RECUERDOS DE LA VIDA DE UN NIÑO DE SON RAPINYA

Con mi mejor amigo, Pablo Montserrat, en busca de buenas Fotos en las montañas de Malorca

Veterano en la Escuela de Maestría Industrial
Mi Infancia se queda en Son Rapinya ¡Mi nuevo grupo de amigos de Palma!

Después de aquel feliz y tranquilo Verano, lleno de buenos momentos tanto en Casa como entre mis amigos, me tocaba iniciar un segundo curso que prometía ser de lo mejor en mi formación.

Aquel año ya no me matriculó mi Padre, así que un determinado día de Agosto bajé a Palma, para Matricularme en Segundo Curso de Oficialía Industrial en mi, ya querida, Escuela de Maestría Industrial. Allí me encontré con muchos de los amigos que habían acabado conmigo primer curso y que una vez superado se matriculaban para el mismo curso que yo. Eran momentos de recordar los mejores acontecimientos del verano y como no de comentar los rumores sobre este y aquel Profesor que tendríamos en este nuevo curso y como no; sobre la dificultad de algunas de las nuevas materias que este año deberíamos cursar.

En los días de aquel verano una tarde noche de Domingo una vez acabado la sesión de la discoteca Wooka-Woo de “Can Redo” en el barrio de Corea, donde, como casi cada Domingo, Tomás y yo nos perdíamos, y una vez acabada la sesión al bajar hacia Palma a coger el Bus, para subir hacía Son Rapinya, por la calle General Riera que estaba en obras, creo que la estaban asfaltando por aquellos días, conocimos a unas chicas que serian nuestras compañeras de fiestas un tiempo que recuerdo muy divertido al principio y muy,  muy angustioso al final. Las chicas eran dos hermanas que vinieron a vivir a Son Rapinya, ya que vivían solas, sin Padres, lo que añadía un halo de misterio a la cosa. Poco tiempo después yo salía con la menor, Paquita, que era una preciosa chica rubia de ojos como el mar y de unos 14 años de edad y mi amigo Tomás salía con la mayor que era una chica morena que le sacaba algunos años. Las chicas causaron revuelo en el circulo de amigos y amigas que teníamos en Son Rapinya y algunas otras personas del todavía Pueblo, especialmente en los Padres de Tomás que lo consideraban un autentico escándalo.

Y comenzaron las clases en mi ya querida Escuela de Maestría Industrial y ese año no significó el infierno del primer año, todo lo contrario. El nuevo curso me gustaba mucho, especialmente las clases de Taller de electrónica, donde ya ¡por fin! nos iniciamos en los montajes electrónicos de importancia. Llegaba al curso con la vitola de numero uno del curso anterior y eso se notaba en casi todo. :-)

Compartía los estudios con mis entrenamientos con el Equipo de Futbol que como os dije eran dos días por semana a las 6 de la mañana y los habituales partidos de cada Domingo que me permitían seguir en buena forma física. Seguía jugando con el equipo, ahora juvenil, del colegio privado CIDE que os comenté. Mi vida se aproximaba a un cambio sustancial en el grupo de amigos y amigas. Mi buen amigo Tomás por fin se decidió por Loli (su novia de siempre)  y además se preparaba para entrar en la Universidad y estudiar Ingeniería en Terrassa (Barcelona) y yo no supe atender a mis sentimientos hacía María. La verdad es que ese otoño comencé otra vida social totalmente diferente de cómo la había llevado hasta ese momento, algo dentro de mi me llamaba a cambiar sustancialmente de espacios. Palma me tiraba mucho y Son Rapinya me repelía mucho más.

Con los amigos de clase formamos un grupo que compartía algo más que las horas de clase y llegó el momento en que al salir de clase por la tarde ya no me iba a casa directo, como antes. Muchas tardes nos quedábamos en el Bar55 que estaba muy cerquita de la Escuela donde entre algún café y buena música pasabas un buen rato. Ya no me apetecía bajar a Palma en bicicleta y por mi cabeza se estaba fraguando la idea de tener una pequeña moto, un ciclomotor. Antes de pedir la moto, que yo consideraba mucho atrevimiento, empecé a bajar a Palma en el Autobús, para que Mamá se diera cuenta del gasto en desplazamientos, y a la vez porque me daba mas libertad para desplazarme por la ciudad, especialmente por las tardes cuando salíamos en grupo buscando algún lugar donde tomar alguna cerveza y pasar el rato.

