RECUERDOS DE LA VIDA DE UN NIÑO DE SON RAPINYA

Tocando el tambor en la "Pista" en las Fiestas de Son Rapinya

Tenemos que marchar de la casa donde nací ¡Que Remedio!
¡DE "CAN EULESA" A LA IGLESIA DE SON RAPINYA!

Después de mi Primera Comunión los años pasaron rápidamente y con ellos mi vida se hizo mas amplia extendiéndose a una zona vital un poco más grande. Ha esa edad ya tenía mi propio grupo de amigos, que como es lógico, eran los niños de Son Rapinya de mi misma quinta o edad. Por aquellos años, los grupos de niños y niñas se componían en estricta norma de chicos por un lado y chicas por otro y de la misma edad. Recuerdo entre ellos a Nicolás Mota, Antonio Guillen, Tomás Cerda, Julio Peralta, Antonio y Jacinto Valiente, Salvador Bonache y Gabriel Lucas entre otros al cual me mantuve muy unido y con el que viví multitud de aventuras, llegando a jugar al fútbol con el en el mismo equipo varios años como os contaré mas adelante.

Mi hermano y yo solíamos jugar mucho en la calle de casa, que era, y sigue siendo,  la calle Garrit de Son Rapinya y de alguna manera y dado que la finca de "Can Eulesa" estaba al final de esta calle del pueblo, esa parte de la calle era toda nuestra, solo cambiaba la situación cuando en los veranos las otras tres fincas vecinas tenían habitantes (Veraneantes). Eran las familias de Palma que disponían de sus preciosas fincas para pasar el verano y por eso los llamábamos veraneantes. ¡Si! los veraneantes marcaron también de forma muy acusada mi joven vida, y no podía ser de otra forma que con el primer amor, por supuesto.

La llegada de los veranos cambiaba por completo el aspecto del pequeño caserío y las precosas casonas solariegas de veraneo normalmente vacías el resto del año, se llenaban de familias que yo siempre asocie con los Señores de la casa donde vivíamos. Mis jóvenes razonamientos me decían que ser propietarios de dos casas diferentes, una en invierto y otra en verano era señal inequívoca de que debían tener mucho dinero. Como ya os he comentado Son Rapinya fue el caserío, en los aledaños de la propia Palma, que más fincas señoriales tenía y la llegada de las nobles familias llenaban el caserío de alegría y bullicio. Muchos de los hijos de tan nobles familias Palmesanas, lo mejor de lo mejor, crecieron en el y no son pocos los que se consideran "Rapinyeros" 

Fue quizás a esa edad cuando comencé a darme cuenta de los diferentes estratos sociales del pueblo y por una serie de circunstancias mi joven mente clasificaba a las familias, supongo que influenciado por el entorno, en esos diferentes estratos. Primero de todo estaban los "Veraneantes" que todos los veranos llenaban el pueblo con su presencia, y su alegría y sin olvidarme de su generosidad; después estaban los señores de las grandes fincas, especialmente la de “Son Quint”, que siempre me infundieron un respeto y admiración que aun hoy perdura, y no es para menos ya que fueron y siguen siendo la representación pura del señorío Mallorquín, con respeto por todo el mundo (pudientes y menos pudientes) y ejemplo de familia cristiana. Después en orden decreciente en mi personal y joven clasificación estaban las familias de Son Rapinya de siempre, los de Aquí. A esa edad ya empecé a notar que había mas de una diferencia entre familias, me daba cuenta que las familias que hablaban el Mallorquín, en general, tenían mejores empleos y casas e incluso alguno empresas propias. Por último las familias que hablábamos el castellano con Padres venidos de fuera (debo recordaros que para mi fuera era todo lo diferente a la Isla) éramos los mas pobres y como era natural vivíamos en las casas mas humildes, por supuesto los empleos de nuestros Padres eran también los más humildes y ninguno tenía estudios ni siquiera elementales.

