
Hacía tiempo que mi hermano Nicolás se carteaba con una prima nuestra de Granada. Fina era la tercera hija de un hermano de mi Madre. El tío Pepe y Mamá habían estado muy unidos en su juventud y siempre que había ocasión ella nos contaba cosas de la vida en su querida tierra natal. Su “Graná” era parte de ella y le gustaba recordar cosas de su Madre, hermanos y hermanas. Recuerdo con mucho cariño las muchas veces que me contaba cosas de su hermana pequeña Isabelita que murió dando a luz a mi primo Antonio. Todo eso a mi me parecía muy distante ya que nunca conocimos a los primos por parte de mi madre y a muy pocos por parte de mi Padre. ¡Que pena el no saber escribir!. En aquellos tiempos no podíamos ni pensar en el teléfono y las cartas eran el único nexo de unión entre su familia y ella. No debió haber muchas y solo algún telegrama nefasto y doloroso como cuando le comunicaron que su Madre había fallecido y no pudo ir a verla por no disponer del dinero suficiente para un viaje. ¡Que pena es ser Pobre!, me repetía Mamá. Conociendo a mi Madre como la conocí después, ahora puedo sentir el terrible dolor que le causo saber del fatal desenlace y no poder siquiera dar un último adiós en forma de beso, abrazo o simplemente un pequeño contacto con la piel del ser que más quiso en esta vida. Estaba claro que el sufrimiento era el camino marcado para ella en esta vida, y ella, sabedora de su destino se esforzaba para que sus cachorros no pasaran por lo mismo.
Aquel verano me las prometía de nuevo muy feliz al acabar mi Segundo Curso de Oficialía Industrial, tenía que descansar y me lo había ganado sobradamente, seguiría subiendo al
Club de Golf para trabajar de Cadi y tener alguna pesetilla para mis pequeños gastos, aunque mi nuevo grupo de amigos de Palma me quitaba mucho tiempo y ya no me apetecía tanto el subir cada día
a Trabajar.
Ese mismo
Yo no entendía muy bien como se podía sentir tanto por alguien que no has visto nunca, pero ahora
ahora, cuando escribo esto, lo siento como lo hacía entonces Mamá. Fina estuvo un tiempo con nosotros conociéndonos y conociendo la hermosa Isla que nos vio nacer. Mi hermano Jesús le tomó mucho aprecio y los recuerdo a los dos cantando una canción del autor y cantante Dany Daniel, que se llamaba “Baterfly” y las notas todavía resuenan en mis oídos como si una pequeña ventana en el tiempo se
estuviera abriendo en estos momentos.
Fina se volvió a su tierra con el sabor y la alegría de sus nuevos primos de Palma de Mallorca.
En casa y después de dar mucho la vara a Mamá con la dichosa motocicleta la idea de comprarla iba tomando cuerpo, como no podía ser de otra forma. Ya tenía el modelo estudiado desde hacia mucho tiempo. Se trataba de una pequeña motocicleta marca Montesa de color rojo que hacia las mil delicias de mis ojos desde su lugar del escaparate donde estaba en exposición. Papá y Mamá se esforzaron en comprarme la motocicleta y así fue. Un feliz día, como aquel en que habíamos bajado a Palma para comprar mi bicicleta, fuimos a rescatar mi motocicleta de su escaparate y ponerla en sus justas y queridas manos: las mías.
Parecía que seguía consiguiendo todo aquellos que pedia.
Mi Madre se dio cuenta que los días de vacaciones comenzaba a vaguear demasiado y como en el campo de golf de Son Vida las cosas estaban cambiando, en el sentido de que ya no se podía subir por libre como antes ya que estaban haciendo una plantilla fija de chicos para trabajar de forma continua, hizo las gestiones oportunas para que Sebastián, que era el dueño de la tienda de
Venta al Mayor de menaje del hogar y artículos de regalo donde también trabajaba Papá a horas, me cogiera a mi también. Así comencé a trabajar por horas en la Tienda de Sebastián que se encontraba muy cerca de la Plaza de las Columnas de Palma y se llamaba
"Comercial Mir".
