INGENIERIA GENETICA

“Si se controla el petróleo, se controla el país; si se controlan los alimentos, se controla a la población”

Los cultivos transgénicos son nuevas formas de vida creadas en el laboratorio con una técnica que permite insertar genes extraños de bacterias, plantas o animales a cultivos como el maíz y la soya. Por ejemplo, el maíz transgénico que México importa de Estados Unidos tiene genes de bacteria que le permiten producir una sustancia insecticida.
Estas técnicas permiten a los científicos saltarse la selección natural y la evolución, al intercambiar genes entre especies que normalmente no se cruzan. Una vez que estas nuevas especies hechas por el ser humano son liberadas al medio ambiente y a la cadena alimenticia, no hay manera de revertir la situación ni se conocen los efectos a largo plazo que estos cultivos producirán sobre los ecosistemas y la salud humana.
¿Qué es un gen?
Un gen es un tramo de ADN que, al expresarse, confiere a un ser vivo características determinadas. El ADN es una molécula que contiene la información genética necesaria para que los seres vivos nazcan, crezcan y se desarrollen.

¿Qué es la ingeniería genética?
La ingeniería genética es una técnica que consiste en aislar segmentos del ADN (el material genético) de un ser vivo (ya sea virus, bacteria, vegetal, animal e incluso humano) para introducirlos en el material hereditario de otro ser.

La ingeniería genética aplicada para la creación de transgénicos, "corta y pega" genes sin controlar dónde y cuántos se pegan en el organismo receptor sin que se sepa qué efectos inesperados puedan provocar.

 

Entrevista con Dra. Vandana Shiva

La Revolución Verde se basaba en la proliferación de nuevas semillas híbridas en los mercados en desarrollo. Un aspecto vital de las semillas híbridas era su falta de capacidad reproductiva. Las híbridas incorporaban una protección contra la multiplicación. A diferencia de especies normales polinizadas abiertamente, cuyas semillas permitían rendimientos similares a los de sus progenitores, el rendimiento de las semillas dadas por plantas híbridas era significativamente inferior al de la primera generación.

Esa característica de rendimiento disminuyente de las híbridas significa que los agricultores deben normalmente comprar semillas cada año a fin de obtener altos rendimientos. Además, el reducido rendimiento de la segunda generación eliminó el comercio en semillas que es a menudo realizado por productores de semillas sin la autorización del cultivador. Impidió la redistribución de las semillas del cultivo comercial por intermediarios. Si las grandes compañías semilleras multinacionales podían controlar las líneas paternales de semillas en casa, ningún competidor o agricultor podría producir la semilla híbrida. La concentración global de patentes de semillas híbridas en un puñado de gigantescas compañías semilleras, dirigidas por Pioneer Hi-Bred de DuPont y Dekalb de Monsanto estableció la base para la ulterior revolución de la semilla OGM.

Un importante efecto de la Revolución fue la despoblación del campo de campesinos que fueron obligados a huir a los barrios de chabolas alrededor de las ciudades en una búsqueda desesperada de trabajo. No fue por accidente. Formaba parte de un plan para crear reservas de mano de obra barata para futuras manufacturas multinacionales de EE.UU., la ‘globalización’ de los últimos años.

Cuando terminó el autobombo alrededor de la Revolución Verde, los resultados fueron bastante diferentes de lo que se había prometido. Surgieron problemas por el uso indiscriminado de los nuevos pesticidas químicos, a menudo con serias consecuencias para la salud. Con el pasar del tiempo el monocultivo de nuevas variedades de semillas híbridas redujo la fertilidad del suelo y el rendimiento. Los primeros resultados fueron impresionantes; rendimientos dobles o incluso triples de algunos cultivos tales como el trigo y después el maíz en México. Pero eso pronto se desvaneció.

La Revolución Verde fue típicamente acompañada por grandes proyectos de irrigación que a menudo incluían préstamos del Banco Mundial para construir nuevas inmensas represas, y en la inundación de áreas previamente habitadas y de tierras fértiles al hacerlo. El súper-trigo también produjo mayores rendimientos saturando el suelo con inmensas cantidades de fertilizante por hectárea, y el fertilizante era producto de nitratos y de petróleo, materias primas controladas por las Siete Hermanas, importantes compañías petroleras controladas por los Rockefeller.