A esa edad me daba cuenta que en las familias más humildes, por lo general, los padres tenían empleos poco remunerados debido a que no tenían estudios ¿sería tan importante estudiar?. Mamá nos sermoneaba muy a menudo sobre que teníamos que estudiar mucho en la Escuela para poder tener un Oficio digno y ganarnos la vida cómodamente.

De vuelta a nuestra calle Garrit y sobre todo a los felices veranos de aquel tiempo, recuerdo algunas veces que mi hermano pequeño Jesús, al que llamábamos rubio desde que era muy pequeño, ya que tenía el pelo de ese color, y yo, íbamos a jugar a la Finca de la esquina, justo donde la calle Garrit se quebraba en un ángulo de 90º. En esa finca de "Ca´n Reynes" veraneaba una familia importante de Palma y los hijos de los Señores de la casa que más o menos tenían nuestra edad jugaban a veces con nosotros en aquellas calurosas tardes del verano Mallorquín. Nos gustaba mucho jugar en esa Finca, especialmente por el gran jardín con multitud de árboles y plantas y sus pavos reales. En esa finca había una atracción para todos nosotros, padres y hermanos) que no solo estaba en verano. Se trataba de varios pavos reales que tenían en una jaula en el también inmenso jardín de esa finca. Evidentemente de los pavos nos gustaba sobre manera cuando los machos desplegaban su cola de forma majestuosa y paseaban alrededor de las hembras. Nos atraían mucho las plumas de sus colas y siempre que podíamos hacernos con una de esas plumas era como un trofeo muy valioso, lo que ya no me gustaba tanto era sus sonidos estridentes y ruidosos que proferían muy a menudo. Papá nos aupaba a la pared del jardín cuando pasábamos para que pudiéramos ver los pavos y sus inmensas colas desplegadas en abanico, parece como si fuera ayer que los siempre fuertes brazos de Papá nos elevaban hasta la coronación del muro de cerramiento para que pudiéramos ver los pavos  .

Papá trabajaba entonces en el Matadero Municipal transportando carne a las carniceras de Palma y como ese trabajo era en días alternos, los otros días trabajaba en la fábrica de obleas y barquillos del Sr.Company. Realmente Papa vino a Palma con Mama precisamente a petición de esa pequeña fabrica de obleas y barquillos, con la finalidad de enseñar el arte de dar forma a las obleas y barquillos, evidentemente de forma manual. Se trataba de manipular unas planchas siempre al fuego donde se depositaba una pequeña cantidad de una pasta especial, cuya formula era un secreto, y con la adecuada manipulación se convertía en una oblea de galleta que convenientemente doblada con el correspondiente útil todavía en caliente se convertía en los apetecibles conos para los helados.

Por las tardes me gustaba esperar a que Papá llegara del trabajo porque siempre traía a sus pequeños un buen cartucho de papel con muchos trozos de galletas, obleas y barquillos que habían salido mal, unos más quemados que otros, pero todos muy sabrosos. Todavía hoy me gusta saborear un buen “cono” sin helado recordando los años en que Papá trabajó en casa Company. Alguna vez Papá me llevó a la fabrica y pude comprobar como eran las planchas y el duro trabajo de estar todo el día al fogón con las manos sin ninguna protección y sacando tortas de obleas y conos de forma incesante.

Sobre los fogones distribuidos uno junto a otro en una pequeña habitación había una plancha circular con dos caras de grueso hierro que se unían en dos largas manetas que el trabajador manipulaba de forma que primero se abría y se depositaba la porción de pasta, se cerraba la plancha y se depositaba al fuego. La Plancha así dispuesta podía girar, manipulado por el trabajador, sobre un soporte situado enfrente del trabajador, en la otra parte de fogón, para calentar por igual las dos caras, que a mi vista me parecieron muy negras. Al cabo de determinado tiempo se abrían las planchas y mediante una pieza en forma de cono se enrollaba la oblea todavía caliente fabricando un cono. La parte que mas me gustó fue el cajón donde depositaban las piezas que tenían defectos, de hecho era un cierto control de calidad.

