RECUERDOS DE LA VIDA DE UN NIÑO DE SON RAPINYA

La Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Terrassa

Soy Estudiante de Ingeniería Industrial
¡ Mi Primer año fuera de Casa!

La costa peninsular Catalana se acercaba  lentamente a medida que el barco, con un ligero balanceo, se acercaba al Puerto de Barcelona. Casi no había dormido por los naturales nervios del viaje y la inquietud de los desconocido. Tres veces antes había estado en Barcelona y solo una había permanecido el tiempo suficiente como para conocer algo de la gran ciudad coincidiendo con una visita al Salón de la Electrónica  Sonimag.

Era una mañana muy brumosa, o eso me pareció a mi, en contraste con la luminosidad de mi lejana Isla de Mallorca. El Puerto de Barcelona me apareció de repente como un monstruo gigantesco con grandes barcos atracados, grandes silos almacén, grandes muelles ocupados por cientos de contenedores y la imponente montaña de Montjuich coronada por el castillo del mismo nombre. Mis sentimientos ambivalentes desde hacia días seguían a flor de piel, más si cabe, en esos emocionantes momentos de llegada a Barcelona, por un lado el lógico temor a lo desconocido y por otro lado con el orgullo del que se sabe en el camino elegido y con la fuerza y el convencimiento necesario. Llevaba el dinero para la matricula en un bolsillo que mi madre me había cerrado convenientemente mediante un imperdible y estaba a punto de poner pie en la vorágine de la gran Ciudad, ¡Cuidado! me había repetido hasta la saciedad con esa protección que solo saben dar las madres.

Al atracar al barco, recogí mi maleta de plástico negro, que me había comprado mi Madre, y me dispuse a bajar la escalerilla de desembarco, y de pronto me encontré solo, muy solo, eternamente solo en una tierra extraña para mi. Me dirigí hacia la boca de la estación del metro de Atarazanas, que era la única que conocía, con la maleta a cuestas y acompañado por la claridad brumosa de la mañana Barcelonesa.  Crucé el semáforo de la Plaza de Colón y entonces sentí algo de la grandiosidad de las grandes Ciudades. Los edificios de la Comandancia de Marina y de Capitanía General que jalonan el principio de las Ramblas me impresionaron de veras. Caminaba asombrado entre esos edificios y las grades avenidas de la zona, hasta la boca del metro de Atarazanas.

En la estación del metro de Atarazanas de la línea "verde" podría coger un convoy que me dejaría en la Plaza de Catalunya, donde tomaría uno de los trenes, que por aquel entonces se llamaban "Los Catalanes" (ferrocarriles de vía estrecha), que me llevarían a mi esperada Terrassa. No salí a ver la Plaza de Catalunya, ya tendría tiempo en otra ocasión. Pasé del metro a la Estación de los Ferrocarriles Catalanes donde compré un billete de tercera clase por no recuerdo cuantas pesetas, entonces esperé un buen rato sentado en las estación donde intente repasar con vivo interés esas obras subterráneas, desconocidas para mi, y poner en orden las ideas y mi situación emocional, por supuesto, bastante alterada

El tren llegó, no sin asombro por mi parte. ¡Me gusto! el viejo tren y después de una breve parada llegó el momento de subir a los compartimentos de tercera con los asientos de madera. El tren partió, y ahora ¡Si! un camino desconocido se habría ante mi. Túneles y más túneles, que me parecieron eternos, nos llevaron hacía el Norte, y cuando dejamos los túneles nos recibió una vegetación exuberante y hermosa (La floresta) con grandes casas solariegas que me recordaron mucho la casona de "Can Eulesa" donde nací. El viejo tren serpenteo entre los pinares varias veces antes de llegar al apeadero y después de una breve parada retomó el camino de mis sueños. Pasamos Rubí y San Cugat como grandes urbes llenas de vida.

Terrassa me recibió trabajadora y luminosa en su vieja Estación de "Los Catalanes" ahora "Ferrocarrils de la Generalitat", situada en las viejas y bonitas ramblas, y de nuevo con la maleta a cuestas me dirigí a la pensión, cuya dirección me había dado Bernardo Dalmau de Sineu. En la Pensión me esperaban, y el marido de la dueña que regentaba una ferretería justo debajo de las habitaciones, me recibió con los brazos abiertos y atentísimo. La Pensión se encontraba justo en el centro de la población en una pequeñísima plazoleta con una preciosa fuente que tantas veces me vio beber.

