| El rincón del corredor novato | |
| Ø DOMINGO 13/04/2008 BOCIGAS DE PERALES - CORZO - 17/04/2008 | |
| Ø SÁBADO 08/03/2008 EL PARDO - MONTE EL PARDO - 12/03/2008 | |
| Ø SÁBADO 23/02/2008 LA BERZOSA - IMPERDIBLE - 25/02/2008 | |
| Ø ME GUSTA - 20/02/2008 | |
| Ø SÁBADO 09/02/2008 CINCOVILLAS - LOS ANGELES - 12/02/2008 | |
| Ø MIÉRCOLES 06/02/2008 ENTRENAMIENTO NOCTURNO TRES CANTOS - ORIENTACIÓN COLMENAR - 07/02/2008 | |
| Ø SÁBADO 26/01/2008 VILLAFLORES - GUADALAJARA - GOCAN - 29/01/2008 | |
| Ø SÁBADO 19/01/2008 MONTE EL PARDO - ADYRON - 24/01/2008 | |
| Ø JORNADAS DE ENTRENAMIENTO FEDO PARA CAMPEONATO DEL MUNDO ESCOLAR 2008 - 03/01/2008 | |
| DOMINGO 13/04/2008 BOCIGAS DE PERALES - CORZO - 17/04/2008 | |
Este fin de semana en ausencia de carreras aquí en la Comunidad de Madrid la familia Barcia al completo (cabeza de familia, gemelos, y yo) hemos estado corriendo en Soria... o en Burgos, bueno en Langa de Duero, no tampoco,...en Bocigas de Perales, bueno en la carrera denominada "Camino del Cid" que era la tercera de la Liga Norte organizada por el Club Corzo de Orientación que aprovechaba para celebrar su décimo aniversario (¡¡¡Enhorabuena!!! Es magnífico poder celebrar el décimo aniversario de un club de orientación). Sólo corrimos el domingo, en la clásica, porque otros asuntos, aunque parezca mentira los fines de semana no sólo hacemos orientación, nos impidieron hacerlo el sábado (día para el que estaban previstos varios entrenamientos, diurnos y nocturnos, y una carrera de relevos). El resultado de mi carrera en H21, me estrenaba en esta categoría que no había corrido nunca, os lo dejo expresado en el recorrido que he marcado en el plano que espero pueda colgar Manuel. Mapa Carrera Clásica III Liga Norte - 13/04/08 Para ser fiel a la realidad os diré que para abreviar y no llenar el mapa de rayas, y de signos de interrogación, he omitido los más de diez minutazos que estuve vagando (literalmente) en busca de la diez. Como podréis comprobar, aunque el acceso a la tercera se hacía algo durillo, en el plano había una primera parte "fácil" que se hacía bien apoyándose en el sembrado (hasta la cuarta). A la quinta accedí muy bien ascendiendo por la vaguada en la que se situaba desde el camino que servia de límite al plano. No obstante a mi me pareció que la baliza estaba algo desplazada hacía el Norte. La sexta no era difícil y no tarde en llegar a ella aunque en el trayecto me desviara algo hacia el Norte. La séptima es fácil y la octava, delatada por la presencia de un controlador casi desde el sembrado que utilizo como punto de ataque, también Como es fácil de ver en el plano, a la novena llego después de varios despistes que se repiten camino de la décima: esta es para mi la parte difícil de la carrera y lo pago: cronometro en mano unos veinte minutos en completar las dos balizas. De ahí al final voy localizando los controles sin dificultades aunque quizá con algún error en la ruta. No sé. Doctores tiene la iglesia. Amigos, nos vemos de aquí a poco en Colmenar. Jose Enrique Barcía |
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| SÁBADO 08/03/2008 EL PARDO - MONTE EL PARDO - 12/03/2008 | |
Quiero dedicar este relato a Jaime, mi amigo Jaime, nuestro compañero de fatigas, que fue el mejor el año pasado en su categoría y que como tal recibió un merecido premio en la sencilla pero emotiva ceremonia que se celebró al finalizar la carrera. ¡¡¡¡Felicidades Campeón!!!. El día en El Pardo es bueno. Allí estamos todos los incondicionales, los de siempre y los que empezamos a serlo. Pero también se ven caras nuevas. Qué alegría ver caras nuevas. Las de algunos que empiezan y las de otros más experimentados que vienen de lejos. Sean bienvenidos unos y otros. Quince controles, más o menos siete kilómetros, o lo que es lo mismo, H-Veteranos. Al primero llego con mucha exactitud. He seguido un ruta un poco más larga que otras alternativas que se me presentan pero no mucho más lenta porque voy sobre caminos y senderos rápidos y que sin embargo considero más segura: el punto de ataque elegido, muy reconocible, está a escasos cincuenta metros de la baliza. Para llegar al segundo y al tercero no hay más remedio que contar vaguadas y salientes. No lo hago mal. La lectura de las curvas de nivel ha empezado a dejar de ser (nótese que escribo "ha empezado a dejar de ser") una pesada