Juan Florenza era un forofo de los coches y estaba como loco para cumplir la edad y sacarse el carnet de conducir. Su cuñado tenía un Mini 1275 GT y nos contaba lo mucho que corría el coche que algún día él conduciría en los rallyes que había en Mallorca. Efectivamente corrió en las carreras algunos años después y dejó la piel en uno de ellas evidentemente muy joven. Juan y yo solíamos picarnos mucho y en unos de esos piques nos apostamos no se que cosa, de las muchas que nos apostábamos, para ver quien aprendía a tocar la guitarra en menos tiempo. Como no podía ser de otra forma me puse manos a la obra, aprovechando que Tomás estaba en esas labores también. Mi preciosa amiga (Mi novia de la Infancia) María me prestó su Guitarra durante un tiempo y con ella comencé los primeros escarceos con los acordes que tan difíciles resultaron al principio. Mas tarde cuando le devolví la Guitarra a María, compré una guitarra, mala de cojones, bastante vieja y con cuerdas de acero que me destrozaron los dedos durante las muchas horas de ensayos que hice. Compré unos libretos de canciones (En una tienda que había en las Ramblas) donde venían los acordes cifrados y después de no poco esfuerzo me atreví a tocar, bueno, más bien a rascar las cuerdas delante de mi Madre, intentando sacar mi primera canción. Mamá una vez más se convertía en testigo de mis aventuras y a veces desventuras, le gustaba que yo estuviera con la guitarra todo aquel tiempo y me animaba mucho. La canción “I’d love you to want me”, de un tal Lobo, que se sacaba bien con solo tres acordes, fue la primera que me salió completa, y hasta yo mismo me sorprendí con la ya incipiente armonía de mis rascadas en aquellas cuerdas que me mataban las yemas de los dedos.

Mamá me preparaba agua caliente con sal para mis doloridos dedos cuando lo necesitaba, que justo era después de cada sesión. Con la práctica constante llegué a sacar de aquella guitarra algunas notas que recordaban a la pieza “Granada” de A. Lara, lo que evidentemente le gusto mucho a mi Madre, que no se cansaba de oírme rascar las cada vez más armoniosas notas de mi guitarra. Me gustaba rascar la guitarra en los momentos que podía y descubrí que tenía una facilidad innata en captar los ritmos a las canciones y piezas populares. Con el practicar diario comencé a sacar algo mejor los acordes y la guitarra comenzó a entonar mejor las notas que yo me esforzaba en tocar, así que pronto fueron muchas las canciones que sacaba en mi malísima pero querida primera guitarra.

Mientras en la Escuela todo iba muy bien. El grupo de amigos comenzamos una buena amistad con el profesor de matemáticas D.Emilio Muriscot que era Ayudante de Ingeniero Aeronáutico y Militar de Aviación, su afición a la fotografía inculcó en mi el gusanillo del arte de las instantáneas y pronto comencé a practicar la fotografía con las cámaras de D. Emilio, que eran de las mejores del mercado. Una cámara 6x6 marca Hasselblad y otra cámara de 35 milímetros marca Leyca M-2, ¡como veis las mejores del mundo!.

Tenía un pequeño laboratorio donde revelaba las fotografías que hacíamos y pronto comencé yo mismo las labores de procesado y revelado en su laboratorio. A mi vida llegaba otra nueva afición. La fotografía ya no me abandonaría a lo largo de toda mi vida y todavía siempre que puedo le dedico algunos momentos en mis casi siempre ocupadas horas. El misterio de una buena fotografía todavía me persigue y no puedo contar muchas instantáneas de las cuales me sienta verdaderamente satisfecho. Sigo buscando la fotografía perfecta y estoy convencido que algún día la encontraré. Algo me dice que la cámara capta algo de las personas que no entendemos y ya en aquellos años puse parte de mi empeño en profundizar más sobre este tema, que si me queda tiempo os contaré mas adelante. Ahora solo os comento que la fotografía me enamoró de verdad y me hizo pasar realmente buenos momentos en aquellos jóvenes años. Con Emilio recorrimos toda la Isla en busca de buenos lugares que fotografiar y que visitar, eran unas excursiones inolvidables que hacíamos en su Seat 1430. Ya Mallorca no era la Isla que yo había recorrido, algunas veces cuando era pequeño en aquellas inolvidables excursiones con todo el Pueblo. La Isla estaba sufriendo, sin duda, uno de los peores cambios que su amplia historia haya conocido ¡Espero que no haya otro peor!. La “Balerización” de sus playas y costas estaba a la orden del día y nosotros entre la vorágine de la especulación y el “boom” turístico. Las Calas y recodos costeros paradisíacos se estaban vendiendo al mejor postor, que muchas veces o la mayoría de ellas eran extranjeros, sin asomo de amor por la tierra y solo el comercio y los beneficios marcaban el sentir de muchos de aquellos nefastos señores y empresas que marcaron nuestra tierra de forma casi eterna.