Papá siempre encontraba tiempo para jugar con sus niños y cuando podía nos ensañaba todo aquello que los niños quieren saber cuando tienen esa edad. Recuerdo con mucho cariño los relatos de guerra, ¡eso si!, de forma muy poco violenta, solo nos contaba las anécdotas entre los soldados y nunca nos hablo de odio, violencia o venganza. De hecho yo no supe en que lado luchó hasta bastante más tarde. Papá fue un voluntario "Requeté" del heroico Tercio "Isabel la Católica" de Granada y luchó casi cuatro años en el frente para defender el respeto a la Fe de Jesús. Los Crucifijos de los guiones de las Secciones de las Compañías del Tercio llevaron a muchos jóvenes a dejar su vida en los montes y prados de esta España nuestra convencidos de que defendían la Fe Cristiana. Ni los caídos por Dios ni los que sobrevivieron entendieron lo que luego pasó en muchos rincones del País (Exilio, odio, venganza, humillación de culturas e identidades de Pueblos, etc.) la mayor parte de las veces llevadas a cabo por gentuza que no supo, o no quiso, combatir en el frente de guerra y cara a cara ¿quizás por cobardía?. Papá fue condecorado con cinco medallas de guerra siendo una de ellas al Merito Militar Colectivo al Requeté Andaluz. Yo las compré hace escasamente unos años, el nunca nos hablo de ello.  

Así los años pasaron y los niños fuimos creciendo poco a poco. Jesús “El Rubio”, como lo conocíamos todos, ya estaba en la Escuela de la Monjas de la Caridad, yo seguía en la Escuela Parroquial de D.Juan Torres Rullan, Nicolás ya había acabado en le Escuela Primaria y estaba trabajando en el Colmado España de Palma, Miguel estaba en el Seminario de los Teatinos y José Antonio estaba cursando estudios de Maestra Industrial en la especialidad de Ebanistería en Palma.

Mientras tanto algo había en la situación de casa que no andaba bien y yo podía darme perfecta cuenta de ello. Mi primer gran susto junto con el sabor de la angustia que se estrenaba en mi joven vida y que tantas veces se ha repetido desde entonces, lo sentí por aquellas fechas, y su recuerdo está también fuertemente gravado en mi memoria. Estando jugando en la curva de la calle Garrit, frente a la puerta de Ca'n Reynes con unos amigos pude oír que Mamá me llamaba, desde la pequeña puerta que tenía la finca de can Eulesa desde el frente de la calle Garrit, y que realmente era la que siempre utilizábamos para salir y entrar de la casa de Can Eulesa. Mamá estaba con un pañuelo en la boca y su llamada era de angustia que me pudo contagiar al instante, ya que el pañuelo estaba lleno de sangre. No se que hice para comunicar a Papá o mis hermanos mayores el grave asunto pero la cuestión es que a Mamá la llevaron a la clínica de Son Dureta con Papá y no volvió en bastantes días.

Una subida de tensión fue la causante de tan apurado trance y esa fue la primera vez que Mamá nos dejaba por unos días. Papá y mis hermanos mayores cuidaron de los mas pequeños durante los días en que estuvo en el Hospital. Quizás empezamos a saber como era el llevar una casa sin la única mujer de la familia, aunque Papá y mis hermanos mayores hacían todas las labores de casa y los pequeños solo nos dedicábamos a incordiar.

Como os decía, hacia algún tiempo que notaba que algo no marchaba todo lo bien que debía y a pesar de los esfuerzos de mis Padres para que los niños, y en especial los pequeños, no escucháramos las charlas sobre el asunto que llevaban entre manos, no podíamos dejar de notar que algo estaba gestándose que no tenía buena cara. Las charlas se tornaban, a veces, en discusiones y eso no había pasado nunca en casa. La angustia fue apoderándose de todos en casa y los pequeños sin saber exactamente porque, nos contagiamos del malestar de los mayores, sobre todo Mamá que empezó a sufrir como nunca lo había hecho cuando le comunicaron que teníamos que dejar la casa en un determinado periodo de tiempo ya que pretendían alquilar la finca y lo querían sin posaderos.

