El
Domingo Gordo
La
fiesta de los Quintos de Noblejas.
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José María Espada Calpe y Mónica Cornejo Valle[i][i].
(Publicado en “Encanal”,
nº7, Vilanova i La Geltrú,
Barcelona, Octubre 2001, pp. 5-9)
Hace calor a pleno
sol en la carretera. Estamos llegando a la entrada del pueblo. En el muro de un
corral algo derrumbado hay carteles pegados de las últimas elecciones locales,
encima están los de la última sesión tecno-house en la macro-discoteca del pueblo con los DJ's Chumy y Nano,
y a su lado una pintada ¡Qué vivan los quintos del 2002!.
Un grupo de mozos andan por las calles desiertas dando voces, tumbos y vino.
Visten ropas de camuflaje y están parando a los coches... quieren que bebamos.
Son los quintos de cualquier localidad de España.
Este año (2001) acaba
de desaparecer la Prestación Social Sustitutoria al
Servicio Militar Obligatorio (la mili) dentro del marco de la
profesionalización del Ejército Español y desaparece definitivamente el modelo
de ejército de reemplazo que sirvió de legitimación para la fiesta de los
Quintos en tantas y tantas pequeñas localidades de
todo el Estado Español. Sin embargo, las celebraciones de quintos continua en localidades como Noblejas[ii][ii] (Toledo), donde se
ha producido un curioso proceso de revitalización de la fiesta re-inventadose la celebración como algo tradicional e
independiente de la mili. Los quintos son los jóvenes que eran tallados para
engrosar durante el siguiente año los distintos relevos de la ‘mili’. En
realidad tanto la mili (cumplir con la Patria) como los quintos siempre
formaron parte de aquello que se llamaba 'hacerse todo un hombre': eran entre
otras cosas, ritos de paso masculino (con su iniciación, separación de los
iniciados, contaminación y purificación mediante pruebas que dan lugar a un
umbral de salida). Claro, hoy en día, la condición juvenil, ese período de vida
que se abre entre la infancia y el acceso al estatus adulto pleno, cumple el
papel que en otras sociedades y tiempos donde no existía la juventud, cumplían
estos ritos. Pero las celebraciones de quintos siguen siendo un referente
importante y una marcador del paso a la mayoría de
edad en muchas localidades. Sin embargo este paso constituye una fiesta
exclusiva masculina. Los quintos tiene un equivalente
simbólico femenino, las Damas, cuyas celebraciones son sin embargo radicalmente
distintas, y de la comparación de ambas se extraen conclusiones sobre el sentido de la fiesta
como rito de paso. Quintos y Damas son tradiciones que funcionan como instituciones
cruciales en la creación de valores para la reconstitución y renovación de los
modelos hegemónicos de feminidad y masculinidad, en definitiva del jerárquico
orden social de género.
Quintos, maricones y pelusos.
Durante el mes de febrero
tres grupos generacionales salen a las calles para celebrar una tradición que
culmina en el llamado ‘Domingo Gordo’. Junto a los quintos, participan en la
tradición dos grupos generacionales: los ‘maricones’ -que no son homosexuales
sino que tienen un año menos-, y los ‘pelusos’ -que son los que tienen dos años
menos. La fiesta sucede durante los fines de semana comprendidos entre ‘las
hogueras de San Antón’ y el último domingo antes del ‘miércoles de ceniza’, que
es el ‘domingo gordo’. No existe un claro acuerdo por parte de sus
protagonistas actuales sobre la fecha ('último fin de semana de febrero', 'para
carnaval', 'antes de Cuaresma') pero prácticamente ninguno alude a las fechas
de la ‘talla’ o del ‘ingreso a filas’, que parecen ya quedar muy lejos del imaginario
de los actuales quintos. Tradicionalmente en muchas localidades la fiesta de
los quintos correspondía con ‘San Sebastián’ que es el patrón de las Milicias,
en ese día se hacían hogueras y salían a las calles tanto los mozos en filas
como los quintos. San Sebastián se celebra tres días después de San Antón. En
el caso de Noblejas la fiesta de San Antón es una
celebración importante en la que participan todos los y las habitantes del
pueblo y en la que se reúnen por cuadrillas (grandes grupos de amigos/as,
generalmente de edad similar) para cenar matanza, y en las que se prenden
hogueras en calles y ‘cercos’[iii][iii] con los
sarmientos de la pasada campaña vitícola. De una forma intermitente (no todos los
años se ha hecho) los quintos salientes organizan en San Antón una cena con los
quintos entrantes, donde se realiza el ‘traspaso de poderes’. A partir de este
momento se abre un tiempo de excepción y comienzan los preparativos. Los
quintos se reúnen varios fines de semana en algún ‘cerco’ para cenar y
organizar las fechorías, las canciones y pintadas que protagonizarán su fiesta,
y que sólo son permitidas durante este tiempo de excepción. Se autoriza así, no
sin tensiones y bajo unos límites, a que quintos, maricones y pelusos ‘tomen las calles’.