carga. El cuarto control, al que hay que llegar después de cruzar la carretera, se me atraviesa al confundir un camino con otro y resultar yo demasiado contumaz en la tarea de reconocer que la vaguada en la que busco no es la misma que la que acoge la baliza. Para ir a someterse al quinto control hay que elegir ruta. Yo opto por seguir un camino que ascendiendo pero sin machacar pasa por delante de una atalaya de madera que preside una de las enormes ramblas de El Pardo. De ahí paso a un sendero en franco descenso y al llegar a la bifurcación que he seleccionado como punto de ataque, empiezo a navegar hasta el control. Fallo en la entrada al mismo porque no veo que el claro donde está toca el sendero y en lugar de entrar por allí entro por el verde. Nada, unos pocos segundos. La gran cagada vendrá después No tengo dificultades para localizar la baliza que he de visitar en sexto lugar. La séptima sin embargo me da muchos problemas primero, y muy pocos después. Me explico. Según leo en el plano, enlazando unos senderos con otros, uno de ellos me tiene que dejar a escasos metros de la baliza. Creo estar bien orientado pero el sendero último no aparece ni vivo ni muerto. Ante la duda, la más madura. Vuelvo sin dificultad (por eso digo que estoy bien orientado) a una notable bifurcación que me ha servido antes de apoyo. Desde allí, cambiando la ruta decido tirar más recto (también más verde) contando vaguadas. Llego bien. Conclusión: por lo menos seis o siete minutazos más de lo que tendría que haber tardado. La octava está donde está, en un tunelillo, para obligarnos a pasar por debajo de la carretera. Es muy sencillo dar con ella, porque el plano es fácil de interpretar y porque esa zona me resulta familiar puesto que la baliza cien de la última (o la penúltima) carrera que corrí en el Pardo estaba allí mismo La novena: sendero, curva de nivel, vaguada, rayitas azules, pitido de la base sport ident continuo y audible a distancia, la clavo. el prisma triangular con tres caras de 30x30 centímetros divididas diagonalmente; una mitad de color blanco y la otra de color naranja. La décima baliza tampoco tiene demasiada dificultad ubicada como está no muy lejos de la confluencia de una marcada vaguada con un marcado camino. Y menos si tu visita coincide con la de dos familias completas (unos diez en total) muy alborozados ante la visión de semejante artefacto. De curiosidad sin limites, me preguntan cuál es el premio para el ganador. Según ellos, a juzgar por el esfuerzo que ven reflejado en la cara de los corredores que van pasando por allí, tiene que ser importante. El undécimo control lo ha ubicado el trazador en un canal seco que se encuentra rápido pero al que mis rodillas acceden quejicosas y retumbantes Hasta aquí todo muy bien. Una hora y veinte. Y sólo cuatro balizas por visitar. ¡¡¡¡En el Pardo!!! Lo flipo. Tanto que me llego a obnubilar. Obnubilación igual a cerrazón, cerrazón igual a desastre. Desastre igual a ¡veinticinco! minutos para llegar (ojo, no digo para localizar digo para llegar) a la ansiada baliza. La trece no es difícil (desde la doce: sendero arriba, sendero derecha hasta la ruina, sendero derecha hasta vaguada, canal seco abajo, control), la catorce tampoco, y la quince (poste del tendido eléctrico) es la cien. Con todo, hoy sé algo más que ayer. Y El Pardo ha empezando a dejar de ser (nótese que escribo "ha empezando a dejar de ser") un enigma. La próxima va por usted señor Kronlund. Jose Enrique Barcía |
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| SÁBADO 23/02/2008 LA BERZOSA - IMPERDIBLE - 25/02/2008 | |
Cuando llego a La Berzosa, allá por las diez menos veinte de la mañana, el viento no deja títere con cabeza, gélido y rápido parece un cuchillo. Salgo a las diez y dos minutos y a esa hora, pese a lo temprano, coincidimos más de diez en la salida. Desde el triangulo de salida, sin pensarlo mucho, me tiro hacia el oeste por un rápido y cómodo sendero que enlazo ya hacía el norte con un valla amiga que al quebrarse hacia el este evidencia la vaguada en la que se ubican las varias balizas en las que se puede concretar el primer control. En ese momento no lo sé pero elijo mal a pesar de que, entonces, creo que mi análisis del mapa ha sido el correcto. En todo caso, me parece un ejercicio de interpretación del plano maravilloso. Sabido en que consiste