Ese verano cada mañana Sebastián, que era el marido de Margarita Alemany, aquella chica vecina que me enseñó mis primeras palabras en mallorquín cuando casi comenzábamos a hablar el Castellano, me venía a buscar con su Renault 4x4 y nos dirigíamos a la tienda donde nos poníamos a trabajar de lo lindo preparando pedidos de menaje y material de regalo para los clientes de la tienda.
A principios de aquel verano todavía la pandilla salía juntos y aunque Magdalena se había ido a veranear al Puerto de Andraitx, algunos domingos nos acercamos hasta el pueblo para estar juntos.
El verano diluyo lo que estaba ya prácticamente acabado y el cambió de grupo de salida estaba servido. Juanita, que era una de las chicas del grupo anterior, me puso en contacto con un grupo de chicas y chicos del barrio d’es Fortí de Palma y de un Domingo a otro me incorporaron a su Pandilla , que a la postre sería el grupo de gente con el que estaría mas tiempo y con el que correría mas aventuras en mi joven vida. No fue fácil hacerme con la confianza de aquella gente, entre otras cosas porque todos eran muy diferentes a los amigos que había tenido hasta ese momento, además no querían oír ni hablar de forasteros, de hecho era un pasatiempo el buscar follones con los que ellos consideraban “Quinquis”.
Toni, Pepe de Colowal y otros chicos y chicas formaban el nutrido grupo de muchachos y muchachas que cada día nos encontrábamos en un Bar de la calle San Miguel cuyo nombre no recuerdo. Con el nuevo grupo comencé a frecuentar nuevas discotecas y nuevos sitios de mi querida Palma.
Yo necesitaba buscar nuevos horizontes y pronto encontré mi sitio en el nuevo grupo. Me integré plenamente con todos y con cada uno de los componentes de esa nueva pandilla, no sin ser probado varias veces en no recuerdo que perradas que me hicieron.
Un día, que recuerdo con ilusión, en la discoteca de Can Pastilla, donde por aquel tiempo pasábamos las tardes de los Domingos, y como era habitual casi en cada Domingo, tuve problemas con dos chicos por motivo ¡como no! de una chica,
De una preciosa niña morena con los ojos más bonitos del mundo, o por lo menos eso me pareció a mi. Como era habitual en aquellos años este tipo de divergencias se solucionaban fuera de las Disco y allí nos dirigimos José y Yo, sin avisar a los demás que estaban conmigo en la disco. No recuerdo que debió pasar, pero como tantas veces, el problema se solucionó y esa noche yo volví a Palma con
los chicos con los cuales tenía que pelear. La chica en cuestión era la hermana de José y no se que puñetas pasó, pero me fui con ellos el resto de la tarde y noche. Era la primera vez que veía a Ana, que me impacto de veras. Morena y grácil tenía unos ojos llamativos y graciosos que me dijeron no se que cosa sin pronunciar palabra.
Parecía que en mi joven vida no había mucho tiempo para estar sin compañera. Ana, aún con su juventud de 14 años, con el tiempo se convertiría en la chica con la cual saldría mas tiempo. Pepe de Colowal decía: --Joder Santi vaya par de tetas que tiene la niña con solo 14 años--. Era verdad, Any que era como me gustaba llamarla a mi, estaba bien dotada ya en aquella tierna edad.
Las chicas de aquella tarde, Ana y su amiga Isabel, se incorporaron al grupo de salida plenamente y aunque sin salir de forma oficial había una cierta atracción entre la casi niña y yo.