Al dejar la maleta me dirigí sin pausa a mi soñada Escuela de Ingenieros para matricularme. ¡Fue Impresionante!, el edificio, me pareció majestuoso, aunque ahora reconozco que me gustaba más el edificio vecino donde se ubicaba la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica. El conjunto de edificios me impacto de veras, me asusto, me alegró y sobre todo me hizo sentir muy orgulloso al subir la Escalinata de su puerta principal. En la entrada ondeaban las tres banderas de rigor (Española, Requeté y Falangista) de todos los edificios oficiales del Estado detalle que de alguna manera me resultó chocante. Recogí los papeles de matricula y me puse a rellenarlos de inmediato. Los presenté, junto con la carta de traslado de expediente entre las dos Universidades y pagué unas 4.200 Pts. de matrícula por ser una Escuela Especial (Las facultades eran más baratas ), tuve que elegir el grupo de tarde ya que los demás estaban llenos, cerca de 400 alumnos se habían matriculados en seis grupos para cursar primer curso de Ingeniería Industrial. Si al subir la escalinata de la Escuela sentí orgullo, al bajar me sentí como todo un Ingeniero. ¡Joder!, no había ni entrado en la Escuela y ya me veía llevando las obras y Proyectos más importantes de este País. Así de Gilipoyas era yo en aquel entonces, bueno, y un poco sigo siéndolo ahora.

Mi amigo Bernardo Dalmau de Sineu no estaba, ya que se había matriculado antes, vendría unos días más tarde. Mi otro especial amigo Tomás Cerda tampoco estaba, ya que se encontraba haciendo Milicias en no recuerdo donde. Por la noche llamé a casa y con la mayor de las alegrías les conté a Mamá que ya me había matriculado, creo que aquel día no comí nada, ¡me olvidé!.

En la Pensión mi habitación era pequeña pero muy bonita con un ventanal hacia la plazoleta y una mesa preparada para estudiantes con una silla y una pequeña repisita para poner los libros y demás útiles de cualquier estudiante. Aquella noche no dormí mucho, lo que unido a la noche anterior del barco, y sin comer me debió ir de cojones. Mi amigo Bernardo Dalmau llegó al día siguiente y de inmediato me pasó a buscar. El había podido matricularse en un grupo de mañana y ya en su habitación y de inmediato me puso a prueba en matemáticas y otras cosillas menores que el dominaba. ¡Que horror! no me acordaba que había que estudiar para sacar el Titulo y el puñetero Bernardo quería fardar de conocimientos de "Mates", justamente de matemáticas. ¡Claro!, el había estado en una Escuela de Minas. De nuevo pude comprobar como no tenía ni puñetera idea con el mayor de los gozos de mi sonriente amigo. ¡Santiago así no vas a ninguna parte! me dijo el cabrón. Del susto me marche a mi habitación  con el más gordo de los libros de mates que me dejó mi compañero, con el consejo que empezara a estudiar ¡De inmediato!, ¿Si No? me volvería muy pronto para mi querida Isla. Me puse a  hojear aquel tormento de libro de Cálculo Infinitesimal al instante, ¡¡JODER!!, no tenía ni puta idea y eso que venía de una Facultad de Matemáticas, por lo menos sonarme me tendría que sonar, pero ni por esas, me dio la impresión  que de bien poco me serviría mi año en la Facultad de Ciencias de Palma.

