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BLANCA DE NAVARRA
El resurgir de Marcilla aparece ligado a la reina Blanca de Navarra, esposa del rey navarro Sancho el Sabio.
UN POCO DE HISTORIA
Es sabido que el primer monasterio que se construyó donde hoy es Marcilla, fue arrasado por los musulmanes de la familia Banu Qasi en una de sus correrías por la vega del Aragón allá por el año 760 martirizando a los monjes que no pudieron huir y a los campesinos que se habían establecido alrededor del monasterio. Toda la vega marcillesa estaba en su propiedad y era custodiada desde el castillo de Falces. Pero en el año 915 el castillo falcesino cae a manos de los cristianos de Sancho Garcés I, lo que obliga a los moros de la familia Banu Qasi retirarse hacia el sur (Cadreita y Valtierra), estableciendose una línea fronteriza desde Falces y Peralta hacia Caparroso y Carcastillo, con lo que el territorio marcillés queda bajo control del Reyno de Navarra. Gracias a ello, las asperezas de las persecuciones moriscas se apaciguaron y ésto permitió que los pobladores de la vega de marcilla que habían huido a las montañas de Ujué, volvieran gradualmente a sus hogares y fueran reconstruyendo sus casas y volviendo a cultivar la tierra. Y es que la reconquista había comenzado y en el s.X la Navarra Media ya era cristiana.
Ahora bien, a partir del año 935, Abd-al-Rhaman III emprende una serie de "razzias" contra los cristianos del Reyno de Navarra, desestabilizando ésta débil frontera. El castillo de Falces pasa a manos musulmana y con ello toda su área de influencia, incluida Marcilla. Las escaramuzas en ésta linea fronteriza se sucederían hasta que en el año 1015, el rey navarro Sancho el Mayor prepara la "Campaña de Funes" con el fín de liberar dicha zona de los moros definitivamente. Mucho se jugaba el rey navarro en ésta empresa para cuando se dirigió previamente al monasterio de Leyre y allí imploró por el éxito de la operación haciendo una promesa al pie del Altar: "prometió para el monasterio un diezmo -décima parte- del valor de las tierras arrebatadas al Islam, si salía victorioso en la empresa". Tuvo éxito el rey navarro, y los monjes de Leyre comenzaron a percibir las rentas episcolares del Valle de Funes, que estaba integrado por las poblaciones de Funes, Peralta, Marcilla, Falces, Peñalén y Arlás.
El asentamiento de Marcilla iba creciendo, ya libre de los moriscos, y sus gentes no dudaron en ayudar a los sucesivos reyes navarros en sus campañas contra el islam. En el s.XI, el rey Pedro I (bisnieto del rey Sancho el Mayor), en calidad de Rey de Aragón y Pamplona concede a los de Marcilla los derechos sobre el agua para regar y hacer molinos por haber construido éstos una torre junto a la bardena para vigilar a los moros y tambien porque hacían guardia en la frontera de Funes. Poco después (a.1120), el rey Alfonso I el Batallador (Rey de Aragón y Pamplona) concede a Marcilla los mismos fueros que gozaba Calahorra, equiparándolos a éstos con mucha honra.
En el año 1144, el rey García Ramirez "el Restaurador" donó la villa de Marcilla con sus "ducientas calzadas de tierra de sembradura" al obispo de Pamplona D. Lope en compesación por la pérdida de jurisdicción sobre una iglesia de Tudela en beneficio de Tarazona.
Dª. BLANCA DE NAVARRA
De ésta manera siguieron así las cosas hasta el año 1160, en que la piadísima reina Dª Blanca, esposa del rey navarro Sancho el Sabio trató de reedificar el antíguo monasterio y colocar en él una comunidad de monjas cistercienses (de San Bernardo), cuya patrona sería la antígua, Nuestra Señora de la Blanca, que todavía estaba en la ermita de Ujué.
No se sabe bien el qué motivó a la reina a acometer tal empresa, tal vez por devoción a la Virgen Blanca, de quien había recibido su nombre, tal vez por edificar a la virgen un templo en memoria del suceso de la aparición de la Virgen al papa San Liberio en Roma (se le apareció al Papa y le dijo que le construyera un templo en el lugar de Roma donde viera nieve ¡en pleno mes de Agosto¡. El milagro se produjo y desde entonces es venerada todos los 5 de Agosto de cada año). El caso es que puso tal empeño que hasta su esposo la ayudó. Se iniciaron los trabajos unos años antes de tal manera que para el 1160, el monasterio estaba totalmente reconstruido. Con mucho dolor por parte de los habitantes de Ujué, se desprendieron de la venerada imagen después de tenerla durante mas de 399 años. Los de Ujué se contentaron con poseer una réplica en jaspe de la imagen de dicha virgen. El acto inugural del Monasterio, cómo no, se realizó en Marcilla el 5 de agosto del 1160, y a él acudieron los reyes de Navarra, personas Reales de la Corte, y los habitantes de la villa. Aunque se había reconstruido la parte principal, hasta casi cien años después no se dio por finalizada toda la edificación.