Todos se 'separan' y deben
permanecer el fin de semana del domingo gordo fuera de casa, ya sea en las
calles, en los cercos o en los bares, bebiendo y celebrando con sus respectivos
pares. Permanecen rodeados de un halo de secreto con el que protegen sus planes
de acción y van sucios hasta cruzar el umbral de salida del rito (algo que sólo
hacen los quintos). Sin embargo cada grupo de iniciados hace cosas distintas.
Los quintos llevan varias semanas, 'quitando' las cortinas de las puertas de
las casas del pueblo, pero sus dos actividades principales son llenar el pueblo
de pintadas de burla durante la noche anterior al domingo gordo y cantar
canciones satíricas en la plaza del ayuntamiento en la mañana del domingo. Mientras, los maricones se dedican a buscar a
los pelusos por las calles para llenarles de huevos
podridos, milhojas, añil, ketchup, mostaza, escayola
o betún. Los pelusos deben salir y soportar que los
maricones les manchen.
Es un proceso encadenado de
estadios, de manera que cada joven participa durante tres años en sus distintos
papeles: se debe salir de peluso si se quiere llegar
a ser quinto, y no se contempla no participar (no salir). Así los ‘desertores’,
que los hay, reciben la sanción en forma de estigma (pintadas en su puerta,
crítica, ostracismo...). Esta estructura en tres generaciones es perfectamente
análoga con las formas de subcultura cuartelera de la tropa de reemplazo. En lo
alto de la cúspide están los ‘wisas’ (bisabuelos), quiénes próximos a
licenciarse gozan del respeto y el reconocimiento, y se dedican a estar
ociosos, escaqueándose de toda tarea y contando los días que les quedan para
abandonar el cuartel. Más abajo se encuentran los ‘abuelos’ y los ‘padracos’
que ‘son ciertamente veteranos pero deben
demostrarlo’ para hacerse respetar, y para ello maltratan a los novatos sin
ningún tipo de contemplaciones’ (Sánchez, 1999, p.84[iv][iv]). En la base se
encuentran los ‘bichos’ y los ‘chinches’, también llamados ‘peludos’ o
‘pelusos’ como en Noblejas, que deben hacer todo tipo
de desagradable trabajo cuartelero (guardias y fregados). Sánchez expone que 'el recurso a una terminología filial
representa una relación vinculante de tipo generacional entre las partes de
manera que todos están vinculados y todos seguirán el mismo proceso dentro del
ciclo vital que constituye para el soldado de reemplazo el hecho de la mili’.
Análogamente, la estructura generacional puesta en juego en las quintas marca
un tipo de vinculación comunitaria que permanece en el tiempo. Es corriente
escuchar a adultos decir ‘ese es quinto o maricón mío’ o ‘peluso mío’. Las
quintas están integradas también por las amigas de los quintos que, sin embargo, juegan el papel de acompañantes
en los preparativos y objeto de las pintadas y burlas. En este sentido durante
las semanas precedentes al domingo gordo intentan negociar las posibles
pintadas y expresan su temor a las acciones de sus 'amigos'.
