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Exceptuando la posible presencia de una pequeña villa agrícola romana en el lugar donde hoy se asienta la localidad, a juzgar por restos de cerámica encontrados, realmente no se conocen datos de la existencia de Marcilla, como lugar poblado, tanto antes como durante la dominación romana. Por exigencias de aquellos tiempos belicosos, forzaban a los naturales de la región a situar los pueblos en los montes, ya que ofrecían ventajas estratégicas ( Falces -ya existía en el año 175 d.d.C.-, Funes, Peralta, Arlás, Caparroso, Ujué,...), por lo que la vega formada entre los ríos Arga y Aragón no estaba habitada. Ésta debía ser un lugar muy húmedo (no propicio para ningún tipo de asentamiento humano), y estaría poblado de árboles, por no decir de una tupida "selva" donde se guarecerían muchos animales ofensivos. Los habitantes de las faldas de los montes que rodean la Vega bajarían a ésta zona para obtener caza en abundancia (liebres, conejos, jabalíes, corzos, ciervos, garduñas, zorros, lobos, perdices, codornices... se cazaban en la vega de Marcilla en tiempos de Sancho V -1076- o de Teobaldo II -1265-) y posteriormente a explotarla para la agricultura, como lo demuestra la presencia de vasija de la época romana ( s.I al II d.c. ) que denota la presencia de una pequeña villa agrícola romana dependiente de las de Falces o Arlás (Javier Imaz, Molinico nº33, 62-64), asentamiento que de un modo temporal o quizás permanente perduraría hasta la entrada de los bárbaros en la región.
Muy posiblemente, la presencia de dicha villa rural daría pie a la fundación de Marcilla por el rey visigodo
Gundemaro
hacia el año 610, mediante la instalación en dicho lugar de un monasterio.
Sin embargo, poco tiempo después, los musulmanes desembarcan en España, y tras su rápida conquista, cruzan el Ebro y se internan en Navarra destruyendo, entre otras cosas, el monasterio marcillés. Años más tarde, y en plena reconquista por parte de los reyes navarros, el lugar vuelver a ser habitado y comienza a crecer una colonia de campesinos a los que Alfonso I el Batallador les concede en 1120 unos Fueros como los de Calahorra. Cuarenta años después, la esposa de Sancho el Sabio (Blanca de Navarra) decide reconstruir el monasterio marcillés, y para ello coloca en él una comunidad de
monjas cistercienses
(1160), dotándolo de la riqueza
de las tierras de los alrededores.
Junto a dicho monasterio se va formando un nucleo de población que será lo que constituirá la población marcillesa (menos de 20 fuegos -100 habitantes aprox.- en 1366, tras la peste bubónica). . La presa de marcilla se construirá poco después para dar regadío a todas sus tierras (ya se conoce de su existencia en 1237). Servirá, a partir del s.XV como paso y pago en especie de las almadías que bajen por el río Aragón hacia Tudela, Zaragoza y Amposta. Carecerá de puerto al contrario que otras localidades como Peñalén o Villafranca.

A comienzos del s.XV, todo el señorío de Marcilla, que pertenecía a las monjas, pasa al monasterio de La Oliva (Carcastillo) por orden del usurpador Papa Luna, a instancias del rey Carlos III por presiones de la familia Peralta, representada por don Pedro Martínez Peralta (Mayordomo Real del propio rey Carlos III el Noble), llamado también Pierrés de Peralta "Viejo". Este noble consigue en 1407 convencer al rey navarro Carlos III el Noble que pida al Papa Luna que destierre a las monjas cistercienses a Cambrón poniendo como motivo unos crímenes que supuestamente habían cometido éstas monjas ( se hace efectivo el destierro en 1429). Después pacta con los de la Oliva, cuyo Abad era casualmente D. Juan de Peralta -pariente de Pierrés- la cesión del territorio al propio Pierrés a cambio de pequeños lugares en Gallipienzo, Eslava y Sada. De ésta manera pudo acaparar en su provecho el completo señorío del pueblo y de todas las tierras que le correspondían. Una vez ocupada la zona, y como parte de su continuado y ambicioso plan de expansión, ya para entonces se ha terminado la construcción de su castillo-palacio en Marcilla (inicio de las obras: 1418) donde él y su hijo Mosén Pierres "Joven" fijan su residencia y así pueden controlar eficazmente sus dominios.

Si bien en 1430 adquiere a perpetuidad las poblaciones de Marcilla y Andosilla, en 1433 el rey Juan y la reina Catalina le da en propiedad perpetua las poblaciones de Peralta y Funes.

