RECUERDOS DE LA VIDA DE UN NIÑO DE SON RAPINYA

En el Taller de Electrónica montando un Receptor Super-Heterodino

Mi Primer Curso en la Escuela de Maestría Industrial de Palma de Mallorca
¡ Del miedo y la frustración al Mejor del Primer Curso!

Aquel Septiembre de 1969 comencé mi nueva vida estudiantil en la Escuela de Maestría Industrial de Palma de Mallorca y cada mañana, muy temprano, bajaba, algo inquieto y un poco asustado al principio, por la carretera de Son Rapinya a Palma con mi bicicleta y al llegar a mi nueva Escuela, que estaba como os dije en el paseo Mallorca cerca de la Riera –un viejo torrente cuyo cauce esta canalizado entre muros de obra de fábrica -. accedía al parking de bicicletas y ciclomotores entrando por la puerta principal a la derecha y bajando una rampa suave hasta la zona habilitada para dejarlas.

Una vez asegurada la bicicleta, con su correspondiente candado, como casi todas las mañanas, me dirigía al taller de electrónica donde tantas horas y buenos momentos tenía que pasar en los años siguientes. El primer día nos juntamos un montón de chicos y justo al comenzar mi primera clase se inició mi sufrimiento, ya que el profesor de Taller de electrónica no se le ocurrió otra cosa que pedir los alumnos que tenían algún año de bachiller cursado, con la feliz idea de hacer dos grupos de alumnos según su preparación. Evidentemente yo no podía declarar que venía de Estudios Primarios, ¡eso era de familias pobres!, y un poco asustado, por primera vez mentí, y dije que era de bachiller, eso si, solo hasta segundo curso, lo que no evitó que me pusieran, como justo castigo, con los de Educación Primaria. Al grupo menos formado, a juicio del profesor, nos pasaron al taller de electricidad dejando la electrónica para más adelante. Eso me desalentó un poco y me di cuenta que los profesores hacían diferencias entre los alumnos llegados del Bachiller o de la Educación Primaria, diferencias que no entendía en absoluto.

No fue sorpresa que entre los alumnos, mis compañeros y futuros amigos, se escapara alguna risita cuando los profesores pasaban lista y se referían a mi segundo apellido "Murciano". Mi segundo apellido, a la vez que muy poco frecuente, en la Isla tenía un significado despectivo hacia las gentes venidas desde la Península o "Forasteros", que era, como en general, se denominaba a todas las personas venidas de las diferentes partes del Estado. Murciano significaba, y creo que dodavía significa, forastero en el más despectivo de las acepciones, así que tuve que aprender a tragar mas de un comentario desagradable de algún que otro grasiosillo. ¡Lo que me faltaba para completar el día con un comienzo prometedor!.

Los días que tenía clases de la asignatura de Dibujo, que eran dos a la semana, bajaba con una enorme carpeta y los trastos de dibujo metidos en ella que por cierto debieron costar mucho a mis padres. Como la carpeta era muy grande no podía bajarla en la bicicleta y esos días bajaba de Son Rapinya a Palma con el Autobús que me dejaba en una parada bastante cerquita de mi nueva Escuela. Me gustaba mucho bajar en el Autobus, que sería mi medio de transporte habitual un poco mas adelante, pero todavía en aquellos años la bicicleta representaba la libertad y posibilidad de ir por donde yo quería, cosas que poco a poco iban ganando terreno en lo que yo sentía como buenos y felices momentos.

Me gustaba mucho, sobre todo, subir tranquilamente hacía mi casa cuando acababa mis clases de la tarde y buscaba entre las calles de Santa Catalina y Son Españolet distintos caminos que me llevaran hasta la carretera principal que conducía a Son Rapinya, luego poco a poco, ya que es una acusada subida, ganaba terreno hacia mi casa. Sea como fuera aquel primer día de clase me sentí feliz en la nave del taller de electricidad. La inmensa nave llena de toda clase de artilugios y máquinas eléctricas me hicieron alucinar de lo lindo, revisaba todos los rincones con la vista y con la curiosidad propia del recién llegado. El profesorado estaba compuesto por un conjunto de dos profesionales cuyos nombres no puedo acordarme, que me llenaron de confianza después del susto inicial.