La parte importante de la fiesta para los
quintos comienza con noche del sábado. Para celebrar el domingo gordo preparan
el escenario: arrancan varios olivos de los campos cercanos (con una
retro-excavadora prestada), los transportan y disponen en círculo en la plaza
del ayuntamiento. Tras haber preparado el escenario, los quintos se retiran al
‘cerco’, donde van a pasar gran parte de la noche, comiendo, bebiendo,
ensayando las canciones y terminando de preparar varios de los elementos
simbólicos que han de portar a la mañana siguiente como son el carro decorado
(con los colores nacionales, banderolas, naranjas y limones), el carnero (al
que emborracharán y maltratarán durante la noche, y que en los últimos años
suele morir de coma etílico), la tajada que llevarán en el carro (jamón,
chorizos, vino), el traje de quinto (con sus zapatos, pantalones y chaleco
negro, camisa blanca, pañuelo y faja roja, y gorra de chulapo), o las picas o 'ijaas' (apero de labranza que es pintado y decorado con
cintas, y utilizado como instrumento de
ritmo). A cierta hora preparan las pinturas y salen a las calles.
Hay algunas pautas prescritas para
desarrollar la fiesta pero una gran parte de la organización es espontánea (los
recorridos por el pueblo o el contenido de las pintadas) y depende de la
configuración concreta de cada grupo de quintos y de sus habilidades. La
tradición exige más o menos el uso de ciertos símbolos y el desarrollo de
ciertas actividades (por ejemplo, llevar un carnero por la mañana) que son las
que configuran el horizonte de sentido de la acción y la memoria colectiva.
Pero existe una gran flexibilidad en la interpretación y el desarrollo de las
indicaciones contenidas en lo que se dice haber hecho siempre. Además hay un
importante peso de lo que las quintas recientes hayan hecho, ya sea para
repetirlo o para no hacerlo. No siempre se ha matado al carnero (y la tradición
no lo prevé) pero este año sucedió. Lo mismo con las pintadas o las canciones y
sus contenidos. Los quintos contemplan como referente en casos los relatos de
lo que sus familiares dicen eran sus fiestas de los Quintos. Los quintos se
reconocen así en la memoria de una tradición que por otro lado los actores
apuntan ha variado mucho con el paso de los años. Antes de las fiestas los
quintos dicen que van a hacer muchas cosas de las cuales algunas se hacen y
otras no –como tabicar la puerta del quinto que no sale o parar los coches en
la carretera nacional. Sin embargo introducen innovaciones como preparar
pasquines que anuncian su fin de semana y advierten sobre sus ‘cojones’. Los
quintos experimentan diversas tensiones entre tradición e innovación, entre transgresión y comedimiento, entre otras. Deben mantenerse
fieles a la tradición mientras deben innovar para singularizarse y pasar a la
‘historia’ de los quintos de Noblejas.
Cada grupo debe representar un papel
específico en la teatralización de la fiesta, así
cada grupo esta obligado a desarrollar el aprendizaje de la toma de decisiones
grupal entre iguales y las habilidades de negociación y organización. El
individuo pone su individualidad al servicio del grupo. La quinta funciona como
un sujeto colectivo –único e indistinto- siempre que se respeten los límites
consensuados sobre las distintas acciones. Las pintadas son de ‘los quintos’,
las canciones son de ‘los quintos’, los huevazos son de ‘los maricones’... cada
uno representa a todos y ha de ser consecuente con esta representación. Han de
resultar amenazantes, la gente (especialmente l@s niñ@s) les huye a la vez que tiene curiosidad, no quieren
mancharse pero quieren ver la acción. A cada grupo le compete un modelo de
aprendizaje creciente en responsabilidad, según la fase en que se encuentran.
Los pelusos no deben preparar mucho pero por lo menos
deben disponer de la ropa apropiada y un ‘cerco’, con comida, bebida y otras
cosas para pasar el fin de semana fuera de casa (no se duerme, o se duerme
vestido en cualquier rincón por unas horas). Los maricones necesitan todo esto
y además se organizan para comprar huevos, añil... buscar un tractor y un
remolque –en el que llegan por la mañana a la plaza del ayuntamiento y donde
permanecen durante las canciones de los quintos-, así como una garrotas, gorros
de paja, algunas prendas militares, guantes de látex para no mancharse... . Los
quintos son los que más trabajo tienen y además
arriesgan más el recibir denuncias por sus acciones. Así los quintos 'están
deseando que se pase', y dicen que cuando se lo pasaron mejor era de 'peluso'.
