RECUERDOS DE LA VIDA DE UN NIÑO DE SON RAPINYA

Con mi cohete SANT-01 ¡Que nunca voló! en la terraza se casa

El Curso de Orientación Universitaria (COU)
¡ Por fin soy Estudiante de Bachiller !

Por aquellos días se recibió en casa el aviso del Ayuntamiento para ir a la revisión médica preceptiva ya que estaba en edad militar. Siempre me gustó mucho el Ejercito y ese primer acto de la llamada “mili” me ilusionó bastante. Cuando me dijeron que era acto para el servicio me sentí un poco más mayor y orgulloso de poder hacer el Servicio Militar igual que mis hermanos mayores. Ya habían pasado tres de mis cuatro hermanos por el servicio militar y pronto me tocaría a mi. Recuerdo que se lo dije a mi Padre con una ilusión que le sorprendió un poco, creo que siempre pensó que a mi no me gustaba la Milicia. El como requeté de 17 años en el Tercio Isabel la Católica de Granada luchó por sus principios y sin odio nos enseño que la guerra entre hermanos no puede repetirse. Los campos de Sierra Nevada y Tozar recuerdan la sangre derramada entre hermanos, y para mi y en especial, la de Papá. ¡Cuanto te hecho de menos Papá!  

Aquel verano Mamá y Papá decidieron que ya llegó el momento de volver a su tierra, por lo menos para visitarla. El viaje se preparó para ir de Palma a Barcelona en barco y luego con nuestro coche desde Barcelona a Madrid para encontrarnos con la Hermana de Mamá Isabelita y juntos bajar hacía Andalucía para visitar su querida Granada. Era un viaje atrevido para un conductor novato como yo y además solo con experiencia de conducir en la Isla con un tráfico muy diferente al de la península, pero la ilusión nos llenaba a todos y la aventura nos producía la natural atracción.

Llegado el momento esperado, algo inquieto por el viaje, cargamos el coche y salimos los cuatro. Papá, Mamá, Jesús y yo nos montamos en nuestro SEAT 850 “Especial” y nos dirigimos hacia el puerto de Palma donde embarcamos en un barco de la compañía Trasmediterránea a las 12 horas del mediodía. Llegamos a Barcelona a las 8 de la tarde y una vez sacado el coche del barco tuvimos que atravesar Barcelona para encontrar la salida de Diagonal hacia la carretera nacional II de Barcelona a Madrid. No fue fácil y siguiendo las indicaciones logramos salir de la gran ciudad pero algo de miedo y temor me infundió la gran urbe.

El tráfico era infernal y la salida de Barcelona a esa hora no era fluida en absoluto. En poco tiempo nos vimos en la Carretera Nacional y pronto llegaron los problemas. Muy nervioso, como no podía ser de otra forma en mi, iba notando como el coche perdía potencia y era necesario cambiar a marchas más cortas para seguir con cierta velocidad. Era de noche y entre la caravana de múltiples camiones no me di cuenta que estábamos subiendo al puerto del Bruc, que tiene importantes pendientes que incluso llegan al 6%. La aparente falta de potencia del coche cargado con cuatro ocupantes por las fuertes subidas me asustaron mucho, pero el problema se acabo cuando por fin, después del túnel, se iniciaba una gran bajada hacía las tierras de Igualada, ¡Pero que pasaba ahora! el coche se iba de lado a lado como dando bandazos ¡Que miedo!. Las pasé canutas intentando controlar el coche, había entrado en las roderas de los camiones en el asfalto y eso era nuevo para mi. Ahora muchas veces paso por esa misma subida y siempre me acuerdo de aquel terrible momento. Recuerdo a Papá dando tranquilidad y a Mamá un poco asustada entre tanto vehículo y la inestabilidad de rodar entre las roderas de los camiones, para mi desconocidas ¡En Mallorca no pasaban estas cosas!.