¡Y llego el glorioso primer día de clase en mi flamante Escuela de Ingenieros!. Que emoción sentir a los Profesores decirte que si no vas preparado ya te puedas ir para casa y ahorrar dinero a tus Padres. Esas fueron las primeras palabras del Profesor Rayo que nos impartió Física, y no os detallo mucho las del profesor Tudurí, Menorquín para más señas, que era el autor del libro de álgebra que yo había estudiado en COU, y compañero de promoción de mi Profesora de Matemáticas de COU (A la que miraba las piernas por debajo de la mesa) y era evidentemente el Profesor que impartía Álgebra, siempre estuvo empeñado en que me iba a suspender, aún sin empezar, ¡Joder! creo que al final me tomo cariño el puñetero. El profesor de Cálculo era muy serio y no entró en detalles de como iba a enfilarnos a la mayoría, sino que de inmediato se puso a desarrollar el primer tema. El grupo de tarde no era muy numerosos y yo podía siempre sentarme en primera fila, aún sin tener ni puta idea. El profesor Carrera de Cálculo me dejó de una pieza ya en su primera hora de clase, desarrollo en la pizarra los conceptos que teníamos que repasar de bachiller para poder comenzar con el temario del curso y dejó una pizarra como un libro abierto, espectacular, organizado, estructurado, claro, magistral, todo es poco para calificar aquel joven Licenciado en Matemáticas. ¡Los Catedráticos no estaban para dar clase a los  alumnos de Primero!. El Profesor de Química y el Profesor de Dibujo Lineal de cuyos nombres no me acuerdo eran igualmente muy buenos. Con el profesor de Dibujo tuve una relación especial ya que el también había llegado a la Universidad procedente de las Escuelas de Maestría Industrial y sabia nuestra preparación en esta materia desde muy jóvenes, también hice una buena amistad con ese señor de cuyo nombre no me acuerdo.

Efectivamente no tenía ni puta idea de nada excepto de algunos conocimientos de Química y Dibujo, pero las grandes asignaturas de Cálculo, Física y Álgebra me esperaban como monstruos amenazantes de mi posible derrota y consiguiente retirada. ¡Pero! algo había cambiado en mi manera de afrontar las clases, los profesores y en definitiva de estudiar las materias que se impartían, ¿O eran los Profesores?, ¿O eran el Entorno de estar solo y constantemente en tensión?. La verdad es que tanto Rayo, Carrera como Tudurí eran excepcionales, como Profesores. Eran como máquinas didácticas que introdujeron dentro de mi el gusanillo del conocimiento y ¡Por Fin! comencé a sentir como los temas me gustaban de verdad (Ellos hicieron que me gustará). En cada asignatura sentía la necesidad de asimilar toda aquella materia, especialmente en física donde el profesor Rayo me enseñó física de verdad, todo el amplio abanico de temas del temario oficial (desde Cinemática hasta óptica donde el querido Profesor cada vez que ponía, en la pizarra,  rayo de luz lo hacia en mayusculas "Rayo", claro como era su apellido. Como os he dicho tome por costumbre desde el primer día sentarme en la primera fila de clase peleando con todo aquello que no entendía (sin vergüenza y con mucho arrojo). Rayó era una maravilla didáctica.

Acababa las clases muy tarde 8:30 a 9:00 y me marchaba para mi habitación con los apuntes tomados en clase y con los trabajos pendientes, especialmente en Dibujo Lineal, y me ponía a estudiar la mayor parte de las noches sin cenar hasta altas horas de la mañana, hasta que caía rendido sobre los apuntes o las cartulinas de Dibujo al acabar los trabajos pendientes. En aquellas primeras dos semanas comía en el Comedor Universitario de la misma Escuela de Ingenieros y prácticamente no cenaba, solo tenía en la cocinilla de la pensión un pack de leche, unos tomates para hecer (Pan Amb Oli) y poco más. Pronto me di cuenta que las 5.000 Pts. que Mamá me tenía asignado no me llegarían para un mes, ya que solo en la pensión pagaba 3.000 Pts. las 2.000 restantes tendrían que alimentarme y nada más, absolutamente nada más.

Y llegó el 20 de Noviembre (recordad que era el año 1975) y dormido en la habitación, bueno, recién dormido ya que había estado toda la noche estudiando y trabajando, una fuerte voz me despertó, ¡MUERTO EL PERRO MUERTA LA RABIA! ¡Coño que pasa!. Mi amigo de Sineu dando voces como un poseso entró en mi habitación con esas palabras que no se me olvidaran nunca. El General Franco había muerto, así que mi compañero de Pensión estaba más contento que unas pascuas. Yo no sabía que pensar exactamente, sentí miedo, ¿Y si había otra guerra y me pillaba justamente lejos de mi familia?. Fuimos de inmediato a buscar medios de comunicación y pudimos comprobar que efectivamente el Jefe de Estado, Generalísimo de los Ejércitos había muerto en su Palacio del Pardo.