Miedo, Horror, Angustia sin límites  y todo tipo de calificativos son pequeños para describir aquel tiempo. Recuerdo que Papá se puso en manos de un Abogado, amigo de la familla, que había estudiado en Granada, como hacían muchos hijos de familias bien de Palma, y el asunto se enquistó en los tribunales, como era habitual antes y sigue siéndolo ahora, más teniendo en cuenta que Papá se llamaba "Fernández" frente a un apellido "Marques", D. Antonio Marques era el dueño de Can Eulesa.

Era cuestión de buscar una casa o algo para meternos toda la familia (7), pero eso supondría gastar parte del sueldo que Papá ganaba en el Matadero Municipal y en la fabrica de obleas y conos para helados del Sr. Company, pero entonces no quedaba mucho para alimentar a cinco hijos. Alguna vez que otra me encontraba a Mamá llorando amargamente, lo cual intentaba disimular al darse cuenta que yo la miraba, y abrazándonos a los más pequeños nos decía que nos teníamos que cambiar de casa pero que no había motivo para preocuparnos de nada que todo marcharía bien.

En aquellos años no era fácil encontrar vivienda en Son Rapinya o en cualquier otro sitio ya que no había empezado el Boom de la construcción que llegaría no muchos años mas tarde, así que el alquiler habitual ahora, no lo era en aquellos tiempos. No se que maniobras y búsquedas tuvieron que hacer mis Padres pero si pude sentir el cambio en mi familia y como los momentos de nerviosismo y dolor relevaron a los felices días de no hacia mucho tiempo.

Un día pude darme cuenta que nos íbamos a vivir debajo de la Iglesia del pueblo,  y no se porque, pero me hizo bastante ilusión. D. Francisco, el Ecónomo de la Parroquia de Son Rapinya, fue el último recurso de Mamá y Papá y nos permitió vivir en unas antiguas dependencias que había justo en el piso inferior del Altar Mayor de la Iglesia y que tenía entrada tanto de la calle Juan Catany como desde la Pista de la Escuela Parroquial, mediante otra puerta que había a la altura del escenario. ¡Que suerte! pensaba yo, estaría viviendo en el patio de mi Escuela y el ir y venir de clase sería rápido y fácil. Por otra parte cuando llegaran las fiestas no tendría que pagar para entrar en los espectáculos ya que viviría dentro de donde se celebran. En fin el cambio de casa desde mi punto de vista no estaba nada mal.

Las pequeñas dependencias tuvieron que ser un poco adecuadas para acoger a una familia con cinco hijos. Así que una de las dos habitaciones en que consistía la “vivienda” se dividió con una tabique de madera, y además de la habitación de Papá y Mamá quedó otra habitación para tres camas, eso si, muy juntitas. Dos camas paralelas con Miguel y Nicolás en una y El Rubio y yo en otra, la tercera cama estaba a los pies de estas dejando un pequeño pasillo para el paso a la otra habitación donde dormían mis Padres, era la cama donde dormía José Antonio. El resto de la dependencia era el comedor y sala de estar compartiendo el brocal de una cisterna que había debajo de la “casa”, que Mama había tapado delicadamente y servia como aparador de algunas cosillas y para la radio. La cocina se trataba del hueco de la escalera que tenía la dependencia que daba acceso a la calle Juan Catany y cuyos peldaños servían de mesa de comer para los mas pequeños. No había retrete ni por supuesto cuarto de baño, podíamos usar los retretes de la Escuela y a la vez de la Pista lo que suponía que Mamá tenía que mantener limpios unos lavabos públicos. La ducha seguiría siendo la que usábamos en la otra casa, es decir la jofaina grande y el agua calentada en el fogón de la cocina.