esto de la Micro me preparo para disfrutar de un excepcional día de Orientación. Me marcho camino del segundo control dudando de mi capacidad para encontrarlo. Pronto deshilacho la tela de juicio. ¡¡¡Leo bien!!! No voy rápido pero sé donde estoy, por dónde voy, y a donde voy a ir a parar. Lo clavo. Para acceder al tercer control me dirijo primero al norte para tomar (y correr) el bonancible camino que se dirige muy directo al oeste buscando como punto de ataque una pérgola de madera (que cubre una mesa con sus correspondientes bancos) situada tan cerquita de la vaguada que es mi objetivo que no tardo en abordar la baliza certeramente. La baliza que lleva el número 34 es la siguiente que va a fiscalizar mi recorrido. Elijo mal la ruta, no cabe duda, porque, aunque no en exceso, tardo en llegar y el acceso al control no me parece bueno. En el camino a la quinta se acaba para mi la competición, no la carrera ni por supuesto la diversión, pero si la competición. ¿Por qué? Porque saliendo del cuarto control me encuentro con cuatro mastines, unos atigrados otros negros, más grandes que la voluntad del señor que a juzgar por sus roncos ladridos y su acercamiento rápido y directo me parece que han decidido desayunar orientador. Como creo que no voy a convencerles de que soy mucho más pellejo que carne y como el valor no está entre las pocas virtudes con las que cuento decido salir de allí "cagando leches" confiando que el miedo haya inyectado suficiente adrenalina en mis venas como para ganar a la carrera a los canes. Como uno de ellos (tiene cojones…el más grande) resulta de una tenacidad paradigmática dentro del mundo animal, para cuando dejo de sentir su jadeo a mi espalda, ya estoy cerca de las torres KIO y, claro, más perdido que Carracuca, así es que la reubicación es lenta y el tiempo empleado en llevarla a cabo largo y tendido: entre picos, palas y azadones, unos veinte minutos. Dejo de temblar al llegar a la quinta y desde allí, ya tranquilo, llegar a la sexta no me resulta difícil. La séptima, ubicada en el lado norte de una bloque de piedras aislado que está entre dos riachuelillos llenos de lluvia es, gracias a todos estos detalles, muy fácil de localizar. Lo mismo que la octava gracias a su proximidad a un buen sendero desde el que se divisa claramente. A la novena llego después de un pequeño error de hermenéutica que corrijo inmediatamente porque, afortunadamente, hay veinte detalles en los que apoyar la reubicación una vez que llego a la línea de parada fijada de antemano. El noveno control es de esos incógnitos. Elijo bien. Para ir a someterme al décimo control elijo un camino ligero primero y pesadito después que, no obstante esto último, alfombra la localización y abordaje de la baliza. Vuelvo al camino, sendero a la derecha (al norte), árbol a la izquierda (al oeste), entrada a la vaguada. Perfecto. Como no podría se de otra forma, allí está en el prisma triangular con tres caras de 30x30 centímetros divididas diagonalmente; una mitad de color blanco y la otra de color naranja. Llegar a la doce es cosa de coser y cantar pero decidirse por el control sobre el que picar ya es harina de otro costal. Por no extenderme demasiado, tres o cuatro minutos que tardo en decidirme por uno u otro (el tercero es fácil desecharlo) más los dos minutos de penalización por haber seleccionado "mu malamente" hacen un total de seis enormes minutazos que, como pesada carga, se suben a mi cronómetro. La localización de la trece es muy previsible pero fallo en el acceso. Nada grave. El catorce y el quince, los clavo. Para llegar al dieciséis elijo una ruta larga pero muy, muy rápida. Tanto que me paso el punto de ataque previsto. Sin embargo no sé hasta que punto mi elección de ese punto había sido la correcta porque cuando me doy cuenta de que lo he dejado atrás me sorprendo entrando desde abajo pero no mucho (yo creo que eso es siempre lo mejor… pero doctores tiene la iglesia) en la vaguada en la que están situadas las tres balizas susceptibles de señalar el lugar definido en la descripción de controles como "Vaguada. La de más al norte". Como soy una persona influenciable me dejo convencer de que no es la buena esa sobre la que voy a picar sino aquella otra que me aconsejan. No hace falta que os diga el resultado…. Fáciles la diecisiete y, claro, la dieciocho (Todavía nadie me ha contestado a la pregunta de porque la última baliza unas veces tiene el código100 y otras el 200… ¿Será que nadie lee esto?). Felicidades a los amigos de Imperdible por su magnífico trabajo y por ofrecernos una alternativa tan divertida y atractiva como es la Micro, de la que a partir de ahora me declaro enamorado. "...Romana y mora, Córdoba callada…". Jose Enrique Barcía |