Lo único que yo saque en claro de todo aquello es que nos dieron una semana de vacaciones, así que para casa, sin perder un minuto cogí la maleta y con el tren de "Los Catalanes" me dirigí hacia Barcelona a comprar un billete en el barco correo para Palma de las 10 horas de la noche. El Puerto era un bullicio de estudiantes mallorquines  de las tres Universidades Catalanas y una fiesta sin igual ¡Joder! que follón se había montado, casi no había billetes, pero pude coger una butaca y a eso de las 10 horas salimos del puerto de Barcelona para Mallorca con una fiesta y alegría sin igual, Papeles, Champang, cintas tierra barco. Parecía la salida de un crucero de lujo. Por cierto me encontré con algunos de los compañeros de mi antigua facultad, con los cuales departimos alegremente como iban nuestras respectivas cosas. Esa noche ya dormí un poco mejor en el suelo de la sala de butacas con mi querida maleta de almohada y abrigado con el viejo abrigo negro de paño de mi hermano Miguel que tantos años me acompañó. A la mañana siguiente llegamos al Puerto de Palma y a nuestra casa, casita como nunca querida y añorada solo de unas semanas. Había dado el salto y me sentía feliz, muy feliz en mi nuevo camino.

Para el viaje de vuelta ya era todo un veterano en el Barco correo, donde de nuevo muchos estudiantes de la Isla volvíamos a nuestras Facultades y Escuelas de Catalunya. Con el tiempo todos casi todos y todas nos conocíamos, aunque solo fuera de vista, y evidentemente sabíamos quienes estábamos empezando y quiénes ya eran los mayores y apunto de acabar, esos viajes nos unieron muchas noches en barco, entre Mallorca y Barcelona a unas cuantas generaciones de estudiantes.

Mi amigo de Bernardo Dalmau tenía una Vespa para desplazarse por los campos de fútbol, ya que era arbitro de ese "deporte" en la categoría de Primera Regional, así que los pocos Domingos que estuvimos juntos, le acompañaba de paquete en la Vespa. Un día, en determinado partido de fútbol, tuvimos que salir por piernas del campo (Habitual). El por ser el arbitro y yo por ser su acompañante, desde entonces ya no volví más. Otro Domingo que no puedo olvidar me llevó a Montserrat y pude ver la tan venerada "Moreneta". Fue la primera vez que me emociono sobre manera el canto del Virolay, todavía hoy me sigue emocionando el himno sagrado del Pueblo Catalán. El Himno que  el Tres veces heroico  Tercio Requete "Virgen de Monserrat" cantaba desde sus posiciones de "Cuatre Camins" en la Batalla del Ebro. Aquellos muchachos Catalanes de la edad de mi Padre, que también combatió en otro Tercio Requete, lucharon y murieron en aquellos campos de Mora de Ebro por defender la fe Cristiana detrás de sus guiones con el crucifico de Jesús a cuestas.  Recuerdo que me encomendé a la Virgen de Montserrat y le pedí que  me guiara en mis estudios, y en una pequeña estampita que siempre llevé en mi cartera, tenía escrito mi petición. La Virgen, que me había enseñado a querer mi Maestro Espiritual y Cura Párroco el Rdo. D. Francisco Adrover Ballester de Son Rapinya, me escuchó de nuevo como tantas otras veces.  

Sabía que había otros chicos mallorquines en la Escuela de Ingenieros de Terrassa, además de mi amigo Tomas que seguía en Milicias. Un determinado día en el comedor me encontré con Andréu Nicolau Gornals que era natural del pueblo Porreras (Un precioso Pueblo de Mallorca bajo la protección la "Mare de Deu de Montision"). Andreu me comentó que en la Pensión en donde el estaba, todos eran de la Isla y se habían organizado como un piso, además al mes solo pagaban 2.500 Pts. (incluido lavado de ropa y limpieza de las habitaciones). La Pensión se encontraba en la calle García Humet- 62, en el segundo piso, muy cerquita de la mía. Pero lo más maravilloso es que me dijo que en su habitación había una cama vacía y que estaría encantado de compartirla conmigo. A mi se me abrió el cielo (500 Pts. menos y la ropa lavada) y con un grupo de amigos mallorquines de los mas diversos Pueblos de la Isla. Me entreviste con la Patrona y me cambié ese mismo día con el consiguiente cabreo del patrón de mi primera  Pensión. Nunca podré agradecer a mi querido amigo y compañero Andréu Nicolau Gornals el favor que me hizo. ¡Gracias Andréu!.

