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Recuerda de una forma sencilla lo que fueron aquellos maravillosos putxeros.


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Invierno 2006

Por primera vez se incluyó una actividad por la mañana el día del putxero de verano. Una actividad que fue llevada en secreto por los organizadores hasta la misma mañana del sábado. Un servidor, no pudo asistir a la partida de pinball y por lo tanto poco podría narrar en ese sentido sin faltar a la verdad. Por referencias sé que todo el mundo disfrutó y mucho de la actividad, y en verdad puedo deciros que me hubiera gustado estar presente. Pero pasemos directamente a lo que siempre ha sido y será la esencia del putxero, la cena.

No existe ningún otro acontecimiento a lo largo del año que consiga reunirnos a todos de manera tan puntual como lo hace el putxero, a las nueve y media en punto ya estaba la mayoría de la gente en Coco’s, lugar que repetíamos por tercera vez. La verdad es que es un sitio estupendo. Nos dejan hacer el garrulo durante unas pocas horas y encima hacen un putxero verdaderamente espectacular.

Fue un placer el poder cenar todos juntos y encima con una gran pantalla donde pudimos ver otra victoria del Valencia, aunque dudo que mi alegría sea compartida por los asistentes ajenos al putxero que sentados ante la pantalla intentaban disfrutar de una tranquila velada. Ahora se podrán imaginar lo que tiene que ser ver un partido en el Mestalla al lado de los Yomus. Pero dejemos de lado esa pequeña anécdota y pasemos a lo que fue la cena.

Nuestro manjar por excelencia no se hizo esperar, y a los pocos minutos de sentarnos teníamos delante un humeante plato de putxero con un aspecto delicioso. Entre risas y conversaciones varias dimos cuenta del arroz para pasar a degustar las demás viandas que forman tan espectacular plato culinario. Pencas, garbanzos, patatas, ternera, etc... todos estos alimentos llenaban nuestro cuerpo al mismo tiempo que el vino, la cerveza o el burret lo hacían con nuestro espíritu. Es una cena donde tenemos la oportunidad de juntarnos con personas que el resto del año difícilmente vemos, y se aprovecha la ocasión para ponernos al día e intercambiar impresiones sobre diferentes aspectos de nuestras vidas.

Una vez dada buena cuenta de la cena, los primeros cafés y las primeras copas eran depositados ante nosotros. La gente a esas horas ya tiene ganas de animarse y visitar los pubs de costumbre. Y suele ser cuando los organizadores dan a conocer uno de los secretos mejor guardados del putxero, el disfraz de la noche. Pero antes hicieron entrega de un curioso diploma a uno de nuestros socios, el señor Jaime. El cual recogió el diploma entre resignado y divertido y procedió a sentarse a toda prisa.

Particularmente agradezco mucho que los organizadores Toni, Rafa y Luis volvieran a recuperar una de las mejores costumbres de los putxeros de invierno y no nos disfrazaran de forma integral, sino que procedieron a repartir entre los asistentes unos originales chalecos con el logotipo del putxero en el dorso y una carta de la baraja española en el frontal. Al mismo tiempo repartieron los tickets para las diferentes consumiciones en los pubs simulando pequeñas cartas. Sin duda todo un homenaje a uno de los actos más arraigados de nuestro putxero, el campeonato estival de truc.

Desconozco si el detalle de este año se debió más a la falta de presupuesto o fue una atención a unos cuantos que hemos reivindicado el “detalle” frente al “disfraz integral” en los últimos años. En cualquier caso muy bien pensado.
Y de esta guisa nos hicimos la foto de familia en las puertas del restaurante para proceder en estampida al primer pub, Dacsa. Primeras copas y risas. A continuación nos desplazamos a Pelícano, Campanas y, unos pocos llegamos hasta Coco-loco, previo paso por Abadía. Lo que pasó en este periplo no lo voy a contar. Forma parte del misterio del putxero. Solo hay una manera de saberlo, y es estar allí en el momento oportuno. Dejémoslo que la imaginación de los lectores haga el resto, y démosle tiempo a que mi amnesia selectiva se recupere. Solo así podremos saber alguna vez qué pasó la noche del dieciséis de diciembre de dos mil seis. La noche del putxero.


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