También se utilizaron inmensas cantidades de herbicidas y pesticidas, creando mercados adicionales para los gigantes del petróleo y de la química. Como lo describió un analista, en efecto, la Revolución Verde fue sólo una revolución química. En ningún momento podrían las naciones en desarrollo pagar por las inmensas cantidades de fertilizantes químicos y pesticidas. Obtendrían los créditos por cortesía del Banco Mundial y préstamos especiales de Chase Bank y otros grandes bancos de Nueva York, respaldados por garantías del gobierno de EE.UU.

Aplicados en una gran cantidad de países en desarrollo, esos préstamos fueron recibidos sobre todo por grandes terratenientes. Para los pequeños campesinos la situación se desarrolló de otra manera. Los pequeños agricultores campesinos no podían permitirse los productos químicos y otros insumos modernos y tenían que pedir prestado dinero.

Varios programas gubernamentales trataron inicialmente de suministrar algunos préstamos a los agricultores para que pudieran adquirir semillas y fertilizantes. Los agricultores que no pudieron participar en este tipo de programa tuvieron que pedir prestado dinero del sector privado. Por las exorbitantes tasas de interés para préstamos informarles, numerosos agricultores pequeños ni siquiera obtuvieron los beneficios de los altos rendimientos iniciales. Después de la cosecha, tuvieron que vender la mayor parte, si no todos sus productos, para pagar préstamos e intereses. Llegaron a depender de prestamistas y comerciantes y a menudo perdieron sus tierras. Incluso con préstamos a condiciones favorables de agencias gubernamentales, la plantación de cultivos de subsistencia cedió ante la producción de cultivos comerciales.

 

centro “Cámara fuerte de semillas” en el Ártico / foto F. William Engdahl



Bill Gates, Rockefeller y los gigantes de la biogenética saben algo que ignoramos

El fundador de Microsoft, Bill Gates comenzó a programar a los 14, fundó Microsoft a los 20, mientras todavía estudiaba en Harvard. En 1995 Forbes lo catalogó como el hombre más rico del mundo por ser el mayor accionista de su Microsoft, una compañía que su ímpetu incansable convirtió en un monopolio de facto de sistemas de software para ordenadores personales.

2006, cuando la mayoría de las personas en una situación semejante podrían pensar en retirarse a una tranquila isla en el Pacífico, Bill Gates decidió dedicar sus energías a su Fundación Bill y Melinda Gates, la mayor fundación privada ‘transparente’ del mundo, como dice, con una dotación impresionante de 34.600 millones de dólares, y la necesidad legal de gastar 1.500 millones de dólares al año en proyectos benéficos en todo el mundo para mantener su condición benéfica libre de impuestos. En 2006, un regalo de unos 30.000 millones de dólares en acciones de Berkshire Hathaway de su amigo y asociado empresarial, el mega inversionista, Warren Buffett, colocó a la fundación de Gates en la liga en la que gasta casi el monto total del presupuesto anual de la Organización Mundial de la Salud de Naciones Unidas.

Ninguna empresa es más interesante en la actualidad que un curioso proyecto en uno de los sitios más remotos del mundo, Svalbard. Bill Gates invierte millones en un banco de semillas en el Mar de Barents cerca del Océano Ártico, a unos 1.100 kilómetros del Polo Norte. Svalbard es un árido trozo de roca reivindicado por Noruega y cedido en 1925 por un tratado internacional.

En esa isla dejada de la mano de Dios, Bill Gates invierte decenas de sus millones junto con la Fundación Rockefeller, Monsanto Corporation, Syngenta Foundation y el gobierno de Noruega, entre otros, en lo que llaman ‘el banco semillero del día del juicio final.’ Oficialmente, el proyecto se llama la Cámara Semillera Global Svalbard en la isla noruega de Spitsbergen, parte del grupo de islas Svalbard.

La cámara de semillas del día del juicio final

El banco de semillas es construido dentro de una montaña en la isla Spitsbergen cerca de la pequeña aldea Longyearbyen. Está casi listo para entrar en acción, según sus comunicados de prensa. El banco tendrá puertas dobles a prueba de explosiones con sensores de movimiento, dos esclusas de aire, y paredes de hormigón reforzado con acero, de un metro de grosor. Contendrá hasta tres millones de variedades diferentes de semillas de todo el mundo, ‘para que la diversidad de cultivos pueda ser conservada para el futuro,’ según el gobierno noruego. Las semillas serán especialmente envueltas para excluir la humedad. No habrá personal a tiempo completo, la relativa inaccesibilidad de la bóveda facilitará el control de toda actividad humana ..