Joan Carlos Amengual del Arenal y  Biel Bennasar de Felanitx compartían la habitación que tenía el único balcón y era el lugar habitual de tertulias, timbas, cotilleos, etc.. Miquel Cañellas Vic de Santa Maria y Joan Duran de Manacor (que estaba haciendo la mili normal y todavía no se encontraba en la Pensión) compartían otra habitación, luego había dos habitaciones individuales, una con un chico brasileño "El Basi" y otra de Josep, un chico de Bot ( Un pueblo de la provincia de Tarragona) y por último otra habitación doble con Andreu y, a partir de ese mismo momento, yo mismo. La Pensión disponía de un amplio comedor con un ventanal fantástico que daba a un jardín de interior muy bonito donde destacaba un cerezo y un kaki preciosos y grandes.

A través de mis nuevos compañeros me introduje en el grupo de estudiantes mallorquines que era muy numeroso si tenemos en cuenta que éramos de tres entes docentes: Ingeniería Industrial, Arquitectura de la mancomunidad Sabadell-Terrassa y la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica. Cada tarde se reunían en la Bar Catalonía, recuerdo especialmente a Pepe García Ruiz (Pep Cristo), y Artuto Kellmer que cursaban Aquitectura y Jaume Aguiló que cursaba Ingeniería Técnica. ¡Hay que ver! que solo me sentí aquel, ya lejano, primer día de llegada a Barcelona y lo bien que me sentía ahora con este nuevo grupo de amigos. Todos los compañeros del nuevo piso (funcionábamos como un piso) me recibieron con todo el cariño y el respeto que saben dar los hijos de familias acomodadas de Mallorca. Posiblemente yo era el de origen más humilde, pero siempre recibí de todos y cada uno de ellos todo el cariño, apoyo y ayuda que necesite en mi estancia (que no fue poca), y  que se dilataría tres años, ya que me traslade de Escuela, a la de Barcelona para cursar una Especialidad que solo se impartían en Barcelona y Madrid. ¡GRACIAS A TODOS!

Mi nueva habitación, compartida con Andréu,  no tenía ventanas, solo había un tragaluz en el techo que no podíamos abrir. Para estudiar había dos mesas de estudio que estaban juntas y dos pestaches justo encima de las mesas para poner los libros y demás útiles de clase. El humo de los cigarrillos hacia de nuestra habitación casi un antro de juego. Para esas fechas ya sabia que para un buen estudiante una radio es fundamental y quizás la única compañera de la noche, así que me llevé la pequeña radio de transistores de casa que me acompaño en mis madrugadas muchos años ¡muchos años!.

Como norma general cada viernes o sábado llamaba a casa de mi hermano mayor José Antonio, que tenía teléfono, cuya vivienda estaba sobre nuestra casa, desde la oficina de telefónica en la Plaza Mayor que se encontraba en el casco antiguo de Terrassa, a  cobro revertido ¡por supuesto!. No mucho más tarde Mamá se hizo instalar un teléfono en casa cuyo numero era el 84.62.94 y poder tener una comunicación más directa . En la Pensión había el teléfono de los dueños de la casa , pero solo era para llamadas de necesidad o urgentes ¡o de la novia! como el caso de Biel Bennassar cuya novia lo llamaba casi cada día.