A finales de 1442 muere Pierrés "Viejo" y hereda su hijo todos sus bienes así como el Mayorazgo de Marcilla (título creado por su padre para representar todos sus bienes). En 1457, el rey de Aragón Juan II (...y rey de Navarra por ser esposo de la reina doña Blanca) concede mediante venta a Mosén Pierres de Peralta (Joven) las villas de Falces y Azagra, como pago por los 55.000 florines de oro que se gastó Pierrés en múltiples servicios al rey D. Juan, con lo que el poderío de éste personaje se hace inmenso al dominar toda la vega sur del Arga y Aragón. Posteriormente jugará un papel muy importante en la Historia de España ya que en los años siguientes se convertirá en correo secreto de las relacciones entre Fernando el Católico (hijo de Juan II de Aragón) y su prima Isabel la Católica (hija de Juan II de Castilla) que culminarán en boda en Octubre de 1469. La amistad con los Reyes Católicos será grande hasta el final de su vida. Los propios Reyes le regalarán la espada Tizona (que perteneció al Cid Campeador) como prueba de ésa amistad y de los servicios prestados a nivel personal.
La história de Marcilla continua ligada a los Peralta. Mosén Pierrés "Joven" (casado con Ana de Bravante) tuvo dos hijos: un varón (Pierrés de Peralta "Menor"), que murió soltero, y una hija (Juana) que se casó con Troilo Carrillo y del que tuvo un hijo (Alonso Carrillo). Pero además, el propio Mosén Pierrés se casó (1462) en segundas nupcias (Ana murió en 1456) con Isabel de Foix (prima de la reina de Navarra: doña Catalina) y le regaló como dote: Marcilla y su castillo-palacio, Falces, Azagra y demás bienes. Pero Isabel muere en 1503 y en su testamento,deja todo a manos de la propia reina Catalina, aunque la propia reina dona poco después a don Alonso Carrillo de Peralta las fortalezas de Azagra y el castillo de Pañaflor, como los había tenido su abuelo Mosén Pierrés.
En el año 1512, las tropas castellanas invaden Navarra, y toda la relaeza del Reyno de Navarra huye a Francia. Alonso Carrillo aprovecha ésta circustancia y se une a Fernando el Católico con el fin de lograr su favor y obtener todas las tierras de su abuelo Mosén Pierrés. A cambio, ayuda a los Reyes Católicos en consolidar la conquista y unión de Navarra a la corona Castellana. Y así, en 1513 y por orden real de Fernando el Católico desde Valladolid, es nombrado Marqués de Falces: Don Alonso Carrillo de Peralta con potestad sobre Marcilla y su castillo-palacio, Falces, Peralta, Funes, Andosilla, Azagra, Peñaflor y Villanueva así como de todas sus tierras, pechas, bienes, hombres y vasallos.
En 1516, y ante la posibilidad de que el Rey de Navarra en el exílio pudiera retornar y hacerse con el control del Reyno, el regente -ya muerto Fernando el Católico- cardenal Cisneros decide la destrucción de todas las torres y castillos navarros que pudieran servir de defensa y ayuda. Uno de los señalados es el Castillo de Marcilla. El coronel Villalva, al frente de una columna volante, se interna en Navarra y comienza a destruir murallas, torres y conventos fortificados en todas las poblaciones. Siguiendo un itinerario preconcebido, llega a Marcilla y se planta en el castillo con Don Alonso ausente. Pero su castillo logra salvarse de la piqueta demoledora gracias a la varonil disposición de su propietaria Doña Ana de Velasco. Esta "brava fembra" se negó a cumplir el mandato de Villalva y a recibirle en su fortaleza. Alzando el puente, bajo el rastrillo y guarnecidas las almenas de ballesteros, Dª Ana desobedeció las comminaciones del Coronel, las órdenes del Virrey y las disposiciones del Regente, conservando la fortaleza hasta la ulterior decisión personal del Rey Carlos I. Abundando en ello, la afiliación castellana de Dª Ana de Velasco, - de la familia de los Condestables de Castilla (máximo rango en la nobleza. El Condestable era el brazo derecho del Rey) - , y la exigencia de un mandato real como condición "sine qua non" para la entrega del castillo, hacen ver bien a las claras que no se trataba de una rebeldía secesionista, sino de una supervivencia feudal. Así lo entendió Villalva, y tras varias horas de asedio, terminó por marcharse, rumbo a la Bardena.
Disgustado por lo ocurrido, Alonso se vuelve contra Fernando el Católico y a partir de entonces, tanto él como su hijo Antonio se convertirán en jefes opositores de la zona contra la corona de Castilla y lucharán por el regreso al Viejo Reyno de sus reyes legítimos.
La incorporación de Navarra a la corona de Castilla y por ende, a la nueva España hizo perder toda su identidad al viejo Reyno. Pasarán los años, se cambiará de siglo, y los pueblos navarros, y cómo no Marcilla, tendrán un pobre desarrollo demográfico y económico, aunque la concesión de una Feria en Marcilla, mediante real cédula a los Marqueses de Falces, harán de la Villa un pueblo afamado y ganacioso en todos los sentidos; privilegio muy deseado por otros pueblos (ya en 1606 se publicó un bando donde constaba que los días de Feria iban del 24 de Agosto al 8 de Septiembre. Será en el s.XIX cuando se trasladen a Octubre). A ésto habrá que añadir la angustia que pasó Marcilla y los pueblos ribereños del río Aragón cuando se dispuso el desviarlo hacia Tauste en 1756 (en beneficio de las comarcas aragonesas), y llenar su cauce con las aguas de sus afluentes Irati y Guía. Ante semejante despropósito, las localidades de la Ribera se unieron y nombraron como su interlocutor al Abad de Marcilla fray Benito de Benito. Gracias a su decidida labor ante la Diputación y el Virrey, se logró que años después el proyecto desapareciera con lo que la Ribera quedó tranquila.

