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El día 1 de octubre
del 2004, fui a La Habana en un viajes de quince días de
vacaciones, tenía pensado estar una semana en la capital de Cuba
(La Habana), y otra en la playa en Varadero para descansar.
Fueron muchas las razones políticas, nostálgicas y cultural las
que me llevó a elegir ese destino tan autentico del Caribe. Mi
ilusión por ser parte del escenario romántico colonial albergaba a
mis cinco sentidos una dulzura casi mágica. Quería captar
cualquier rincón artístico popular de La Habana, el fondo más
famoso que guardan los cubanos, su sociabilidad, que sería para mí
el mayor descubrimiento de mi viaje. Su arte, expuesto con celo
por artistas populares dando alegría a calles y plazas, y su ritmo
caribeño, que es como un himno que celebra la libertad.
A las pocas horas de
ir caminando por La Habana, me di cuenta que la perla del Caribe
no se encontraba en su mejor momento, que la revolución no es
sinónimo de libertad y que el Partido Comunista no hace iguales a
las gentes de un pueblo. Mi sueño se desmoronó en esa misma
mañana, las calles, limpias, pero abandonadas, mostraban
desbordantes las fachadas deterioradas y con falta de colorido de
las grandes mansiones coloniales y de las casas populares. Parte
del deterioro es debido al salitre del mar y a la falta de
materiales y recursos para su conservación. La Habana tenía un
presente viejo destinada a resistirse, con un régimen político
convertido en el gran inquisidor del siglo XX .
Pero está página no
tiene un fin político. Mi recorrido por la ciudad mereció la pena.
Sigo pensando que La Habana es la ciudad más bonita del mundo, sus
calles, sus edificios, sus monumentos hicieron valer su presencia,
que a pesar de los pesares, la hacen interesante.
En mi recorrido, me
parecía una elegancia virtual descubrir bajo la mugre de estas
bellas fachadas los miles de detalles que hicieron que en un
tiempo fuera la ciudad más bella . El Morro, una vieja fortaleza,
símbolo de La Habana, que inició su construcción en 1589, quedando
la obra concluida hacía 1630. El Famoso Sitio de los Ingleses, son
elementos arquitectónicos que lo define como una excelente
fortaleza militar en el interior del castillo, y este lugar
recuerda, los británicos, en guerra con España, se presentaron en
las costas de la ciudad a principios de junio de 1762, para
hacerse con la ciudad de Cuba. La Cabaña. La toma de La Habana
por los ingleses fue una amarga experiencia que tuvieron muy en
cuenta los españoles al retomar la capital. Comenzó la
construcción de esta fortaleza en 1763, terminando con todo sus
detalles en 1774, y su propósito era cubrir la magna extensión del
Cerro de la Cabaña, donde se hicieron fuertes los británicos. El
Cristo, es el único que hay en la ciudad, debido al escaso interés
que tienen los cubanos por las imágenes cristianas. Gran figura
tallada en mármol blanco situada a la entrada de la bahía, siendo
un gesto de cortesía por parte de Fidel Castro a la visita del
Papa Juan Pablo II a la isla en 1998. El Capitolio, es la imagen
monumental de la ciudad, desde su último peldaño, se podrá admirar
un paisaje vasto donde el entramado urbano ofrece su aspecto
compacto e interesante. Su esbelta y alta cúpula central es un
filón por donde se fuga el cuerpo rectangular del elegante
inmueble habanero, de auténtico estilo neoclásico. Palacio de los
Capitanes Generales, Este edificio, es el más importante de la
historia de Cuba, comenzó a construirse en 1776. Residencia de los
Capitanes generales españoles desde 1791. Más no es sólo el valor
histórico que posee lo que hace significativa a esta construcción
de la vieja Habana, sino además, su arquitectura y su condición de
ser uno de los más notables museos de la isla. La Plaza Vieja,
conforman uno de los más homogéneos conjuntos de casa habaneras
del siglo XVIII, con espaciosos portales de grandes arcadas que
sirvieron para tamizar el intenso sol tropical. Por su valor
arquitectónico, este conjunto de casas, están siendo reformadas
por su Alcalde, que con el escaso presupuesto que recibe del
Gobierno Comunista, tiene gran interés en que estas casas sigan en
pie. En esta imagen recojo el estado de la única casa sin
rehabilitar que queda en dicha plaza. El Gran Teatro de La Habana,
antigua Comunidad Gallega de La Habana, fundado en 1879. Una de
las más hermosas fachadas de la ciudad de estilo neobarroco, es
sede permanente del Ballet Nacional de Cuba y de otras importantes
instituciones culturales.
