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Como la capital del Hungría que es,
Budapest está llena de monumentos y edificios de valor artístico y
histórico, además de muchísimas atracciones turísticas.
Budapest, es el resultado de tres ciudades, Buda, la ciudad sobre
una colina, Obuda, a orillas del río, y Pest, la ciudad comercial.
Tanto la Republica Checa como Hungría, tienen en común 40 años de
dictadura comunista. Cuando en 1989 ambas recuperaron la libertad se fueron adaptando a los nuevos tiempos, de forma, que
encontraron una oportunidad en el turismo.
A pesar de las aportaciones y ayudas europeas, el pueblo húngaro
sufre una tragedia que se funde con la belleza de una gran ciudad
melancólica, pues muchos de sus ciudadanos malviven por la calles
aprovechándose de la caridad de los demás. Estos pobres,
constituían la vieja guardia del ejercito rojo, la mayoría
mutilados que dieron su vida por un modelo de Estado, y cuando
menos se lo esperan éste desaparece, quedándolos desamparados y a
su suerte.
Al día siguiente de llegar a Budapest, hicimos un recorrido
turístico en autobús por el centro antiguo de Pest, primero
visitamos la seductora y romántica, amplia y luminosa Plaza de
los Héroes, la mayor plaza de la ciudad, en la que se
encuentra el gigantesco Monumento al Milenario con grandes
estatuas en torno a la columna Central coronada por el arcángel
Gabriel. Muy cerca de allí se encontraba el Puente de las
Cadenas, el primero que unió Buda y Pest en 1849, y el más
bello de los nueve puentes que comunican las dos partes de la
ciudad, y entre los nueve destacan, el de la Libertad, el
puente de la Emperatriz Isabel (Sisi), y el de Margarita
que nos da acceso a la isla. Continuando hacia el sur se eleva la
Colina Gellert, a cuyos pies se encuentra el Hotel Gellert,
famoso por sus baños termales. En la cima destaca el Monumento
a la Liberación. Una vez recorrido los principales lugares de
Pest, nos dirigimos hacia Buda, donde muy cerca de la Catedral
de San Matías, más concretamente, desde el Bastión de los
Pescadores, se pueden sacar las mejores fotografías del
Danubio que te dejan sin respiración.
Por la tarde, de regreso a Pest, seguimos paseando pero esta vez
sin autobús. Es necesario disfrutar de un relajante e
instruido paseo en barco para ver isla Margarita, un área
de recreo al aire libre en el mismo centro del Danubio. Desde el
barco bellas vistas se van mostrando en las dos orillas, incluso el grandioso y majestuoso edificio
del Parlamento, construido con una mezcla de
estilo neogótico, renacentista y barroco, es uno de los mayores
edificios del mundo que funciona como Parlamento.
Una vez en tierra, paseando por algunas callejuelas, descubres
edificios que posee la chispa y la vivacidad de otras ciudades
europeas más modernas, aunque lamentablemente, muchos de ellos
están ennegrecidos por la contaminación de la ciudad, y que en época del
régimen comunista no se restauraban los edificios. Por uno de los
más bulliciosos bulevares se encuentra el elegante café Nueva
York, uno de los más distinguidos y más bellos del mundo,
donde se reúnen los más famosos escritores húngaros. Llegando al barrio judío vimos la Sinagoga, la
mayor en activo de Europa y la segunda en el mundo, su estilo
romántico se mezcla con elementos bizantinos y moriscos, y en su
interior se haya el Monumento al Holocausto.
El día ha sido agotador, nos retiramos a descansar al hotel,
deseando de que llegue el día siguiente para recorrer la segunda
parte.
La segunda parte no es menos emocionante que la primera.
Continuamos perdiéndonos por sus rincones convencidas de que el
viaje a esta ciudad estaría lleno de magia y encanto. Y así fue, a
pesar de que coincidimos con la bajada a la calle de muebles y
trastos viejos en todas las calles del barrio judío, y la verdad
era un poco desagradable, porque la acumulación de basura hacía
que personas más necesitadas encontraran motivos para hurgar en
aquellas montañas de tratos, con el inconveniente de que lo
desparramaban todo y la calle parecía sucia.
Así llegamos a las calles más céntricas y comerciales de Budapest.
En efecto, en su tramo la ciudad toma una nueva dimensión, un
aspecto de vitalidad y espectáculo, una pasión por la vida que
parece un ensueño, con muchos restaurantes y tiendas,
especializadas en objetos de artesanía. Este ambiente hizo que nos
sentáramos en una terraza del paseo con una butaca cómoda a tomar
unas cervezas y disfrutar del tiempo libre. Otra zona interesante
es el Mercado Copeto Centrale, un centro comercial con
encanto donde se vende artesanía y compras gastronómicas como
vinos y embutidos.
Por último añado, que cuando acabó la segunda guerra mundial, la
crisis de la metalurgia era tal, que los ingenieros tuvieron que
estrujarse los sesos para sacar al mercado productos que dependían
del metal, pero sin metal. Así de increíble surgió el "coche
del pueblo", "El Trabi". Un pequeño utilitario cuyo
chasis es una mezcla de algodón, resina y serrín, que corría a
100k., hora con solo 22 Cv., con las circunstancias de la época
este coche vino a desahogar a muchas familias del año 1957. En
Budapest el Trabi es uno de los recuerdos más preciado de la época
comunista, y aunque quedan muy pocos en circulación, este coche ha
creado legiones de aficionados que hoy en día han creado
asociaciones que se dedican a comprarlos y restaurarlos a unos
precios más caros que los nuevos de fábrica, para cuidarlos y
conservarlos.
En fin, como veis Budapest no decepciona, a pesar de que aun
conservan cierto aire comunista, con esos edificios gigantescos de
hormigón, y no tan cuidado como Praga... Es una ciudad
maravillosa.
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