 No tardó en llegar el siguiente problema, esta vez real y no imaginado como la subida del Bruc. El esfuerzo de tanta subida y el tiempo terriblemente caluroso calentó el coche de lo lindo, cosa por otra parte habitual en los coches marca Seat de aquellos tiempos, así que tuvimos que parar y esperar que se refrigerara un poco. Levantamos el capo del motor, que estaba en la parte de atrás, y lo sujetamos con unos tacos de madera para dejar entrar más aire. Yo conecte la calefacción para refrigerar un poco más el motor y con las ventanillas abiertas seguimos el viaje ya en plena noche y refrescando un poco. Pasamos por Zaragoza y atravesamos el río Ebro y mi madre comentó lo mucho que le gustaría visitar a la Virgen del Pilar y su precioso Catedral. Todas las veces que he podido he visitado a nuestra Virgen del Pilar y he rezado por Mamá, Papá y Jesús que ya no están conmigo. Cantamos con una alegría sin igual “Si vas a Calatayud” cuando llegamos a esa Ciudad y realmente me gustó la Ciudad que tantas y tantas veces he tenido que atravesar en mi vida. ¿Que Cosas?

Las primeras elevaciones del sistema Ibérico me asustaron un poco y entre los últimos pueblos de La provincia de Zaragoza y los situados más al Sur de Soria encontramos que la Carretera II se hacia más y más transitable a medida que avanzaba la madrugada y el frescor de las ya tierras Castellanas nos permitía viajar un poco mejor con el coche un poco más refrigerado. Alhama de Aragón, Ariza, Santa María de Huerta y otros pueblos más pequeños nos recibían y despedían con la tenue luz de sus farolas alumbrando pequeños retales de casas que me llenaban de una indefinible atracción. Muchas veces atravesamos las vías de la línea férrea Barcelona-Madrid e incluso llegamos a ver algún convoy circular por ellas lo cual me llenaba de asombro ya que en la Isla no había visto trenes nunca. Todavía hoy me gusta viajar en Tren entre los largos trayectos de las tierras peninsulares.

Llegamos a Madrid por la mañana y nos las deseamos para llegar a El Pardo donde vivían los tíos. Los tíos de Madrid nos recibieron con los brazos abiertos y los primos Miguel y Paco se pusieron manos a la obra para cambiar la polea de la bomba del agua de refrigeración del coche por otra más pequeña, lo que propiciaba más revoluciones y en definitiva mas circulación de agua por el motor y mejor índice de refrigeración, eso unido al líquido que pusieron en el circuito de refrigeración que usaban los camioneros, y los consejos que me dieron los primos eliminó el calentamiento de nuestro Seat 850 Especial ya para siempre.

La familia de mis tíos era grande y nuestros primos eran fantásticos, fueron unos días muy intensos que nos permitieron saber que no estábamos solos en el mundo y que alguien de tu misma sangre luchaba por la vida igual que nosotros. Fueron días muy felices para Papá y Mamá recordando tantas y tantas cosas con los tíos de Madrid. El tío Manolo era un hombre cojonudo y nos hacia reír constantemente. Me impresionó de veras el Valle de los Caídos que me recordó las acogedoras tardes de clases de historia que recibía de mi maestro D. Joan Torres i Rullan en mi ya casi olvidada Escuela Parroquial de Son Rapinya.

Tanto mi tío Manolo como mi Padre que eran viejos combatientes del lado ganador (Requetés) me recordaron que el monumento recordaba a los muertos de los dos bandos y que no podía repetirse otra guerra igual entre hermanos. Hoy me pregunto muchas cosas sobre los hermanos y sobre las guerras y sobre los odios infundados por unos y otros. El Escorial me impresionó también pero de otra forma. Dedicamos algún día para visitar los lugares más tradicionales de Madrid y en unos días nos preparamos para viajar hacia Granada, la tierra de mis mayores.