A nuestros jóvenes ojos aquellas construcciones mastodonticas en las playas eran increíbles y prometían un montón de chicas rubias venidas del norte de Europa que en general llamábamos "Suecas". Por aquellos años nosotros no veíamos mas allá de unos buenos biquinis en la playa y buena música por la noche en las discotecas. La verdad es que hasta sin buena música pero con buenas vikingas que hacían las mil delicias de cualquier chico de aquella ya alocada Isla. Para otras personas ese “boom” inmobiliario representaba trabajo y la posibilidad de prosperar en aquella sociedad. Una legión de gentes venidas de fuera de la Isla llegaron para satisfacer las necesidades de mano de obra para aquellos proyectos y posteriormente ocupar los puestos de trabajo en muchos de sus servicios.

En Palma crecieron de forma desmesurada los barrios periféricos donde las gentes venidas de fuera encontraban su alojamiento y Son Rapinya pronto se convertiría en uno de ellos. La Isla rebosaba de la libertad tantas veces pedida en el resto del Estado y tantas veces denegada por los señores que decidían. Tal era el punto que hasta se publicaba un diario en Ingles “The Daily Mirror”, realmente una edición especial para Baleares. Era el único periódico que se publicaba en el Estado en lengua No Castellana.

Con Emilio también aprendí a amar la música clásica. El viejo profesor era un maestro al Piano y como en su casa tenía uno de cola, muchas tardes pasamos veladas oyendo las interpretaciones que nos hacia de muchos de los autores clásicos. Especialmente me gustaba cuando interpretaba piezas de "Chopin". Fedrick Chopin se convirtió en uno de mis compositores preferidos, era el Maestro de los románticos y además había estado en Mallorca en el invierno del año 1839-39, aliviándose de los dolores de su enfermedad crónica respiratoria, y donde presuntamente compuso sus mejores obras.

Chopín estuvo en Valldemosa (Un precioso pueblo de Mallorca) con su amante Lucia Dupin, Baronesa de Dudevant, más conocida por el seudónimo (Jeorge Sand), lo que levantó toda clase de criticas y habladurías entre las gentes de la Isla de aquellos años. En aquel tiempo no me gusto el libro de “Jeorge Sand”, Un Invierno en Mallorca, pero con el pasar de los años algunas de las cosas que ella reflejó en sus paginas, las comencé a entender. Las gentes de la Isla habían cambiado desde la época de Chopin y se mostraban ahora mucho más abiertas y comprensivas hacia todo aquel llegado desde fuera ¿pero?.

El grupo de amigos de clase no tardamos en quedar incluso los Domingos para buscar alguna buena discoteca y disfrutar de buena música. Una tarde de Domingo ya de vuelta para casa, que se traducía en ir a buscar el autobús a la Plaza de las Tortugas, que era donde tenía el BUS su origen y final, conocí a un grupo de chicas que paseaban solas por el paseo. El tiempo hizo que ellas y nosotros saliéramos juntos varias veces y se formará así un bonito grupo de chicos y chicas que pasamos muchos y buenos ratos, quizás de los mejores de mi joven vida. Las Chicas del joven grupo que nosotros llamábamos “pandilla” vivían cerca D’es Born en la misma Palma y no tardamos en quedar cada día después de clase en el Bar Roma que estaba en la Avenida de Roma de Palma donde entre cafés, lo más barato, y las largas charlas sobre mil y un temas de los asuntos de aquellas edades, pasábamos las tardes. A pesar de mi no lejano escarmiento con las chicas, una de ellas, como no podía ser de otra forma, me gusto y no mucho tiempo después salíamos juntos, pero dentro del grupo.

