pasa el tiempo al imaginarme el pasado de quién va dejando cosas por el Camino. Ya nos hemos encontrado una tienda de campaña, un aislante, un cacharro de aluminio, un termo, las botas de Carlos... También me imagino el futuro cuando veo la fruta que empieza a madurar y pienso en la suerte que tendrán los peregrinos que pasen tras nosotros. Hoy nos hemos encontrado a dos extranjeras cogiendo moras de las de los gusanos. Dos ideas nuevas de hoy: cómo te vas encontrando a la gente, como si fuera un juego cada uno hace sus paradas estratégicas y te los vas saludando y encontrando por el Camino, conociendo, sin necesidad de más contacto. También el incipiente mercadeo que hay en torno al Camino. Hemos visto un tenderete con pulseras hechas con piedrecitas y una chica diciendo que era un donativo, luego un hombre que nos indicaba dónde coger agua y se ponía al lado de sus conchas para que supiéramos que las podíamos comprar. También letreros de ánimo, mensajes a gente, posibles reencuentros en los albergues... Antes de entrar en el centro de Astorga, un hombre desde su villa "San Feliz" nos ha deseado buen camino y otro (personaje 12 del Camino) en San Justo de la Vega nos ha preguntado si éramos españoles y nos ha dado la mano muy efusivamente. En Astorga hemos desayunado muy a gustito (en una cafetería, según llegas a la plaza, enfrente. Dos euros) en una cafetería que hemos exprimido al máximo: zumo, café grande, tostada, cambio de ropa, de tampax, lavar dientes, periódico, hacer... Catedral y Palacio construido, dicen, por Gaudí aunque poco de su estilo y continuar hasta Murias de Rechivaldo y Santa Catalina de Somoza. El pueblo estaba animado por la entrada de los peregrinos; desde puestos, hasta bares. Entre Santa Catalina y El Ganso hay un banco bajo un árbol muy estratégicamente colocado, ideal para descansar. El siguiente fue El Ganso, donde sí nos tomamos algo en un mesón vaquero, intuyo también abierto gracias al milagro peregrino. Cogimos fuerza para subir a Rabanal del Camino, el pueblo de Rosa, trayecto que no nos habían pintado muy bien, pero que gracias a las nubes se nos hizo más llevadero. Antes de llegar hay un roble "famoso" con bancos para descansar. Una vez alojados en el Albergue Municipal (el Refugio de enfrente de la iglesia también tiene muy buena pinta) y hechas las tareas: ducha, lavado ropa, ampollas, crema... fuimos a la casa de Rosa, que me había puesto deberes: llamar a su tía y que nos enseñara la casa. De premio nos regalamos un cocido maragato en el Mesón de Gaspar, que es recomendable pedir sólo uno porque es enorme (igual al madrileño pero al revés y con oreja, lengua... y de postre natillas con bizcocho, que es lo típico) Antes de cenar estuvimos escuchando canto gregoriano (9:30 en la iglesia). Hemos leído que si quieres puedes quedarte unos días a meditar en el Monasterio. Hay árboles frutales por los márgenes del pueblo.
DÍA 17: "La regla"
Me parece que salimos los primeros. El albergue estaba oscuro y el cielo también. El camino es bastante distinto a las llanuras a las que estamos acostumbrados. En Foncebadón unos chavales se lo han montado genial construyendo un albergue y en otro me han tenido que dejar unos tampax, cosas de regla. No es la primera vez que me cambio en el campo. No sé si como consecuencia de esto o no, pero hoy me encuentro cansadísima y he soñado con ladrones de sangre. En la Cruz del Hierro hemos hecho lo que hacen los peregrinos: tirar una piedra de nuestra tierra tan grande como nuestros pecados y pedir un deseo. Había todo tipo de fetiches: desde botas, jeyperman, azulejos, ositos... Fresco mañanero para avivar un desayuno frugal y recordar los días que pasamos por allí con el Negro y María. En El Acebo tomamos un picoslavi, lo que nos hizo constatar la clavada que se permiten los nuevos negociantes salidos del Camino. Por Riego de Ambrós pasamos rápido fijándome todo lo que podía en las casitas con sus soportales, ventanitas, para no cortarle el ritmo a Carlos. Y en Majarín sí que propuse hacer una incursión porque me llamaba mucho la atención este pueblo semi en ruinas con tan sólo un vecino y muy en plan okupa todo, incluidos los servicios con letrinas y las cabañas, para mí, que se las habían hecho ellos. Molinaseca no supo atender muy bien nuestras necesidades de refrigerio y dimos mucha vuelta, eso sí, viendo que había o debía haber bastante marcha nocturna. El último tramo a Ponferrada ha sido duro y además no hemos cogido el atajillo debido y hemos tardado mucho pasando un pueblo llamado Campo (es mejor ir por la carretera aunque no está señalizado como tal). El albergue está bastante bien, tiene de todo, hasta una fuente que los más atrevidos han usado como jacuzzi.