Un día salimos de noche por la carretera nacional de Andalucía y en poco tiempo llegamos al Puerto de Despeñaperros donde dejamos las tierras castellanas para entrar en las tan queridas tierras para mis Padres. El tráfico era una bestialidad y la nacional estaba a rebosar de toda clase de vehículos, pero lo que a mi me asustaba eran los camiones. Aquellos viajes por la noche para aprovechar la fresca me daban mucho tiempo para pensar. Era mucha responsabilidad conducir el coche con tus Padres y hermano menor por aquellas tierras desconocidas. Bueno no tan desconocidas, justo pasábamos por donde la historia de nuestra País se había desarrollado. Bailen por ejemplo evocó en mi la terrible batalla, de no hacia tanto tiempo, que se libró en esos llanos y así casi todos los sitios de renombre me acercaban un poco más a la realidad de la Península, tan alejada de la vida de la Isla.

Las tierras de Granada nos recibieron con una luz especial y mis Padres se sintieron muy felices de volver, después de tantos años, a su querida tierra. Sentía la inquietud y a la vez la tranquilidad de saberme en la tierra de mis Padres. Nos alojamos en un piso de unos amigos de mi tíos de Madrid y como no podía ser de otra forma nos pasamos los días visitando a familiares y lugares famosos que Mamá siempre tenía en sus recuerdos.

En aquellas visitas pude comprobar como la tierra que tanta emoción producía en mis Padres a mi no me decía nada. Yo estaba en un momento de mi vida muy difícil en cuanto a identidad y la lucha que había declarado a nuestra condición no me dejó sentir lo que sin duda corría por mis venas.

Mamá pudo estar con su querido hermano Pepe y su familia durante una tarde, conociendo a sus hijas Pili, y Fina que había venido a Palma de vacaciones el año anterior y que nos recibió como nunca, sobre todo a mi hermano menor Jesús con el que había estrechado lazos de cariño. luego recorrimos otras casas de familiares que no recuerdo muy bien. La Alambra no me dijo casi nada, ¡no la entendí en absoluto!. Tomé muchas fotos pero no comprendía lo esencial de la joya árabe donde nuestras raíces se hundían profundamente. ¡Que pena! , no había tenido tiempo en mi infancia para aprender a gozar de las delicias de la vida, los problemas de supervivencia y las ansias y la lucha de superación habían llenado todo mis objetivos y anhelos y todo lo demás lo había dejado de lado. Todo eso unido a la edad hacían de mi viaje como un sueño donde las secuencias y retales de vivencias y deseos se mezclan en una amalgama inconexa.

Uno de los días nos acercamos al pueblo donde Mamá pasaba temporadas con su Madre y Abuela. "Cogollos Vega" es un precioso pueblo, blanco y limpio como el cielo. Mi primo Antonio, hijo de la hermana menor de Mamá Isabelita, estaba hecho todo un mocetón y mi madre se emociono mucho al conocerlo personalmente. Estuvimos en su casa y su Padre le regalo a mi Madre un cacharro de latón que tanto le gustaba a Mamá. Llegó el momento de visitar el cementerio y por supuesto el momento más emocionante para Mamá. Su Abuela, su Madre y su Hermana menor se encontraban allí enterradas desde hacia mucho tiempo y ella no había podido verlas y lo había sufrido desde la lejanía con toda la angustia de este mundo. Mi madre quedó estupefacta al ver que no tenían ni una lapida que recordara sus nombres, solo se adivinaba el sitio por indicaciones de los parientes del lugar y los ya casi irreconocibles abultamientos de la apilación de la tierra .

Mamá sentía que algo suyo muy querido se encontraba allí abajo y yo comenzaba a darme cuenta, que también había era algo mío. Solo pequeños y fugaces reflejos me decían que aquello también era mío. Yo quería sentir algo especial al estar en las tierras donde vivieron mis mayores, pero no lo sentía en absoluto. Era ajeno a todo aquello y parecía que no iba conmigo, no podía ni sentir las emociones de Mamá, estaba con mis sentidos obstruidos. Aquella edad era muy difícil para mi y me sentía como ciego por completo en todos mis sentidos.

