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La llegada a
Amman se desarrolla con muchos papeleos. Cambio radical del
estilo de vestir de la gente, pasamos a colores más ocres. Los
policías un tanto desconfiados (razones no les sobra), nos
hacen abrir las maletas y mostrar el interior de los bolsos de
mano. El guía que nos ha tocado por la agencia nos facilita
los tramites burocráticos, y aprovecha de camino al hotel para
darnos algunas indicaciones de como caminar por la ciudad, que
aunque Amman no es peligrosa el turista siempre es conveniente
que tome ciertas precauciones. La comunicación con los
jordanos no es complicada si dominas el inglés, pues es su
segunda lengua y todos la dominan, el árabe lo hablan entre
ellos. Nuestra ruta comienza larga después del desayuno cada
día de nuestra estancia en el país. La hospitalidad de la
gente es de buena educación, pues en todos los lugares que
parábamos te ofrecían te, bebida muy típica de estos países, y
si no se lo aceptas llegan a ofenderse, es su filosofía, son
gentes muy amables.
El paisaje
en toda la región cambia a menudo, el de Petra no tiene
precio, tenemos colores rojos, amarillos, blancos, negro del
basalto, roca caliza de marrón, todo combinado. La noche
promete, pero ellos no beben alcohol. Los bailes beduinos te
cautivan cuando te invitan a su corrillo, entonces nos damos
las manos y empieza el movimiento suave y largo de pies y
caderas, damos las gracias al finalizar, y todos vuelven a sus
asientos sin reclamar compañía.
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