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| ME GUSTA - 20/02/2008 | |
Me gusta la orientación, el bosque, el monte, el saborcillo a ácido que te queda en la boca después de haber quemado los pulmones en alguna subida, el pitido del sportident, como cruje el mapa cuando lo doblas. Me gusta el campo, correr con el incipiente sol de la mañana, el ruido que hace el taladro de la pinza cuando rompe la cartulina, lo que se siente justo antes de doblar el enorme "boulder" a cuya espalda sabes que se esconde el control. Me gusta el olor a resina, chapotear en terreno pantanoso, el tacto de la jara, el brillo del granito, el naranja y el blanco, el marrón y el negro, y el azul, y el púrpura, me gusta incluso el verde. Me gusta la orientación, la luz fácil y franca del claro, la luz densa y tímida del bosque, el bailoteo de la aguja norte, la firme protección de las calzas, el paso cansino, el paso obligado, el doble paso. Me gusta el Norte, y el Sur, el Este, y el Oeste. Me gusta la baliza de salida, más aún la cien o la doscientos, el esfuerzo desinteresado, ver a mis hijos divertirse en el correlín. Me gusta la orientación, el bosque y el monte... Dime tú lo que te gusta. ¿Aceptas el reto? Jose Enrique Barcía |
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| SÁBADO 09/02/2008 CINCOVILLAS - LOS ANGELES - 12/02/2008 | |
El día no puede ser mejor para practicar orientación, sol radiante, cielo limpio, calorcito... magnífico. La asignación de las horas de salida se hace delante del pequeñito y normalmente, hoy no, recoleto cementerio de Cincovillas. Como he llegado pronto saldré de los primeros (como a mí me gusta): exactamente, a las diez y cinco. Tengo por delante siete kilómetros y setecientos metros de carrera en la que deberé someterme a diecinueve controles y un desnivel acumulado de trescientos metros. Las categorías federadas corremos con la comodísima pinza. Limpio la mía, compruebo que funciona, y llegada mi hora, me la llevo de carrera. El extraordinario sistema sport ident me permite afirmar ahora lo que ya me parece evidente durante la carrera: que los dos primeros tramos de la misma (entre la salida y el primer control y entre éste y el segundo) los hago horrorosamente mal. Me explico, la primera baliza no presenta demasiadas dificultades técnicas pero hay que remontar un buen desnivel y las pulsaciones aun no me han subido lo suficiente. Me cuesta incluso andar y el esfuerzo me desconcentra con lo que me paso el control, algo que no tardo en advertir porque afortunadamente la línea de parada que me he fijado (un camino más arriba) resulta eficaz. Al darme la vuelta veo la baliza unos cuantos metros por debajo de mí. A la segunda decido ir haciendo lo que yo creo que puede ser una buena ruta: bajar al camino, seguirlo hasta una esquina muy bien definida del bosque y desde ahí acceder a la desembocadura de una marcada vaguada que cogida desde abajo ha de llevarme en volandas hasta el control. Plan perfecto solo que falla porque (no me preguntéis por qué) a mitad del camino decido abandonarlo. Con el cambio de planes llega la desubicación y con ella el desastre al que el ordenador pone números: dieciocho minutos. ¿Cómo sé que mi primera elección era la buena? Fácil, la reubicación la hago exactamente desde el punto de ataque (aquella esquina bien definida) previsto en un principio y no fallo. El tercer control lo clavo (Suena presuntuoso pero no lo digo yo, lo dice el ordenador: el tercer mejor parcial). Para llegar al cuarto elijo bien la ruta (llego antes que otros dos que han picado antes que yo en el tercero): primero pista que abandono pronto para evitar ascender lo que luego voy a tener que bajar, luego curva de nivel dentro de un bosque bastante limpio y, por último, después de saltar un cercado de piedra (cada día me cuesta más saltarlos) y ya en campo abierto, carrera rápida en busca de la suave depresión en la que se ubica una baliza que se ve desde bastante lejos. Desde allí veo muy