La Ley del
Afecto nos expone que el afecto es un rayo de amor que puede caer sobre una
persona y crear un objeto de adoración. La Ley del Afecto abraza muy
de cerca pero con los brazos bien abiertos; ya que uno desea ver a todos los
seres libres liberándolos de uno mismo, de si mismos, de sus miedos,
sus inhibiciones y sus
complejos de culpabilidad, y de todos aquellos bloqueos que esconden su preciosidad.
El verdadero afecto no posee, ni tampoco sacrifica nada de si mismo, puesto
que dá sin esperar nada a cambio, simplemente por el gozo de dar. Igual
que el sol tiene que brillar para ser el sol, el afecto tiene que dar para ser
afectuoso.
El afecto no puede ser manipulado o controlado, puesto que su único propósito es el de dar. Tampoco puede ser poseido o utilizado. Por el contrario el corazón se abre y el afecto penetra y lo posee y lo utiliza para resplandecer su calor y su amor sobre el mundo.