Mis Padres y mis tíos quedaron en construir unas tumbas sobre la tierra donde los huesos de mi abuela y tía descansaban y que repartirían los gastos entre todos los que quisieran participar. Un día luminoso y hermoso dejamos nuestra Graná, como decía Mamá, y salimos hacia Barcelona por la Carretera Nacional. Mamá comento, no recuerdo en que momento, que aquella vez era la última que estaba en la tierra que le vio nacer y donde estaban sus mayores ya descansando de toda una vida de trabajo, penas y alegrías.

Todos teníamos ganas de estar ya en casa y solo nos quedaban dos días de viaje por esas carreteras de Dios. El viaje de vuelta fue tremendo y nos pasamos toda la noche en la carretera. Pasamos por Baeza, Murcia, Alicante, Valencia, Sagunto, Castellón, Tarragona y por fin Barcelona, donde nos esperaba el descanso en el piso del primo Miguel Bustos que muy amablemente nos había cedido las llaves y que se encontraba de vacaciones en Granada. Mi primo Miguel es hijo de un tío mío, pero no fue reconocido en su momento y eso hacia que Mamá se sintiera muy afectada y un poco culpable del asunto. Nunca nos había hablado del asunto y a tenor de lo que nos contó, parecía que no le hacia gracia el asunto. Los fuertes principios Católicos de Mamá no le dejaban que hablara por su Corazón.

Llegamos a Palma después de ocho horas de viaje en barco y de nuevo la tranquilidad de nuestra casa. A Mamá le encantaba estar en su casa y ahora que volvía de un viaje, tan, y tan especial se sentía mucho más a gusto en ella. Mamá sabia que había cumplido con una tarea pendiente y su realización la dejó muy relajada. Su espíritu estaba en paz con el deber cumplido en la tierra que le vio nacer. Una vez acabado ese tan especial viaje por los pueblos de la península y también por el tiempo, algo dentro de mi me satisfacía y tranquilizaba. Mamá estaba feliz y la sentí, por primera vez, cerca muy cerca de la tierra donde dio luz a siete hijos de los cuales cinco estábamos bastante creciditos.

Yo sentía como si mis Padres volvían de un viaje iniciático porque, en cierto modo, habían superado los peligros inherentes al viaje y llegar de nuevo a la Isla, a su Isla, ganada con el sudor de su inmenso trabajo y sufrimiento lo que suponía algo mágico. Era la segunda llegada en su vida a la precioso Isla de Mallorca y para Mamá se convertiría en la Isla “Avalón” de los antiguos Celtas. Feliz y contenta de haber visto a sus gentes y recorrer aquellos sitios, en su corazón concluía aquel viaje, que como os he dicho antes, ahora se que era iniciático. Mamá encontró la armonía entre la tierra de sus mayores y la tierra de sus hijos y decidió hacer suya la de sus hijos, creo, que por primera vez, y de nuevo fue muy feliz.

Mientras en casa y desde que José Antonio se casó todos corrimos un puesto en las habitaciones y Nicolás pasó al dormitorio grande con Miguel. Yo deje de dormir con Jesús en la misma cama, pero compartíamos la habitación pequeña para donde Mamá compró un juego de dos camas individuales muy bonito y coqueto. La habitación de Jesús y mía quedaba así amueblada del todo aunque todavía faltaban muchos detalles para la casa, con el tiempo y poco a poco Mamá llenaba la casa de detalles sencillos pero llenos de mucho cariño.

Como no podía pasar de otra forma por aquellas fechas y en un precioso mes de Octubre Miguel y Concha se casaron y se vinieron a vivir a casa aprovechando que Nicolás estaba cumpliendo su servicio militar, mientras buscaban una casa en donde vivir. Se casaron en la Iglesia de Son Rapinya y de nuevo el Rdo. D. Francisco ofició la ceremonia, sencilla y emotiva como siempre. Ya había en casa dos hermanos casados y la familia iba disminuyendo poco a poco y la casa se iba haciendo grande para los que nos quedábamos.