Una de las condiciones que rodean su
tiempo liminal y que constituye el trasfondo de referencia axiológica de la
tradición es el ejercicio de una violencia ficticia. Durante este período de liminalidad y separación-contaminación, las andanzas de los
quintos-maricones-pelusos, se dramatizan buscando una
percepción de amenaza para el resto del pueblo. Las madres y las hijas esperan
durante la noche las pintadas y las borran antes de que amanezca para que nadie
pueda leer lo que los quintos dicen de los moradores de la casa. Hoy en día el
Ayuntamiento también participa en este borrado de urgencia de las pintadas.
Pintadas y canciones son dedicadas principalmente a los maricones,
especialmente aquellos que destaquen por algún ‘fallo’ moral, vicio, fealdad,
etc.; a las chicas, especialmente las de su quinta o menores que igualmente
destaquen por algún rasgo físico o moral, así como contra ciertas autoridades
(alcalde, cura), personajes y comercios del pueblo. En otros casos las pintadas
sirven simplemente para dejar constancia de su paso ('Quintos 02’ o ‘02’ a
secas).
La violencia se usa en un doble
sentido que articula la lógica de la rebelión tanto como la del rito de paso.
Por un lado, la violencia se usa para construir los roles de las distintas
generaciones de iniciandos, marcando una jerarquía.
Se dramatizan tres roles: el que es agredido, el que agrede
y los que refinan su violencia mediante la voz –escrita y cantada- (aunque no
siempre fue así[v][v]), fase última de la iniciación. La
violencia dialéctica de los quintos contra maricones y contra las mujeres
(teniendo en cuenta que no se reconoce competencia a maricones y pelusos para este trato con las mujeres) contribuye a
construir cierta jerarquía de género. Al mismo tiempo la violencia exclusiva de
los quintos hacia autoridades y pueblo en general refleja el esfuerzo de
conquista del estatus adulto, ejecutándose en este momento la lógica de la
inversión y la rebelión.
Sin embargo no hay que perder de vista
que todo es una pantomima que pone en juego varios argumentos, horizontes de
significado y tensiones; el uso de esta violencia obedece a la representación
de las tensiones sociales, no a las tensiones sociales como tal: la violencia
es simbólica, es ficticia. La violencia real que constituye la matanza del
carnero, por ejemplo; se disimula diciendo a los niños que curiosean y
preguntan, que el carnero está dormido o borracho. Más que la violencia en sí,
parece importante su percepción, la recreación de un tiempo caótico, la
impresión de fuerza o poder por parte de los propios quintos y su exhibición. Y
en este contexto la violencia tiene mucho de lúdica, ya que el rito es un
acontecimiento festivo, no un acontecimiento traumático. Los que se asustan y
sin embargo disfrutan son los niños. Resulta curioso que la provocación
‘refinada’ y dialéctica de los quintos (pintadas y canciones) que no constituye
una amenaza grave, sin embargo sea en realidad más fastidiosa en sus efectos.
Por otro lado los quintos conocen los límites de sus fechorías y los riesgos
que entrañan de denuncias personalizadas por daños, en este sentido limitan sus
acciones y negocian entre ellos para que una actuación individual no tenga
consecuencias ni legales ni en la imagen del conjunto.
Lo característico de los quintos no es
sólo el desarrollo de su iniciación mediante la rebelión, sino que el esfuerzo
de conquista del estatus conduce a su consecución final en la plaza. Puede
decirse que la conquista se realiza por la noche, entre la ocultación, la
excepcionalidad y la ocupación ruidosa de las calles, mediante los varios usos
de la violencia y la autoridad momentáneamente concedida. Todo converge y se resuelve
en el Domingo Gordo donde concluye su iniciación. Se visten de fiesta y
aparecen en público portando los símbolos de su poder como la pica, el carnero,
las olivas que han traído desde el campo, y también los símbolos de su
integración como los colores de la bandera española, la indumentaria de fiesta,
y sus propias canciones (que muestran el saber hacer adquirido). Critican al
pueblo, al cura, al alcalde (sus superiores), y ridiculizan a los maricones y a
las mujeres (sus inferiores). Con ello se incorporan a la madurez como sujetos
legitimados para 'dictar' en condiciones de igualdad con los otros hombres y
restituyen el orden social momentáneamente alterado. Maricones y pelusos escuchan sus canciones en la plaza. Una vez
finalizada la ‘performance’, los quintos se mezclan entre la gente, mientras
que maricones y pelusos continúan su batalla ritual
un poco más. Finalmente posan todos juntos para la foto final, los pelusos abajo, maricones en el medio y los quintos arriba,
y se van a comer todos juntos. Maricones y pelusos
cierran sólo provisionalmente su iniciación mientras que a los quintos solo les
resta transpasar los poderes en la cena de San Antón
del año siguiente.
