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LUCHINO VISCONTI
"Segunda Parte"
"Dicen que el amor y la mente tienen caminos que
ni el
sentimiento, ni el cerebro entienden, tal vez por eso el amor mueve la mente
humana y ambas se dejan llevar por placeres profundos, sumergiéndonos en una
fuente inagotable de sensaciones, a las cuales nunca debemos cerrar la puerta."
"La búsqueda del hombre es la noria que hace girar
sus pensamientos, sus
actos y su encuentro con la belleza. Si dejamos de revolver en las paginas de la
vida, apartando el olor del paso del tiempo, ese encuentro nunca se
realizará y seguiremos siendo la nada vestida de negro. El esfuerzo, la
constancia y la seguridad en uno mismo son la antesala del espectáculo que
produce la belleza y ante su poder de seducción, la noria nunca dejará de
girar."
EL AUTOR
Luchino Visconti es el eterno buscador, sus obras, el resultado de
encuentros, sus pensamientos, ejes dorados que, al sumergirse en la humedad, nos trae el resultado de un hombre que en su búsqueda ha
ido dejando tras de sí retazos apenas completos de la muestra cinematográfica
mas personal y neorrealista de todo un panorama digno de estudio. La obra de Visconti es un enorme diamante de mil destellos, cuyo valor es y será
incalculable para todos los que buscados en el cine ese momento de gloria, o ese
instante para el recuerdo eterno, en cuyas aguas nos bañamos desnudos de
pensamientos y ávidos de sensaciones. El maestro italiano es digno de formar
parte del engranaje mágico de que está compuesto el cine y para mí es un orgullo
sentirme discípulo del hombre que mejor supo manejar la composición de la
imagen, la belleza y la música para deleite de todos los que formamos parte de
los buscadores infatigables del mejor cine jamás creado.
LUCHINO Visconti fue más que un cineasta, fue un poeta a
la captura de imágenes compactas, de movimientos sutiles, en él se resume la
máxima expresión de la decadencia, sus filmes son simbólicos y letales; Visconti
exuda pasiones intactas, pasiones prohibidas, en sus películas la moral y el
vicio son dos caras de una misma moneda, es el hondo reflejo de pérdidas eternas
que inmortaliza con su cámara, una travesía por mundos abismales que sin embargo
atraen irremediablemente. Debo confesar que no voy a ser objetivo con el
aristócrata milanés porque forma parte de mi vida y ha sido uno de los causantes
directos de lo que puede quedar en mi de refinamiento existencial. Recuerdo cada
estreno suyo como un acontecimiento en mi filmografía vital, la ciudad, el día y
el año en que me enfrenté a cada una de sus películas. Jamás se borrarán de mi
mente la gama de sensaciones que me trasmitió 'El gatopardo', con Burt Lancaster
encarnando al todavía apuesto príncipe de Salina, la aparición del majestuoso
Alain Delon apoyado en la chimenea con un sudoroso uniforme garibaldino o las
evoluciones de una mágica e inolvidable Claudia Cardinale con la crinolina
blanca en el salón principal, siendo eje del baile más largo jamás filmado.
Luego vino como una lanza, destrozando todo a su paso, rompiendo los moldes
establecidos y partiendo en dos a una hipócrita censura, idealizando la muerte y
dando protagonismo a los mas escondidos sentimientos humanos, su film 'La caída de los dioses,
donde dos de sus amantes en la vida real: Helmut Berger y Dick Bogarde, junto con Ingrid Thulin y Charlotte Rampling, se
ven arrastrados por la corrupción del nazismo. Berger es un pederasta que sueña
con ser Marlene Dietrich, Bogarde encarna a un cínico que debe suicidarse
porque se traiciona así mismo y la Rampling espejea también en esta partitura
también organizada, que es como una pálida sinfonía que nos hace conocer el
drama de la familia Krupp y sus implicaciones con el poder de Hitler. Aquí y en
estos dos films es donde Visconti refleja como nadie las perdidas humanas, las
inmortaliza con la belleza increíble de su ojo de pez y nos empuja brutalmente a
su mundo ambiguo, atrayente y fascinante, para no salir nunca de él. Visconti es
una de las tres cabezas del neorrealismo italiano con mayúsculas y su influencia
sobre una época del cine mundial, junto con los conocimientos que íbamos
adquiriendo aferrados a su mano maestra, son eslabones a los que ya no podemos,
ni debemos desprendernos, porque en todas y cada una de sus secuencias late con furia el autentico cine.