Aquel verano Ana se fue de vacaciones, como cada año, a su Ceuta Natal. Al volver de vacaciones y haber pasado los días de verano, cada uno por su lado, pasarían factura. Lo que había durado casi cuatro años llegó a su fin. Habíamos crecido juntos y vividos esos años tan tormentosos para los jóvenes como son de los 16 a los 18 años. Nos hicimos adultos juntos y fueron muchos los momentos de alegría y felicidad que pasamos en aquellos años. En los últimos tiempos ya fueron frecuentes los desencuentros, y las diferencias se hacían cada vez más acusadas. Los caminos comenzaban a separarse y yo no entendía muy bien los motivos ¿O SI?. Extraños acontecimientos se juntaron para dar al traste con los años pasados juntos y así de nuevo me encontré listo para vivir los nuevos tiempos con plena libertad y dedicarme a mis estudios a plena carga.

Ahora me da la impresión que mi personalidad cambio demasiado bruscamente y posiblemente me creí situado en un mundo que no era ni lo seria nunca. Desde la perspectiva de los años puedo sentir que Ana debió sufrir bastante mis inseguridades y angustias. Los pasos que iba dando y las casualidades que iba encontrando en mi camino me hicieron creer que podía con todo. Ahora me doy cuenta que no podía ser un "forastero" más y sin proponérmelo conscientemente todas mis acciones iban encaminadas a disimular mi condición de hijo de emigrantes que llegaron a la Isla para ganarse la vida. A la niña no le gusto mi imaginaria renuncia de los míos, digo imaginaria porque nunca se llevó a efecto tal renuncia, y siempre me sentí cerca de los míos "Ana era muy integra" "Yo muy inseguro".

Pablo y yo llegamos al Instituto  “Son Malferit” juntos una cálida mañana de Septiembre. El Instituto de Enseñanza Media estaba al final de la carretera de Manacor, justo en las afueras de Palma y donde hoy está ubicada la Facultad de Letras. Llegamos con el orgullo de los estudiantes del último curso del Instituto y con las inquietud natural del cambio de compañeros de clase y el miedo propio del desconocer como nos iban a recibir en aquellas aulas. El recibimiento no pudo ser mejor y tanto profesorado como compañeros nos recibieron con las manos abiertas. Era un centro docente mixto y eso era una novedad muy notoria en la enseñanza del Estado desde hacia unos pocos cursos.

Nos sentimos un poco extraños con las chicas en las aulas y no era para menos, desde el inicio de nuestra vida escolar siempre habíamos asistido a las clases en régimen separado y solo con profesores masculinos. La verdad es que estábamos encantados con las nuevas compañeras y creo que el cambio fue positivo en todos los aspectos. Las clases de las asignaturas comunes eran relativamente numerosas, pero las clases de las asignaturas optativas como Química, Física y Matemáticas Especiales, eran relativamente poco concurridas. Me adapté bien al ritmo de las clases y de hecho me sitúe entre los más avanzados. La asignatura más difícil era Ingles ya que el nivel de solo un año no era suficiente para alcanzar el nivel de los cinco o seis años de los alumnos de Bachiller. La profesora se dio cuenta enseguida, pero no aflojo ni un ápice el ritmo de sus clases, el que no pudiera que se retirara. Yo seguí en clase a pesar de que no pescaba ni bola y mis compañeros se retiraron al ver la actitud poco amigable de la profesora.

No tengo mas remedio que dedicar unas líneas al profesor de Literatura. Era un Padre Jesuita. El Rdo. Padre Marqués que al comenzar las clases nos hizo un examen de gramática elemental y en mi caso fue una autentica catástrofe, creo recordar que hice unas 25 faltas ortográficas en un folio, que evidentemente fueron un récord difícil de superar por ninguno de la clase. El Padre Marqués era consciente de nuestra poca formación en esta materia e hizo un gran esfuerzo para conseguir darnos unas clases de refuerzo en horas determinadas y voluntarias. ¡Gracias! Padre, nunca olvidaré sus clases ni la dedicación que nos brindó, a bien seguro sin ninguna contrapartida por parte de la Administración.