El curso empezó de nuevo y me convertí en alumno de Tercer Curso, por cierto, se trataba del último año de Oficialía Industrial, y por fin dispondría de mi primer
Titulo Profesional, precisamente en
Ni más ni menos que el día que Any cumplía 15 años (14 de Febrero) comenzamos a salir juntos dentro del nuevo grupo de amigos. Creo que éramos unas cuatro parejas y un numero mayor de chicos y chicas sueltos que formábamos el nutrido grupo. De aquellos días podría extenderme largo sobre el teclado, pero me limita la emoción y los recuerdos se agolpan entre mis dedos al escribir.
Aquel año se me complico la asignatura de matemáticas y el primer trimestre baje mis habituales altas notas a un uno(1). Era fácil adivinar que me estaba pasando en aquella terrible, pero hermosa edad de 17 años. No había vuelto a estudiar en serio desde hacia mucho tiempo y vivía de rentas y de mi facilidad en otras materias. Aquellas notas ya no las vio Papá, fueron las primeras y únicas que no vio, todavía las tengo guardadas entre mis cosas personales. Esa terrible edad en que las horas pasan veloces entre risas y proyectos junto con los amigos me quitaron muchas horas de estudio que sin duda repercutieron en mi formación posterior, aunque los momentos vividos creo que valieron la pena. Había momentos en que el corazón podía más que la cabeza y comencé a rancanear de lo lindo en el curso.
Aquella edad que me quedo atrás, fue realmente una de las mejores épocas de mi vida. Mamá estaba muy feliz en su siempre Nueva Casa, Papá trabajaba como un burro, como siempre, pero feliz de ver como el carro del que tiraba estaba siempre lleno de alegría y felicidad. Los problemas que surgieron a raíz de las constantes salidas de mis dos hermanos Miguel y Nicolás y dado que los dos ya eran mayores de edad, habían perdido la importancia que tanto daño hizo a Mamá. Los dos hermanos que íbamos a la zaga: Jesús y yo no seguimos los mismos pasos. Yo no salía de noche o solo en algunas muy contadas ocasiones y Jesús era aún muy joven. Quizás por eso Mamá nunca me negó permiso para salir por la noche donde fuera, así excursiones pasando la noche fuera, alguna que otra salida. Me da la impresión que comenzaba a inspirar confianza, seguridad, y mis padres siempre confiaron en mi.
Siento en el corazón que pase de la niñez a adulto saltándome un paso ¿no se?. Quizás las circunstancias de nuestra infancia, sobre todo los años en que estuvimos recogidos en la Iglesia y los malos momentos vividos entonces, debieron marcar un sentimiento que siempre me acompañó.
Aquel año los alumnos de tercero y primero de Maestría preparamos un viaje de estudios a la Península (Que era y es como se denomina al resto del Estado en la Isla), más concretamente a Andorra. El viaje me entusiasmo y un determinado día por la mañana llegamos a Barcelona en Barco, poco podía sospechar las veces que no muchos años mas tarde tendría que viajar en ese mismo Barco a Barcelona. Un Autocar nos llevó hasta Andorra y allí pasamos unos felices días llenos de emoción en lo político. ¡Si!, En lo político, ya que estaba en la edad del despertar político y no podía por menos que buscar algunos de los libros prohibidos en nuestra País. El libro Rojo de Mao paso a ocupar un puesto en mi bolsillo y los escritos de Trosky también. La vuelta a España por la aduana y los libros prohibidos me hacia sentir como un verdadero rebelde y revolucionario ¡cuánto miedo pase en aquella aduana!. El viaje acabo bien y tomamos el Barco de vuelta a Palma sin novedad y con los libros prohibidos y Rojos con mayúsculas en el bolsillo, comenzaba un despertar político que tendría su mejor y amplia expresión unos años más tarde.
Por aquel entonces mi hermano Miguel que había finalizado sus aventuras musicales con el grupo musical "The Clinks" en el que tocaba la Batería y que ya trabajaba en la Agencia de Recaudación Tributaria de Palma, presentó en casa a su novia. Las noches de parranda y desmadre quedaban atrás y se disponía a sentar la cabeza. Concha era una preciosa y eternamente sonriente chica morena nacida en el mismo corazón de Palma, en el seno de una familia trabajadora natural de la Isla, que encandilo a su futura suegra. Mi Madre la quiso desde el principio y no era difícil, ya que Concha supo hacerse con al cariño de nuestra Madre de forma rápida y fácil, su perpetua sonrisa y su buen humor hizo que todos la quisiéramos desde el principio.
