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Recuerda de una forma sencilla lo que fueron aquellos maravillosos putxeros.


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Iniverno 2005

Solo un acontecimiento tan esperado como el putxero puede lograr que la gente llegue puntual a una cena. Es más, una buena parte de los socios llegamos antes de la hora. Sonrisas en los rostros, abrazos sinceros y largos saludos eran la tónica general en los primeros instantes de la noche. No es una noche más. No es una cena más. Y eso se nota. Las primeras cazallas resbalaban por nuestro gaznate dibujando curiosas muecas en los menos acostumbrados a tan típico licor. Las copas de cerveza en nuestras manos eran testigos mudos de las primeras conversaciones. Los organizadores de esta cena, protagonistas en la sombra, estaban atentos y localizaban con asombrosa eficacia a los pocos socios que no tenían en su poder por desconocimiento o dejadez, los mecheros con el logotipo marca de la casa. El comentario más popular era el de saber quien llegaría el último para cumplir con uno de los principios más confusos de los estatutos del putxero. ¿Quién pagaría las cazallas consumidas hasta el momento por llegar el último? Y siguiendo la mala costumbre de los últimos años... nadie lo hizo. Todo se iba desarrollando según lo planeado. ¿Todo?. Alguien nos llamó la atención sobre tres personas que estaban fuera del local en actitud sospechosamente divertida. Rápidamente salimos a la calle para comprobar como nuestros ex-organizadores del putxero de verano, y sin embargo amigos Toni, Rafa y Luis lucían unas sudaderas de color negro, con el logotipo en la parte de atrás y el texto “ex-organizadores putxero 2005” en la delantera. Los recibimos con abucheos. Pero la cosa no pasó a mayores y nos sentamos para cenar el plato que da sentido a nuestras vidas. El manjar por excelencia. El putxero. Siendo justos hay que reconocer que el bar Coco’s nos ofreció un excelente putxero, al igual que el año pasado. Y así dio comienzo la cena propiamente dicha entre risas y divertidos comentarios cruzados de los organizadores y los ex-organizadores. Nunca se había conocido un apego tan enraizado a un cargo que, de antemano, sabían que tenía fecha de caducidad. Pero por lo menos lo hacen de manera divertida y original. Los platos se iban vaciando y las copas rellenando. Los organizadores repartieron los tickets que en breve servirían para canjearlos en los diferentes pubs para alegría de todos. Y entonces se produjo el primer detalle de la noche por parte de Alfonso, Salva y Nacho. Se acordaron de que últimamente algunos pocos sacrificados estamos llenando el planeta de pequeñas réplicas nuestras para poder dar continuidad a esta nuestra sociedad. A los que hemos sido padres últimamente, los que van a serlo en breve, y los que lo han sido por sorpresa nos regalaron unos preciosos ositos que, al apretarles la barriguita, se le iluminaban las dos orejitas al tiempo que emitían graciosos besitos y la frase... “I love you”. Todo un detallazo. La cena finalizó y los organizadores nos emplazaron fuera del local para desvelar uno de los mejores secretos de este putxero. El “regalito”. Dicho regalo consistía en unos “cuernos” de “dimoni” que se iluminaban intermitentemente y un “rabo” a juego. Y así de esta guisa nos fuimos a Dacsa para empezar el recorrido por distintos pubs de la playa de Gandía. Dacsa se ha convertido en la referencia para todos nosotros, por lo que significa y ha significado en nuestras vidas. Y allí empezamos a intercambiar los tickets por copas. Todos con nuestros “cuernos” y nuestros “rabos” puestos. (cuantas cosas se me ocurren en este momento....). Las risas, charlas, bromas y copas se iban alternando hasta que llegó el momento de cambiar de sitio y nos dirigimos a Campanas, para asombro de todos aquellos que se cruzaban en nuestro camino. Allí continuamos la fiesta hasta que se agotaron los tickets y por fin llegamos al último pub al que teníamos previsto ir. Más de lo mismo. Pero esta vez algunos de los presentes tuvieron la compañía, por unos instantes, de sus respectivas mujeres. Según los estatutos esto está prohibido, pero legalmente ellas iban por “su cuenta” y el encuentro fue “fortuíto”. Ya sabéis, hecha la ley hecha la trampa. Y se salvan por esos recovecos de la ley. Llegados a este punto no puedo continuar la crónica por múltiples motivos. Sin duda el de mayor peso es porque el que escribe y suscribe estas líneas acabó la noche en ese instante. Y por lo tanto faltaría a la verdad si continuase con esta crónica de lo que fue uno de los mejores putxeros de invierno que ha conseguido volver a las raíces de los mismos. Dando valor a lo que de verdad importa. La amistad, el calor humano, el alcohol, el cachondeo y el buen rollito. Como supongo, no, mejor dicho, como doy por sentado que la noche se alargó hasta altas horas, me gustaría que alguien pudiera poner fin a esta crónica. Ya sabéis donde podéis hacérmela llegar. Un saludo a todos y hasta dentro de seis meses.


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