Siempre he adolecido de una buena preparación en gramática Castellana, pero la dedicación del Padre Jesuita posibilito que lo que era una vergüenza se convirtiera en algo menos doloso, pero a la vista está que sigue siendo bastante penoso.

No cabe duda que tenía la suerte de cara en aquellos años y mi gran debilidad en Matemáticas no pudo ponerse en evidencia. Me explicaré: tanto la asignatura de Matemáticas Comunes como la asignatura de Matemáticas Especiales tenían un contenido nuevo. Las "matemáticas modernas", como comúnmente las llamábamos, tenían un contenido diferente al estudiado hasta el momento. La teoría de conjuntos y la teoría de grupos formaban parte de aquellas matemáticas que iniciaban los campos de investigación abiertos por los geniales Cochy, Rieman y otros grandes matemáticos de nuestro mundo. Como eran los principios y además sencillos y muy conceptuales no tuve problemas para asimilar su contenido.

No quería dejarme engañar por tanta suerte y era consciente que en la Universidad y más en una Escuela Especial de Ingenieros, las matemáticas que contaban no era solo la teoría de conjuntos, que también tendrían su parcela, sino el Cálculo Infinitesimal inventado hacia muchos años por Newton y Leibznitz y que era mi talón de Aquiles. Bueno en ese curso no tendría problemas y estaba seguro que pasaría las asignaturas de matemáticas y por supuesto las otras, todas, menos la asignatura de Ingles que no lo tenía nada claro.

Llegó el final del primer trimestre y al llegar al Instituto para disfrutar de una torrada antes de despedirnos para las vacaciones de Navidad nos encontramos con las puertas cerradas y la Directora en la calle. La Organización separatista vasca “ETA” había asesinado al Almirante Carrero Blanco mediante un coche bomba en Madrid. Nosotros argumentamos que razón de más para hacer una fiesta, pero la joven Directora nos convenció para que la fiesta la hiciéramos en otra parte.

Aquellas vacaciones de Navidad fueron de nuevo muy felices y Mamá me regaló una guitarra nueva que fuimos a comprar a Galerías Preciados de la calle Jaime-III. Era una buena guitarra Española que sonaba algo mejor que mi vieja guitarra de cuerdas de acero que me destrozaban los dedos. La guitarra me acompañaría toda la vida por los muchos sitios donde he vivido y en muchos momentos a reído conmigo y otros muchos también a llorado. Mi fiel guitarra nunca me ha defraudado y en las mil fiestas que ha estado siempre se comportó como nadie. Sus notas han servido para acompañar miles de canciones por toda nuestra vida y primero los amigos de la juventud pasando por los pasacalles de grupos tuneros, el ejercito y mas tarde tanto nuestros hijos como los de nuestros amigos han celebrado momentos importantes de su vida con alguna que otra canción adornada con las alegres notas de sus ya viejas cuerdas. En la guitarra queda algo de aquella alegría con la que mi Madre me la compró y a veces sola y a modo de rebeldía su caja de resonancia deja salir alguna nota escondida entre los recovecos de sus nobles maderas que puedo escuchar y que me lleva en el tiempo a otros sitios, otros lugares, desconocidos pero no por ello queridos.