Las novias de mis hermanos llenaron las ansias de Mamá y ocuparon los espacios de las hijas que nunca crecieron con ella. Antes de que yo naciera en aquel Noviembre de 1954 en la casona de "Can Eulesa", Mamá trajo al mundo a María del Carmen que nos dejo siendo muy pequeña, un bebe, y quizás la difteria no la dejo vivir por no disponer de antibióticos a tiempo, ¿no se?, acaso porque no era fácil conseguirlos o porque no había para los pobres, de nuevo en mi cabeza me martilleaba un ¿por qué? Cuando Mamá o Papá me contaban el acontecimiento y la resignación de siempre que no era otra que la de ser eternamente POBRES me llenaba de rabia y dolor. Ya tenía edad y formación para valorar como estaba estructurado este mundo a mi alrededor y comenzaba a formarse en mente una opción política de justicia e igualdad y de rabia al despotismo y tirania.
La casa rebosaba de alegría cuando Mamá cocinaba para todos en las inolvidables y felices comidas de algunos domingos y fiestas señaladas. Alrededor de la mesa del comedor de casa se sentaba una nutrida familia, ya crecida con dos nuevas incorporaciones. Eran momentos muy felices, quizás de las mas felices de Mamá en toda su vida y creo que aquellas vibraciones de felicidad quedan entre la piedras de nuestra casa. Aurora y Concha llenaron muchos buenos momentos de nuestra ya delicada Madre.
Los momentos de angustia por la casa habían pasado y todos estábamos convencidos que nuestra Madre estaba recuperada de su problemas médicos, que yo, por aquel entonces no entendía muy bien. Mientras tanto mi hermano Nicolás también había sentado un poco la cabeza y tenía una novia formal que se llamaba Juanita que había sido Miss Baleares y como tal era una muchacha muy guapa, era amiga de la novia de Miguel Concha. Nicolás seguía trabajando en el Colmado España y ya conducía una furgoneta grande. Alguna veces lo había acompañado cuando repartía por los pueblos de la Isla y siempre me gustaba recorrer las carreteras que nos llevaban de Palma a los pueblos periféricos. Recuerdo aquellos calurosos días de verano repartiendo pedidos por los diferentes pueblos ayudando a mi hermano Nicolás con mucho cariño. Mi hermano Jesús había acabado la Escuela Primaria y había encontrado trabajo en una tienda de la Vía Sindicato como mozo y me gustaba ir visitarlo de tanto en cuanto con mis amigos y charlar con el. Aquellos años vividos a tope me impiden ahora recordar con claridad todos esos pequeños detalles que quisiera haber tratado de otra forma. Recuerdo a mi hermano pequeño con una bata corta azul o quizás verde y caminando por la Vía Sindicato.
Un día lo encontré muy alterado y me contó que había estado subido en una pared interior del almacén bastante tiempo ya que una enorme rata se le enfrento. Me daba cuenta que le daba vergüenza verme con mis amigos y de nuevo me hacia sentir terriblemente mal. Por esas fechas en casa nos preparamos para un acontecimiento muy importante, que era ni mas ni menos, que la Boda de José Antonio y Aurora. Mamá estaba ilusionadísima con todos los preparativos para el feliz acontecimiento y todos nos pusimos manos a la obra para preparar lo mejor posible el evento. Mamá me convenció que me hiciera un traje (mi primer traje) que me hicieron a medida en un sastre de Palma donde trabajaba algún amigo de mis hermanos mayores de cuyo nombre no me acuerdo. Los trabajos los pagaba Mamá a plazos y así era más fácil. Mi traje era de color oscuro a rayas blancas, al mas puro estilo mafioso Italiano y ahora lo recuerdo verdaderamente horrible.
