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Boda Jose y Marisa
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Boda Jose y Marisa

Durante unos instantes, ambos se miraron a los ojos. El momento soñado había llegado. Los dos estaban a punto de dar el paso que les llevaría a unir sus vidas. Solo un par de palabras y dos personas queridas por todos nosotros pasarían a ser matrimonio. Junto a ellos familiares y amigos como testigos mudos del acontecimiento. Un breve silencio en la iglesia y a continuación…. “sí quiero”.

Siguiendo una tradición que se remonta muchos años atrás, los amigos de los novios esperaban pacientemente en el bar. Unas cervezas bien frías y alguna que otra cazalla hacían más llevadero el sofocante calor que a esas horas castigaba sin piedad a todos los que se atrevían a salir a la calle.

Los novios salieron de la iglesia luciendo sus mejores sonrisas. Como no podía ser de otra manera, una espectacular traca asombró a los presentes. La pólvora quiso formar parte de ese día tan especial.

El lugar elegido por los novios para celebrar junto a familiares y amigos el banquete no pudo ser mejor. En un entorno privilegiado el coctel de bienvenida se ofreció en el “patio de los naranjos”. Se trata de un patio interior con un precioso aljibe central. El Monestir de Sant Jeroni de Cotalba, es un gran conjunto arquitectónico gótico-mudejar-renacentista que data de los siglos XIV al XVII. Fue fundado por el Duque real “Afons el Vell” de Gandía en 1388, cuando los monjes jerónimos, hartos de los ataques de piratas sufridos en su monasterio de Jávea, optaron por buscar refugio a cierta distancia de la costa. Mantuvo su actividad monástica hasta la exclaustración forzosa sobrevenida a consecuencia de la desmortización de Mendizábal, entre 1835 y 1837. En ese momento fue adquirido por la familia Trénor que, a diferencia de lo ocurrido con otros edificios religiosos medievales, lo mantuvo en buenas condiciones.

Los entrantes iban desfilando y las cervecitas también. El ambiente era festivo y las conversaciones se iban animando. Los novios no se hicieron esperar y entraron con los aplausos de los presentes como banda sonora. Marisa estaba radiante, guapísima. Jose muy elegante. Ambos atendían a los presentes pacientemente.

Acto seguido los invitados nos dirigimos a un recinto exterior ajardinado preparado para la ocasión. El escenario no podía ser mejor. Nos sentamos en nuestras correspondientes mesas. Los amigos, con muy buen criterio como después podremos comprobar, estábamos alejados de la mesa central. Una tarjeta personalizada por los novios recibía de forma única y especial a los comensales.

La cena empezó y poco a poco nos íbamos animando. Al fin y al cabo una boda es acontecimiento alegre y los amigos estábamos preparados para colaborar. Aquí hay que contar algunas anécdotas que sirvieron para amenizar la velada. Jaime, que se creía que estaba en una comunión, empezó a lanzar diversos alimentos a modo de proyectiles. Nyaco, como viene siendo habitual, hizo pasar su cámara de fotos para registrar los mejores momentos, Gonzalo tomó nota mentalmente de algunos individuos “socialmente conflictivos” para no invitarlos a su boda, Emilio se puso en la boca un bicho que había caído desde alguna rama al escote de Marta, Salva lanzaba anzuelos a diestro y siniestro y Nacho…. bueno, Nacho empezó a cantar el “ohh..ke-le-le” para alegría de unos y desesperación de otros.

Al finalizar la cena pasamos a una especie de tarima donde estaba instalado el escenario con un grupo que amenizó el resto de la noche. Los novios inauguraron el baile y a continuación todos los demás empezaron a mover el esqueleto con mayor o menor fortuna.

Llegados a este punto voy a contar un escalofriante suceso. Me dirigí lentamente a la barra libre, después de estar cenando con un excelente vino tinto mezclado en justa proporción con coca-cola, estaba esperando con ansia el momento de refrescarme con la bebida más espirituosa de todos los tiempos. La bebida de unos pocos elegidos. La bebida por excelencia de nuestra comarca. El burret. Así se lo hice saber a uno de los camareros. Y de repente ocurrió. El camarero me miró fijamente a los ojos, todo el mundo calló, un escalofrío recorrió mi cuerpo, y justo en ese momento me dijo…. “no tenemos”. Un terrorífico grito recorrió todos y cada uno de los rincones del monasterio. Me acababan de dar la peor de las noticias. Ante mis ojos Jose y Marisa no están casados. No se puede culminar una boda sin burret. Sin JB puede ser, pero sin burret….

Sigamos. Si no puede faltar burret en una boda, tampoco puede faltar Nacho Orihuel cantando el conocidísimo tema “sí, ya lo se”. Para disgusto del cantante y alegría del resto de los presentes, Nacho interpretó su canción de principio a fin. Luego, cegado por el éxito, se negó a bajar del escenario. Pero al final entró en razón y lo logramos. Fue entonces cuando contra todo pronóstico, Jose Pellicer micro en mano, sacó el artista que tantos años sufría en silencio en su interior, e interpretó dos canciones con gran maestría para deleite del público y sorpresa de su padre, que grababa la actuación de su hijo con lágrimas en los ojos. Desconocemos si dichas lágrimas son el efecto de la emoción o la vergüenza ajena.

En definitiva fue una boda espectacular en todos los sentidos. Cuando estás con todos los tuyos en un ambiente tan especial, y celebrando la unión de dos buenas personas, no se puede hacer otra cosa más que disfrutar el momento. Enhorabuena a los novios y a sus familias por hacernos partícipes de ese día tan especial en sus vidas.


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