DÍA 18: "Mochilones"
El acostarse y levantarse ha sido todo un ajetreo. La gente lleva unos mochilones de aúpa y a veces no nos explicamos cómo pueden andar con esos butanones a la espalda. El desayuno, igual que la cena, ha sido gracioso: todo el mundo preparando, poniendo, colocando, sin chocarnos unos con otros, ni tener que esperar más o menos. Algo más tarde que otros días, pues nos hemos permitido un desayuno sentados, hemos salido y dejado el castillo y la catedral de Ponferrada: Cuatrovientos, Camponaraya, Cacabelos, Pieros, Valtuille (te ofrecen té gratis en una tienda de artesanía) donde unas viejecitas nos han dicho que a pesar de lo nublado hoy no llovería, y finalmente Villafranca del Bierzo. El paisaje verde y con altos y bajos (cuestecilla-cuestiña), árboles frutales y muchas viñas. Hemos tenido un "dejá viú" cuando hemos entrado en la plaza y hemos visto el mercadillo (martes); resulta que hace dos años cuando volvíamos de Pola de Somiedo en Asturias paramos aquí. Sacando fuerzas de donde casi no había, hemos continuado a Pereje y después a Trabadelo, dos pueblitos a las faldas de la montaña O Cebreiro que tanto nos tememos. Ir rápido nos ha permitido alojarnos en una habitación doble (es un albergue privado y hay una habitación matrimonial que no permite uso individual. El albergue cuesta seis euros por persona y tiene cocina, pero la nevera se había estropeado. También tiene televisión) y estamos más contentos que unas pascuas. Ya se ve influencia galleguiña por esta zona. La hospitalera se llama Juli.
DÍA 19: "Acentos, carreras y separatismos"
Desde por la mañana íbamos imaginando cómo sería la subida al Cebreiro. Cuando salimos del albergue privado era de noche, por lo menos nos lo parecía por lo encapotado que estaba. Salimos solos pero poco a poco nos fuimos encontrando con más peregrinos. Pasamos La Portela de Valcarce, Ambasmestas, Vega de Valcarce (donde, menos mal, encontramos un bar abierto para tomar café que me supo a gloria, pequeño, porque nos dieron a elegir y no quería que me entraran ganas de mear) y sombreados por la autopista: Ruitelán, Herrerías, Hospital del Inglés, La Faba, Laguna de Castilla y finalmente El Cebreiro (El Cabrero), que se nos hizo mucho menos duro de lo que nos habían advertido. Ya estamos en Galicia, dejamos Castilla, León y el Bierzo con sus pintadas reivindicativas de separación. Llovía a ratos. Verde y marrón a nuestro alrededor. No paramos mucho en Piedrafita de Cebreiro porque nos pareció más turístico que otra cosa; una iglesia y más casas para el acomodo del peregrino. La bajada a Hospital de la Condesa ha sido casi una carrera porque atrás y alante sentíamos peregrinos y hemos querido pasar el puerto S. Roque antes que nadie para conseguir cama en la antigua escuela del pueblo (albergue gratuito de la Xunta con sólo dieciocho camas). Iglesia con lápidas.
DÍA 20: "Uniones"
Era de noche cuando salimos y nos creíamos que éramos los primeros, pero no. Por lo visto Fran (personaje 13 del Camino), un peregrino de Logroño, había salido a las seis de la mañana. Es un chico que habla con todo el mundo apenas los ve, y más tarde si no se ha presentado lo hace. Me ha costado remontar la mañana sin café: San Juan de Padornelo, Fonfría, Biduedo, Filloval, Ramil y Triacastela donde por fin lo hemos tomado. Todos son aldeas pequeñas con cacas en las calles, mugidos, cacareos y alguna que otra siñoriña con sus vacas, sus prados... y como no, todo lo que ha creado el Camino que lo mezcla todo: máquinas expendedoras, menús del peregrino desde las once de la mañana... Hemos caminado dentro de una nube y hemos visto cómo se hacían uniones de lo más dispares entre peregrinos. 10 kms más de sube y baja hasta que hemos visto el monasterio de Samos desde un mirador. Por el camino hemos cogido frutas y comprado frambuesas por un euro. Aldeas con perros, gatos y personas nada sorprendidos de nuestro paso y hemos llegado al Monasterio dos horas antes de que abrieran para alojarnos. Lo abren a las 15:00. La estrategia consistía en dejar los macutos en fila por orden de llegada, nosotros los primeros. Luego nos enteramos de que a partir de las 22:30 si no tienes cama te dejan dormir en el monasterio, en habitaciones de monjes. Además alrededor del monasterio hay parque donde se puede dormir al aire libre. Carlos ha finalizado su tratamiento del grano sin caldo gallego ni Albariño. Después de las obligaciones nos hemos ido a dar una vuelta y ahora unos podólogos (voluntarios que lo hacen gratuitamente) están curando ampollas a Carlos en el albergue, mientras esperamos para la misa del peregrino. Canto gregoriano y bocata de lomo más charloteo en el dormitorio antes de dormir.