La boda se celebró un día del mes de Abril del año 1972 en la Iglesia de Son Rapinya y oficiada, como no podía ser de otra forma, por el Rdo. D. Francisco. Era la Iglesia que me había visto nacer, crecer y justo encima de la “casa” donde habíamos sido recogidos por el cura del pueblo, nuestro querido Ecónomo "Tio Paco". Aquella ceremonia despertó muchas emociones encontradas y Mamá ya de por si muy propensa a las emociones vivió uno de los momentos más felices y emocionante de su vida. El banquete se celebró en un Hotel de Palma y mi profesor D. Emilio y yo fuimos los fotógrafos. Bueno yo empezaba con las fotografías y todo el trabajo lo hizo el ya viejo profesor aficionado a la fotografía.
Pasaron los días, semanas, meses y llegó el final del curso y con ello el final de un ciclo en mi joven vida. Seis Notables y tres Buenos que junto con la presión del cuadro de profesores de mi curso que hizo que el profesor de Matemáticas Sr. Sampol no me suspendiera, completaron las notas de primer ciclo de Oficialía, pero la verdad es que debía haberme suspendido con todo merecimiento por mi parte, ahora se que en aquel momento no comprendía las matemáticas de aquel curso, que luego tanto necesite y por cuyo motivo tuve que recorrer hacia atrás tanto trecho para recuperar lo que no supe estudiar en su momento, que creo que me costó un poco más de lo que debía y posiblemente ahora lo este pagando.
Aquel año mi amigo Tomás una vez aprobado el Preu (Curso Preuniversitario) y pasado la prueba de madurez, como no podía ser de otra forma en el, con unas muy buenas notas, se matriculó en la Universidad Politécnica de Barcelona y mas concretamente en su Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Tarrasa. Así que se fue para la Península, como se suele decir por la Isla y con sus 17 años ingreso en la ETSIIT de Tarrasa. Mi amigo Tomás tenía la ilusión y preparación para afrontar tan difícil carrera superior.
Yo seguía jugando al fútbol cada domingo pero ya no subía a entrenar dos días por semana lo que hizo que ya no jugara de titular y eso me empujó, poco a poco, a dejar de jugar. Los amigos y la chica con la cual salía me ocupaban todo el tiempo y el fútbol paso a un segundo plano, completando un total de cinco temporadas, dos de infantil y tres de juvenil en el mismo Colegio CIDE. El Verano llagaba a su fin y pronto tocaba comenzar el nuevo curso.
Tocaba matricularse de Primero de Maestría, lo que hoy seria la Formación Profesional de 2º grado, y en horario nocturno ya que no había en horario diurno en aquellos tiempos. Un día, muy especial en mi vida, al salir de clase de alguna asignatura que no recuerdo y cuando ya había salido de la Escuela y me disponía a bajar al lugar de encuentro de mis amigotes, me encontré con un compañero de un curso superior al mío, sabedor de mi interés por llegar a la Universidad me comunicó una de las noticias mas felices de toda mi vida. Jaime Amer, que ya trabajaba como especialista de mantenimiento electrónico en la Torre de Control del Aeropuerto de Mallorca, me comunicó que había sido publicado un Decreto del Ministerio de Educación y Ciencia, cuyo Ministro era a la sazón el Excmo. Sr. Martínez Esteruelas, que habilitaba un curso puente para los Titulados de Oficialía Industrial con el objeto de pasar directamente al Curso de Orientación Universitaria (COU) recién estructurado. De inmediato busque el Decreto en el Boletín Oficial del Estado y convencí a los amigos precisos para reunirnos con el Director de la Escuela y solicitar el citado Curso Puente.