Magdalena era una chica morena un año mayor que yo, hija de una familia de comerciantes de Palma que tenían una tienda de artículos de pesca en el Paseo Marítimo, cerca del edificio de la Lonja. Con el nuevo grupo de amigos hicimos un sinfín de excursiones por toda la Isla, pero aprovechando que los padres de Magdalena tenían un chalet en el Puerto de Andraixt, esa fue la zona que mas visitamos. Recuerdo el cariño que me tenían por aquel pueblo, me refiero a los chicos de la edad de Magdalena, que como es natural me consideraban un intruso por aquellos lares. Su Ex-novio, por decirlo así en aquellas edades, que jugaba de portero en el equipo juvenil del pueblo era del mismo pueblo y eso ya podéis imaginar lo que supone. Magdalena era una niña educada para ser una buena Madre de familia, hija única y de familia media alta, no podía, de ninguna de las formas, ser la novia o como se le llamara en aquellos momentos al salir juntos, de un chico hijo de familia de forasteros y alumno de una Escuela  como era la de Maestría Industrial.

Esa presión sobre la chica me enfureció de veras y no tenía argumentos sólidos a mi favor, solo proyectos en mi joven cabeza que Magdalena compartía con la ilusión normal de esas edades. Creo que por aquel entonces comencé a pensar en serio en llegar a la Universidad, como fuese. En fin así es la vida y poco después de pasado el siguiente verano tuvimos que dejarlo ya que ella no podía aguantar mas la presión de sus Padres. La recuerdo con mucho cariño y estoy seguro que ahora es una feliz Madre de familia en algún lugar de su tan querida Isla y seguro que sabe que yo seguí luchando con todo lo que se ponía por delante para conseguir mis objetivos. ¡Mi querida Magdalena espero que hayas conocido la felicidad!.

La experiencia me sirvió para situarme en mi lugar entre las gentes de la Isla. ¿Tendría razón “Jorge Sand” en su libro?. Algunas gentes de la Isla se estratificaban en capas muy bien definidas y la Sociedad Palmesana, presumía de algo que no tenía, como suele pasar siempre. Sus componentes eran muy receptivos e incluso acogedoras con las gentes venidas de fuera siempre hablando de turistas y a poder ser con dinero. La llegada durante años de gentes trabajadoras desde el resto del Estado, principalmente Andalucía, con su carga de pobreza e incultura, hacía que en la mente de algunos Isleños, a veces tan pobres y posiblemente mas incultos que aquellos, quisieran diferenciarse aprovechando el idioma y los apellidos.

La diferencia estaba servida y mientras algunos lugareños se preparaban para una vida compartida y de trabajo codo a codo con aquellos que llegaban de fuera, compartiendo todo aquello que tenían, incluyendo su cultura, como los que se encontraron mis padres en Son Rapinya, otros se esforzaban en diferenciarse en base a no se que complejos de transitoriedad. Quizás no recordaban, posiblemente por su desconocimiento galopante, que las gentes de estas Islas eran el resultado de mil cruces con una y mil razas llegadas por mar desde los confines de los tiempos y de todos los lugares. Muchas gentes de la Isla desconocían el carácter mundialista de los antiguos Mallorquines. Antes, mucho antes de la conquista y colonización de sus tierras por las tropas cristianas del reino de Catalano-Aragones, los lugareños habían nutrido las filas de los ejércitos de Aníbal y Publio Cornelio Escipión (Escipión el Africano), en su afán por demostrar que el mundo les pertenecía también a los habitantes de esa pequeña y casi insignificante Isla del mediterráneo. Llegó a darse el caso que el la batalla de Zama, en las llanuras ya cercanas a Cartago, donde se enfrentaron por última vez las tropas Púnicas y las Romanas se contaban valerosos Mallorquines en ambos bandos, que con sus ágiles armas en forma de tres ondas que tenían la misión de iniciar el hostigamiento a las filas de Asteros Romanos o de Infantes Púnicos, según desde donde se batallaba.

Sea como fuere, en aquel tiempo yo me sentía en el último lugar de esa imaginaria estratificación de la sociedad, y algo dentro de mi me decía que debía de trabajar duro para salir de ese lugar y salir de allí.

Con el nuevo grupo de chicos y chicas cambiamos de discotecas donde ir las tardes de los Domingos. Los antros que recorríamos con mis amigo Tomas ya quedaron atrás y ahora solíamos ir a una discoteca que estaba en el ático de un edificio de la calle General Riera “La Bitácora” que se convirtió en un local asiduo del nuevo grupo. Los bailes del Colegio Luis Vives también se convirtieron en habituales de la pandilla. Allí y entre los acordes de los lentorros mejores del momento pasábamos las tardes de muchos Domingos. El grupo se iba haciendo grande y se sumaron algunas parejas como la prima de Magdalena y su novio que era el portero del equipo de fútbol del filial del Mallorca algo mayor que nosotros pero sensacional.