Dentro del concepto neorrealismo italiano, la figura de
Luchino Visconti sobresale triunfante, asomándose con cautela al ventanal, para
contemplar la vida diaria de cualquier ciudad de su amada Italia, sacando
expresiones, sensaciones y comportamientos de seres que luego el maestro adapta
fantasmales en sus films. Dicen que siempre que clavaba sus ojos en una persona
anónima, absorbía el interior como pieza para sus personajes, analizando
reacciones, plasmándolos en lienzos neorrealistas, en una vía mas conservadora
que Fellini y menos dramática que Rossellini. Visconti es el aristócrata del
encuadre perfecto, el corrosivo analizador de hombres freudianos, en donde sus
dedos ambiguos sacan mayor provecho, atándoles en el látigo de las pasiones mas
escondidas, sin caer ni una sola vez en el morbo, pero masturbándoles lentamente
y dejando el orgasmo para sus planos magistrales o sus barrocas puestas de
escena, como culminación a la comunión de sentimientos, ideas y deseos que
compartía siempre con ellos. Visconti era la misma Isabel de Austria, cuando se
confiesa a su primo Luis II de Baviera y lo hace con autenticidad, porque
él en esos momentos vive los sentimientos de la Emperatriz y obra como
deseo mas ardiente hacia la figura de un Luis enloquecido por la belleza y el
sexo. Visconti se funde en la mayoría de sus personajes y no es difícil verle
entre ellos, formando parte de ese gran guiñol que es su cine. La sombra del
director difumina la realidad y asistimos perplejos, por ejemplo, al regalo
visual de ver caer un encaje al suelo, para asistir a la belleza de la fusión
entre el blanco inmaculado con un suelo de mármol intensamente negro. !Eh, ahí!
el juego de contrastes que el director italiano siempre utiliza y en donde
radica su infatigable búsqueda de la belleza.
Mientras realizaba Muerte en Venecia, tenía en mente un
proyecto aún más ambicioso, la adaptación de "En busca del tiempo perdido" de
Marcel Proust. Al igual que Thomas Mann, Proust era el ejemplo de escritor
"decadente", motivo por el que Visconti encontraba una especial sintonía con él,
y sobre todas las cosas "En busca del tiempo perdido", obra considerada entre
los grandes monumentos literarios del siglo XX. La película tenía ya escrito el
guión, se había hecho el trabajo de localización de exteriores, se habían
preparado decorados y vestuario, y se había seleccionado el reparto: Alain Delon
sería Marcel, se contaba con la vuelta de Greta Garbo en una colaboración
insólita, Silvana Mangano como la duquesa de Guermantes, Helmut Berger sería
Morel, para el barón Charlus, se barajaban los nombres de Marlon Brando y
Laurence Olivier, para Madame Verdurin los de Delphine Seyrig o Anne Girardot, y
se dijo que Charlotte Rampling podría ser Albertine y Brigitte Bardot encarnaría
a Odette. La productora era Nicole Stéphane, quien había comprado los derechos
de la novela pensando que la dirigiese René Clement, pero comprendieron que sólo
Visconti podía llevar a Proust a la pantalla.
El rodaje debía comenzar en el verano de 1971,
coincidiendo con el centenario del nacimiento de Proust, pero se retrasó por
problemas de financiación, inevitables en una producción de tal envergadura.
Visconti se impacienta, se pone nervioso y odia estar inactivo, pensando que
además tiene otro proyecto, una película sobre el rey Luis II de Baviera.
Finalmente, y ante el incomprensible retraso, se decide por este último,
comenzando el rodaje en enero de 1972. Nicole Stéphane intentó traspasar el encargo a Joseph Losey, quien tampoco se atrevió
a rodar........ Y así fueron pasando los años, hasta que en 1984 se
produciría por fin la película, dirigida por Volker
Schloendorff, y con un reparto que incluía a Jeremy Irons, Ornella Muti, Alain
Delon, Fanny Ardant y Marie-Christine Barrault. Su título "Un amor de
Swann", pero solo se adaptó la primera de las 7 novelas del ciclo, mientras que
Luchino Visconti había pensado en hacer sólo la cuarta, Sodoma y Gomorra. La
comparación entre esta película y lo que pudo haber sido el bello texto de
Proust en manos del maestro italiano, dejó a toda la critica mundial y al
espectador en general, con cierto sabor a decepción, pero volando
libremente la imaginación y haciendo nuestros los seres que bailaron bajo la
pluma de Proust, pero con música del director italiano. Personalmente pienso que
hubiera sido todo un regalo para el espectador y un eslabón de oro para la
industria del cine.
Sé que no podré pasar por alto la vida privada del
director, aunque en ese punto el cine nada tiene que ver, pero si, y mucho los
condicionamientos en los que se basaba Visconti cuando emprendía una labor,
buscaba un lugar para cierta secuencia, o llenaba de ropa unos armarios que,
luego cuando rodaba ni siquiera se abrían. Son en enlaces que van a parar
directamente al centro de una imaginación prodigiosa, mas propia de un hombre
triste e infatigable buscador del amor, que de un ser privilegiado para dirigir.
Dentro del hombre, su inclinación homosexual está siempre a la vista y
casualmente por ello, es imprescindible pararse en este punto y ahondar en uno
de los aspectos de su vida. Luchino Visconti tuvo varios amantes, algunos son
nombres conocidos de la industria del cine, otros, simplemente amigos de sus
años en Paris, cuando era el ayudante de Jean Renoir. De todos ellos hay dos
nombres que figuran en su historia personal de forma constante, firme y muy
duradera, son el director Franco Zeffirelli y Helmut Berger. Es fácil imaginar
los motivos que le indujeron a tener a Zeffirelli como amante, pues ambos
compartían un gusto exquisito por la belleza y sus vidas poseen paralelismos
enormes, siendo sus trabajos para el cine y la opera, donde mas se acentúa esa
igualdad, aunque sus estilos puedan parecer distantes, que lo son, en el origen
en que se basaban sus trabajos la coincidencia entre ambos es absoluta. Con
Berger vivió doce años de una intensa relación y de todos es sabido y en mi
artículos anterior "Luchino Visconti Primera Parte", ya lo expuse, la
desaparición de Visconti a su muerte supuso el declive profesional del actor a
todos los niveles, sintiéndose siempre la "viuda" del director italiano y un
hombre sin rumbo en la vida, aferrandose a las drogas y el alcohol. No es
difícil de imaginar los sentimientos de estos tres hombres, tampoco es extraño
compartir con ellos un amor que poseía la solidez de una escultura de Miguel
Angel y comprender la grandeza de los sentimientos que les pudieron envolver en
los años en que el amor reinaba en sus existencias. No hay declaraciones de
Visconti con respecto a su homosexualidad de una forma abierta y pocas en
relación a sus parejas, pero creo conveniente hacerme eco de lo que las otras
partes pudieron y aún pueden decir.
El director Franco Zeffirelli, ha desvelado hace poco en
el diario Corriere della Sera, que vivió un gran amor con Visconti, entre otras
confidencias, y la enorme complicidad que ambos sostuvieron en los años que duró
su relación, compartiendo a veces al mismo hombre, como fué el caso de Alain
Delon. El cineasta también cuenta en su Autobiografía, que Aristóteles Onassis
se le insinuó para poder romper así su amistad con la inolvidable Maria Callas,
única mujer de la que Zeffirelli estuvo realmente enamorado, también hace
referencia a que con sólo diez años reconoció públicamente su homosexualidad y
que fué en la ciudad de San Francisco donde admitió que había tenido
experiencias íntimas con otros hombres. Sobre Luchino visconti añade:
"Para mi, Luchino era el modelo de todo lo importante.
Todo empezó entre nosotros cuando le busqué una actriz que encajara para un
determinado papel, yo era entonces muy joven y entablamos una amistad que fué el
comienzo de un amor atormentado, roto a veces, pero nunca apagado. Vivimos
después juntos y me mimó como nunca nadie lo hizo conmigo, pero eso no fué
obstáculo para que en una ocasión, cuando a Visconti le robaron en su casa, me
denunciase, junto con todo el personal que trabajaba en la misma, fué una
bofetada que aún me duele. Soy y seré siempre homosexual, pero no gay, una
palabra que odio, porque es ofensiva y obscena".
No me gusta profundizar en la morbosidad de estos temas.
Nadie está libre de los sentimientos que rodean al hombre y mucho menos criticar
sus tendencias, pero quedaría incompleto el retrato del director si lo omitiese y además debo dejar constancia, porque forma
parte de la vida de los hombres y mujeres de los cuales escribo en mi website,
siendo antes que artistas, componentes de la naturaleza humana y a los cuales no
podemos hacernos sordos, cuando todos somos humanos también. Hay genios dentro
del cine, la literatura, o la pintura que están por encima del bien y del mal, y
amigos míos, este es uno de esos casos.
El maestro italiano comenzó su
carrera invocando la austeridad, dirigió Ossessione, basada en la novela de James Cain (El cartero siempre llama
dos veces), donde lleva a cabo una verdadera autopsia de las miserias italianas y figura como la primera película plenamente neorrealista. Siguió con
el mismo concepto de austeridad en Terra, Trema y Bellísima. Pero resulta
evidente que si más tarde quería adentrarse en las miserias de la nobleza y la
burguesía tenía, cuanto menos, que elegir otros escenarios, que nunca dejó de
retratar con una cierta austeridad y una muy cuidada ambientación de carácter
histórico anti hollywoodiano. A partir de ese momento Visconti se va a convertir en un
experto en desarrollar toda clase de degradaciones individuales y
familiares. En Senso, El extranjero y Luís II de Baviera, narra la
degradación de la individualidad, en diferentes clases sociales y diferentes
épocas; en Rocco y sus hermanos la degradación de una familia obrera; en el El
Gatopardo la de la nobleza, en El inocente la de la
burguesía... Los que iban siguiendo paso a paso sus películas nunca llegaron a
abarcar la amplitud de su “poética” y le reprocharon su presunta traición al
neorrealismo, como si Visconti fuese un autor de un solo registro y sólo
quisiese contar una historia. Su mente era un caos de análisis en todos los
ordenes y su maestría tan amplia y perfecta que abarcó mejor que ninguno de
otros directores neorrealistas la indigencia servida en bandeja de plata al
servicio del ojo humano.
Ni siquiera en obras tan
rotundas, perfectas y redondas como Luis II, El
Gatopardo y La muerte en Venecia cayó en lo que se podría llamar cine
espectáculo, porque le dominaba la fuerza brutal del instinto para dotar de sentido a sus
narraciones y que todo estuviese al servicio de ese sentido, que en él
tiende a ser tan existencial como histórico, pues pocos cineastas han sabido
abordar los abismos del individuo en un tiempo en el que el
individuo en sí ya empezaba a ser un fantasma sin suelo, ni destino, como
dijo de El inocente, una narración que ejecutó basándose en
una muy cuidada dirección de actores:
"Yo soy un hombre de Teatro,
además de un cineasta"
Poseía una exquisita y muy medida plasmación iconográfica que jamás
olvida ni el sentido de la eficacia ni el de la austeridad. Ambos
procedimientos, perfectamente entrelazados, dan lugar a una inquietante
revelación de las interioridades humanas, de la ambición, del deseo y de la lucha
de clases, temas que van recorriendo de parte a parte toda su obra y que nos ha
dejado como legado y como hizo con Ossessione, concluye su trayectoria
cinematográfica tejiendo en El Inocente, un relato tan social como existencial.
Abre y cierra su obra plasmando dos descomposiciones: la de la familia de clase
baja y la de la familia de clase alta, a la vez que narra la degradación del yo
adherido a esas clases y se adentra, en la noche individual y conyugal, en la
que van desapareciendo todas las salidas para el deseo y hasta para esa forma de
la felicidad diferida y aplazada que llamamos esperanza. El inocente clausura
otra época: la del cine europeo de altos vuelos, como ya supieron ver algunos de
sus seguidores cuando la vieron el año de su estreno. Un cine europeo de una
tradición más rica que la de Hollywood y
que no va a desaparecer como pretenden los millones y millones de defensores que
tiene el cine fácil, porque la dirección en que van los films de Visconti tienen
solo un destino y éste es el lugar a donde van a parar las obras de arte.
De todas las relaciones
sentimentales que mantuvo se ha escrito mucho, sobre todo con la última con el
actor Helmut Berger, con el que vivió los últimos 12 años de su vida, pero
Visconti siempre guardó un gran recuerdo y un sentimiento especial por el actor
Alain Delon, que venía desde hacía muchos años, cuando Alain era la pareja de
Romy Schneider, actriz, que junto con Silvana Mangano eran dos iconos para el
maestro. Casualmente por la amistad que tenía con la actriz, Luchino se apartó
mucho de la vida del actor francés y en unas declaraciones que hizo meses antes
de morir, se refería de este modo sobre Delon:
"Alain es una de las mejores
presencias que ha existido en mi filmografía. Nadie podía interpretar mejor que
él los personajes que le adjudiqué en Rocco y sus hermanos y en El Gatopardo. La
mirada que posee no es habitual verla en las pantallas, ni aunque pasen mil
años. Es muy grato saberse amigo de Alain, a veces este sentimiento me mantiene
vivo".