El primer trabajo que me encomendaron fue trenzar conductores eléctricos de los antiguos y pasarlos por los aisladores de cerámica con el objeto de montar un circuito eléctrico de interruptor y lámpara, el trabajo se hacia sobre un tablero de madera que cada alumno teníamos asignado. Aquel primer montaje sabia perfectamente como era, porque había visto a Papá hacerlo muchas veces. Aunque lo de trenzar hilo no me hizo mucha gracia en aquellos primeros días, creo que por eso trencé más que ninguno hasta que la doble hélice que quedaba al trenzar el par de hilos quedaba perfecta. En cambio si que me gustaba mucho el montar los cuadros propuestos por los Maestros de taller y sentir la satisfacción del trabajo bien hecho al hacerlo funcionar.

En el resto de asignaturas el miedo y la angustia fueron adueñándose de mi, por momentos, al comprobar que las clases eran muy densas e impartidas por un profesorado que acojonaba de verdad. Yo estaba acostumbrado a tener un solo Maestro para todas las materias y ahora tenía un profesor para cada asignatura y en aulas diferentes. Los avisos para navegantes estaban a la orden del día y no se cansaban de decir que los menos preparados, y yo por desgracia estaba entre ellos, no pasaban de Navidad y era mejor que ya se buscaran un trabajo y no hicieran perder mas dinero a sus Padres. El salto de la Escuela Primaria a la de Formación Profesional era muy grande y a medida que el tiempo avanzaba me daba cuenta que aquello no podía ir bien de ninguna de las maneras. No tenía ni los mas elementales conocimientos de matemáticas, física u otras asignaturas, solo en química podía respirar algo, pero muy poco ya que mi flagrante falta de conocimientos de las básicas reglas de matemáticas me pesaba como una losa para todo lo demás. Era incapaz de hacer hasta una raíz cuadrada, no sabia ni que eran.

Al pasar los días las clases se fueron convirtiendo en una pesadilla para mi y solo el afán de superación y los nuevos amigos me llevaron a soportar, como pude, las embestidas de las salidas a la pizarra, la mayor de las veces entre las risas de toda la clase. ¡Como podía haber caído tan bajo! cuando yo creía estar entre los mejores de mi anterior clase de Educación Primaria. Aparte de la Gimnasia y la Formación del Espíritu Nacional, solo en la clase de Taller podía sacar la cabeza y eso a base de buenos trabajos sobre los tableros que fueron dando las instalaciones y montajes mas bien ejecutadas de la clase. No cabe duda que tenía habilidad para los trabajos manuales y los circuitos eléctricos no tenían secreto una vez que el profesor los exponía en la pizarra, por lo menos sería un buen instalador, pensaba yo.

Mientras tanto algunas veces miraba a los alumnos del otro grupo que estaban en el taller de electrónica para ver lo que hacían. Al ver los contenidos de la pizarra me di cuenta de que la selección en dos grupos no era tan mal idea. Realmente los alumnos de primaria, y entre ellos yo el que mas, estábamos muy mal preparados.

En Navidad llegó el gran momento y llegaron los primeros exámenes del curso que para mi eran los primeros exámenes serios de toda mi vida. Teniendo en cuenta mi mala preparación y que, realmente, yo no sabia estudiar, no podía sino recibir la relativa sorpresa de los primeros suspensos de mi joven aventura estudiantil. En la asignatura de Dibujo un uno(1) y así todas las asignaturas, que no eran pocas. El mundo se me vino encima y muchas, por no decir todas, mis ilusiones se esfumaron. Como podía yo presentar esas notas en casa, teniendo en cuenta el esfuerzo de toda la familia para que yo siguiera estudiando. La solución estaba servida, presentaría el tríptico de notas acompañada con la firme resolución de dejar los estudios, ya que no servía para tan ardua tarea y la ciencia, tan querida por mi, podía esperar e incluso seguir su camino sin mi. ¡Si era tan difícil el principio como sería luego!. Mi pobre formación en todas las materias me había pasado factura y los distintos profesores se habían dado cuenta de mi casi nula formación de base la Escuela Primaria. Las historias del Caudillo Viriato y los valerosos artilleros Daoiz y Velarde no servían de gran cosa en la nueva Escuela. Un descalabro total como nunca lo he tenido fue aquel primer trimestre. Incluso en Dibujo que yo suponía fácil, ya que me consideraba buen dibujante, se me convirtió en una pesadilla, aquello no era dibujo pensaba yo, para que servía el dibujo lineal, seguro que para nada, como el resto de asignaturas, ¡Para ir a la luna no era necesario trenzar cable a la perfección!, y seguro que tampoco era necesario saber aritmética y geometría.