El primer punto notable es quien auspicia la bóveda de semillas del día del juicio final. A los noruegos se suman, como hemos señalado, la Fundación Bill & Melinda Gates, el gigante estadounidense del agronegocio DuPont/Pioneer Hi-Bred, uno de los mayores dueños del mundo de semillas de plantas patentadas genéticamente modificadas (OGM) y agroquímicos relacionados; Syngenta, la importante compañía de semillas y agroquímicos basada en Suiza, a través de su Fundación Syngenta; la Fundación Rockefeller, el gripo privado que creó la “revolución genética” con más de 100 millones de dólares de capital semilla desde los años setenta; CGIAR, la red global creada por la Fundación Rockefeller para promover su ideal de pureza genética mediante el cambio agrícola.

Desde comienzos de 2007 Monsanto tiene derechos de patentes mundiales junto con el gobierno de EE.UU. para la planta así llamada “Terminator” o GURT ((acrónimo inglés de Grupo de Tecnologías de Restricción de Uso). Terminator es una siniestra tecnología mediante la cual una semilla comercial patentada se ‘suicida’ después de una cosecha. El control por las compañías semilleras privadas es total. Un tal control y poder sobre la cadena alimentaria nunca ha existido previamente en la historia de la humanidad.

Esta variedad Terminator astutamente modificada genéticamente obliga a los agricultores a volver cada año a Monsanto o a otros proveedores de semillas OGM para conseguir nuevas semillas para arroz, soya, maíz, trigo, cualquier cultivo que necesiten para alimentar a su población. Si fuera ampliamente introducida en todo el mundo, posiblemente podría convertir en una década o algo así a la mayor parte de los productores de alimentos del mundo en nuevos siervos feudales esclavizados por tres o cuatro compañías semilleras gigantes como Monsanto, DuPont o Dow Chemical.


No se puede decir que esas compañías privadas: Monsanto, DuPont, Dow Chemical tengan antecedentes inmaculados en términos de manejo de la vida humana. Desarrollaron y proliferaron invenciones como la dioxina, los PCB, el Agente Naranja. Encubrieron durante décadas evidencia obvia de consecuencias carcinogénicas u otras severas para la salud humana del uso de productos químicos tóxicos. Han enterrado informes científicos serios de que el herbicida más generalizado del mundo, glifosato, el ingrediente esencial en el herbicida Roundup de Monsanto vinculado a la compra de la mayoría de las semillas genéticamente modificadas de Monsanto, es tóxico cuando se escurre al agua potable. Dinamarca prohibió el glifosato en 2003 cuando confirmó que ha contaminado el agua subterránea del país.

 

AFRICA

Mientras hasta la fecha tratan de no llamar la atención, se considera que Monsanto y los principales gigantes del negocio de los OGM están en medio del uso de la AGRA de Kofi Annan para difundir sus semillas OGM patentadas por toda África bajo la engañosa etiqueta de ‘biotecnología,’ el nuevo eufemismo para semillas patentadas genéticamente modificadas.

África es el próximo objetivo de la campaña del gobierno de EE.UU. por extender los OGM a todo el mundo. Sus ricos suelos la convierten en un candidato ideal. No sorprende que numerosos gobiernos africanos sospechen lo peor de los padrinos de los OGM ya que una multitud de proyectos de modificación genética y de bioseguridad han sido iniciados en África, con el objetivo de introducir los OGM en los sistemas agrícolas africanos. Estos incluyen patrocinios ofrecidos por el gobierno de EE.UU. para capacitar en EE.UU. a científicos africanos en ingeniería genética, proyectos de bioseguridad financiados por la Agencia de Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) y el Banco Mundial; la investigación en OGM involucrando cultivos alimentarios indígenas africanos.

La Fundación Rockefeller ha estado trabajando durante años para promover, en gran parte infructuosamente, proyectos por introducir los OGM en los campos de África. Ha respaldado investigación que apoya la aplicabilidad del algodón OGM en las llanuras de Makhathini en Sudáfrica.

Monsanto, que tiene un punto de apoyo sólido en la industria semillera de Sudáfrica, tanto en OGM como en híbridas, ha concebido un ingenioso programa para minifundistas conocido como la Campaña de las ‘Semillas de la Esperanza,’ que está introduciendo un paquete ‘revolución verde’ a agricultores pobres en pequeña escala, seguido, por cierto, por semillas OGM patentadas de Monsanto.

Syngenta AG de Suiza, uno de los “Cuatro Jinetes del día del juicio final OGM” está lanzando millones de dólares a una nueva instalación de invernaderos en Nairobi, para desarrollar maíz OGM resistente a los insectos. Syngenta también forma parte de CGIAR.