Su homosexualidad nunca fué un
impedimento en su vida, ni un trauma como se llegó a decir en una biografía no
autorizada que se publicó del Director hace años. La tenía asumida desde
pequeño, y todo el mundo la aceptaba como algo natural en su vida. Un director
italiano llegó a decir sobre ello que sin su condición sexual Viscontí no
hubiera podido ser el profesional que fué, ni sus films podrían ser considerados
como piezas fundamentales del cine y por supuesto, carecerían de la enorme
belleza que manan de todas sus secuencias. Se le llegó a insultar por sus
tendencias y hasta hubo un intento de impedir que realizara cine en Italia. Tuvo
que sufrir el desprecio de algunos compañeros americanos cuando vivió en EEUU y
actrices muy conocidas se opusieron a participar en sus películas, aludiendo
pretextos que vistos hoy en día parecen irrisorios. El director hizo sus
maletas, y abandonó Hollywood de la misma manera en que llegó y dejó un amargo
sabor de boca a quienes le despreciaron y se lamentaron toda su vida por
rechazar papales importante en sus obras.
Visconti era un total creador de
belleza capaz de superar, tras vencer muchos obstáculos y miedos, entre ellos la
indefinición sexual o el impulso que invade los grupos patricios y los obliga a
mantener el "orden de la familias". Creció presionado por un fuerte determinismo
cuyos destinos las profesiones liberales, pero sus estudios universitarios
fueron interrumpidos por su desaforada condición izquierdista. La cercanía, en
primer lugar, hasta el mundo literario y musical, también con el teatro, la
ópera, la decoración, la arquitectura y la moda, más la contemplación de las
ciudades y el despliegue de su aguda mirada sobre las cosas, que no excluyó la
cercanía hacia los seres humanos, sacando de ellos los mas escondidos instintos
y una ambigüedad de la que siempre era dueño, le convirtió en señor absoluto. Su formación
como cineasta es el fruto de una batalla en la que debe vencer la oposición
familiar, el horror hacia una sexualidad equívoca e intenta expresarse en un
medio mecánico y vertiginoso....! el cine !... pero con una sensibilidad
anacrónica, apegada a los modelos narrativos del siglo XIX, con unos
protagonistas que apuestan por una jugada perfecta: La pasión, la fortuna, el
poder, el amor, el delirio o la belleza, pero todo con un amplio y claro
carácter envolvente y arrollador.
Recuerdo una
tarde lluviosa caminando por la Gran Vía de Madrid, cuando descubrí en el
desaparecido cine Pompeya, el último film del director. Mis ojos contemplaban
las numerosas fotografías que estaban expuestas y comprendí en ese mismo
instante que ya no haría otra, que entrar y empaparme una a una de las
secuencias de "El Inocente", y olvidarme que un mundo giraba tras de mí. Tal vez
esa ha sido la norma que he seguido siempre cuando he entrado en un cine y me he
dejado llevar por las imágenes de todos los films que componen mi cineparaiso
particular, pero aquel fué un momento especial, era un film de Luchino Visconti,
y yo sentía un enamoramiento enfermizo por todo lo que salía de sus manos. No
tuve duda alguna nada mas comenzar el film que se trataba de una obra redonda,
no importaba el tema, el desenlace o el argumento, las imágenes hablaban por si
solas, la puesta en escena era de una belleza abrumadora y el clima el apropiado
para un joven como yo. A mi salida el mundo de Visconti era mas mío, mas real,
se había completado con "El Inocente", una especie de calidoscopio social
decadente en el que la mujer y el hombre sudan los sentimientos mas íntimos y
supe en ese mismo instante que yo algún día rendiría un homenaje personal al
director de la única forma que sé, que es escribiendo. Ahora, al cabo de mas de
treinta años, he cumplido mi deseo mas añorado, y cierro mi pluma, voy colocando
hoja a hoja todo lo escrito sobre un hombre que me hizo sentir que los milagros
existen, que los hombres son vulnerables, que la belleza nos espera siempre
antes del ocaso y me siento pleno, feliz y completo por enseñar a muchos seres
del mundo, quien fué uno de los padres del neorrealismo italiano, sin tener que
explicarlo de forma académica.
Estoy
convencido de que
cuando Luchino Visconti, en compañía de su hermana, rodeado de gardenias y
escuchando una sinfonía de Brams, dejó este mundo el 17 de Marzo de 1976 en
Italia, se fué totalmente feliz, sabiendo que su búsqueda no cesaría de girar.
"La búsqueda del
hombre es la noria que hace girar sus pensamientos, sus actos y su encuentro con
la belleza. Si dejamos de revolver en las paginas de la vida, apartando el olor
del paso del tiempo, ese encuentro nunca se realizará y seguiremos siendo la
nada vestida de negro. El esfuerzo, la constancia y la seguridad en uno mismo
son la antesala del espectáculo que produce la belleza y ante su poder de
seducción, la noria nunca dejará de girar."