La vida cambió para todos, quizás en menor manera para los más pequeños, que evidentemente no nos dábamos cuenta de la difícil situación, ajenos al que dirán y la vergüenza de sentirse acogidos en la Iglesia. A Mamá solo le reconfortaba, si eso era posible, el convencimiento que vivir debajo del Altar Mayor de la Iglesia nos hacía más cerca de Dios y hoy estoy convencido que eso le lleno de fortaleza para poder resistir.

La nueva situación me sorprendió en una edad muy difícil y solo el esfuerzo de Papá, Mamá y mis hermanos mayores nos sacaron adelante, tened en cuenta la inmisericorde manera que tienen los niños de esa edad para tratar a los temas y podréis tener una idea de que poco a poco me tuve que dar cuenta de que no todo era vivir en el patio de la Escuela y algo mas había en todo ese asunto. Empecé a sentir una angustiosa vergüenza desde esa tierna edad y no solo por mi, sino por todos los miembros de la familia. Sentía como un servilismo demasiado acusado en mis Padres hacia el Ecónomo, ahora puedo entender que tenía que ser así, pero entonces no lo comprendía tan bien.

Mi escenario cambio por completo. De los juegos por la “cabana” y las fincas de Son Fila y Son Muntaner , por donde todavía íbamos pero en menor medida, pase a jugar la mayor parte del tiempo en “La Pista” así como en la plaza de Son Quint que estaba muy cerquita de casa. La calle Garrit estaba casi prohibida para nosotros y Mamá nos tenía advertido que no apareciéremos por allí, pero eso era muy difícil, la casa en donde nací y el inmenso jardín que nos acogió tantos años me atraía mucho, así que desde la puerta de hierro forjado podía ver, de tanto en cuando, el patio del cual nos habían echado a la calle como perros y que sembró en mi un embrión de odio que fue creciendo poco a poco hacía una determinada situación social, clasista y seudo-xenófoba que más adelante intentaré explicar.

Como os he dicho antes, las dependencias de la Iglesia utilizadas por nosotros como vivienda tenían una salida a la calle Juan Catany a la cual se acedía por una escalera que daba a una de las dos sacristías donde se encontraba la subida al campanario y un acceso al Altar Mayor. Esa era la puerta normal de acceso a la casa para todos. Papa pasó de trabajar como un burro en la casa y el jardín de Can Eulesa a trabajar en todo aquello que podía en la Iglesia, en la Pista y en el jardín de la entrada que como os dije, era y es muy grande. Mamá por supuesto pasó a trabajar en todo aquello que ella consideró que eran sus obligaciones y desde limpiar la totalidad de la Iglesia pasando por los lavabos públicos de “La Pista” que eran, temporalmente, los nuestros, hizo de todo, prácticamente de todo. Seguro que con el mayor dolor de su corazón encajó tan duro golpe, pero algo me dice ahora que se inicio el principio del fin para ella. Solo el más absoluto desprecio a la dignidad humana pudo empujar a D. Antonio Marques de  Can Eulesa a sacar a una familia con cinco hijos pequeños a la calle, como se diría ahora, a la Puta calle. ¡Que fácil es jugar con la vida de los demás cuando se tiene el poder del apellido y de la cuenta bancaria!. En cambio ¿Que podría decir del cura párroco de Son Rapinya?. Rdo. D. Francisco Adrover Ballester , posiblemente muchas cosas, pero no me sale ninguna. Tantas cosas me enseñó a lo largo de su vida que ahora no puedo decir casi nada, solo que estoy convencido que Dios nos ilumino a través de su persona y puso en el la entereza necesaria para defender ante el Obispado de Palma la acogida de una familia como la nuestra en la Iglesia de Son Rapinya. ¿Quizás Jesús compensara a Papá sus cuatro largos años de lucha con el crucifico como guión del TERCIO REQUETE en que luchó por Dios, La Patria y el Rey?.

