Constitución 30: la acogida de los huéspedes

Todo monasterio, según los tiempos y lugares, mantenga la tradición de recibir a los huéspedes y a los necesitados como a Cristo.

Las hermanas recibirán con bondad y reverencia a todos aquellos que la divina providencia guíe al monasterio, sin que este servicio perturbe la quietud monástica.

La comunidad debe ayudar a quienes van al monasterio buscando una oración más profunda.

Por providencia de Dios, los monasterios son lugares santos, no sólo para quienes participan de la misma fe, sino para todos los hombres de buena voluntad.

La comunidad disponga cómo han de participar los huéspedes en el Opus Dei, salvaguardando las leyes de clausura.

A los familiares de las hermanas se les recibirá con gran amor, pero como corresponde a la vocación monástica.