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Los griegos en
Menorca. Su espíritu económico[1] Durante la primera dominación británica en Menorca ocurrió en Mahón un fenómeno a mi entender de singular importancia: un desarrollo de la industria y el comercio sin precedentes como consecuencia del establecimiento en nuestra isla de emigrantes, eminentemente griegos. La fuente principal por la que se conoce este hecho, es un artículo publicado por D. Francisco Hernández Sanz (Cifr. Revista de Menorca, 1925, pgs. 327 a 408) de él, junto con mis propias investigaciones en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, donde existe documentación al respecto, me he servido para reconstruir la historia de estos emigrantes. Asistimos pues, a la llegada masiva de familias griegas a Mahón durante la primera mitad del siglo XVIII que, en un corto periodo de tiempo acumulan gran cantidad de riquezas y propiedades estableciendo relaciones-comerciales con Berbería y el Mediterráneo Oriental, así como, creando industrias nuevas en la propia isla. Los veremos pronto explotar unas salinas en Fornells, Puerto de Addaya, San Felipe, y poner en funcionamiento (o al menos intentado) una mina de carbón en Salairó. También adquieren, del gobierno inglés el usufructo de tierras en el cabo de la Mola, Tirant, Vilanova, Son Camaró, Alfuri, la Colársega y cala Figuera. A su vez, construyen en ;Mahón algunas casas situadas en la Actual Calle del Cos de Gracia, así como la iglesia de la Concepción, entonces consagrada al culto ortodoxo-griego. Después de estudiado este fenómeno en sus fuentes, la pregunta que me asaltó fue la siguiente: ¿cómo un grupo de emigrantes llegados a una tierra extraña -con lo que esto supone de riesgo, sobre todo en aquella época, consiguieron en tan poco espacio de tiempo, acumular tal cantidad de bienes y fomentar ostensiblemente nuestra industria y comercio? ¿cuáles eran las diferencias esenciales con los habitantes autóctonos, que les permitieron coronar a con éxito tal empresa? Antes de analizar las causas (algunas) que produjeron este fenómeno, quiero puntualizar que en ningún momento pretendo buscar el deus ex machina ni entrar en polémica sobre las estructuras dominantes o determinantes que pudieran llevar a establecer la causa causans del mismo. Únicamente deseo analizar algunos elementos que pudieran haber contribuido a este hecho económico sin precedentes en la Historia de Menorca, y que yo colocaría en dos niveles:
a) Elementos externos y objetivos: Es evidente, como se vislumbra en toda la documentacón aportada por Hernández Sanz, la favorable acogida de las autoridades británicas a todo el proyecto de fomentar la economía del país. Merece especíal mención las gestiones al respecto del gobernador Blakeney como el propioHernández Sanz nos cuenta: " Blakeney se había declarado abiertamente protector de nuestro comercio y nuestras industrias ; su preocupación constante era el acrecentamiento de la riqueza menorquina (H.S. opus cit. Pág. 349). b) Elementos internos y subjetivos: Es decir, los elementos psicológicos del grupo en cuestión, al menos aquellos que repercutieran en sus actividades económicas. Estos grupos, a mi entender, poseían una mentalidad capitalista, si bien, en su fase empresarial aventurera (entendiendo esta, como anterior a la actual, pasiva y calculadora). Es claro que estos hombres responden a un evidente afán de lucro y a un espíritu de empresa. El propio Hernández Sanz nos lo confirma cuando dice: "a la afluencia de tantos extranjeros que desde el principio de la ocupación inglesa vinieron a establecerse en Mahón con el afán de lucro (...)" (pag. 330). Por otra parte,: ¿no supone una empresa, a todas luces aventurera, el emigrar a una, tierra extraña con lo que esto supone de desarraigo e inseguridad. Sean los que sean los motivos que les impulsaran a ello? Aquí precisamente -en su papel de emigrantes- puede estar otra de las claves que nos expliquen su vinculación con el espíritu capitalista. Para su interpretación acudiré a una fuente clásica, a la obra de Werner Sombart "El burgués" en la cual, dedica un capítulo al papel jugado por los emigrantes -en su condición de tales- en la formación del espíritu capitalista. