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Este viaje tenía algo especial para mi, pues cada detalle que la
decora es como una joya que te identifica con la ciudad. Llegue medio adormilada al
aeropuerto de Praga por el tremendo madrugón al que me había
sometido, a las 04:00/ horas de la madrugada, ya estaba facturando
en el aeropuerto de Madrid-Barajas. El vuelo salía a las 07:10 de
la mañana.
Pero no por eso cuando llegué al hotel me tumbé a descansar en
cualquiera de las camas, no. El día tenía que ser largo para
pasear y descubrir una de las ciudades más sorprendentes de
Europa, empollarme todos sus monumentos, torres, reyes... Y como
no, beber la mejor cerveza del mundo, la Pilsen, como un atractivo
adicional de mi viaje.
Para empezar contare que la Republica Checa es una de las mitades
en que se separa Checoslovaquia, fue por la misma época en que
otras ex-republicas soviéticas también ganaban su independencia.
Algunas como Yugoslavia, con guerras civiles y graves matanzas,
que ocupaban titulares día tras día en nuestros informativos. En
cambio Checoslovaquia se separó en tan buen termino que pocos nos
enteramos, y ahora resumimos su nombre en Republica Checa o
Chequia. Eslovaquia es otra cosa.
Me pareció buena la idea de empezar un recorrido por el río
Moldava hasta el puente de Manesüv, y desde allí coger la
calle Kaprova que recta va a desembocar a la Plaza Vieja,
zona de gran privilegio, teniendo en cuenta la impresionante
visión de autentico lujo, en todos los sentidos, que ofrece
descubrirla.
¿Que bonito! me dije. Lo que más me gusto. Se puede decir que es
el centro de la ciudad. En ella se encuentra el monumento a Jan
Hus, un pensador religioso que fue condenado a morir en la
hoguera tras ser declarado hereje.
La Iglesia de Nuestra Señora de Tyn, de estilo gótico del
siglo XIV, que fue en su origen un humilde templo para los
residentes del distrito comercial, y que muestra al cielo sus dos
torres con gran soberbia y majestuosidad, una bella estampa que
desde cualquier rincón de la plaza puedes contemplar, y de noche,
más aconsejable todavía.
Justo al lado de esta iglesia se encuentra la Casa de la
Campana de Piedra, de fachada gótica, que le da el nombre una
campana incrustada en la esquina suroeste del edificio. Y otra
curiosidad, en la zona de Malà Strana, justo a orillas de la
ramificación del río Vltava, muy poca gente descubre la calle más
pequeña del mundo, dotada con semáforo peatonal porque en ella no
se pueden cruzar dos personas. A veces
hay detalles que pasa desapercibido para el visitante, pero a mi me
gusta siempre que viajo entremezclar la historia y la cultura de
un país, con la irrepetible originalidad del lugar, que es lo que
la hace única a una ciudad, si cabe.
Considero imprescindible una parada en la Torre del Reloj,
en el antiguo Ayuntamiento, construido en 1490 por un maestro
relojero, y dicen que los concejales, temerosos de que repitiera
esta obra maestra en otro lugar, lo dejaron ciego. Este Reloj
cuando da las horas, comienza a moverse el esqueleto que
representa la muerte, que tira de la cuerda que lleva en la
mano derecha, mientras con la izquierda invierte un reloj de
arena. Después se abren las ventanas y las imágenes de los
apóstoles desfilan lentamente, al final de ese movimiento un gallo
canta. El reloj además de dar las horas, muestra la zona visible
del cielo, el movimiento del sol y la luna a través de los 12
signos del zodiaco.
La verdad es que es todo un espectáculo que podréis contemplar en
video, la plaza se llena de gente que se arremolina para
contemplarlo y no perderse ningún detalle de cada acontecimiento
que ofrece el reloj. Aprovecho a repetir, que es una oportunidad
única si visitas Praga, pues no hay en otro lugar del mundo una
máquina dotada de tanta perfección como este reloj.
La famosa iglesia de San Nicolás, la encontraremos detrás del
reloj, y no pasa desapercibida su espectacular fachada blanca con
sus numerosas estatuas de apóstoles.
El resto de los edificios que rodean la plaza están muy bien
conservados, y encontraremos una panorámica del conjunto muy
interesante. Durante el mandato comunista Praga quedó apartada del
mapa turístico, pero desde 1989, año en que se puso fin al régimen
comunista que duró 40 años, Praga se ha visto inundada por
visitantes deseosos de contemplar esta urbe tan espectacular.
Tanto de día y de noche tiene muchos atractivos que se mantienen
intacto tras guerras y conflictos en el siglo XX. Su ciudad vieja
que reúne novecientos años de arquitectura en los mejores estilos
románico, gótico, renacentista y barroco, se puede recorrer a pie,
su tamaño es manejable, y también para ser testigo de ese
escenario romántico y vibrante que te puedes encontrar al doblar
cualquier esquina. Además de las casas preciosas de colores de
todos los estilos y de diferentes épocas, sus calles están
salpicadas de tabernas y terrazas que aún dan más color a la
ciudad, y desde cualquier rincón vemos como torres y tejados rojos
hacen a Praga una verdadera ciudad de muñecas.
De una manera resumida haré un recorrido por diversos puntos de la
ciudad, que reúne el destacado reconocimiento de Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO desde 1992, y que después si lo desean,
podrán ver en la presentación fotográfica y de videos, y que está
formado por Hradcany ( El Distrito del Castillo) y Malà Strana,
ambos en el oeste del río, Stare Mesto (Ciudad Vieja), el Puente
de San Carlos, hipermercado de arte callejero y gentes de vida
bohemia, que merece varios paseos durante las horas centrales del
día, y cuyo resultado de su popularidad se manifiesta por la gran
invasión de forasteros que lo recorren al cabo del día, y también
desde la orilla del río, se ofrece una vista muy agradable de las
muchas torres que tiene la ciudad.
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