Re-produciendo sociabilidades y
modelos de masculinidad y feminidad.
Los quintos constituyen un
claro caso de grupo de pares y de edad masculino, unificado en un solo sujeto
colectivo que exige la participación de todos los varones de esa edad en el
rito. A su vez las características del rito cumplen todos los elementos (con
todas las matizaciones posibles) de un rito de paso que reafirma cierto modelo
de masculinidad (demostración del arrojo y ejercicio del poder –humillación de pelusos en su tiempo, maltrato del carnero, ingesta de
alcohol, habilidades de negociación igualitaria entre pares, ejercicio del
poder de designación –burla, insulto- sobre mujeres y menores de edad, sanción
crítico-moral y satírica de superiores, rechazo de la homosexualidad pero
potenciación de la homosocialidad de heterosexuales,
etc.). Este carácter es crucial ya que está presente como característica que
define la tradición y frente al que cada uno de los quintos debe responder
obligatoriamente. Así los quintos negocian entre ellos los límites de lo
exigible a cada uno en su identificación con los valores de la fiesta,
permitiéndose que mientras algunos llevan estos valores a sus consecuencias más
extremas otros puedan no identificarse y no participar activamente de ellos,
pero deben dejar hacer a los otros siempre que su acción no perjudique al
conjunto (posibles denuncias judiciales). Estas tensiones sobre la forma de
representar el papel de quinto, centrales a la organización y negociación
colectiva, están estrechamente relacionadas con las formas mediante las que
construyen sus modelos de masculinidad (participación o no en el maltrato al
carnero, diversión en la ingesta de alcohol o no, nivel de violencia que se
utiliza en las ‘bromas’ y trastadas, en las letras de sus canciones, en sus
pintadas –tanto en su emplazamiento como en el contenido-, etc.). Los quintos
discuten, negocian y aceptan las diferencias dentro de ciertos marcos que
delimitan recíprocamente los límites de lo asumible
colectivamente y lo que queda bajo responsabilidad personal. Unos deben de
aceptar que otros hagan cosas que ellos no harían por poner un caso.
Esta caracterización de la
fiesta de quintos se hace particularmente clara al atender a la celebración que
protagonizan las chicas de la localidad, las fiestas de Las Damas. Si bien las damas como grupo es el equivalente simbólico
de los quintos en el discurso, la procedencia y el sentido de ambas fiestas son
distintos. La equivalencia se basa en el paralelismo de edad y en representar
los roles de género, roles que presentan diferencias radicales y plenas de
significado. Ello es particularmente visible en dos dimensiones de la fiesta:
la organización y los roles reproducidos.
Las damas son ocho jóvenes de entre 15 y 18. El grupo no se
forma por asociación de los participantes sino por competición o selección, de
la que además son responsables otras personas. No existe rito de paso alguno
sino una reafirmación de un estatus dependiente como analizaremos ahora. No se
puede ser dama si no se es seleccionada, no es una prueba a la que se pueda
concurrir libremente. Se puede sugerir a la Junta (Hermandad que funciona en Noblejas a modo de Comisión de Festejos) que se desea ser
dama pero una insistencia excesiva sería impertinente y sospechosa. Por otro
lado habiendo sido seleccionada se debe competir por la condición de Reina en
una ceremonia en la que las damas deben participar fundamentalmente con su
presencia adecuadamente preparada según los requerimientos de imagen y
comportamiento. Se trata de un concurso de belleza similar a las elecciones de
‘misses’. El papel de las simbólico de las damas es el
de 'marcadores rituales' de las fiestas patronales, o sencillamente servir de
ornamento estético a los desfiles, pasacalles, procesiones, verbenas, misas y
todo tipo de acto público. Sus celebraciones específicas se dividen en tres (presentación,
elección y coronación). En todas ellas se reúnen en casa del Presidente de la
Junta hasta la hora de la ceremonia (pasada medianoche) y están acompañadas en
todo momento por las esposas de los hombres de la Junta. En todas las
ceremonias salen acompañadas del brazo de algún varón (hermano, primo, padre,
tío) y no participan en la organización de los eventos, siendo su única
aportación un margen sobre su forma de presentación.