 

La venta de alimentos manipulados mediante ingeniería genética (como el tomate "Flav Sour" y la leche de
vacas a la que se le ha inyectado una hormona de crecimiento bovino recombinante) inician el camino de
una amplia comercialización, y de una rápida expansión de la ingeniería genética en la agricultura. Esto
dará como resultado la creación de un vasto número de organismos exóticos con gran capacidad potencial
para provocar consecuencias inesperadas y dañinas.
La ingeniería genética conlleva serios riesgos para el medio ambiente, la biodiversidad y la salud humana.
Se están realizando numerosos experimentos de ingeniería genética en los laboratorios; igualmente, se han
liberado, en pequeña escala, gran número de poblaciones de organismos, transformados mediante la
ingeniería genética, en ensayos de campo, sin que se hayan tomado las medidas de seguridad adecuadas
y sin las evaluaciones científicas previas acerca de los impactos ambientales y sanitarios de la ingeniería
genética. Tal estado de cosas repugna por la falta de responsabilidad de las autoridades gubernamentales,
las cuales permiten y apoyan esta situación a cambio de enormes subsidios y financiamiento, y por las
empresas e institutos de investigación que realizan las pruebas y las liberaciones.
La ingeniería genética da comienzo a una era de polución ambiental biológica, aumentando, de esta forma,
en una dimensión cualitativamente nueva, las crisis ecológicas ya generadas por la industria química y
nuclear.

 

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El futuro de la comida - documental

Transgenicos, OGM, modificacion

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Entrevista con Dra. Vandana Shiva

Transgéncios en España

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Ingeniería genética presenta enormes riesgos financieros para empresas y países

 

Escondiendo al público las informaciones comprometidas


Tres científicos británicos que analizaron para Monsanto la rBGH, descubrieron que esta hormona producía un incremento de pus y de bacterias en la leche mucho más alto que el difundido por Monsanto a partir de los mismos datos. Según los científicos, Monsanto trató de impedir la publicación de su investigación.

Poco después de que el personal del Centro de Tóxicos y Ética (CETOS), completara su libro «Contra el grano», un análisis de los peligros de la biotecnología en la agricultura, su editor recibió una carta amenazadora de la oficina del Consejo General de la Monsanto, aseverando que un corto artículo titulado «Genes en sus alubias», adaptado del libro, era difamatorio y potencialmente calumnioso. El editor, por temor a un juicio, detuvo la edición y le dijo a Monsanto que el libro no sería publicado.

Cuando una cooperativa láctea de Iowa decidió publicitar que su empresa «no aceptará leche de vacas tratadas con BST», Monsanto presentó una demanda para evitar que lo hicieran. Una empresa de leche y helados en Waco, Texas, también fue demandada por etiquetar sus productos de la misma manera. Los abogados de Monsanto también enviaron cartas a 2.000 minoristas advirtiéndoles que no publicitaran «que su leche no contiene rBST», y enviaron un «memorándum legal» de 30 páginas con un mensaje similar a 4.000 empresas de alimentación y cooperativas lácteas.

 

 

«Las generaciones futuras también tienen derecho a la vida»

¿Cuáles son las principales mentiras que, a su juicio, se están divulgando?.

Creo que se está mintiendo respecto al origen de enfermedades tan graves como el cáncer o el sida. La explicación médica oficial del cáncer es, a mi juicio, falsa. Yo creo que el origen de esta enfermedad parte de una deficiencia energética. Cuando la célula no puede oxigenarse no produce energía suficiente para sobrevivir y se da una fermentación. El origen de esta deficiencia está en la mala nutrición y en la intoxicación médica a la que se llega a través de los antibióticos y de otros medicamentos muy agresivos. La mayoría de los antibióticos actúan contra las mitocondrias celulares, que son las encargadas de formar energía.

¿Qué podemos hacer para frenar estos efectos?.

Parar el consumo brutal de antibióticos, porque de lo contrario la vida no tiene futuro. Todas las células tienen unas funciones esenciales, y cuando sufren agresiones químicas se ven dañadas en su esencia.

¿Hay alguna manera de protegernos de los efectos de la ingeniería genética?.

Hay que actuar ya. Hay que parar los ataques que está sufriendo el núcleo de la célula y frenar el uso de productos químicos. Tenemos que poner toda la energía en esta tarea y asumir cada uno su responsabilidad. Las generaciones futuras tienen derecho a vivir, y esta generación no puede privar a las futuras de ese derecho.

Stefan Lanka, biólogo, virólogo y genetista alemán.
«Las generaciones futuras también tienen derecho a la vida

 

 

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