Un par de apuntes sobre la localidad en aquella época: En 1616, figura en Marcilla el primer organista y maestro de escuela, llamado Juan de Lara, vecino de la localidad, y que fue contratado por el Ayuntamiento "para enseñar a rezar, a leer, a contar y a escribir a todos los hijos de los vecinos residentes en dicha villa". Juan de Lara tambien se encargó de la industria de recoger y almacenar hielo para el verano; Se guardaba la nieve que caía en los meses fríos en un profundo pozo situado en un extremo de la plaza principal de la villa. En 1665 le fue concedido a Marcilla un título particular, que se añadió al que ya tenía (otorgado en 1493), sobre el derecho como pueblo congozante de las Bardenas. Para la obtención de éste título, el pueblo pagó 200 ducados.

Durante todos éstos años, aunque las tierras pasan a manos particulares, los marqueses de Falces seguirán cobrando sus pechas y vasallaje a los marcilleses hasta que las Cortes de Cádiz, el 6 de Agosto de 1811 abolen "los privilegios exclusivos, privativos y prohibitivos procedentes de señorío". Tal medida no será aplicada por el retorno del rey Fernando VII al terminar la Guerra de la Independencia, hasta 1820, con la sublevación de Riego. Sólo entonces, es aplicada la Ley en todas sus consecuencias. Y así, de éste modo, finaliza el dominio del Marquesado sobre sus tierras y sus gentes, con lo que las villas (Marcilla, Falces, Peralta, Azagra...) son por fín, libres.
Sólo el castillo seguirá perteneciendo a los descendientes de los marqueses de Falces hasta que la última marquesa: Doña Pilar Dueñas Tejada, muere sin descendencia en el s.XIX . Entonces el Castillo pasa a sus sobrinos y así sigue hasta recaer en la última rama de la familia, representada por Manuel Gullón, la cual lo vende en 1976 a la Diputación Foral de Navarra por 3 millones de pesetas. La espada Tizona del Cid, que hasta entonces había permanecido en el interior del palacio, es enviada al Museo del Ejército de Madrid.
Con respecto a la instalación de la Orden Recoleta en Marcilla, sucedió tal y como sigue. Marcilla, por la razón que fuere, siempre ha estado unida a instituciones monásticas. Recordemos que el primer monasterio o convento de monjes fue de San Benito, el cual fue destruido y sus moradores trasladados a Ujué. La segunda comunidad fue de monjas del Cister, que es una ramificación o reforma de la de San Benito, introducida por San Bernardo, y aquella comunidad fue expulsada a Cambrón y sustituida por monjes cistercienses. Dicho convento estuvo localizado entre la Iglesia actual y el castillo, en el lugar donde se localizó después la conocida Casa del Portal. Un terremoto en 1755 lo dejó maltrecho, con lo que se decidió crear uno nuevo (el actual de los PP Agustinos), inaugurándose en 1783 y al cual se mudaron los Padres Bernardos desde el convento viejo. Con la invasión francesa en 1808, se suprimieron las órdenes religiosas en España, y los monjes Bernardos abandonaron el convento y se fueron a sus casas. Cinco años después, con la llegada de Fernando VII, los Bernardos se citaron y reunieron de nuevo en el convento (1814). Pero en 1820, se promulga una ley que suprime los religiosos en España, y los monjes debieron abandonar de nuevo el convento, dejándolo vacio. En 1835, el Gobierno existente en España decide expropiar los bienes religiosos, con lo que la comunidad de monjes cistercienses de Marcilla, desaparece. Se cerró el templo, y el convento pasó a manos particulares y convertido en graneros y dependencias agrícolas. La comunidad Bernarda fue desapareciendo de España poco a poco. Una de las tres Ordenes religiosas que se salvaron fue la de los P.Agustinos Recoletos, porque tenían misiones en Filipinas (era una colonia española) y éso agradaba al Gobierno. Por aquel entonces, tenían conventos en Monteagudo y Alfaro. Como quiera que éstos dos sitios no daban abasto a formar religiosos adecuadamente para las Filipinas, se decidió la compra del convento de Marcilla e implantar en ella una casa de estudios . El Gobierno lo autorizó en 1864, y el Papa en el 1865. Le compraron el convento y la huerta adyacente a los herederos de D. Francisco Elorz, vecino de Peralta. Tras repararlo, fue ocupado por los PP. Agustinos el 17 de Septiembre de 1865.
Durante la ocupación francesa a partir del 1808, Marcilla no sufrió los incendios y saqueos de otras localidades (Caparroso, Larraga, Mendigorría...) ya que a fuerza de sacrificios con contribuciones y dando todo lo que pedían los franceses, se evitaron que entrasen en el pueblo (en 1812, Marcilla pagó 3000 duros para alimentar las tropas francesas).
SIGLO XIX: LA OCUPACION FRANCESA
La guerra civil española (1936-1940) traerá un parón en el desarrollo local, y no será hasta los años 60, con la creación de nuevas fábricas (congelados, conservas, ...) cuando se revitalice el pueblo, hasta llegar a la fecha actual, en que el pueblo va creciendo, encontra de otros que en su día fueron grandes ( Artajona, Falces, Lerín...).

