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La isla tranquila
Formentera es la isla situada más al sur de las que forman la Comunidad Autónoma de Baleares y pertenece, junto con Ibiza y otras islas e islotes menores al subarchipiélago de las Pitiusas. Su clima es subárido; sus dimensiones, reducidas (no llega a los 80 Km2); la vegetación más notable se compone de sardas, sabinas y pinos ; y los recursos naturales con que contaba la población autóctona se limitaban, hasta hace muy poco, a la explotación de sus salinas y al cultivo de cereales, a unos pocos viñedos y frutales de secano (almendros, higueras y olivos) y al pastoreo de ovejas y cabras.

El cronista griego Estrabón la citaba como Ophiusa, tierra de reptiles, aludiendo quizás a sus inofensivas lagartijas, que cambian de coloración según en que zona se las encuentre; y las hachas y discos de bronce que actualmente expone el Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera, y los ultimos descubrimientos en matéria de restos megalíticos, vienen a confirmar que estuvo habitada antes del 2000 a.C. También la conocieron los fenicios, los cartagineses y lo romanos. La llamaban estos últimos Frumentaria, tierra de trigo, y ya esportaban sus higos disecados al sol a la capital del imperio.

En los últimos años de ocupación de las Baleares por parte de los musulmanes, una expedición normanda acabó practicamente con su población. Su conquista por parte de las tropas de la corona catalana-aragonesa se produjo en el 1235, pero quedó de nuevo deshabitada en el siglo XIV, por un largo período en que se convirtió en base de operaciones de piratas turcos y berberiscos. Su última repoblación se inició en 1697, con la instalación de un grupo de familias ibicencas. Todos los núcleos de población forman desde 1889 un único municipio independiente, y su representación en la gerencia comunitaria está integrada en el Consell Insular d'Eivissa i Formentera.

A este pequeño y tranquilo territorio llegó a finales de los año cincuenta la revolución del turismo. Sin embargo, se advierte que su crecimiento no ha sido tan desmesurado como el que sufrieron otras islas vecinas, debido, sin duda, a sus características geográficas y al tipo de visitantes que la "descubrieron": una oleada de jóvenes de variada procedencia que, adscritos al movimiento "hippy", buscaban en el aislamiento y la naturaleza virgen cumplir sus propósitos de integracion al paisaje. El de Formentera, pacífico y de libre acceso, formó sus deseos hasta que aquello se convirtió en moda y, como tal, pasó. Solo que ya estaba abierta la puerta y fueron apareciendo los hoteles y los complejos urbanésticos que acogen hoy a la población vacacional, la cual suele multiplicar por tres el número de residente fijos (no más de cinco mil).

Tal situación ha proporcionado a los formenterenses nuevos trabajos -en los sectores de la construcción o de los servicios, en la artesanía, el comercio...-, pero hay un interés generalizado por conseguir un cierto equilibrio, manifiesto, por ejemplo, en la misma protección de las áreas de interés natural, y también en el notable respeto de los isleños por el sustrato cultural heredado. Entre sus fiestas, la Festa de Formentera, que se celebra por San Jaime, el 25 de julio, es la principal; y destaca a continuación la de Santa María, patrona de la diócesis, el 15 de agosto. Pero también participa toda la isla en las que son originalmente locales: las de La Savina y Es Pujols, cada 16 de julio, fiestas marineras en honor de la Virgen de Carmen; la de la San Fernando, el 30 de mayo; las de El Pilar, el 12 de octubre, o de San Francisco, 3 de diciembre.
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