No conseguí muchos compañeros de aventuras, solo tres o cuatro y el Director se negó en redondo a preparar un curso tan complicado para tan poca gente lo cual me dejó bastante decepcionado. Mientras tanto el curso de Primero de Maestría seguía y una determinada tarde-noche me vino a buscar a clase el Director de la Escuela para indicarme que el curso ya contaba con alumnos suficientes, ya que había nuevos solicitantes del Curso Puente. Eran los suboficiales del Ejercito del Aire de mantenimiento electrónico del radar de defensa estratégica de la NATO del “Puig Major”. Esos Sargentos, Oficiales Industriales como yo, de la Escuela de Formación Profesional del Ejercito, también solicitaron el curso y en total nos juntamos un grupo de unos diez alumnos. De nuevo Algo o alguien me ayudo y me abrió el camino que tanto anhelaba. ¡Por Fin! Tenía en mis manos (mejor en mis codos) la posibilidad de acceder a la Universidad. Por supuesto después de cursar y aprobar, tanto el curso Puente como el COU. No sería una tarea fácil ni el Curso Puente ni el Curso de Orientación Universitaria (COU), pero no podía dejar pasar la oportunidad, era mi única oportunidad, de convalidar todo el Bachiller Superior y no pensaba perderla. Simplemente era muy feliz, sabedor de todo el trabajo que me esperaba, pero una vez más, algo dentro de mi me decía que podría conseguirlo.
En unas semanas se iniciaron las clases del Curso Puente cuyo tutor y máximo valedor era D. Emilio Muriscot que nos impartiría las clases de matemáticas e idioma Ingles. Las clases eran por la tarde en una aula especialmente habilitada en el laboratorio de química. Se trataba de estudiar todas las materias de quinto y sexto curso de bachiller en un solo año. Por supuesto no sería una tarea fácil pero todos los alumnos de ese curso especial éramos estudiantes con ganas y sobre todo con muchas ilusiones y proyectos, incluso se podría considerar que éramos un grupo selecto. En aquel feliz momento de mi vida a las puertas de poder convalidar todo el Bachiller al cursar el Curso de Orientación Universitaria COU ya podía hacer algo mas que soñar en llegar a la Universidad y estudiar una carrera que evidentemente, si accedía a la Universidad, sería para estudiar una carrera superior, siempre lo mas alto, ya habría tiempo para rectificar si algo salía mal.
En casa Mamá estaba entusiasmada aunque no comprendía todo el lío de cursos que yo le contaba. La verdad es que casi nadie lo entendía y no era para menos todo era nuevo y pocos estábamos en el meollo de la cuestión. Mamá confiaba ciegamente en mi y sabia que el camino, un poco tortuoso, que yo había elegido, era el correcto. En aquellos apasionados días en mi cabeza se recomponían mis pensamientos y me di cuenta que ya tenía claro cuales eran mis objetivos en la vida, los sueños daban paso a unos planteamientos reales. Estaba decidido a estudiar en la Universidad Ingeniería Aeronáutica o en su defecto Física Nuclear. Mi afición por los viajes espaciales y los aviones habían marcado mis objetivos, ahora mas reales que nunca. Tenía claro que esos estudios no los podía cursar en la Isla y no tendría más remedio que salir de casa, no sabia con que recursos económicos pero por narices tenía que salir.
A pesar de que el curso merecía toda la atención y dedicación yo trabajaba por las mañanas en la tienda de Sebastián, y como llegaba la fecha en que tenía que cumplir los 18 años, me puse como objetivo el carnet de conducir, así que me apunte en una Autoescuela cercana al lugar donde trabajaba que se llamaba “Autoescuela San Cristóbal” y comencé las clases prácticas, ya que decline el asistir a clases teóricas, con el consiguiente ahorro económico y en horas. El gasto en clases prácticas y papeleo fue de 4.500 Pts. Que me pagué de mis ganancias en la tienda de Sebastián. Las clases prácticas las tomaba de siete a ocho de la mañana y así podía enlazar con el trabajo matinal que tenía en la tienda de Sebastián. Los días que tenía prácticas bajaba, muy temprano, con el Autobús que también bajaba Papá. Me examine, de la llamada teórica, en la misma Aula donde yo por las tardes tenía clase, ya que por aquel entonces los exámenes del carnet de conducir se hacían en la Escuela de Maestría Industrial de Palma. Con la sorpresa de mi profesor de coche, aprobé la teórica y pase el mismo día a la pruebas practicas donde fui suspendido en Circulación por no utilizar la cuarta velocidad en todo el trayecto. Yo tenía mis razones para no utilizar la cuarta velocidad pero las reglas no eran esas y suspendí. La semana siguiente me examine solo de Circulación y obtuve mi carnet de conducir.