bien donde se ubica la quinta (un bosquecillo bien delimitado dentro del claro) y el camino a seguir. La baliza, algo escondida entre la maleza, se resiste minimamente. La sexta la tengo bastante clara. Un registro de gas bien visible desde muy lejos (registro del que ya he hablado en una ocasión anterior) es una excelente referencia para ubicar el control. El siete está lejos y hay que subir. Llego andando y algo desviado al confundir una vaguada con otra. El ocho me cuesta más de lo que en principio espero, seguramente por no leer correctamente los bien definidos blancos y amarillos. La nueve está muy lejos y muy arriba, en la zona, digamos, incomoda del plano: la de mayor desnivel y la más "sucia" (aquella en la que se ubican los controles 1 y 2 y en la que se encuentran el 9, el 10, el 11, el 14 y el 15), pero no tiene demasiada dificultad técnica. La 10 está cerca y la orientación "fina" funciona bien. Cuando llego a la doce, después de atravesar un alambrada de espino que, "mecagoentó", deja un buen recuerdo en mi camiseta nueva, me doy cuenta de que no he pasado por la once (¿Hasta cuando seguiré cometiendo errores de base?). Salvo por lo de la indumentaria, la cosa no es muy grave. Voy y vuelvo. De vuelta en la doce me refresco bebiendo de una garrafa de agua de ¿cien litros? que se esfuerza, inquebrantablemente, en respetar la fuerza de la gravedad. El control número trece, muy fácil gracias a la misma (p...) alambrada y a una cerca de piedra, no es sino paso obligado en el camino del alto catorce. De ahí al decimoquinto media una subidita muy, muy incomoda que no obstante creo que es la mejor opción porque da paso a un camino rapidísimo cuyas marcadas curvas facilitan mucho la orientación. La dieciséis se deja querer. Y también la diecisiete a la que llegó tras atravesar en larga carrera un amarillo muy lento pero sin rayitas verdes y dos alambradas (éstas, arrastrándome por el suelo), y que parece un vagón del metro en hora punta. Curiosamente el único que pica soy yo...todos los demás están allí de paso...(el mundo al revés, me digo). A por la dieciocho... sendero y entrada en el pueblo... ahí está la fuente. A correr... alataquedeladiecinuevealaquellegorápidopasandopordelantedelametayvueltaaéstamásrápidotodavía (el tercer mejor parcial en ese trayecto). Una hora cuarenta y tres minutos.... Vaya no está tan mal. En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...nos veremos. Jose Enrique Barcía |
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| MIÉRCOLES 06/02/2008 ENTRENAMIENTO NOCTURNO TRES CANTOS - ORIENTACIÓN COLMENAR - 07/02/2008 | |
Ayer estuve corriendo en Tres Cantos en el entrenamiento nocturno al que tan amablemente nos invitaron nuestros amigos de Orientación Colmenar. Es muy de agradecer, sobre todo a quienes batallan sobre el terreno, y especialmente al amabilísimo José Estraviz, que en tiempos donde abunda lo desabrido, la mezquindad, y la iracundia (hablo en general) haya gente que lleve a cabo un trabajo tan desinteresado y altruista como el que hicieron ayer los mencionados en la localidad tricantina. Exitoso entrenamiento tanto por el buen número de corredores que nos reunimos como por los buenos trazados: tres, uno largo de 4.540 con 26 controles, uno corto de 3.600 y 18 controles, y uno de iniciación de 2.720 y 14 controles. Es decir, ¡Orientación para todos!. Y la noche acompañó: no hacía mucho frío y tampoco era excesivamente oscura. Yo creo que todos los que estamos enganchados a este deporte debemos hacer el esfuerzo de repetir este magnífico ejemplo. Hoy por ti mañana por mi. ¡Todos a una en pro de lo que más nos gusta!. ¡¡¡Enhorabuena!!! Colmenar. ¡¡¡Enhorabuena!!! Orientación. Jose Enrique Barcía |
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| SÁBADO 26/01/2008 VILLAFLORES - GUADALAJARA - GOCAN - 29/01/2008 | |