Solo me resta deciros para terminar este primer capítulo de mi vida fuera de casa, que el dinero cada mes me lo enviaban desde casa con un giro Postal y tenía que ir a correos donde me los pagaban. como ya os dije que 5.000 Pts. era la asignación mensual, y como podéis imaginar, no me llegaba hasta final de mes. Aquellos primeros meses con algún gasto de papelería (no compré ni un libro),  los que necesitaba los sacaba prestados de la biblioteca o de los compañeros del piso, pero si tenía algún gasto extra en cartulinas de dibujo y otras cosas menores, que me desequilibraban completamente mi ajustadísimo presupuesto. Me falto dinero siempre, así que tuve que recurrir no pocas veces a mi buen hermano Mayor José Antonio, sin decir nada en casa por supuesto, para que me enviara un pequeño suplemento que me permitiera, por lo menos, comer. No tarde mucho en dejar de comer en el comedor Universitario (no me llegaba) y comencé lo que tantos años haría mientras fui Universitario, que no era otra cosa, que hacerme la comida yo mismo con las materias primas más elementales compradas en el Súper más cercano y barato. Evidentemente ya podéis imaginar que no tenía dinero para nada más que comprar lo elemental para subsistir y no podía tener ningún gasto superfluo ¡ninguno!.

Comencé a no salir en absoluto y solo sabia estudiar ¡estudiar como un burro! (ocho o nueve horas al día), llegué a tener ganas de acabar las clases para estar en mi mesa y revisar el material recogido, ponerlo en orden y COMPLEMENTARLO. Cada noche Andréu, que hacia Segundo curso, y yo, estudiamos hasta las seis de la mañana. Una tras otra, sin descanso, las noches se convirtieron en mi amiga y eso duró hasta que acabé la carrera. Mi norma era que cuando comenzaba el programa Alborada en Radio Nacional me iba a dormir.

En Clase, grupo (F) de tarde, me eligieron como Delegado de Curso, debido a mi experiencia anterior supongo, y precisamente aquel año, conflictivo como el que más y en una Ciudad como Terrassa de fuerte arraigo obrero y con bastantes movimientos políticos que pronto saldrían de la clandestinidad. Menudos follones, tenía el Delegado de Escuela que era de tercero o Cuarto, no recuerdo cuantas reuniones políticas tendríamos aquel año. Evidentemente hubo algunos intentos de huelgas y cosas así, pero el olvidado grupo de tarde no paro ni un día de clase.

Aquel año la vuelta a casa por las vacaciones de Navidad fue fantástico. Fue el periodo más largo que había estado fuera de casa y el volver a mi casa y mi gente me reconfortó mucho. Aquel año mi buen amigo Tomàs me había escrito una carta muy personal hablándome de mi primer amor, ¡SI! María Heredia Gonyalos (mi Novia de la infancia) y Primer Amor de mi vida, como ya os comenté cuando os contaba como era el caserío donde nací (Son Rapinya). En esas vacaciones salimos las dos parejas de toda la vida (Tomas y Loly y María y Santi) a bailar a una discoteca que se llamaba Tiffanys. María y yo bailamos toda la tarde y nos besamos como los enamorados que éramos desde los 13 años. María lloró en determinado momento y yo no supe como reaccionar, no entendí esas lagrimas  y en mi ignorancia y egoísmo, entendí que querían separarme de mis objetivos de estudiar fuera de Mallorca. Para mi no era fácil reconocer mi amor por María ya que me apartaba de mis objetivos y al llegar por la noche con el Autobús de Palma a Son Rapinya y en la esquina de la Plaza de la Iglesia con la calle Juan Catany nos despedimos diciéndole que estaba seguro que sería la Madre de mi hijos pero que yo necesitaba volver con algo más en la manos que no me sentía suficiente para ella, estudiaría y volvería todo un señor Ingeniero para que ella tuviera lo que se merecía. Es curioso verlo desde mis años ya que ahora se que yo siempre la vi merecedora de algo más que un pobre muchacho estudiante hijo de emigrantes y ella siempre me vió como un chico poco accesible. He pensado que realmente fue el habernos mirado millones de veces por entre las cabezas de los otros niños y niñas de los respectivos grupos, el haber jugado y paseado por las calles de nuestro pueblo y el saber que el uno era del otro en esos amores de la infancia que se definen como los mas puros y verdaderos de la vida. Esa misma vida nos llevo a volar cada uno por su lado en busca de nuestros objetivos claramente marcados y definidos. Unos meses después María encontraría un novio formal de las mejores Familias de Palma con trabajo estable y bien remunerado, lo que sin duda me retiro de la lucha sabedor de la meta lograda por mi niña de dorado pelo con los ojos más hermosos que haya visto en mi vida. Desde las madrugadas de mis sienes se que ella ha sido feliz con su maravillosa familia.  Desde estas líneas quiero decirte María que cumplimos con nuestros deseos de salir justamente donde ahora queremos volver en una de esas paradojas que la vida tiene preparadas solo a los más osados.