Papa y Mamá se mantuvieron inflexibles, aunque un poco tristes y contrariados por un fracaso tan rotundo. Papá se negó en redondo a que abandonará los estudios. Me repitieron, que los principios nunca son buenos para nadie, y que debía seguir los estudios que había comenzado, con la firme convicción de que superaría el primer tropiezo. Al final del curso nos plantearíamos de nuevo la conveniencia de retirarnos de la cancha o seguir jugando. Aquellas fiestas de Navidad fueron un poco tristes para mi ya que solo pensaba en mi fracasada aventura estudiantil, aunque no cabe duda que las vacaciones me llegaron como un salvavidas en aquel terrible primer trimestre en mi nueva Escuela de Maestría.

Para Reyes Mamá se resistía a renunciar a comprar algunos juguetes a sus pequeños, que ya no éramos tan pequeños, así que Jesús y yo nos plantamos en la droguería de Sebastián y Margarita, y nos compramos dos pistolas que lanzaban balines de plástico. Ese fue el último juguete que me trajeron los queridos Reyes. La verdad es que nunca nos faltaron juguetes por Reyes, no se como lo hacía Papá, pero no recuerdo ningún año sin juguetes. Las pistolas de aquel año sirvieron para muchas horas de juegos y balinazos entre risas y correrías por la casa. ¡Gracias Reyes Magos por tantas horas de felicidad!.

Después de las vacaciones de Navidad, muy acojonado por cierto, reanude las clases. Aumente el interés de forma exagerada y la cabeza de puente para la recuperación la tuve enseguida con la respuesta a una nueva oportunidad que nos dio el profesor de Dibujo a los suspendidos del primer examen. Aquel profesor de cuyo nombre no me acuerdo, nos explicó a los suspendidos, como se prepara un alumno para un examen de esas características, seguro que sabedor del suplicio que pasábamos los alumnos llegados de ciertas Escuelas de Primaria. No podía fallar en esa segunda oportunidad y estudie todos los problemas que se habían dado durante el trimestre, que a la postre no eran tantos y estaban en el libro muy bien definidos. Igualmente expuse cuantas consultas se me plantearon al Profesor y en resumidas cuentas aprendí como se debía estudiar ante una examen de aquellas características. Me di cuenta que era divertido no solo pasar bien a tinta china los dibujos, sino saber como hacer aquellas bonitas figuras utilizando los elementales principios de la Geometría Descriptiva. Del segundo examen obtuve un nueve(9) y nunca mas bajé de esta nota en mis clases de Dibujo Lineal.

Las cosas iban cambiando poco a poco y el cuadro de Profesores se iban dando cuenta de mi poca preparación académica y por el contrario mi mucho interés en aprender lo que impartían. Mi comportamiento en clase y fuera de ella era ejemplar y mi participación en todas aquellas actividades de la Escuela era total. Dado que en gimnasia era de lo mejor, siempre fue así, y teniendo en cuenta que yo entrenaba dos días por semana en un equipo federado de fútbol infantil, pasé a formar parte del equipo de balonmano de la Escuela, bueno de todos los equipos que había en la Escuela. El Profesor de Gimnasia sabia que me tenía disponible para cualquier deporte así como cualquier disciplina de atletismo y muchas veces tuve que competir contra alumnos de los mejores Colegios de Palma.

Poco a poco fui ganando la confianza de todos los profesores de la Escuela y mi natural manera de trabajar ganaba terreno por momentos. Las aulas me gustaban cada vez mas y el miedo del principiante y sobre todo del principiante no preparado iba desapareciendo. Me atrevía a sentarme en las primeras filas y hasta desear que me sacaran a la pizarra donde tenía la necesidad de desquitarme de aquellos primeros momentos de vergüenza y desconcierto.