DÍA 21: "kms, basura, cosas que parecen otra cosa"
Tardamos menos que nadie en prepararnos para salir, cada vez me doy más cuenta de esto. También de que los primeros kilómetros cada vez se me hacen más duros sin café. Hemos pasado muchas aldeas y por primera vez los hitos coincidían con el número de kilómetros de nuestra guía: Foxos, Tieguín, Reiriz, Sivil, Perros, Aguiada (a las afueras hay un albergue privado con muy buena pinta, se llama "Leña y paloma")... y finalmente Sarria. También aparecen los primeros hórreos, muchas veces de ladrillo, y la basura en torno al Camino que me sugiere lo que no es, quizás por la nublez del cansancio o por el hambre. Así he visto una hoja que era una rodaja de chorizo. En Sarria no mucho que ver y sí bastante gente nueva añadiéndose al Camino. Desayunamos muy ricamente para seguir hasta Ferreiros (donde hay un restaurante con menús a seis, siete y ocho euros que promete. A la salida un banco bajo un árbol ideal para descansar), pasando igualmente por multitud de aldeas con cacas, perros y algún gallo. En Barbadelo se estaban preparando para la fiesta de Santiago. El tiempo seguía a ratos fresco. Decidimos continuar a Portomarín, sin hacer mucho caso al bailoteo de números de kilómetros y sí a nuestras piernas que estaban bien para continuar. Tampoco hicimos caso a la oportunidad de comer menú con caldo gallego y a las plazas libres que quedaban todavía en el albergue. Dos horas después llegábamos a Portomarín cruzando el Miño sin plaza en el Albergue Municipal (cuando se agotan abren el polideportivo para quien quiera dormir en el suelo). Estamos en uno privado de ocho euros, con anochecer sobre el Miño. Por el pueblo nos vamos encontrando caras conocidas del Camino.
DÍA 22: "Pensamientos"
Cuando voy caminando me pregunto qué pensamientos, ideas, promesas, deseos... habrá en las cabezas de los demás peregrinos. En la mía promesa no hay, pero sí mil deseos, aunque lo he focalizado en uno y de ahí varías raíces van surgiendo hacia los demás deseos. No lo escribo porque lo mantengo en el pensamiento hasta que llegue a Santiago. Esta vez nos lo hemos tomado con más calma, pues ya sabemos que casi con seguridad no tendremos plaza de aquí al final en ningún albergue de la Xunta. Hemos desayunado viendo cómo amanecía en el Miño y a las 7:30 comenzamos a andar adelantando a algún que otro peregrino. Hicimos una pausa antes de la Sierra de Ligonde y la definitiva en el definitivo Ligonde donde nos hemos quedado en una casa de acogida porque Carlos tiene un tendón del empeine mal y nos han dado un café y después cama. Hemos comido fenomenalmente bien en un restaurante al lado del Albergue de la Xunta, en Eirexe (ocho euros): caldo gallego, pulpo, tarta de santiago, todo típicamente gallego. Cuando volvimos a la "Fuente del peregrino", la casa de acogida, habían llegado más hospitaleros pertenecientes también a la Organización Ágape, que son voluntarios que actúan en diferentes sitios: cárcel, ayuda al peregrino... Resultó una tarde-cena, noche y desayuno de lo más singular. Como si estuviéramos en una casita de cuento nos atendieron y nos dieron conversación, cena gratis, cama con edredón blandito y desayuno que nos dejaron preparado en el salón para que según nos levantáramos fuéramos sirviéndonos. Un detallazo que daban a diez peregrinos cada noche y nosotros éramos dos de ellos. El Albergue Municipal en cambio, costaba seis euros, el gratuito de la Xunta está en Eirexe a dos kms. En la mesa se mezclaron nacionalidades, historias, vidas junto con el puré, las salchichas, las cookies y la guinda fue la señora María, habitante del pueblo, que se acercó a pedir permiso para poner sus fardos de paja en el prao que quedaba libre de la casa y mañana por la mañana muy temprano los quitaban, también anunció que el ternerito recién nacido estaba muriéndose.