Al finalizar las vacaciones y comenzar de nuevo las clases cambiamos de edificio. El Instituto se trasladó al Polígono de Levante a un edificio totalmente nuevo que era para estrenar. El Instituto se llamaba "Antonio Maura" y estaba construido en el Polígono de Levante de la capital mallorquina. A la ilusión de estar cursando el último curso del  Bachiller previo a la Universidad se unía la ilusión de estar en un edificio recién estrenado y que todavía, algo menos nuevo y pintarrajeado, sigue dando cobijo a jóvenes estudiantes de otras generaciones. Tanto Pablo como yo nos integramos en nuevos grupos de Amigos que nos recibieron como de toda la Vida. Recuerdo en especial a Manolo Pujol y Joan y Mariano Gual que sin duda serian lo mejor de lo mejor desde ese año en adelante. Cuando escribo estas líneas me viene a la memoria las noches de estudio en la casa (Possessió) de Juan y Mariano, justo antes de los exámenes claro ¡Vamos el día anterior!. Noches en blanco repasando no se muy bien que asignaturas ¡En fin no cabe duda que era el preludio de lo que luego viví en la Universidad en Barcelona.

Por otra parte las clases iban muy bien si exceptuamos el Ingles, que como no podía ser de otra forma, se me puso muy cuesta arriba desde el principio. Pablo y otros amigos renunciaron a seguir en clase y dejaron de asistir a ellas. Yo seguí como si nada pasara y mi esfuerzo me costó para no perder ritmo pero creo que fue muy útil. Muy probablemente suspendería Ingles por conocimientos pero no por actitud.

Como os comentaba con el cambio de Centro Docente conocimos a nuevos amigos y los pasos de mi amigo Pablo y yo cambiaron de rumbo y de lugares donde pasar buenos momentos. Juan y Mariano Gual de Torrella, Manolo Pujol y otros pasaron a llenar los espacios dejados por los anteriores amigos. El Bar Moderno de la Plaza España era nuestro centro de encuentros cuando teníamos tiempo y por allí pasamos muchos buenos ratos con los compañeros de clase.

Mi vida en casa aumento su tono vital y pasaba más horas en ella ya que tenía que estudiar más y mejor . Muchas tardes Mamá me pedía que cogiéramos el coche y fuéramos a buscar a Papá a la salida del matadero y así lo hicimos muchas veces. Casi se hizo costumbre el que le esperáramos en la puerta del antiguo matadero y los compañeros de Papá le avisaban cuando nos veían llegar. Como no salía con ninguna chica, por primera ves en años, le dedicaba tiempo a mi familia y no era raro que acompañara al mercado a Mamá con el coche.

Cuando llegó el mes de Abril Mamá fue de nuevo muy feliz. Lucia vino al mundo en un bendito día de Abril y nos llenó a todos de alegría. Hija de Miguel y de Concha era la primera nieta de mis Padres. Así de la noche a la mañana mis Padres se convirtieron en Abuelos y yo en Tío. Que hermosa era la Lucia y que orgullosa se sentía mi Madre al tener una nieta con su mismo nombre. Llegaba un cambio muy importante en la familia. La visita de Miguel y Concha llenaban de alegría y esperanza a Mamá y la nueva casa se lleno de los lloros de de un primer precioso Bebe. Las excursiones por toda la Isla aumentaron de forma considerable y pasamos buenos momentos paseando por los pueblos de Mallorca conociendo sus ferias y mercados. Parecía como si después de haber viajado por la Península y por Andalucía, valorásemos más la alegría y riqueza de los pueblos Mallorquines. Por ese tiempo llegó otra gran alegría para Mamá. Aurora nació en un hermoso día de Julio, hija de José Antonio y Aurora, junto con Lucia se convirtió en la alegría de la casa y no podéis ni imaginar lo feliz que era Mamá con sus dos nietas en los brazos. Nunca quiso a nadie como a sus nietos y parecía querer plegar el tiempo sobre ellas y vivir las niñas que nunca tuvo. La familia iba creciendo y ya la llamaban abuela y poco a poco se convertía en la gran Matriarca de la familia que llegó a ser, ya que todo giraba en torno a ella, su poder de envolver todo lo que tocaba era inmenso y todos sentíamos la necesidad de estar bajo su protección.