En cuanto a la evolución del vecindario a lo largo de los siglos, tenemos las siguientes estadísticas documentadas: En 1366 había en Marcilla 42 fuegos (unos 210 habitantes). En 1681 había 316 habitantes; en 1791, 560; en 1800, 477 personas en 100 casas; en 1807, 672; en 1821; 780; en 1842, 742; en 1888, 971; en 1900, 1456 habitantes (instalación de la azucarera); en 1910, 1653; y en 1915, 1800 habitantes. Por los documentos mas antíguos que se poseen, las primeras calles marcillesas se llamaban: calle San Juan, calle Cantarranas, la de San Esteban y la del Mesón. En 1805 se habían empedrado ya algunas calles, y sobre ellas se prohibió el tránsito de carruajes. En 1807, se forma el barrio del Póstigo y en 1820, el del convento viejo (con 20 habitantes). En 1833 figura en los registros el barrio de la Plaza de la Villa y en 1876 hace su aparición la "Plaza de la Iglesia", con 27 familias. En 1878, se cambia el nombre de la Calle del Mesón por la de Alfonso XII.
En 1871, con motivo de la llegada del rey Alfonso XII a Marcilla (su cuartel general estaba en Peralta, con motivo de las guerras carlistas), visitó muy detenidamente el Convento, y luego fue al Castillo y lugares públicos de la Villa. Se da la anécdota de que hizo el trayecto de Peralta a Marcilla caminando con su séquito, y que se situaron tropas en la estación del ferrocarril, por toda la villa y en el fortín del Montico, para su custodia. Otra visita ilustre a Marcilla y al Convento fue la del Nuncio de Su Santidad, Monseñor Bianchi, en 1882.
VISITA DEL REY DE ESPAÑA A MARCILLA
A mediados del s.XIX, se proyecta la construcción de una nueva casa consistorial, ya que la existente estaba en ruinas. Así mismo, los locales de las escuelas estaban inservibles. Por todo ello, se sacó a licitación la construcción de un edificio (que es el actual del ayuntamiento) que tuviese en planta baja portales, matadero, carnicería, cárceles y excusados; en el primer piso, un salón de sesiones del ayuntamiento, secretaría y escuelas; en el segundo piso, vivienda de maestros, y en el tercero, vivienda del alcalde, y otras habitaciones. Para ello se aprovechó el terreno que ocupaban la Casa y escuelas antíguas, y se procedió al remate, adjudicado a D. Ildefonso Zenzano, en 1856. La obra costó 59.700 reales vellón, y se terminó en 1857.

Realmente no será hasta el s.XIX y XX cuando la situación en Marcilla de un giro espectacular. Se construye la vía férrea (1860), que pasará a escasos 2 Kms. de la población, se creará la gran fábrica Azucarera (1900) por iniciativa, entre otros, del marcillés D. Jesús Elorz con el nombre de "La Concepción"; un poco después habrá en explotación fábricas de alcohol, harinas, gaseosas, hielo, conservas vegetales y dos centrales eléctricas. En 1912 se inaugura la creación de un local de la Cruz Roja en la villa, gracias al entusiasmo del alcalde de la villa D. Tomás Terés y del médico D. Tomás Lerga, y en 1916 hay ya funcionando una Caja Rural. Como se ve, todo era progreso en la citada localidad.
INSTALACION DE LA ORDEN RECOLETA EN MARCILLA
Alfonso XII visitó Marcilla
en el año 1871