Siguiendo nuestro
recorrido, fuimos a parar al Parque de la Fraternidad, considerado
un pulmón verde de la ciudad con sus árboles frondosos, entre
ceibas y jagüeyes. No muy lejos de este lugar se encuentra el
edificio Bacardi, todo colores y gracia hasta su torre central -de
fino estilo artdéco- rematada por el pequeño murciélago símbolo de
esta marca de ron de fama internacional, nacida en Santiago de
Cuba. Justo en frente se encuentra el Museo de la Revolución, una
exposición de avionetas, medios y equipos de uno y otro tipo
vinculados a las luchas revolucionarias contra la tiranía
Batista. La Garita de la Maestranza que estaba integrada en la
antigua muralla y que se encuentra justo enfrente del Museo de la
Revolución.
Volviendo hacía atrás,
subimos por El Prado, que fue el primer paseo extramuros de la
ciudad abierto hacia 1772, y en la década del 1920 fue hermoseado
con un pavimento de terrazo, farolas, árboles, bancadas de mármol
y piedra caliza. En ese gran escenario de la urbe se encuentra uno
de los muchos barrios peor conservados de la ciudad . Una
lamentable imagen que se juzga por si sola.
Y para finalizar el
paseo por La Habana Vieja nos adentramos en la Plaza de la
Catedral, en uno de los conjuntos urbanos más llamativos,
homogéneos y mejor conservados de la ciudad, y donde se encuentra
su Catedral. Toda de adoquines y enmarcada por bellos palacios de
piedra conchífera, que resulta ser, sin duda, la muestra más
completa de arquitectura colonial de La Habana. La Casa del Conde
Lombillo.
Y muy cerquita de aquí
se encuentra La Bodeguita del Medio, restaurante emblemático, y
también sitio de ocio, templo de la comida "Criolla" y del buen
sabor del "Mojito", que le han otorgado reconocimiento y prestigio
internacional. Si vas a La Habana y no visitas La Bodeguita del
Medio, no habrás disfrutado de una de las cosas esenciales y
fructífera del incomparable ambiente habanero, y habrás perdido el
tiempo en otras visitas artificiales. El Centro Asturiano,
concluido en 1928, es uno de los últimos palacios construidos en
La Habana.
Pero antes de dejar el
centro histórico, hay un medio muy usado por los cubanos y que
siguen circulando, son los "carro" estadounidenses, Chysler,
Ford y Cadillac, de los años 40 y 50, y que además, se han
convertido en uno de los signos distintivos del país.
Dejamos atrás la
Habana vieja mostrando unas instantáneas del Centro Habana, zona
intermedia entre la parte antigua de la ciudad y la moderna. Justo
es aquí donde E Malecón de siete Km. de largo, convirtiéndose en
el protagonista de la vida habanera, alcanzando la connotación de
símbolo. La Plaza y Iglesia San Francisco fue un activo centro
comercial hasta las primeras décadas del siglo XX.
La zona del Vedado
constituye el centro socio-cultural por excelencia de La Habana.
Allí se levanta uno de los símbolos indiscutibles de la Cuba
contemporánea; La Plaza de la Revolución, lugar que ha entrado en
la historia por haber sido escenario de buena parte de los más
relevantes discursos políticos del Comandante Fidel Castro, en las
últimas cuatro décadas, tras el triunfo en 1959 de la revolución
cubana. En este mismo escenario histórico, se encuentra la efigie
del Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara , en la fachada del
edificio ocupado por la Dirección del Ministerio del Interior.
La mayor concentración
estatutaria de Cuba y sus mejores monumentos funerarios se
encuentra en el Cementerio Colón, incrustado en medio de la
ciudad, no lejos de la plaza de la revolución. Data si apertura de
la década del 70 del siglo XIX. Y para finalizar con la zona del
Vedado, nos situamos en La Chorrera , donde La Habana tuvo su
segundo emplazamiento. Sobre una lengua de tierra puede verse
incólume el Fuerte de Santa Dorotea de Luna de la Chorrera,
Monumento Nacional construido en 1645.
Y para finalizar, y ya
en Miramar, donde bonitas mansiones aburguesadas con jardines,
avenidas arboladas y un ambiente elegante dentro de La Habana,
asegura una placentera estancia, para el que opte por la
tranquilidad y el aislamiento del centro histórico de la ciudad .
Y bordeando la orilla izquierda del curso fluvial descenderemos
hasta La Puntilla, nombre que alude a la forma puntiaguda de este
accidente costero.
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