
Aquel verano triunfal en Palma cambié de trabajo y de trabajar por horas en Comercial Mir pasé a trabajar, también por horas, en una casa de venta de artículos de regalo, pero un poco más a lo grande. Tenía la tienda y almacenes, donde trabajábamos, en el barrio de "La Soledad" de Palma. El trabajo era agradable y muy delicado por la mercancía que teníamos que tratar como: porcelanas, alabastros y demás artículos de decoración. Recuerdo a un compañero de trabajo, un hombre ya casado (Lo cual para mi era ya definición de hombre mayor) de unos veinte y tantos años que, precisamente, estaba recién casado y me contaba todas las "cariñitos" que le daba a su joven esposa. ¡Jolines! que historias tan extraordinarias y apetecibles. Teniendo en cuenta que a mi estas historias nunca me hicieron asco, me lo pasaba de puta madre y como suele ser habitual en mi, le tiraba de la lengua constantemente, y aquel señor cuyo nombre no logro recordar, me contaba, nunca mejor dicho, con pelos y detalles todas las jugosas maniobras amorosas que hacían juntos ¡Que aventuras tan emocionantes y picantillas en aquellas gloriosas tardes del verano Mallorquín!.
El Padre del señor para el cual trabajaba todavía hacia funcionar una vieja alfarería (Debía ser de las últimas de Palma o la última). La chimenea se levantaba erguida hacia el cielo hasta bastantes años después de aquel verano del 1976. Cuando había que dar fuego al horno yo hacia el turno de noche con el Maestro para alimentar el horno con abundante cáscara de almendra que nos traían en un camión que lo dejaba en el patio de aquellos grandes almacenes. Con una carretilla transportaba el combustible totalmente renovable (cáscara de almendra) a la boca del centenario horno y desde allí a la luz del hogar lanzaba con una pala las cáscaras al fuego (paleteaba todo el camión). La idea inicial que me vendieron, es que yo estaba, solo para vigilar el viejo Maestro, pero la verdad es que me cargaba con todo el camión. Queda en mi retina el señor alfarero caminando sobre las vigas del horno mirando y controlando el hogar con su ciencia empírica (El hogar radiaba una luz amarilla-rojiza tremendamente calorífica). Seguro que toda una vida de trabajo le había enseñado muchas cosas sobre la combustiones de los diferentes materiales que había hecho servir para generar calor y sabía con científica precisión cuando bajaba la temperatura y hacía falta más combustible. Para la carretilla ya estaba yo, que a veces, en los ratos de cabezadita, me preguntaba que embolada me habían metido.
Casi todas las tardes al salir del trabajo quedaba con mi buen amigo Pablo y solíamos acabar jugando a dardos y bebiendo cerveza en la Plaza Gomila o alrededores. Aquel verano nos dedicamos a jugar a los dardos de forma casi continua y por supuesto a beber cerveza como condenados. Había un bar en una pequeña callejuela que daba a la Plaza Gomila que era estación de parada obligatoria y pasamos bastantes horas. No Pablo ni yo teníamos pareja fija y nos dedicábamos a lo que podía surgir. Al final del verano comenzamos a salir con dos chicas amigas que debimos conocer por la zona de Gomila. No recuerdo sus nombres pero eran simpáticas, solo recuerdo que el marchar de nuevo a Barcelona para iniciar mi segundo curso Pablo me quitó la chica y casi llegan a casarse con el consiguiente disgusto por mi parte ¡Pablo era muy enamoradizo! y casi lo cazan dos señoritas antes de sentar la cabeza. ¡Este Pablo!.
El verano pasa en un abrir y cerrar de ojos y casi sin querer me encontré de nuevo en el barco correo hacia Barcelona, para la matricula. ¡Pero ya era todo un veterano! en los viajes de barco y en eso de ser estudiante en la Península. De nuevo una buena butaca y a dormir en el suelo con mi súper abrigo negro, heredado de mi hermano Miquel, que me acompaño durante toda la carrera, con la cabeza en la maleta de plástico negra que me también me acompañó durante todos mis estudios. Aquellos viejas eran una maravilla ya que casi todo éramos estudiantes y nos conocíamos la mayoría. Así que era como un barco de amigos. ¡Realmente me sentía feliz.!
Una vez en Terrassa y ya matriculado y con mi habitación compartida con Andreu 'Meu Estimat Andreu" que tantas horas y horas departimos de política, música y otras tantas cosas. Aquel segundo año Mamá me subiero la asignación mensual mil pesetas ¡Menos mal! ya podía respirar un poco más. Y dieron comienzo las clases de aquel monstruo de curso que era el segundo curso de Ingeniería Industrial en Terrassa. Así asignaturas como: Matemáticas II, Mecánica (No la del Automóvil por desgracia), Dibujo Técnico II, Química Orgánica, Física II, Geometría Descriptiva, me impusieron el ritmo muy superior al de primero, especialmente en Geometría Descriptiva y Mecánica que eran los Ogros de segundo en aquella Escuela Superior. Pero yo estaba muy preparado de mi memorable primero y así lo hice valer. Esta vez me quede en vocal de curso y también en vocal e todo segundo ya que éramos varios grupos. El delegado era un muchacho Valenciano muy, pero que muy bueno, Yo le quería mucho, seguro que hoy en día es un Alto Directivo de alguna gran empresa del Estado. Las clases eran por la mañana y eso cambió por completo toda mi manera de vida en la pensión.
¡Se nota que los años no pasan en balde me cuesta recordar cosas y tengo que parar!