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Rafael Flores Montenegro traza en sus cuentos los vínculos sutiles que unen personajes, sensaciones, actos aparentemente desligados. Es un mapa de caminos que no recorren la tierra ni el aire, sino que activan conexiones ignoradas en la mente del lector. Entonces, se hace la luz. La palabra se vuelve creación, revelación, poesía. Alerta a las percepciones, la prosa de desliza por sonidos y asperezas, por terciopelos y sabores. Con un dominio de la narración que incluye el más sutil de los suspensos, Flores Montenegro ha escrito estos cuentos necesarios, llenos de dolor y de furia. Quizás Rafael Flores ha escrito sus CUENTOS DE SOMBRA ERRANTE con los mismos elementos que utilizó para escribir su novela OTUMBA, finalista del premio Felipe Trillo en 1990, y que ha sido reeditada hace un año por la editorial argentina Galerna. Porque este nuevo libro trata del amor y sus despedidas, de la muerte y sus resistencias; de los sueños y el despertar; del delirio o sueño del despierto. No es que cada cuento utilice sólo uno de estos temas, sino que todos ellos quedan trenzados en el conjunto del libro. Los cuentos son independientes unos de otros y, sin embargo, todos contienen junto al tema principal, gran parte de lo que es el principal tema en los otros cuentos de manera que, de no ser así, no se podrían sostener, como no se podría sostener la vida si sólo estuviera hecha de amor, o sólo de sueños, o sólo de muerte... En este libro hay cuentos de amor y muerte, cuentos con sueños y amor, cuentos con muerte y locura, sin dejar de estar en ellos el sueño último de la muerte. Los personajes que Rafael Flores nos presenta en sus cuentos no tienen su descripción hecha, como no la tienen los personajes de los cuentos de Cortázar, a quien está dedicado uno de ellos. Sin embargo están presentes con su nombre y su acción, sus recuerdos y sus deseos, sus tiempos. No conocemos el color de sus ojos ni su temperamento y sin embargo sabemos bien los sentimientos que inspiran, y, por tanto, les conocemos bien a ellos. Es precisamente uno de estos personajes quien nos enseña que la sombra existe porque la luz huye de la oscuridad. Aprendida la enseñanza podemos ya entender el título, porque nos permite admitir que las sombras, al contrario que los reflejos, vagarán hasta donde vaya su dueño, y las de estos personajes pueden llegar a cualquier lugar en el que exista la vida, porque estando como están condenados a no poder huir de ella, amarán, soñarán, continuarán sufriendo delirios y morirán. Y en eso precisamente consiste vivir. Construir bien las metáforas es percibir bien las semejanzas, nos decía Aristóteles. Rafael Flores nos demuestra, según ello, ser un escritor inteligente que reconoce tanto las semejanzas que existen fuera de él como las que es capaz de crear con el lenguaje. Con ello nos viene a señalar que la realidad tiene muchas perspectivas. La que él nos muestra nos ofrece una forma de conocimiento diferente al convencional. Porque ¿se podía pensar, antes de leer este libro, que las huellas de los pasos en la tierra no se borran por efecto de la lluvia, sino por el agua subterránea que camina por debajo de ella? En este libro se borran así las huellas. ¿Alguien antes había imaginado que un hombre puede vagar por la calle llevando en sus dedos a la mujer que ha amado, no su cuerpo, sino su forma? ¿Habría sido posible pensar antes de la lectura de estos cuentos, que los pasos de una persona son de color amarillo y van enhebrando las calles? Así mismo, Rafael Flores enhebra con el hilo de su tinta las letras de las palabras que luego se cosen en cuentos con los que se teje el libro. La lección ya está impartida. A partir de ahora el lector la puede aprovechar. |