Me volqué de lleno en el Curso Puente y creo que estudie de lo lindo, pero la verdad es que era muy duro y demasiado denso en todas las materia. Uno de los retos principales era hacer el idioma Ingles en un curso acelerado, ya que en el COU había el idioma que se había cursado en todo el Bachiller y teníamos que llegar con el nivel del resto de alumnos. Para completar el trajín de aquellos años, en Mayo recibí una oferta de trabajo de un amigo de clase que tenía un Tío que trabajaba en la Aduana del Aeropuerto, que a la postre era familiares del Rdo. D. Francisco. Después de una entrevista con el tío de Miguel Adrover y después de los pertinentes informes del Ecónomo de Son Rapinya me puse a trabajar en la Aduana del Aeropuerto de Palma de Mallorca. El trabajo era por las mañanas y seguí con las clases por la tarde. Fueron unos tiempos muy turbulentos con mucha actividad que vista desde ahora me da vértigo. Deje el trabajo en la tienda de Sebastián y me incorpore al trabajo en la Aduana donde cobraba 2.500 Pts. a la semana que por supuesto entregaba a Mamá en su totalidad.
Mientras tanto mi hermano Nicolás se había incorporado a filas como era preceptivo cuando llegaba a esa edad. Le tocó Infantería de Marina (Casi Na), pero a mi hermano le iba la marcha y se lo tomo lo mejor que pudo, primero fue destinado a Cartagena y posteriormente a Madrid donde se hizo Policía Militar. Nicolás alto y fuerte como ninguno tenía una planta espléndida vestido de infante de marina y me encantaba pensar que tenía un hermano en un cuerpo tan duro como el de Infantería de marina. El ejercito siempre influyo de forma casi mágica sobre mi y hacia despertar en mi un fervor patriótico muy acusado. Como el trabajo me quedaba lejos, en el propio Aeropuerto de Palma y aprovechando que ya tenía el carnet de conducir, Mamá quiso comprar un coche, por supuesto de segunda mano.
Las cosas iban bien en casa y mis Padres se platearon comprar un pequeño coche para nuestro uso. Mis hermanos José Antonio y Miguel ya tenían un 600 cada uno que habían adquirido ellos mismos y aprovechando que José Antonio había visto un Seat 850 de segunda mano en una tienda, que estaba cerca de su Taller de Carpintería que se llamaba RENAULT OCASIÓN, que estaba casi nuevo. Mamá, Papá y yo nos presentamos en la tienda y dimos la señal para quedarnos con el coche. Yo no podía ni creerlo y en mi felicidad no me di cuenta de las letras que tuvo que firmar mi Padre para pagar el coche con las consiguientes gabelas. El coche “SEAT 850 Especial” era un espléndido coche de color blanco que hizo a mis Padres muy felices. Era su coche y yo les traía y llevaba por todas partes. Muchas excursiones hicimos con el coche y muchas tardes le gustaba a Mamá ir buscar a Papá al Matadero Municipal donde trabajaba. Mamá estaba verdaderamente orgullosa cuando iba en su coche, le gustaba pasear por todas partes. Ahora siento que no pasara más tiempo con ellos. Al llegar al final de aquel terrible curso se nos comunico que tendríamos que estudiar todo el verano ya que no estábamos preparados en la mayoría de asignaturas, así que en Junio solo nos dieron las notas de las asignaturas que habíamos aprobado. En mi caso solo tres ya que el resto las tuve que seguir estudiando todo el verano. Al final de aquel curso los pocos que quedamos del relativamente nutrido grupo que empezamos, conseguimos el certificado necesario para pasar a cursar el Curso de Orientación Universitaria. ¡Por fin!.