En Guadalajara la mañana es muy, muy soleada por lo que aunque empieza fría terminará siendo primaveral. A la zona de competición se llega bien siguiendo las balizas que la organización ha colocado en la carretera. Yo no llego excesivamente tarde, son las diez y cuarto cuando lo hago, pero a esa hora me encuentro con una enorme cola de gente esperando la asignación de la hora. En definitiva, que tengo que esperar hasta las doce (11:50 exactamente) para salir. Mejor porque saliendo a esa hora los preparativos los llevo a cabo con mucha tranquilidad y porque a mediodía la temperatura es ya excelente. Peor porque no me gustan las esperas y el excesivo "tráfico" en carrera (a lo mejor debería quitar las comillas porque entre quads y coches el plano cerca de la salida parecía una prolongación de la N- 320). Por cierto, las pinzas sport-ident se quedaron en la bolsa porque al parecer el sistema estaba fallando durante las pruebas y la organización decidió abandonarlo y que utilizáramos las tradicionales tarjetas. El control número uno, de los veintidós que hay en la categoría de veteranos, es fácil de encontrar siguiendo un camino y un sendero realmente rápidos. En el trayecto uno de los ocupantes de uno de esos coches que revolucionan la salida me ofrece un trago de cerveza. Lo rechazo. El dos está cerca y también es fácil de encontrar porque el mapa en esa zona ofrece muchos detalles en los que apoyar la búsqueda. Lo mismo se puede decir del tercero y el cuarto situados en un área en la que las depresiones del terreno animan mucho la orientación. El quinto está lejos, pero líneas bien definidas por los sembrados y curvas de nivel fáciles de interpretar en un terreno tan abierto se alían facilitando su pronta localización. Al salir de la quinta, en parte porque me he confiado ante un plano que es todavía bondadoso (no tardará en dejar de serlo) y en parte porque soy muy malo (más de esto que de aquello) me olvido del pulgar y ello provoca que me vaya en dirección a la séptima. No tardo en darme cuenta pero cuando lo hago ya he perdido un tiempo de oro. Corregido el error, ni la sexta ni la séptima se resisten porque el terreno en el que se hallan, bien definido por notables cortados, me resulta previsible. La octava está lejos. Me decido por lo fácil: utilizar la línea del campo sembrado para avanzar rápido hasta un camino que no termina de ser ligero porque se recorre en ascenso y de ahí saltar a la zona de vegetación que dentro del claro pone luces de neón a la ubicación de la baliza. La novena también esta lejos. Hay que elegir ruta y yo (como no, estimados compañeros de fatigas) elijo la peor alternativa. Lo "fácil" (todo esto lo descubro al terminar la carrera y no solo, porque a tales efectos me ayuda Jesús) hubiera sido avanzar hacia el norte por un camino rápido orientado hacia un claro situado entre aquel y el control para desde allí abordar la baliza con mayores garantías de éxito. Yo en cambio decido tirar recto, una verdadera temeridad en un terreno en el que los verdes te obligan a cambiar continuamente de dirección. En cualquier caso, la baliza se las trae. Aúno esfuerzos con otros tres tan despistados como yo y aún así me tiro (nos tiramos) algo así como ¡veinte minutos! para encontrarla. La diez, cercana a la nueve y por lo tanto en el mismo complicado terreno sale, sin embargo, rápido. La once y la doce ya en claro y con el apoyo de un campo bien arado y de buenos caminos no se hacen de rogar. Y la trece, en un terreno muy característico de cortados, depresiones, y agujeros, aparece rápido allí donde he ido a buscarla. La catorce como la nueve: primas hermanas. ¡Ay Madre¡, otros quince minutitos al saco. La quince, cerca de la catorce, está sin embargo en un terreno más reconocible, y muy cerca del camino que utilizo para llegar hasta ella, y de ahí que llegue más o menos rápido. Sin embargo me cuesta bajar y también salir del enorme agujero en el que se encuentra. A partir de la dieciséis el cansancio ya me mella más de lo que me gustaría y las dificultades para leer el mapa, y eso que en esa parte ya no es tan exigente, se agudizan en exceso. Por eso de allí hasta el final y sobre todo en el largo camino entre la incomodilla diecisiete y la dieciocho (elijo ir por el borde del sembrado, por terreno muy limpio pero ascendente, hasta encontrarme con la vaguada en la se ubica el control) termino por agotarme. La diecinueve está cerca. Los gritos y la música que llegan hasta allí permiten deducir con facilidad que los de las coches siguen a lo suyo: bacalao y cerveza (....quien pillara una ahora). Camino de la veinte coincido con otro corredor que me pregunta si la meta se cierra a las dos o a las dos y media. Son las dos y dos minutos. Espero que cierren a las dos y media porque ya sé donde quedan la veinte, la veintiuno y la doscientos (¿Alguien podría decirme porque a