Nunca podremos agradecer lo que hizo el “Tío Paco”, como quiere que le llamemos ahora. ¡Que cerca esta el Cielo para algunas personas!, ¡y que lejos esta el mismo Cielo para otras!. Ruego a Dios, desde estas líneas, que me perdone por atreverme a juzgar conductas. 

El Ecónomo marcó de forma muy acusada mi joven vida, más si cabe, desde que nos fuimos a vivir a su Iglesia. Como ya os he comentado me incorporé por completo en las labores de servir en las misas de cada día y comenzaba a ayudar un poco más en otra labores de las muchas que había por hacer en el jardín de la entrada de la Iglesia. D. Francisco vivía con su Madre en la vivienda que había y hay al efecto en la Plaza de la Iglesia (justo encima de la Escuela Parroquial) y tenía un despacho especialmente bonito, con cientos de libros y adornado en su sus paredes con las fotografías de los curas párrocos que antes que el habían cumplido su labor eclesiástica y social en Son Rapinya. Fijaros que he remarcado Social intencionadamente ya que el cura y especialmente D. Francisco, no solo estaba para los actos religiosos. El Ecónomo era el Psiquiatra y Asistente Social de toda la gente del pueblo que lo necesitábamos, estoy seguro que muchas veces el Reverendo y su Santa Madre se quitaron de su boca para ayudar a los necesitados que no éramos pocos.

Recuerdo a su Madre dulce como la miel, me gustaba mucho oírla hablar en Mallorquín y hacia verdaderos esfuerzos para hablar con Mamá en castellano, ya que no lo dominaba muy bien. Bueno como os decía; el despacho del Ecónomo eran las dos primeras habitaciones de su casa con grandes ventanales al jardín de la plaza , con una entrada que se acedía por una pequeña escalinata jalonada de macetas siempre esplendorosas. Las Aspidistras siempre verdes eran las plantas preferidas de muchas familias para adornar las entrada de las casas que junto con un buen “canterano” con un quinqué encima completaban la decoración típica de Mallorca. Las dependencias tenían además de los cientos de libros ya mencionados muchos objetos antiguos y exóticos que a D Francisco le gustaba conservar. En aquellas dependencias se celebraban reuniones del cura con muchos feligreses de Son Rapinya y a mi me gustaba oírlas, las que podía, desde cualquier sitio que pudiera encontrar fuera en la Plaza.

Llevada por las ganas de servir en todo cuanto fuera necesario por el Ecónomo, Mama nos insistía en que  era necesario que asistiera al cura en la misa diaria y así fue durante muchos años. Como ya os comente la misa de las 71/2 de la tarde me llamaba desde cualquier lugar donde estuviera jugando y corriendo a toda velocidad, por otra parte habitual en mi, llegaba a la Iglesia a tiempo justo para hacer mi ya obligada actividad.

En aquel tiempo ocurrió un acontecimiento muy interesante para la Iglesia, el Pueblo y para mi, fue el regalo que hizo al pueblo un científico de la Agencia Espacial Americana (NASA) que pasaba temporadas de vacaciones en Son Rapinya, que consistió en un carillón electrónico que sustituían a las habituales campanas, tanto para las llamadas a misa como para marcar las horas. Un aparato en forma de armario todo el de metal con toda la electrónica en su interior se colocó en la sacristía principal y en el campanario se instalaron cuatro altavoces a los cuatro puntos cardinales del pueblo. Así las horas marcadas en un pequeño teclado parecido a un salterio eran amplificadas por un amplificador de lámparas y emitidos por los cuatro altavoces, de igual forma las llamadas a los actos religiosos se programaban en un reloj analógico o se podían activar de forma manual que era la manera preferida por el Ecónomo. El sonido del carillón lleno nuestras vidas y la actividad del pueblo en algunos kilómetros a la redonda, así que se podía oír de los lugares mas alejados donde íbamos a jugar y eso nos servia de referencia para marcar la hora de volver a casa o para comer o para recogerse al caer la tarde. Todavía pueden oírse sus toques horarios y llamadas a misa en Son Rapinya.

