¿Despedido por ganar? No, despedido
por ganar 100-0. Eso es lo que le ha ocurrido a Micah
Grimes, el entrenador del Covenant
High School, una escuela de
educación religiosa y de índole cristiana de Dallas. Su equipo cometió el
'pecado' de aplastar a sus rivales de Dallas Acamedy,
otra escuela también de carácter eminentemente religioso, entre gritos del
público que pedía ("¡Cien!, ¡cien!) a sus
jugadoras que alcanzaran la cifra redonda en su paliza a sus rivales.
El partido se jugó el 13 de enero, y
el equipo de Grimes ya mandaba por 59-0 al descanso,
a pesar de lo cual seguía ametrallando desde la línea de tres a un Academy que está acostumbrado a las derrotas, no en vano lleva
cuatro temporadas sin conocer el triunfo, pero no tanto a una paliza semejante.
Cuando acaba el partido, Grimes es obviamente un entrenador feliz tras asistir al
excepcional rendimiento de su equipo y no hace ningún esfuerzo por contener su
alegría, algo que termina de soliviantar al director de Covenant,
Kyle Queal, que consideró
el comportamiento del entrenador "vergonzante y embarazoso", alejado
totalmente de los "valores cristianos" de los que presume la
institución. El castigo para Grimes estaba ya
escrito, pero el entrenador no sólo no mostró arrepentimiento sino que
arremetió contra lo que considera una injusticia en un mail que envió al
indignado Queal y al Dallas Morning
News: "¿Por qué debería disculparme? Las chicas
han jugado como tenían que jugar. Esa es mi idea del baloncesto: siempre que
podamos anotar, no veo nada de malo en ello". La reacción de Queal, entonces sí, fue fulminante: despido.
Nuevamente según el Dallas Morning News, mientras que Queal y su institución guardan silencio, ha entrado en
escena el excéntrico Mark Cuban,
multimillonario dueño de los Mavericks de Dallas, que
ha invitado al equipo de Dallas Academy, para que se
consuele, a ver en directo a Dirk Nowitzki
y compañía. Estos, seguramente, no dudarían en ganar por la máxima diferencia a
un rival si tuvieran ocasión. Pero, claro, los valores de la NBA seguramente no
sean los mismos que los de Kyle Queal.
As.com
26/01/2009