Y como no podía ser de otra forma llegaron los primeros exámenes Trimestrales, la gran y definitiva prueba para mi. El primero que tuve que afrontar fue el de Física, que como os he dicho impartía el Profesor Rayo. Para aquel examen me preparé unos 100 problemas, diferentes de los de clase por supuesto, de los cuales tres o cuatro salieron en el examen. Un Notable (8), como una casa, me abría el camino con un paso de gigantes, que yo había estado buscando tanto. Me sentí como cuando en mi vieja Escuela de Maestría Industrial de Palma aprobé en segunda instancia la asignatura de Dibujo, Sentí que había encontrado algo y que mi camino se iluminaba con una primera luz. De la asignatura de Cálculo del profesor Carrera otro Notable y así las otras tres asignaturas restantes. Por fin estaba aprendiendo Matemáticas, y fue el Profesor Carrera quién me abrió la puerta a esa maravilloso mundo que es modelizar sobre el papel todos los aspectos de la vida en forma de ecuaciones y correlaciones matemáticas. ¡POR FIN!. Ni que decir tiene  que me vinieron a la cabeza tantos y tantos amigos  que confiaron en mi y la razón de otros tantos al decirme que no sabia matemáticas, aunque yo me lo creyera. No cabe duda que a la vista de las notas de los trimestrales me di cuenta de que el esfuerzo valía la pena. 

Llegaron las vacaciones de Semana santa y de nuevo a Casa. ¡Que bien se estaba en casa con Mamá, Papá  y con toda mi familia!. Cada retorno era como un comenzar, cuidados, mimos para el hijo que estudia fuera y multitud de cosas que no valoras si no te vas y por supuesto comer bien. Cuando llegaba el día de partir de nuevo se me hacia un nudo en el estomago y el pesar se cernía sobre mi, que solo se pasaba, cuando estaba de nuevo en mi rinconcito de estudio en la habitación sin ventanas de la Pensión de la calle Garcia Humet de Terrassa, de nuevo con mis papeles y con mi calendario donde cada día estampaba una "x" para contar los días que me faltaban para volver con los míos.

Los árboles del puente de la Riera de Tarrassa que cada día atravesaba para ir a la Escuela apuntaban ya sus primeros esquejes y eso se convirtió en mi señal de cada año para indicarme el tiempo de volver a casa (y el tiempo de exámenes también). Aquel año pedí el traslado de la Universidad Politécnica de Barcelona a la Politécnica de Madrid. Yo seguía empeñado en hacer Ingeniería Aeronáutica y solo estaba en Madrid. Me lo concedieron de inmediato, siempre y cuando tuviera todo primer curso aprobado.

Con el paso de los meses me iba asentando como uno de los mejores estudiantes de mi grupo (F). Evidentemente jugaba con ventaja ya que estaba preparado en una Facultad previa. Eso hizo que el tiempo cristalizara un grupo de amigos de clase que recuerdo con mucho cariño. Destacó entre todos ellos Albert Girbal Puig, mi mejor compañero durante toda la carreta. Albert, que tenia unos años menos que yo, era el ejemplo de muchacho Universitario con una inteligencia superior, trabajador, deportista (Jugador de Waterpolo en el Club Natación Catalunya y de la Selección Española) y especialmente dotado para esos estudios de Ingeniería ¡Siempre fue el mejor!. De Alberto os comentaré muchas cosas más adelante, ahora solo os puedo decir que fue determinante, no solo en mis estudios Universitarios sino en mi vida en general. Tantas cosas aprendí con ese muchacho que no podrían se descritas ni en todos los megas de memoria de la Red. ¡¡GRACIAS ALBERT!!.