Yo seguía comportándome con Mamá como cuando empecé mis estudios. Le contaba todo aquello que me parecía especial y como ahora todo lo que conocía de nuevo me parecía especial, le contaba todos las nuevas teorías sobre el tiempo y la relatividad, que como es natural no entendíamos ni ella ni yo, pero que nos gustaba a mi contar y a ella escuchar.

En el Instituto tenía tres Profesoras ¡ Si Profesoras !, lo cual también era nuevo para mi. Las "Profes" muy jóvenes eran las de  Matemáticas, Física e Ingles y las tres me parecían atractivas ¡Normal!. No cabe duda que ellas se dieron cuenta de mi impresión y primero la de Matemáticas que me colocó al final de clase para que no le mirase las piernas por debajo de la mesa, y luego la de física que se puso bata para disimular su rotundo trasero me dejaron sin mis escasas diversiones de clase.

Pronto llegaría el final de curso y la posibilidad de acabar mis estudios en la Isla. Mis proyectos podían hacerse realidad, pero la asignatura de Ingles, que con toda seguridad suspendería, condicionaba todas mis actuaciones. No podía pensar en nada mas que en superar el curso y por las notas que iba sacando parecía que podía ser posible. De nuevo estaba entre los mejores de clase y solo en Ingles parecía que no pasaría.

Y como no podía ser de otra forma, Llegó el final del curso y las notas que nos repartieron me lleno de alegría. Estaba entre los cuatro alumnos que aprobamos todo el curso en Junio incluido el Ingles. Había superado el Curso de Orientación Universitaria y por lo tanto había convalidado todo el Bachiller Superior y por fin tenía el camino libre para la Universidad, podía elegir cualquier carrera de las muchas Universidades del estado. Mi libro de escolaridad me lleno de gozo, ¡Ya tenía el libro azul que solo tenían los alumnos de Bachiller!, y con unas anotaciones de mi tutor que me orientaba hacia las carreras de Ingeniería Aeronáutica o Ciencias Físicas.

 Algo dentro de mi me decía que no estaba preparado para pedir en casa que me pagaran la estancia en Madrid o en Barcelona para iniciar los estudios de Ingeniería. No recuerdo en que gastos andaban pero no encontré el momento para decirles a mis Padres que me tenía que ir y yo tampoco encontré el momento de decidir salir de mi querida casa para meterme en cualquier Pensión de mala muerte. El miedo a suspender el Ingles había condicionado que no me aprobarían, como pasó con Pablo y otros amigos, y no estaba suficientemente preparado.

Al encontrarme con la posibilidad de matricularme en la Universidad parecía como si un primer gran objetivo se había cumplido y la tensión de los años pasados cesó por completo, algo dentro de mi me decía que todavía no podía irme de casa y una ligazón que no comprendía me mantenía sin preparar nada para irme a estudiar fuera. Notaba que Mamá quería vivir a su hijo en la Universidad muy de cerca.

Mientras tanto en Mallorca se había inaugurado una sucursal de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Barcelona y donde se podían cursar los primeros cursos de Físicas, Matemáticas, Químicas y ciencias Biológicas. La Facultad se construyó en unos terrenos de la carretera de Soller y se podía llegar con un Autobús especial que salía de la Plaza de España. Ahora es el "campus universitario de Baleares"

Aquel año algo me indicó que no podía marchar todavía. Cuando llegó el tiempo me matricule de Ciencias Físicas en la Universidad Autónoma de Barcelona y me convertí en Universitario con la mayor de las alegrías por parte de mis Padres y en especial de Mamá. Había llegado a la Universidad desde mi Escuela Parroquial de Son Rapinya y en la misma Isla (Fui de los primeros Estudiantes Universitarios en centros Docentes de la propia Isla que eran apéndices de la Universidad Autónoma de Barcelona y embriones de la Futura Universidad de las Islas Baleares). Ahora creo que ese año fue necesario para muchas cosas difíciles de escribir.

Recuerdos de la Vida de un niño de Son Rapinya