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Curiosidades
Julieta Venegas
Entrevista a Julieta Venegas:
¿Cuál fue esa oportunidad que te
decidió dedicarte a la música?
No hubo una oportunidad en particular, fue, más bien, el momento por el cual iba
pasando. Desde chica sabía que me dedicaría a la música (clásica, pensaba).
Empecé a estudiar piano (y vocalización) desde los ocho años, y como a los 16
empecé a tocar con grupos. Después de haber formado algunas bandas de rock me di
cuenta que lo que más me atraía era componer en mi casa, frente al piano, y
cantar.
Para dedicarte profesionalmente a la música has requerido una mayor dosis de
audacia, dinero o de amigos?
De amigos. La gente que se ha aparecido en mi vida, casualmente, ha sido clave
para ayudarme en mi crecimiento musical y como persona. Hay quienes piensan que
por ser mujer, los hombres se van a sacar de onda porque una mujer componga. Más
bien mis amigos son los que me han animado a hacer lo mío.
¿Te has visto en la necesidad de gritar para ser escuchada?
Pues sí. Me gusta hablar de esto porque es una buena terapia: en mi familia hubo
una comunicación cortada, no platicábamos entre nosotros; mi papá era un ser
aislado. En ese sentido, la relación fue difícil porque costaba trabajo que
escucharan mi opinión. Ahora ya es distinto, no vivo con ellos e igual ya se
dieron cuenta de que no soy una rebelde sin causa ni caótica ni libertina. La
libertad me gusta inventármela de acuerdo con lo que me funciona. No soy
autodestructiva, ¡uta!, ni tomo ni fumo ni me desvelo.
¿A qué edad dejaste de pedir permiso?
A los 19. Imagínate, me dejaban ir a una fiesta cada mes, era una onda medio
fascistoide. Más bien dejé de pedir permiso cuando me corrieron, luego regresé
pero bajo mis propios términos. Cuando empecé a vivir sola me di cuenta de que
tampoco era para tanto, pues yo sólo quería dedicarme a la música y no andar en
bares y fiestas. Me gusta ser honesta, por ejemplo, mi novio, que no vive aquí,
sabe en dónde estoy.
¿Te ha sido más fácil convencer a un hombre o a un espejo?
Los hombres son unos fáciles, no hay que echarles mucho rollo. Un poquito de
bilé y ya se lo creyeron todo. No soy una chava que diga (con voz sexy): ´¡Oh,
estoy bien buena!´, por naturaleza soy insegura, no me paro frente al espejo
para decir: ´Oh, ¡qué guapa! Saldré a la calle y los hombres me verán´. Salgo a
la calle y los hombres me ven: no estoy tan perdida. Me gusta mi cara -creo que
es como antigua, me han llegado a decir que me parezco a Frida Kahlo-, mis ojos
y mis cejas.
¿Con qué frecuencia le pides ayuda al destino?
Sí creo que tengamos algunos acontecimientos marcados, pero no día a día, más
bien los vamos forjando. Aunque sí digo: ´Por favor, por favor, que pase -algo
en lo que estoy pensando-´; también soy escéptica, me cuesta trabajo creer si me
dicen que voy a estar en el Palacio de los Deportes abriendo un concierto;
claro, ya cuando estoy ahí´Ayy, ooohhh!´.
¿Para quitarte el escepticismo buscas que te lean las cartas, la mano o el
café?
He pensado en ir, pero me da flojera. Me dan ganas de ir nomás para
divertirme... lo peor es que si me dicen cualquier estupidez me la voy a creer.
Soy supersticiosa, creo en las señales. Una vez iba caminando en Coyoacán, pasé
de largo un puesto de periódicos, pero me detuve y regresé: me cayó una caca de
pájaro. ¡Eso es estar señalado, qué chingao!
¿Es verdad que los sagitario se muerden la lengua antes de decir una mentira?
De plano soy incapaz de decir mentiras, me pongo roja, nerviosa, tiemblo. Me
siento más a gusto diciendo lo que siento, no andarme con vueltas. Me choca la
gente que miente, me parecen insoportables.
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