La junta busca no sólo a aquellas chicas
de las que tienen conocimiento sobre sus cualidades, sino cuyas familias pueden
y desean participar con especial protagonismo en las fiestas patronales ya que
deberán asumir una serie de gastos y responsabilidades que no todas las jóvenes
ni todas las familias pueden y/o desean asumir. Durante todos los meses en los
que se extiende su condición deben estar expuestas a la visibilidad y al juicio
público, se convierten en personas populares y observadas en los más mínimos
detalles. Deben cuidar escrupulosamente en las apariciones públicas en que son
protagonistas de no producir ninguna ruptura del orden expresivo y demostrar su
competencia en el arreglo personal.
En conclusión, las damas son convocadas a
participar, mientras los quintos son responsables de su asociación y de las
decisiones que toman respecto a sus actividades. Hasta cierto punto es posible
interpretar que desde que el joven empieza su participación como 'peluso' es entrenado en un modelo de toma de decisiones
donde lo que prima es la igualdad de los miembros del grupo de edad dentro de
una estructura de edad y género. Para el caso de las damas es patente que estas
tienen muy poca libertad de decisión. Todo es organizado para su lucimiento,
pero incluso su lucimiento personal obedece a unas prescripciones que establecen
los organizadores. Es significativo que, además, no permanecen solas casi
nunca. Muy al contrario que los quintos, una de cuyas herramientas principal en
la preparación de su fiesta es el secreto, que va alimentando su modelo
masculino de solidaridad.
No es difícil apreciar que la subjetividad femenina que reproducen las
damas viene marcada por su estatus de dependencia, de modo que no existe rastro
de posible rito de paso a una edad adulta o de rito que marque la mayoría de
edad. Así las jóvenes permanecen fuertemente tuteladas dentro del hogar paterno
hasta edades más tardías, disfrutando de una superprotección mayor y una
autonomía reducida en comparación con la de sus hermanos. Resta señalar que en Noblejas encontramos un clásico caso en el que las chicas
pugnan por equipararse con el grupo de edad masculino entrando en su asociación
(las quintas participan de la organización de las celebraciones de sus amigos
hasta el límite de lo que se las permite) ya que celebrar actos paralelos para
las chicas de la misma edad es algo que de momento no parece plantearse con
fuerza.
José
María Espada Calpe © 2004
y Mónica Cornejo
Valle.
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USA.
[i][i] Este
artículo está basado en una investigación antropológica en la que los autores han
participado como parte del equipo de la Universidad Complutense de Madrid. El
estudio ha llevado a la realización del documental ‘El domingo gordo’, de los
mismos autores junto a Maria del Carmen Gómez García-Alcalá, bajo el nombre de
Equipo ‘Emerging World’.
[ii][ii] Noblejas (3.100hab) situado en la manchega mesa de Ocaña.
Tradicionalmente vinculado al vino, la oliva, el esparto o el yeso, pero ha
protagonizado un crecimiento económico importante en el último cuarto de siglo
con la instalación de diversas industrias (aluminio, yeso, emisora onda corta,
hélices para turbinas eólicas, agroalimentarias...), servicios (gran
protagonismo de la administración local), y por la mejora de las comunicaciones
que le han vinculado muy especialmente a Madrid (trabajo en la construcción,
comercialización de vino de mesa).
[iii][iii] Los
cercos son fincas tapiadas que se encuentran a las afueras del pueblo. Pueden
estar cubiertas o no, disponer de una
pequeña cocina con chimenea o no, y es el lugar donde guardan los aperos de
labranza, tractor, perros u otros animales, y donde se celebran fiestas y
encuentros grupales.
[iv][iv]
Sánchez Navarro, Eulogio. (1999) La mili en tres dimensiones. En ‘Revista
de Antropología Social’, Universidad Complutense de Madrid, nº8,
pp. 81-108. Madrid.
[v][v] De hecho, parece que la
aparición de los pelusos data de comienzos de los
años 80, y que antiguamente los maricones ocupaban el lugar de los pelusos. Así el término peluso
parece ser un préstamo de las terminologías de la tropa que ya habíamos
señalado.