la última baliza unas veces se le pone el número 100 y otras el 200?) y sería una pena, ya que voy a terminar, hacerlo fuera de hora. Afortunadamente, la meta sigue abierta cuando yo llego, dos horas y veinte minutos después de haber salido. Allí están esperándome mi mujer, los gemelos (mis hijos), y mis pérfidos y socarrones amigos, a quienes me cuesta mucho convencer de que no, no he hecho la carrera dos veces, es que soy lento. Los gemelos han corrido iniciación niños y el correlín. Les gusta mucho la orientación. Y a mi me gusta que disfruten del campo, del deporte, y de sus amigos. Así es que, los sábados como este, todos salimos ganando... que pena que el próximo "finde" no haya carrera. Hasta la próxima. Ya sabéis... si queréis. Jose Enrique Barcía |
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| SÁBADO 19/01/2008 MONTE EL PARDO - ADYRON - 24/01/2008 | |
¡Qué desastre!. Aunque es verdad que el mal de muchos no debería ser consuelo para los... neófitos, es cierto que esta mañana cuando he podido ver las clasificaciones y los tiempos de la carrera de este pasado sábado en El Pardo, la primera de la liga de la Comunidad de Madrid organizada por ADYRON, he sentido cierto alivio al comprobar que, en general, en todas las categorías el número de participantes retirados o descalificados había sido muy alto (en D-Senior la mitad y en D-Veteranas más de la mitad de las chicas que corrieron no cumplieron con el recorrido) y que, en particular, en H-Veteranos ha alcanzado a más de un tercio de los participantes (salimos treinta y seis corredores y trece no conseguimos cumplir con el obligado paso por las diecisiete balizas). Así las cosas, el amargo sabor que me dejo mi mala carrera del sábado (llegue a la meta sin pasar por la quince y la dieciséis harto de recorrer vaguadas ilimitadas y transitar verdes imposibles durante dos horas y quince minutos) se ha suavizado un poco al comprobar que el clamor general al final de la carrera: "ha sido muy técnica", había quedado corroborado en el tablón de tiempos y calificaciones y que podía entonces yo concluir que a pesar de no terminar, vaya, no soy tan malo como creía. Expiada la culpa, os cuento que el día en el Pardo era magnífico, que la organización de ADYRON fue muy buena y que tuve oportunidad de conocer a Rorro y a Competencia de Runaway, dos de los tres chavales (el otro se hace llamar Naboleón) que componen el grupo autodenominado "Machacas" cuya página web, http://o-analysis.blogspot.com, que se curra con éxito y un estilo muy personal Competencia de Runaway, "El carnoso prosista", me parece imprescindible visitar. Mi malísima carrera empezó bien: la primera baliza, la número 51 en la hoja de descripción de controles, está allí donde voy a buscarla cerca del triángulo de salida. A partir de ahí: El desastre. Del segundo al séptimo control vago por verdes casi siempre muy verdes en busca de vaguadas ilocalizables que jugando al escondite tardan infinitamente en aparecer. Cuando salgo del séptimo a buscar el octavo compruebo aturdido que he consumido ¡una hora y media! de carrera. ¡Qué desastre!. La tres siguientes me dan un respiro: hay que pensar poco para localizar la octava baliza que está bien visible en el margen de un camino, la novena también resulta fácil de encontrar aunque a mis rodillas les parece duro el terraplén que tengo que bajar para alcanzarla, y la décima, a pesar de las rayitas verdes, gracias a que la estructura en la que se ubica es muy visible, se aborda con relativa desenvoltura. Pero con la once y, sobre todo con la trece, después de un fácil doce y tres trayectos "largos", se me acaba la paciencia y ya sólo soy capaz de llegar a una también muy difícil catorce. Estoy cansado y mosqueado (¡Qué malo soy! es mi mejor pensamiento) así es que decido tomar camino de la llegada a la que accedo sin ganas de picar la 100 que esta justo a la salida de un túnel al pie del pasadizo acotado con cinta que te conduce hasta la meta donde con pocas ganas abandono mi tarjeta. ¡Qué desastre!...¡Cuánto tengo que mejorar!. Hasta la siguiente...si queréis. Jose Enrique Barcía |
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| JORNADAS DE ENTRENAMIENTO FEDO PARA CAMPEONATO DEL MUNDO ESCOLAR 2008 - 03/01/2008 | |
