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Crónicas Estiu 2007:



Cronicas

Antes de que el tiempo haga mella en mi memoria y me obligue a olvidar algunos pasajes me gustaría contaros una historia que será recordada durante muchas generaciones. Todo comenzó hace algún tiempo, cuando unos valerosos caballeros decidieron unirse para llevar a cabo una noble empresa. Organizar el putxero de verano 2007.

Los elegidos fueron Sir Gonzalo, perteneciente a la antaño poderosa saga de los Mora y Aguiló. Nyacus I, conde del señorío de Beniarjó, Sir Andres, duque de la ciudad Ducal perteneciente al clan de los Virginia, Sir Nacho cuatro cincuenta, valiente caballero curtido en mil batallas y herido de gravedad en una de ellas. Y por último Fuet, sarraceno convertido al cristianismo en la última gran cruzada, fiel servidor del conde Nayucs I, artífice de dicha conversión.

Estos cinco valerosos caballeros juraron fidelidad y bajo un enorme secretismo empezaron a trabajar para llevar a cabo la que, a posteriori, sería una de las mejores jornadas vividas por todos hasta el momento.

El día treinta de junio de dos mil siete (siglo XXI) se produjo la convocatoria a la que todos respondieron con puntualidad en la posada perteneciente a Sir Andrés, donde pudieron degustar un copioso almuerzo a base de aves de caza, cerveza y un licor denominado cazalla reservado tan solo para los más valientes, o los más inconscientes según se mire.

Al finalizar el almuerzo, los organizadores llamaron a filas a sus ocho capitanes. Les entregaron las cotas de malla con los diferentes señas de identificación para cada uno y les encomendaron como tarea el formar ocho batallones diferentes, ocho batallones que lucharían por el honor de ganar los torneos. Una vez formados se dirigieron todos a la arena, donde dos imponentes carpas situadas en medio de dos campos de batalla esperaban a los participantes. Los caballeros tenían que medir sus fuerzas compitiendo en dos deportes muy populares en aquellos tiempos; el fútbol playa y el voleibol. Poco a poco los guerreros fueron midiendo sus fuerzas en ambas competiciones bajo la atenta mirada de los organizadores, los cuales tenían todo bajo control. Mientras las competiciones se iban desarrollando, el resto de los guerreros se refrescaban gracias al tirador de cerveza que estaba instalado en las carpas así como unos bidones llenos de diferentes refrescos. Todo estaba perfectamente organizado. Nada se dejaba al azar.

Todos ponían el máximo empeño en conseguir la victoria, y más de uno sufrió en sus carnes el excesivo ímpetu de algún que otro caballero. Pero la caballerosidad y la camadería reinaban entre los participantes, al fin y al cabo el primer objetivo era la victoria, si, pero no a cualquier precio. A medida que los equipos iban cayendo eliminados tenían la opción de refrescarse en las tranquilas aguas de la playa o dirigirse al lugar elegido para la comida.

Al finalizar el torneo todo el mundo se dirigió a la posada situada en frente de la playa donde se pudieron refrescar en un pequeño lago con forma de piscina situado en el interior de la misma. El dueño del lago era conocido en los lugares de ambiente como Soco. Soco nos permitió el baño en el lago con forma de piscina sin rechistar, sin duda alguna estaba en su salsa. El tiempo pasaba y los caballeros empezaron a tener un hambre voraz, pero nadie osaba sentarse en las mesas sin la aprobación de los organizadores. Estos dieron la orden oportuna y con una exclamación de alegría los caballeros tomaron asiento. Muchas y variadas fueron las viandas que nos sirvieron, regadas todas ellas con vino del lugar y cerveza. Jamás se había visto una alegría similar en la posada a la hora de la comida. Las bromas se iban sucediendo y algunos acusaban el exceso de alcohol, pero todo estaba más o menos controlado.

Al finalizar la comida los organizadores repartieron tickets para que todo el mundo pudiera tomarse una merecida copa, y se empezaron a preparar para el campeonato de truc, juego popular donde las mentiras y los faroles son habituales. Durante dicho campeonato algunos optaron por volver a visitar el dominio de Soco y otros pocos decidieron retirarse a sus aposentos en busca de un descanso que resultaría muy práctico a la hora de la cena. Los cuerpos iban acusando el cansancio y quedaba mucho por disfrutar.

Por la noche, a la hora prevista fueron llegando a Coco’s, posada de sobra conocida en toda la comarca por su habilidad a la hora de preparar el putxero y sus buenas maneras para con sus clientes. Cuando estuvieron todos presentes tomaron asiento en las diferentes mesas preparadas para el evento. Los platos que forman el putxero no se hicieron esperar y pronto todas las mesas estaban servidas. La alegría continuaba siendo la tónica habitual y las viandas fueron devoradas por los presentes con un apetito inusual.

Al finalizar la cena los organizadores recompensaron a todos los caballeros participantes en los torneos con una hermosa medalla. Primero los campeones, como es merecido, y después el resto. A continuación llamaron a consultas a uno de los caballeros más antiguos del lugar, sir Nacho Orihuel. Dicho caballero fue el elegido de presentar a la tropa la nueva vestimenta oficial para el resto de la noche. La vestimenta consistía en una equipaje completo de “Football” Americano , conocido deporte anglosajón. Una vez presentado dicho equipo y ante el jolgorio general todos pudieron tomar posesión del suyo propio y prepararse para pasar al último episodio de la noche. Por supuesto los organizadores lucían el mismo equipaje pero con otros colores propios de su rango para poder ser distinguidos fácilmente.

De esa guisa se presentaron los casi setenta caballeros en el templo de todas las posadas nocturnas Dacsa. Allí pudieron disfrutar de conocidas bebidas practicando el trueque por unos tickets que los organizadores habían repartido con anterioridad. Por todos es sabido que controlar a tanta gente no es tarea fácil, y siempre hay unos pocos que se toman demasiadas libertades con los lugareños que pasaban por delante de Dacsa con sus vehículos haciéndolos parar por obligación y balanceándolos. Muy sabiamente los organizadores llamaron a filas a la gente y nos desplazamos a otros territorios para descanso y alivio de casi todos. La próxima taberna nocturna fue Pelícano, a continuación Campanas y finalmente Coco-loco. Sin duda era todo un espectáculo ver a los caballeros equipados para la batalla llegar a todos esos sitios. La gente se apartaba entre temerosa y sorprendida ante el paso de tan gran ejército y veía sorprendida como realizaban el típico ritual del “uh-ale-le” capitaneado por Nacho Orihuel antes de entrar en el campo de batalla.

Y así ocurrió el putxero más grande jamás contado. Vuestra es la obligación de transmitir esta historia de generación en generación para que no se pierda en el olvido, y todos puedan saber que una vez, en aquel verano del 2007, un grupo de valientes protagonizaron dicha historia.

Suso.


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