Me sentía fuerte y seguro en cada asignatura y ya tenía un grupo de amigos fijos y empezaba mi despegue del grupo de amigos de la infancia de Son Rapinya. En adelante compañeros como Pablo Moserrat, Juan Florenza y otros se convirtieron en amigos inseparables compartiendo algo mas que aquellas clases. Llegado el invierno la bajada de Son Rapinya en bicicleta a las siete y media de la mañana se hacia más difícil y Mamá me ponía papeles entre la ropa para que al bajar con la bicicleta pudiera aguantar el frío. También me daba las 15 pesetas que valía un bocadillo en el bar de la Escuela. Aquellos bocadillos eran estupendos y de tamaño de un chusco del ejercito de aquellos años ¡buenisimos!, no los que encontré yo cuando hice Milicias. Al salir al patio después de la clase de taller el bar se llenaba de los alumnos para comprar los bocadillos. Me gustaban especialmente los de caballa y la señora llegó a saber cuales eran mis preferidos. En el patio había un campo de balonmano que evidentemente utilizábamos para jugar al fútbol entre una multitud de chicos de todos los cursos. Como no podía ser de otra forma no tarde ni dos semanas en hacer mi primer montaje electrónico en casa.

Aprovechando las clases de Taller de Electricidad y las prácticas de bobinado de motores y transformadores, recogía el hilo de bobinar sobrante o el de la basura y me lo llevaba a casa, donde un trozo tras otro y convenientemente empalmado construía una enorme bobina sobre un trozo de tubo de plástico. La bobina, que no era más que ir dando vueltas al hilo que cada día añadía, de forma ajustada, sobre el tubo de Plástico, iba creciendo por días. No penséis que no sabia lo que hacia, era consciente de que quería producir un campo magnético muy potente para hacer desaparecer en el tiempo a un pequeño ratón tal como oído o leído por algún sitio. Llegado el gran momento de conectarlo a la corriente y muy emocionado y un poco acojonado por jugar con la electricidad que Papá me había repetido hasta la saciedad que era peligrosa. El campo magnético funcionó y zumbando como una mala cosa dentro del tubo se metieron todos las herramientas metálicas que tenía cerca de la gigantesca bobina. En cambio no desaparecieron ni los escarabajos ni el pequeño ratón que metí, repetidas veces, en el núcleo de la gran solenoide que construí. Una y otra vez conectaba el artilugio a la corriente de casa y disfrutaba al oír el intenso zumbido de la construcción.

Debido a mis constantes pruebas con la colosal bobina un señor de la compañía de la electricidad GESA se presentó en casa y examino los dos cables de la entrada general cuyo aislamiento de plástico estaba fundido. Todavía me faltaban muchos años para saber que el consumo de energía reactiva, que yo hacia con mi super bobina, no se contaba en el contador domestico y se perdía en la línea precisamente en forma de calor. No se que explicaciones le daría Mamá pero seguro que le mencionó que su hijo estudiaba para ser Técnico en Electrónica y que hacia montajes en su laboratorio, antes de Química y ahora de Electrónica por cierto. La siguiente experiencia o quizás la primera, no lo recuerdo muy bien, fue montar una radio galena con un diodo detector. Conseguí que Mamá, como siempre conseguía por cierto, me diera el dinero suficiente para comprar unos auriculares de 2.000 Ohmios de impedancia y un diodo detector que era un “OA85”. Las dos primeras piezas de electrónicas que compraba en mi vida las compré en una tiendecita que había en la calle que iba de la plaza Santa Eulalia hasta el Colegio San Francisco.

Mamá quedo entusiasmada al ponerse los auriculares y oír Radio Mallorca, entre metros de hilo de antena y toma de tierra que había instalado por la terracita del brocal de la cisterna de casa, muy débilmente eso si, pero al fin y al cabo sin consumo de energía que era lo que realmente le gustaba a Mamá. Mi madre creía que había inventado la radio sin consumo de energía, ni electricidad ni pilas. Mas tarde quedó mas impresionada cuando hice el mismo montaje con una patata que hacia las funciones de detector. La proximidad de la antena de la emisora EAJ13 “Radio Mallorca” hacia fácil el detectar su señal con cualquier clase de detector incluida la patata ¡misterios de la tecnología!.

En las clases de Taller llegó el momento abandonar las clases con los alumnos de la especialidad de electricidad y nos pasaron a la clase del gran gurú de la electrónica, por fin en el santuario prohibido, pensaba yo. Un poco de miedo si que daba el viejo Profesor, un poco sordo y con su interminable cigarrillo en la boca, que a veces fumaba sin darse cuenta de que estaba apagado. El Profesor me impartiría clases de Taller de Electrónica hasta tercer curso y realmente aprendería muchos de los secretos de esa novedosa disciplina que nos llegaba especialmente desde USA. Comenzaba a sentirme feliz en mi nueva Escuela con mis nuevos amigos y en definitiva con mi nueva vida.