Ya que me dejan, voy a dedicar este rinconcito a contaros después de cada carrera cómo era ésta, qué día hacía, cómo me fue, a quién y qué es lo qué vi y, en fin, a contaros todo eso que mis pobres familiares y amigos ya están aburridos de oír. ¿A alguien se lo tenía que contar, no?. La que comento ahora es la celebrada en Cincovillas el 27 de diciembre, como parte de las jornadas de entrenamiento organizadas por la FEDO con ocasión de la selección y preparación de aquellos que van a representar a España en el próximo campeonato del mundo escolar. Como no podría ser de otra forma, dadas las fechas, la mañana se levanta fría en Getafe. Es aquí, en nuestro pueblo, en las instalaciones del polideportivo de la Alhóndiga (para el que no lo sepa en las mismas donde se ubica la sede de la FEDO), donde está el "Suelo duro" que recoge a los chavales que desde toda España han venido a entrenar. Sin embargo, el sol luce radiante y pronto empieza a calentar. Cuando llego a Cincovillas, sobre las diez y media, la temperatura al sol es ya lo bastante agradable para prever una maravillosa mañana de orientación. Hoy por la mañana el entrenamiento consiste en correr una larga. Como me dan opción a elegir entre susto o muerte, me quedo con susto y elijo una carrera de algo más de seis kilómetros y medio de distancia que es definida por el amabilísimo y cabal José Samper como de elite. Como la alternativa es otra de "ocho coma doscientos" de la misma índole creo que no he hecho mala elección. El primer control está lejos de la salida y aunque existe una buena opción en un camino que lleva hasta sus aledaños prefiero ir más recto amparado y dirigido por varias cercas de piedra bastante benevolentes con el sentido de la orientación. Llego bien enderezado al control, que está justo donde he ido a encontrarlo, pero a juzgar por el tiempo que ha transcurrido hasta llegar a él creo que me he equivocado al escoger la ruta. El segundo, que alcanzo cansado después de subir una fuerte pendiente que no veo modo de evitar, lo encuentro bien. Después de un recorrido corto, a la tercera baliza accedo estupendamente, utilizando la brújula, aprovechando un huequecito existente en un verde no muy verde. En la cuarta la cago porque me pongo a seguir a uno que ha llegado al mismo tiempo que yo a la tercera y sale por delante (sí ya sé…). En el pecado llevo la penitencia porque cuando me doy cuenta de que él y yo no vamos al mismo sitio ya he perdido un tiempo de oro. Los controles cinco, seis, y siete, los encuentro sin demasiadas dificultades guiado por verdes y amarillos bien definidos, un pilón visible, un registro de gas, y una senda no demasiado evidente pero muy rápida. El ocho, el nueve y el diez, se hacen corriendo en ascenso no muy duro pero si muy continuado. Se encuentran bien con ayuda de la brújula y de los poquitos árboles de la zona que están muy bien dibujados en el mapa. Bastante antes de llegar al diez ya veo la baliza que pende de un árbol. Motivado aprieto el paso hasta que una piedra mal pisada me retuerce el tobillo. No veo necesario dejar de correr pero sí hacerlo controladamente, así es que, ¡qué pena!, a partir de aquí doy por terminada la carrera como tal y sigo con la orientación. El once y el doce no son difíciles de encontrar pero hay que "escalar" para hacerlo y a estas alturas ya estoy lo suficientemente cansado y lesionado como para que su abordaje se alargue en exceso. Las balizas trece y catorce, sobre todo esta última, las hago bien corriendo despacio y guiado por las curvas de nivel (que estoy empezando a descubrir como algo mágico). A la quince llego algo desviado (nada trágico) atravesando un verde lento y una cerca de piedra que me cuesta dios y ayuda saltar (los años, amigos míos, que no perdonan). Ese mismo muro de piedra, un claro camino, y una marcada vaguada, alineados cónicamente (sigo los manuales), me permiten localizar sin traumas la última baliza (que no suena) antes de llegar a la meta. Termino cansado, algo lesionado aunque no gravemente, y contento, muy contento. El tiempo no es bueno, tampoco malo teniendo en cuenta mis condiciones y mi (escasa) experiencia, pero he estado permanentemente orientado (es la primera carrera en que lo estoy): las balizas estaban allí donde había previsto que iban a estar. Mejoro. Aunque… necesariamente, deberé seguir haciéndolo. Hasta la próxima…si queréis. Jose Enrique Barcía |
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