La Reina dotó al Monasterio de todas las tierras de la Vega de Marcilla así como las pechas, servidumbres, aguas, y labradores de la Villa, sus heredades, molinos, sotos, pastos, selvas ...etc. A la muerte de la Reina, su esposo confirmó la donación en el año 1181: "Confirmo el donativo que la Reyna D. Sancha, mi mujer, hizo a las susodichas religiosas, y para que nadie las pueda dañar fundo el señorío de Marzilla a nombre de ellas y pongo bajo su servicio a todos los labradores de la Villa y todos sus heredamientos, para que a ninguno otro Señor ni Príncipe, sino a Dios y a ellas reconozcan con el tributo y servicio. Concédelas todas las aguas, molinos, bosques, sotos, el gozo de los pastos Realengos de todo su Reyno, el poder adquirir posesiones, ya sea por compra o permuta. Haze mencion del Obispo D. Pedro y de otros Caballeros". En el Archivo de la Diputación existe una copia de éste manuscrito.
Es curioso como por primera vez se menciona al lugar como "Marzilla" y con la categoría de Villa. ¿Fueron éstos Reyes quienes concedieron tan honorífico título?. En todo caso, lo cierto es que Dª Blanca constituyó en Marcilla un Señorío con todas las de la ley... teniendo como dueño a unas monjas. Y que los fueros del Señorío estaban muy bien determinados: ellas mandaban en todo el territorio de
Marcilla y la mitad del término actual de Funes. La única iglesia que contaba Marcilla era pues la del Monasterio reconstruido, y el número de habitantes debía ser de mas de 200 personas, en viviendas junto al convento. Para oficios eclesiásticos había un capellán, que daba servicio al Monasterio y al vecindario. Pronto las monjas se hicieron muy ricas, gracias a la buena administración, a lo contenta que estaban los labradores con ellas -no dependían de ningún señor feudal ni del propio Rey- y que los beneficios obtenidos se reinvertían en beneficio de los habitantes, en abrir caminos, mejorar la agricultura, socorrer a los enfermos de la comarca,... de tal guisa que todos querían residir allí, y el pueblo creció y se desarrolló muy prósperamente. Sus grandes viñedos en Funes eran de lo mejor del Reyno. El olor de semejante prosperidad atrajo a los judíos residentes en Funes, que establecieron en Marcilla su planta usuraria a finales del S.XIII. Las monjas llegaron a vender al propio rey Teobaldo grandes palacios y fincas, propiedades territoriales que poseían en Muez, Novar, Riezu, Villanueva,..., y con todas éstas riquezas se beneficiaban los marcilleses por merced de las monjas.
El convento estaba situado entre lo que hoy es la Iglesia y el Castillo (los marcilleses lo llamaban el "convento viejo"), y la huerta de las monjas estaba en la Plaza del Póstigo. El convento era muy grande y su entrada estaba en un arco llamado El Portal (la conocida Casa del Portal ), hoy derruido en su totalidad.
Dos siglos y medio llevaba el Señorío, próspero y feliz, de las monjas, cuando un rival poderoso tuvo la audacia de maquinar contra su existencia. En el año 1407, reinando Carlos III el Noble en Navarra, y siendo Papa en los reinos de España Pedro de Luna (declarado antipapa en el concílio de Pisa), pudo componer con éste para que desterrase a las Monjas de su Monasterio marcillés al de Cambrón y Oterce, a instancias de Mosén Pierrés de Peralta "Viejo".... con el fin final de apoderarse del vasto Señorío de aquellas. Para ello ideó una serie de falsas acusaciones contra las religiosas (que se demostraron tardíamente no ser ciertas) sobre ciertos crímenes acaecidos por entonces en el lugar. No dudó el Papa en autorizarlo, con el fin de congraciarse con los reyes de España que le apoyaban. Largas fueron las negociaciones de expulsión, ya que no se hizo afectiva hasta el año 1429, aunque ya Pierrés disfrutaba de las tierras usurpadas. Mucha pena les dio a los marcilleses el día
de su salida y hasta las monjas se fueron llorosas del Monasterio.
El Monasterio fue ocupado por monjes Bernardos y se unió al de la Oliva cuyo Abad determinaba el número de monjes que debía haber en él. Andando el tiempo, se convirtió en Abadía en el 1608. Después, Felipe III lo adquirió para su Patronato Real. En el 1616, el Monasterio de la Blanca era considerado tan importante como el de Leyre, La Oliva o Fitero. En el año 1755, un fuerte terremoto asoló la comarca y el Monasterio se resintió, por lo que tras deliberar de si reconstruirlo o no, se decide finalmente en proyectar uno nuevo. Es en 1773 cuando el Rey de España firma la autorización para su construcción en el lugar lo que hoy se llama el convento viejo de los P.P. Agustinos Recoletos. Su inauguración se realizó en 1783.
En cuanto a la imagen de la Virgen Blanca, no se supo nada de ella. La imagen que se veneró en el convento nuevo data del s.XVI y no es la misma que la que trajo de Ujué la reina Blanca.
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