Ojalá
el corazón terminara por salirse del pecho y las
uñas se afianzaran tan fuerte a la garganta, logrando
arrancar las lágrimas quemantes que día
a día se ahogan en la oscuridad de la noche.
Espero
impaciente el apagar del sol para destrozar, apenas aparezcan, las
estrellas burlonas que se ríen a carcajadas de una
máscara, jugando a ser un rostro real.
¡Mentiras
al aire! ¡suspiros agrietados!, desliza ese dedo
inexistente sobre la piel exánime, dormida al filo
del sueño cotidiano sin querer despertar por miedo
a la tranquilidad.
Sólo quiero dejar de
respirar continuamente, cerrar el vacío de los ojos
y llorar nada, extrañar nada, amar a nadie y a la
vez tener tan lleno el corazón provocando que
se salga del pecho, teniendo las uñas incrustadas
en el alma y sólo callar… callar y no
escupir nada más. |