Debo mucho a mi querido profesor de matemáticas que me examino oralmente y me demostró que no tenía ni Puta Idea. Emilio solo quería que yo me diera cuenta de que no podía seguir ignorando mi flagrante falta de base para las matemáticas y eso era una desventaja muy grande para cursar cualquier Carrera Técnica, pero mucho mas tratándose de una carrera de Ingeniería. Me aprobó, pero al igual que al año anterior seguía arrastrando una falta de rigurosidad en mi manera de preparar los exámenes ¡No sabia matemáticas! y quería ser Ingeniero, el tema parecía de chiste . Según alguno de los profesores de aquel curso me estrellaría a bien seguro, ¡ y cuanta razón tenían!. Ahora puedo entender que sus advertencias siempre fueron para mi bien.
El día que junto a mis compañeros Pablo y Miguel nos presentamos en el Instituto de Enseñanza Media “Son Malferit” recientemente inaugurado en Palma, ya que hasta el año anterior solo había un Instituto en toda la Isla, nadie de Secretaria sabia del asunto de que alumnos de las Escuelas de Maestría podían cursar COU. Tuvimos que pedir que nos recibiera la Directora para mostrarle una copia del Boletín Oficial del Estado, con el Decreto de Martínez Esteruelas. La Directora tuvo que hacer las llamadas oportunas para aclarar el novedoso asunto y por fin dar las oportunas instrucciones al personal administrativo para matricularnos. Recuerdo que la Directora, que a la postre sería mi profesora de Matemáticas, se extraño muchísimo cuando le indique las asignaturas optativas que quería cursar (Matemáticas Especiales, Química y Física) ya que me argumento que no podía tener la preparación idónea para cursar ese grupo de asignaturas tan fuertes y que incluso los alumnos de Bachiller les venia grande. Casualidades de la vida hicieron que mas adelante estudiara en la Universidad con un compañero de clase de esa Profesora, autor precisamente del libro que tendríamos que estudiar ese año en una de las asignaturas de Matemáticas. Tenía claro que si quería acceder a la Universidad en una Escuela Técnica Superior de Ingenieros tendría que llevar esas asignaturas bien, así que me mantuve en mi decisión de las asignaturas que quería cursar y de ellas me matricule.
La verdad es que sobre mi cabeza tenía una espada colgando de un muy fino hilo que era mi deficiente preparación en matemáticas, como antes os comente. Ya me habían advertido algunos de mis profesores, especialmente Emilio y yo seguía en mis trece de creer que sabia lo que realmente ignoraba.
Dado que el COU se cursaba en horario normal tenía que decidir si quería seguir o no con el trabajo en la Aduana del Aeropuerto. No era una decisión fácil ya que me sentía muy bien en el trabajo y el sueldo no estaba nada mal. Consulte con Mamá y Papá y una vez más me apoyaron para que siguiera estudiando, a pesar de quedar con un importante ingreso menos. Con Jesús trabajando, ya que no quiso seguir estudiando, yo era el único hermano que tenía posibilidad de seguir adelante en esa lucha. Creo que la lucha la libraba no solo por mi. Esperaba con verdadera ilusión el día que en que debía comenzar el curso. ¡Por fin! era estudiante de un Instituto y estaba en el escalón previo a la anhelada Universidad. Las ilusiones, el esfuerzo y por supuesto la legislación del antiguo Ministerio de Educación me permitieron puentear todos los cursos de Bachiller y convalidarlos si aprobaba el Curso de orientación Universitaria. ¡Era mi oportunidad! Y todo a mi alrededor me decía ¡ADELANTE!.