Como fruto de aquel titánico esfuerzo de trabajo y tesón durante todo el curso, aprobé todas las asignaturas de primero "Por Curso", es decir; tenía todos los trimestrales aprobados y no me quedaba ningún examen pendiente ni para Junio ni para Septiembre (había recorrido una largo trecho, quizás el más importante, de mi duro camino). Cuando llegó el mes de Mayo me despedí de todos, incluso de la dueña de la Pensión que me sorprendió al preguntarme si me retiraba de los estudios. Me explicó que como cada día dormía hasta el mediodía, y no podía limpiar la habitación, había supuesto que no iba a clase y que todo el año me había tenido por un vago y un vividor, como muchos otros estudiantes de su Pensión . Cuando le dije que tenía cuatro notables y dos aprobados altos (Todo por Curso) se quedó de una pieza (No era habitual). Le dije que en Septiembre, si Dios lo quería, volvería para comenzar, con todo el orgullo del mundo, segundo curso de Ingeniería Industrial en Terrassa. Madrid no podía ser de ninguna de las maneras: más caro, más lejano y sobre todo ya tenía hecho el fabuloso grupo de gente que encontré en la Pensión de Terrassa y en clase, especialmente Alberto. ME QUEDABA EN LA POLITECNICA DE BARCELONA Y SERIA INGENIERO INDUSTRIAL (Todavía no sabia que especialidad).

Aquella vuelta a casa en el verano de 1976 fue memorable. Todo un verano por delante y sabiendo que mi camino estaba marcado "casi" definitivamente. En casa Mamá estaba todo lo orgullosa que puede estar un Madre con su hijo estudiando en la Universidad de Barcelona y en una Escuela de Ingenieros. Ella le decía a todo el mundo que su hijo estudiaba para construir aviones, no sabía muy bien que significaba eso de ser Ingeniero. Por supuesto que al regresar a casa notó lo desmejorado físicamente que estaba  y de inmediato me cebó como a una oca, casi a la fuerza. Unos días en casa y el Sol de Mallorca bastaron para devolverme el color y la luz a mi pálida cara.

Mientras tanto mi natal Son Rapinya cambiaba a pasos agigantados y en mi ausencia el mayor de los desastres medioambientales con una agresión gravísima al entorno del precioso caserío se había consumado. La Inmobiliaria Constructora Malorquina, S.A. y la Sociedad Alconesa, que intervino directamente en las obras, destruyeron la preciosa "Tanca de d'Alt" convirtiéndola en una Urbanización llamada "Parque de los Almendros". Horrible construcción, que sin duda daría cobijo a familias humildes de condición obrera que también tenían sus anhelos y alegrías y el derecho a una vivienda digna. El caserío perdió su imagen de pueblo y fue herido mortalmente en su idiosincrasia de sitio de casas solariegas de veraneantes de Palma. Un sinfín de bloques de viviendas, como ídolos de la especulación urbanística, sustituyeron a los preciosos almendros de "Sa Tanca d'Al". La infeliz obra fue coronada por la infame demolición de "Ses Cases de Son Quint" (También demolieron mi niñez y la de muchos hijos de Son Rapinya). Un atentado bochornoso a la arquitectura Mallorquina y la cultura de la Isla en General. Me quede paralizado al ver el lugar de Son Quint sustituido por las obras de un bloque de viviendas. Son Rapinya moría, justamente con mi marcha a la Península para trabajar en mis estudios, y el viejo caserío ya no era el de mi niñez. ¡Que rabia no haber podido luchar por su conservación!. Solo recordar la hidalguía de los señores administradores de la finca una de cuyas hijas (La menor) fue siempre mi lejano amor platónico en secreto. "L'amo en Joan"; Joan Pizá Salas y su hijo Rafael Pizá Arnau que se retiró el año 1975 fueron a lo largo de sus vidas ejemplo de Hidalgos y Señores que se ganaron todo el respeto de las gentes de Son Rapinya, ¡Cuanto trabajo dieron a las familias humildes del caserío, ya os conté que Mamá trabajó amen de clasificando almendras en los meses de verano como limpiadora doméstica de la señorial casa y se ganó el respeto de tan noble familia que demostraron hasta en su ultimo adiós en nuestra querida Iglesia. ¡NUNCA LO PODRÉ OLVIDAR!.

Recuerdos de la Vida de un niño de Son Rapinya