Aquel año en la Escuela de Maestría nos preparamos para una demostración deportiva como aquellas que se hacían en Madrid con la presencia del Jefe del Estado y en ello pusimos todo nuestro empeño. El profesor de Gimnasia preparó a un grupo de chicos para el evento y ensayamos hasta la saciedad los saltos sobre el “potro” y “plinton” que teníamos que llevar a cabo el día señalado. Llegado el día señalado nos presentamos en el campo de fútbol del Mallorca y ocupamos el lugar que nos habían destinado, por cierto un poco apartado de las tribunas. Era lógico los mejores lugares eran para los colegios bien de la capital, La Salle, San Francisco y otros ocupaban los mejores lugares del césped del campo. Así y todo me gustó estar en aquella demostración deportiva.

Mientras tanto la casa iba tomando su forma final, incluso con un jardincito en su parte delantera que Mamá se encargó de dar forma y color con una nutrida variedad de plantas de flores. Los geranios y pelargonios que tanto gustaban a mi Madre siempre estuvieron presentes en nuestras vidas y sus colores llenaban todos los rincones de la nueva casa. Me sentía feliz en ella, aunque mi nuevo grupo de amigos no me dejaba mucho tiempo libre para estar tanto tiempo como antes. Mamá sabía que, ya que era el cuarto hijo, que al llegar a esas edades las horas se hacen ¡tan cortas! con los amigos y uno se olvida del reloj. Por cierto que era un Festina, que mis Padres, recientemente, nos habían comprado a Jesús y a mi con todo el orgullo del mundo.

Recuerdo con muchísimo cariño cuando llegaba a casa por las noches y muchas veces toda la familia nos disponíamos a ver alguna gala o película de la TV1. Fue por aquel entonces cuando nació la segunda cadena de Televisión Española mas conocida por UHF que eran las siglas de la mas elevada frecuencia de emisión, y todo el mundo que tenía Televisión tenía que añadir una segunda antena en el la ya instalada antena de casa. Las emisiones en UHF “Upper High Frecuence” requerían una antena mas pequeña pero un ajuste más fino que la VHF que era el rango de frecuencias de la Primera cadena de Televisión Española. Cuantas sesiones de Películas disfrutamos juntos en casa, al final de la cual, casi siempre el pequeño Jesús y otros no tan pequeños tenían que ser llevados a la cama casi en brazos. Al ser tantos y no caber todos en el sofá era una aventura conseguir un buen sitio con posibilidad de apoyo de cabeza para dormir por lo menos un ratito, ese lugar eran los extremos del sofá, que por supuesto estaban muy solicitados, así que el que llegaba antes no se movía ni para ir a hacer un Pis.

Papá y Mamá se debían sentir muy orgullosos de tener a toda su familia ya bastante crecida, como se dice vulgarmente, con los hijos criados y en SU nueva casa prácticamente acabada del todo. Por aquellos tiempos mi hermano mayor José Antonio junto con Julián que era un compañero de trabajo de la firma Juncosa, decidieron independizarse y formar una pequeña empresa de ebanistería y carpintería que se llamaría y sigue llamando ANCOR. Mi hermano junto con Julián comenzaban una aventura empresarial difícil y muy arriesgada en aquellos tiempos. Con el paso de los años en casa ganamos otro hermano mas.

José Antonio tenía novia formal desde hacia un tiempo y era una chica de la misma Son Rapinya. Aurora era la segunda hija de un matrimonio que al igual que mis Padres habían venido de la península buscando, con el duro trabajo de sus manos y poniendo en ello la vida, un mundo mejor para sus hijos. Con la ayuda de Dios también lo consiguieron y la chica se ganó desde el primer momento el cariño y la admiración de mi Madre. Mamá estaba enamorada de su futura nuera y no era para menos. Aurora sabia ganarse el afecto de todos, su empuje y bravura cautivaron a su futura suegra que siempre quiso ver en las mujeres algo más que una buena madre. Como la cosa iba en serio pronto se decidió que mi hermano mayor se construiría una casa sobre la Planta baja de lo que era en esos momentos nuestra casa. Así pues manos a la obra toda la familia de Aurora, incluido el abuelo, con el apoyo de Papá y como no de Mamá se enfrentaban a otra gran obra de construcción.