El aparato me impresiono tanto que la electrónica fue una de las metas en mi vida. Por narices tenía que entender todo aquel entramado de hilos de colores y unos objetos de vidrio algo parecido a las bombillas pero de forma rara y sin tanta luz que el aparato tenía dentro, se parecían a las de la radio pero eran bastante mas grandes y algunas tenían cables que salían de su cabeza. El aparato y la historia del científico de la NASA me dio mucho que pensar y creo que fue la primera vez que yo también quise ser científico, ¡Si! La ciencia me gustaba y a esa edad empecé a comprender que el mundo se entendía mejor desde la ciencia. No solo me atraía la poca ciencia a la cual tenía acceso, sino también todas las máquinas y aparatos, sobre todos electrónicos, que caían en mis manos, Bueno la verdad es que caían muy pocos pero los que caían lo hacían con todas las consecuencias, como la radio de casa que solo tenía ocasión de verla por dentro cuando Papá hacia alguna reparación, que normalmente consistía en sustituir alguna lámpara fundida. La operación era bastante fácil, se abría el aparato por detrás quitando la tapa de cartón grueso y mirando, con mucho cuidado de no tocar nada, cual de las seis lámparas estaba fundida, la cual se sacaba de su zócalo y se bajaba a Palma para comprar una de igual numeración, que se ponía en el lugar de la anterior y santas pascuas, la radio de nuevo era nuestra compañía en las tardes noches cuando toda la familia se encontraba en casa.

Yo descubrí la radio desde muy joven y además de las novelas de radio Madrid, especialmente las de Guillermo Sautier Casaseca (Simplemente María, Lucecita ),  como ya os comente en anteriores capítulos, que hacían las mil delicias de Mamá, recuerdo con mucha ilusión la primera serie que seguí, toda completa, los Jueves por la tarde noche, mientras duró. Se trataba de Aníbal el General Cartaginés. La leyenda lo situaba como nacido en la Isla hermana de Menorca donde su Padre Amilcar Barca solía pasar temporadas, debemos recordar que la flota cartaginesa dominaba esta parte del mediterráneo hasta la derrota de las tropas Cartaginesas en las llanuras de Cartago en la batalla de Zamma, donde Publio Cornelio Escipión (Escipion el Africano) con el naciente ejercito Romano le derrotó. Me impresionó tanto la vida de Aníbal y su campaña sobre Roma que todavía me pregunto como pudo desplazar a cerca de 20.000 hombres con todo lo que lleva consigo, incluidos los caballos y elefantes a través de todo el levante peninsular y atravesar Pirineos y Alpes. La conquista de Sagunto y la heroica defensa de los lugareños me llevó a situarme en el lugar del asedio y comprender muchas de las virtudes y defectos de la condición humana reflejadas sobre todo en las guerras.

Mientras tanto la vida en la nueva “casa” se hacía llevadera con Mamá todo el día encima de nosotros. Hubo veces que Mamá no nos levanto por la mañana para ir a clase ya que llovía y eso que solo estábamos a unos pasos de la entrada de la Escuela. En la escuela cada año se repetía prácticamente la misma historia, por las mañanas algo de números y poco más y por la tarde el Maestro nos contaba algún relato de la historia de España.

La Escuela era muy agradable y tenía unos grandes ventanales en su lado izquierdo que daban al huerto-jardín privado de D. Francisco, estaba dispuesta en dos ambientes separados por una arcada de medio punto. Los niños pequeños delante y los grandes en la parte trasera. Los libros de texto que teníamos eran las conocidísimas enciclopedias Álvarez en sus diferentes grados. En casa como no podía ser de otra forma los problemas siguieron y entre discusión y discusión mi Madre convenció a mi Papá y se puso a trabajar en el Hotel Son Vida de mujer de la limpieza. Es natural que Mamá quisiera trabajar para aportar algo a la familia y poder salir de la difícil situación en que nos encontrábamos, pero eso llevó a Papá a protestar por casi todo y el asunto no podía durar mucho, así que entre dejarlo y empezar de nuevo el asunto se repitió varias veces. Las discusiones iban en aumento y no se porque razón solían contar con mi presencia, quizás yo me oliera el asunto, o Mamá se veía venir la tarde y se las ingeniaba para que yo estuviera presente.