Por el esfuerzo que desplegué en aquellos dos siguientes trimestres y gracias a que había hecho caso de los sabios consejos de mi Padré, no solo pude aprobar en junio en su totalidad aquel curso, sino que fui el numero uno de todo Primero de Oficialía Industrial, con cinco Notables y dos Sobresalientes, y como tal, galardonado con un premio de la Escuela que consistió en un libro que pude elegir en una librería de Palma y que todavía guardo con mucho cariño. Mi nombre se puso en un papel firmado por el Jefe de Estudios y colocado en el tablón de anuncios de la entrada. Me sentía feliz y creo que llevé a Mamá para verlo, pero no me acuerdo muy bien.

De nuevo había estado entre los mejores, en este caso el mejor, incluso por encima de los que tenían cursos de bachiller, con tesón y mucho esfuerzo había sabido encontrar el duende del conocimiento y el gusanillo de superar todo aquello que me ponían por delante. Mas tarde supe que alguien o algo me ayudó, pero no se quien pudo ser, solo recuerdo que a veces la confianza me desbordó, y me superaba cada día de aquel primer curso. Al final de aquel primer curso lo aproveche para reincorporarme al campo de golf para seguir con mis trabajos de cadi lo cual me permitía tener unas pesetillas en mi bolsillo. Seguía entregando a Madre todo lo que sacaba del golf, pero me solía quedar alguna propinilla para ayudarme en mis escasos gastos de cada domingo. En casa me daban cada semana 50 pesetas cada Domingo y eso, como ya os conté, no me llegaba para la discoteca del arenal si contaba los gastos de desplazamiento en los autobuses.

Mi buen amigo Tomas y yo seguíamos saliendo cada Domingo en busca de buena música y baile, así que cada domingo nos poníamos la ropa mas rebuscada, el era el especialista en locales y ropa, y nos sumergíamos en los antros mas tirados de Palma. Wooka-Woo era una discoteca que estaba en un barrio de Palma llamado "Corea" donde había actuación en directo de un grupo de cuyo nombre no me acuerdo pero que tenían un saxo buenísimo a juicio de mi amigo Tomás. El local era muy pequeño y por supuesto con poca o casi nula iluminación. Un conjunto de fluorescentes con luz ultraviolada hacia las mis maravillas de Tomas que alucinaba con el brillo reflejado de su camisa, por supuesto a la moda, que lucia. Allí tuve la primera novia fuera de los límites de la infancia. Llegaba a la sala de baile con su Madre y pasábamos todo el tiempo bailando, por supuesto lejos de la mirada vigilante de su carabina. Con el paso de los Domingos me di cuenta de que estar todo el rato con la misma niña no era lo que yo buscaba en esas discotecas y no tuve más remedio que romper con ella, lo que produjo que tanto ella como su Madre se enfadaran conmigo.

Otra discoteca donde íbamos de cuando en cuando era La Protectora llamada entre nosotros "La Paja" , porque se encontraba en la vieja Plaza de la Paja de Palma. La discoteca era una gran sala en el primer piso de una Asociación, con una escenario y mucha luz, la pista de baile era toda la sala y las sillas estaban en las paredes en dos líneas donde las chicas esperaban que los chicos pasáramos por delante y les pidiésemos para bailar. Las actuaciones eran en directo y con grupos de muchachos jóvenes que sacaban buena música lo que nos gustaba mucho tanto a Tomás como a mi. Evidentemente no solo de música vivíamos en aquellos años así que las constantes vueltas por la sala pidiendo para bailar a las muchachas era casi un carrusel interminable.

Mientras tanto en casa las cosas iban bastante bien aunque por aquellas fechas se produjo un fuerte contratiempo para Mamá. Nada más ni nada menos que mi hermano Miguel decidió salirse del Seminario con el consiguiente disgusto para toda la familia, pero especialmente para Mamá que esperaba con verdadera ilusión el día de Ordenación de su hijo. No solo decidió salirse del seminario sino que poco tiempo después se apunto a una academia de música y aprendió a tocar la batería no tardando en formar parte de un conjunto musical que se llamaba “The Clinks”. El conjunto de cosas le impacto mucho a Mamá y fue el punto de partida para otra serie de sufrimientos que nuestra querida Madre tenía que padecer.