La casa de José Antonio y Aurora estaba en marcha y la construcción pronto dejo ver sus primeros sillares colocados. Apoyado sobre los propias paredes maestras de la casa de abajo, como no podía ser de otra forma, se edificaba una vivienda que formaría el segundo piso de nuestra casa de Son Rapinya. Mientras tanto Miguel y Nicolás iniciaban una vida un tanto agitada. Una vida propia de sus edades y de buena parte de la juventud de la Isla. Las chicas venidas de lejos, principalmente del norte de Europa, buscaban no solo el Sol de nuestras tierras, los chicos latinos siempre fueron un manjar para muchas de ellas. Las mentalidades tan abiertas de esas gentes hicieron mella en la juventud y no tan jóvenes de aquella Isla que vieron en la situación una buena oportunidad de sacar tajada en el sexo fácil. Mis hermanos comenzaron a salir no solo las noches de los fines de semana sino de todos los días, con el consiguiente sufrimiento de Mamá que no vivía las noches que sus hijos estaban fuera. Parecía que la angustia y el sufrimiento se habían instalado de nuevo en nuestra todavía joven Madre y de nuevo, con otro tipo de sufrimiento, se disponía a padecer. Su fuertes y arraigados principios morales no le dejaban margen para aceptar los cambios de aquella sociedad y las salidas de sus hijos casi a diario con esas chicas extranjeras, junto con la moda de los pelos largos le hacían sufrir de lo lindo, aunque mis hermanos se esforzaban en cumplir con sus respectivos trabajos, las trasnochadas pasaban su factura habitual y Mamá también sufría por ello, no comprendía, le era imposible aceptar que alguien y en especial un hijo suyo no cumpliera con su trabajo.

Papá no podía dominar la situación, era muy difícil mantener la disciplina entre cinco hijos varones. Los tiempos no ayudaban en nada y Papá siempre quiso mantener un equilibrio entre la educación y la libertad como el la entendía. Los constantes tiras y afloja de Papá con mis hermanos acabaron, como no podía ser de otra forma, con la expulsión de los dos fuera de casa. El "últimatum" era claro, para estar en casa se debían aceptar las normas de buen comportamiento respetando las horas de entrada y salida o no se podía estar en casa. No se trataba de una orden monástica sino de un mínimo de comportamiento en casa acorde con los nuevos tiempos que corrían. Mis dos hermanos optaron por abandonar la casa rompiendo el corazón a Mamá que sentía su falta con el mayor de los sufrimientos.

Fueron tiempos de nuevo difíciles y tristes para nuestros Padres. Mi edad no me permitía pendular por ahí como mis hermanos y en todo caso mi nuevo grupo de amigos me llenaba bastante, así que no necesitaba para nada estar las noches brujuleando por las discotecas de la ciudad y alrededores. Como era evidente mis hermanos no se fueron muy lejos de donde se encontraba nuestra casa y se quedaron en la misma Son Rapinya en casa de unos amigos. Mis padres no tardaron en enterarse para su tranquilidad por el saber de ellos, pero no era una situación que favorecía en nada a la ya débil salud de Mamá.

No recuerdo como se debió arreglar el tema, pero al cabo de no mucho tiempo mis hermanos volvieron a casa y todo siguió como siempre. Quizás mis hermanos habían probado por primera vez lo que era vivir sin los cuidados de una Madre, siempre vigilante, y eso siempre viene bien a ciertas edades.

Aquel curso fue muy importante en mi vida y esos días fueron el crisol de muchos de mis objetivos para un futuro no muy lejano. Las ilusiones de niño pasaban a convertirse en proyectos concretos, me daba cuenta que de veras me ilusionaba profundizar en las materias que me impartían en la Escuela, especialmente las tecnológicas. Por aquel entonces y por primera vez me plantee en serio el estudiar lo que por aquel entonces se llamaba Peritaje Industrial, que era por otro lado la única salida de los estudiantes de la Escuelas de Maestría Industrial una vez finalizados los cinco años preceptivos, aunque eso me quedaba bastante lejos todavía, ya que solo cursaba segundo curso. Me esperaban dos sobresalientes seis notables y dos aprobados en aquel final de curso de Junio. Algo había disminuido en mi rendimiento académico, y era natural, al fin y al cabo aquel año había descubierto la atracción de los chicos y chicas de mi edad y el bullicio de la diversión lejos de casa, y las muchas horas pasadas después de clase en los sitios donde la pandilla quedaba cada día y sobre todo el fin de semana me habían restado horas de estudio que evidentemente al final de curso tenía que notarse.

Recuerdos de la Vida de un niño de Son Rapinya