Presentación
La asociación
Manuscrito
A partir de la segunda mitad del siglo XIX aparecen en numerosas localidades navarras colectivos de auroros, a la vez que empiezan a escribirse libros con letras populares y en un lenguaje coloquial que constituirán el repertorio de las auroras.

En Marcilla todavía se conserva el manuscrito original de las auroras, de finales del XIX. Este libro de versos de la aurora es una copia escrita por Quirico Ochoa en 1879.
"Cuando yo era chico", recordaba Prudencio Malo como presidente de la Asociación de Auroros de Navarra a la revista Molinico en 1996, "se cantaba en cinco esquinas. Ahora cantamos en 29. Me acuerdo de aquellas bufandas de astracán que se llevaban, del farolillo y sobre todo de mi tío Pedro, que era primo de mi padre y por el que yo he seguido la tradición" . Y continúa...
"Nosotros nacimos al abrigo de la Virgen del Plú, y hasta económicamente dependemos de la virgen. Yo he conocido cuando en la misa de siete el tío Pedro pasaba con una caja y una vela, para que se viera la rendija por donde hechar el dinero al pedir".

Como su nombre indica, son "auroras" porque se cantaban al despuntar el alba, la aurora. De ahí el sacrificio que suponía ser constante todos los días, incluso en invierno, cuando el agricultor tomaba sus merecidas "vacaciones", ya que el tiempo le impedía trabajar en el campo. Las letrillas que en la Plaza de la Iglesia, del Póstigo, calle Nueva, calle de San Bartolomé, Esquina Cascajo y Plaza de España se cantaban, contínuamente recordaban esta obligación sin olvidar la dificultad que suponía para muchos, "los cuales verían premiados sus sacrificos con frutos al ciento por uno".

La campanilla (inaugurada el 12 de Octubre de 1881), el estandarte (inaugurado el 12 de Octubre de 1882) y los faroles (1 de Marzo de 1883) son los elementos que acompañaron a las auroras desde sus comienzos. Sólo el presidente tenía el honor de guardar el manuscrito de las auroras y la campanilla. Hoy día, del estandarte y los faroles no se sabe nada. Sólo persisten la campanilla y un faról octogonal.

Los auroros tenían como única prerrogativa la de madrugar, tener voz potente y seguir una cierta tradición familiar que no se rompía ni cuando se casaban. Los honorarios que recibían los auroros eran casi siempre eran de tipo moral-afectivo: Satisfacción personal de continuar una institución ya tradicional en el pueblo, y la propia valoración piadosa del rezo y canto a la Virgen María. Aunque siempre, al menos en los primeros años, era costumbre encargar una aurora para difuntos o algún aniversario particular.

Los días 5 y 31 de agosto y el 8 de Septiembre, son fiestas ineludibles de los auroros en Marcilla. Tambien se les puede escuchar en navidades cantando auroras similares a villancicos. Y es que si bien en un principio sólo estaban dedicadas a la virgen, luego se fueron haciendo de más temas, aunque la figura de la Virgen siempre ha estado presente.

Con el paso del tiempo, el canto de la aurora cayó en desuso. Los últimos auroros eran de sólo 9 en 1967 (los primeros -1879- eran en número de 15), año en que se dejaron de cantar. Sólo gracias a la concentración de auroros realizada en Sangüesa en 1974, se restaura de nuevo ésta tradición tanto en Marcilla cómo en otros pueblos de Navarra. hoy día, las auroras son acompañadas de instrumentos, en especial de la acordeón para fiestas señaladas y la zambomba en las fiestas navideñas.
Auroras
Textos de las Auroras