Los tiempos cambiaban rápidamente y el conjunto de la sociedad se veía envuelto en una serie de cambios sustanciales que harían padecer a más de un Padre. Los jóvenes iniciaron una revolución de libertad y desarraigo con las tradiciones establecidas. Desde Europa y todo el mundo llagaban corrientes de comportamientos diferentes del conjunto de esa juventud. Capitaneado por la música se producía un rompimiento con la generación anterior y muchas de las tradiciones establecidas se desvanecían al son de los acordes de muchos grupos musicales a lo largo de todo el mundo.

En España, y antes que otros sitios en las Islas, por su intimo contacto con las gentes venidas de fuera para hacer turismo, también se produjo el inevitable cambio y la juventud en su conjunto se volcó en esos pequeños, pero importantes cambios, que tenían que pasar. Como era natural en un grupo musical de aquellos momentos los componentes tenían que llevar el pelo largo, motivo abanderado de tan difícil juventud según algunos adultos y mi hermano Miguel no pudo ser menos, así que ya teníamos servida las mas ardua y larga polémica que hubo en casa por aquellos años. Miguel y por supuesto Nicolás que le iba a la zaga y que seguía con su trabajo en el Colmado España se dejaron los "pelos largos", como la gran mayoría de chicos de aquella época. A Mamá y Papá le parecía esperpéntica la imagen de sus hijos con ese tipo de peinados y pelos. Solo el tiempo y el correr de las cosas suavizaron las posiciones y pronto yo seguiría aquellos pasos y no mucho mas tarde mi hermano pequeño Jesús. Evidentemente no solo los peinados con un largo de pelo superior a lo que se consideraba normal era el motivo diferencial de aquella juventud. La ropa era el segundo punto de identidad de aquellos jóvenes que ponían todo su empeño en diferenciarse de las generaciones anteriores.

Llegó la época de los pantalones acampanados y las camisas con dibujos diversos, así como de los abrigos largos en invierno y jerseys de cuello largo. Como no era cuestión de ir por las discotecas vestido como un adefesio y mi edad me decía que estaba en esa época, que todos pasamos en esta vida, donde nos comportamos como verdaderos monos imitadores de todo aquello que nos fascinaba, solía pedir a Mamá toda una serie de prendas de vestir de los mas “In”. Como las cosas no estaban para chorradas según decía mi Padre, no tuve más remedio que conformarme, las mayoría de las veces, con las ropas que dejaban tanto mi hermano Miguel como mie hermano Nicolás y así ir tirando. Ellos trabajaban y aportaban dinero a casa, yo en cambio solo era motivo de gasto y no poco por cierto. Aún así, recuerdo unos pantalones de pana verdes como un aguacate que me hicieron de lo mas feliz, que combinados con una camisa de dibujos, que brillaban en la luz ultraviolada de las discotecas, hacían de mi como una gigantesca luciérnaga entre el gentío de las discotecas mas oscuras de aquella Palma. Mi amigo Tomas ya tenía una hacia tiempo y por fin la pude conseguir ¡Seguro que éramos los mas chulos de la disco!.

Mientras tanto mi hermano Miguel había embarcado a Mamá en la compra de una batería marca “Premium” de color azul, que alguna vez tuvo por casa, pero bajo la mas estrictas de las prohibiciones de que los pequeños la tocáramos. No la tocaba, en efecto, pero la miraba mucho y me hubiera gustado mucho haberla aprendido a tocar. Mi hermano no tardo mucho en llevársela al local donde el conjunto ensayaba y ya no pude tenerla cerca donde, solo de tanto en cuanto, hacía sonar la caja, recordando mis ya viejos tiempos de tocador de tambor en la banda de las monjas.

En verano a las idas y venidas de las Discotecas había que sumar las Verbenas de las Fiestas de los distintos barrios de Palma, de los pueblos cercanos y por supuesto de la misma Son Rapinya, donde cada Agosto, por las fiestas del Patrono de la Parroquia San Bartolomé, se celebraban dos estupendas Verbenas nocturnas amenizadas por grupos de los que prometían en aquellos momentos. No podíamos faltar a las Verbenas de nuestro pueblo y ya teníamos la edad apropiada para pinpollear por la pista de baile con la chicas de nuestra edad.

Recuerdos de la Vida de un niño de Son Rapinya