DÍA 23: ""
Fuimos saliendo de la habitación de los "siete enanitos" uno a uno para desayunar donde nos habían dejado todo preparado. Todavía no podíamos creernos que todo aquello fuera gratis. Antes de lo que esperaba llegamos a Palas de Rey entre excitación e ideas que nos venían a la cabeza por la experiencia tan inusual que acabábamos de vivir. A los 23 kms llegamos a Melide después de haber atravesado la frontera Lugo-Coruña y un sin fin de aldeas con hórreos y pequeñas iglesias, como la del Cristo que tiende la mano al creyente. De vez en cuando nos pasaban grupos de scouts. Nada más llegar a Melide comimos en Casa Ezequiel, una pulpería donde también bebimos Albariño y así nos encaminamos contentillos (las raciones de pulpo las hay de cinco y de diez euros). Los domingos hay mercadillo. Paramos un par de veces: una a meter los pies en agua y otra en Boente donde vendían una casa con terreno por diecinueve millones y por la tarde llegamos a Ribadiso, cuyo albergue al lado del río con un puente del S.XII estaba lleno. Así que nos toca dormir en el suelo del comedor.
DÍA 24: "Enfados"
La gente se ha empezado a mover antes que nunca. Dicen los vascos Ainhoa e Iñaqui (personajes 14, 15 del Camino) que a las cuatro y cuarto de la mañana han empezado a oír a gente fuera. Era de noche con cielo encapotado cuando hemos empezado a andar y a atravesar toda una serie de aldeas y bosques. Arzúa la más grande. El desayuno se ha hecho esperar porque no había mucho donde elegir y no nos poníamos de acuerdo. Cada uno tiene su límite de aguante, cansancio, hambre, y a veces es difícil compaginarlo. Como Carlos no tenía hambre me he tenido que entretener con las manzanas y moras que me iba encontrando por el camino. Después del desayuno hemos seguido caminando hasta Arca donde hemos hecho otras paradas y algo desilusionados por no encontrar ningún pueblo en fiestas, ni una buena panadería con empanadas, hemos continuado hasta el Monte del Gozo, a 5 kms de Santiago, dando una vuelta enorme al aeropuerto de Lavacolla, en cuyas inmediaciones hemos cogido moras y así aguantado el resto de la jornada. Esto por lo visto es enorme, estamos en un pabellón y en total hay unas 500 plazas. Este tramo del Camino está lleno de basura y de cosas que la gente va dejando a modo de fetiche. Hans y su mujer de Curaçao nos han dicho que existe el "Camino de Jerusalén" (personajes 16, 17 del Camino).
DÍA 25: "Nervios"
Anoche brindamos con una cerveza estrella y unas raciones gallegas por nuestra llegada y nos dedicamos un final romántico en la cumbre del Monte del Gozo, al lado de la estatua de los peregrinos, mientras en Santiago explotaba la fiesta en forma de fuegos artificiales. Una delicia beber Albariño, comer tarta de Santiago y ver las lucecitas estáticas y las de artificio en la noche santiaguesa. Al meternos en la habitación creemos despertamos a las francesas porque hicimos ruido.
Nervios porque a una hora teníamos la ciudad de Santiago de Compostela. Me tomé un café de máquina para disfrutar de todos los minutos del descenso a Santiago. Menos peregrinos de los que imaginaba se encaminaban hacia Compostela. Muchos ya habían llegado. Íbamos siguiendo las últimas flechas, casi borradas, quizás por falta de reparo ante la evidencia de lo evidente. Al llegar a la Plaza del Obradoiro, tras comer una palmera de chocolate de camino que nos supo a gloria bendita, Carlos alzó los brazos y yo me puse nerviosa. Todavía me parece mentira. Había muchos policías y bastante gente. No nos dejaron entrar en la Catedral con la mochila (después la dejamos en la Oficina del Peregrino, gratis. Abren a las 9, el día de Santiago a las 10), así que nos turnamos para visitarla y dar un rodeo a su perímetro lleno de gente que empezaba a acomodarse ya para la misa, incluso en los pies de las columnas. También la gente hacía cola para abrazar al santo. Nosotros hicimos cola para que nos pusieran el último sello en la credencial y nos dieran la Compostela (si dices que lo has hecho por motivos culturales te dan otro papel distinto a la Compostela) en la oficina del peregrino, donde también había bastante gente y de vez en cuando alguna cara conocida, y así nos fuimos despidiendo de todos: Frank, Hans... En el Café Paradiso tomamos un café, al lado de unos que se zampaban un desayuno del peregrino, que nos supo de maravilla. Después por fin la Plaza del Obradoiro, donde también había mucha gente pero no más peregrinos que turistas. Vimos volar el botafumeiro, la procesión de un Santiago en pequeñito y los gigantes y cabezudos intercalados con gaitas. Para despedirnos compramos unas tartas de Santiago, un trozo de queso y tan a gusto. Nos vino a recoger el Litros para ir a su casa de La Coruña y aquí estamos descansando.