


Cuando marché a Estudiar a Barcelona, el mayor de los desastres medioambientales, con una agresión gravísima al entorno del precioso caserío, se había consumado. La Inmobiliaria Constructora Mallorquina, S.A. y la Sociedad Alconesa, que intervino directamente en las obras, destruyeron la preciosa "Tanca de d'Alt" convirtiéndola en una Urbanización llamada "Parque de los Almendros". Horrible construcción, que sin duda daría cobijo a familias humildes de condición obrera que también tenían sus anhelos y alegrías y el derecho a una vivienda digna. El caserío perdió su imagen de pueblo y fue herido mortalmente en su idiosincrasia de sitio de casas solariegas de veraneantes de Palma. Un sinfín de bloques de viviendas, como ídolos de la especulación urbanística, sustituyeron a los preciosos almendros de "Sa Tanca d'Al". La infeliz obra fue coronada por la infame demolición de "Ses Cases de Son Quint" (También demolieron mi niñez y la de muchos hijos de Son Rapinya). Un atentado bochornoso a la arquitectura Mallorquina y la cultura de la Isla en General. Me quede paralizado al ver el lugar de Son Quint sustituido por las obras de un bloque de viviendas. Son Rapinya moría, justamente con mi marcha a la Península para trabajar en mis estudios, y el viejo caserío ya no era el de mi niñez. ¡Que rabia no haber podido luchar por su conservación!. Solo recordar la hidalguía de los señores administradores de la finca "L'amo en Joan"; Joan Pizá Salas y su hijo Rafael Pizá Arnau que se retiró el año 1975 fueron a lo largo de sus vidas ejemplo de Hidalgos y Señores que se ganaron todo el respeto de las gentes de Son Rapinya, ¡Cuanto trabajo dieron a las familias humildes del caserío!, en mis recuerdos os cuento que mi Madre trabajó, amen de clasificando almendras en los meses de verano, como limpiadora doméstica de la señorial casa y se ganó el respeto de tan noble familia, que demostraron hasta en su último adiós en nuestra querida iglesia. ¡NUNCA LO PODRÉ OLVIDAR!.
Todavía hoy cuando paso por SON QUINT siento el imponente caserío lleno de vida y calor para todas las familias de Son Rapinya.
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La muerte hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto ( y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. EL INMORTAL (Jorge Luis Borges) |