Una vez de entre muchas, como era esperar, teniendo en cuenta el estado de hipertensión arterial de Mamá con antecedentes de hemorragias vasculares, la discusión dejó a Mamá sin respiración y cayo hacia atrás de la silla donde estaba sentada en su máquina de coser "Singer". De nuevo la angustia palpitaba en mi joven cabeza y el miedo y la rabia invadían mi corazón, ¿como era posible que aquello pasara?, los voces de Papá y el estado de Mamá sin respiración me dejaron inmóvil, al final tuve que ayudar a Mamá con la botella de vinagre a reponerse de tan angustiado trance. La respiración entrecortada la puedo sentir todavía hoy muy fijada en mis neuronas ya que el asunto se repitió muchas veces, las subidas de tensión de Mamá se traducían en una acusada Disnea Suspirosa que solo remitía cuando se tranquilizaba. Solo teníamos vinagre y Tila, no conocíamos las Diacepinas

Es natural que en aquella situación familiar las personas mayores se salieran de sus casillas, lo que no parece tan natural es que se repitiera tanto. En aquellos episodios de enfado entre Mamá y Papá muchas veces me tocaba dormir a con Mamá, hasta que las aguas volvían a su cauce. Pero la situación se hacia cada vez más y más complicada y no solo no remitían las discusiones sino que aumentaban. No se cuales eran, aunque si puedo adivinarlos, los motivos pero la cosa continuó hasta que Papá y Mamá se decidieron a comprar un solar de 200 metros cuadrados con un préstamo de alguna administración de Palma y situado en la calle Zaforteza-16 , muy cerquita de donde estaba la Iglesia en unos terrenos de la antigua Son Quint ya urbanizados al estilo de aquel tiempo y situados en la antigua “Sa tanca de Baix”.

Mama tenía mucho miedo a las gabelas del préstamo y creo que con toda la razón del mundo. Es de rigor comprender la tensión que tubo que pasar Papá todos aquellos años y el esfuerzo que supuso para el. Papá nunca frecuentaba los bares después del trabajo y solo tenía un pasatiempo que era comprar el periódico deportivo DICEN y el MARCA, uno allegado al F.C. Barcelona, para disfrutar de su contenido y el otro allegado a su eterno rival, para lanzarlo por la ventana de tanto en cuanto. Con ellos aprendí a leer y con ellos, como no podía ser de otra forma, me aficione al fútbol, como todos los niños de aquellos años.

De aquella casa recuerdo que cada Navidad que pasamos allí montábamos el Belén en el brocal de la cisterna y el proceso era el mismo que cuando vivíamos en "Can Eulesa", se trataba de ir a buscar musgo al monte donde siempre lo habíamos cogido y colocar las figurillas de barro que de en año en año Mamá guardaba en una caja de cartón. Un año me presente a un concurso de belenes organizado por la Iglesia y Mamá al enterarse no le gustó mucho ya que el jurado tenía que pasar por casa para ver el trabajo, pero nuestra Madre era capaz de dejar su vida por la ilusión de cualquiera de sus hijos, así que el tema siguió adelante y el jurado se presento a ver mi Belén en casa. Gane el tercer premio que consistió en una caja de acuarelas de bonitos colores, con las cuales empecé a dibujar y pintar dándome cuenta que dibujar no era tan difícil como decían algunos niños mayores de la Escuela, para mi era fácil y además me gustaba mucho.

Recuerdos de la Vida de un niño de Son Rapinya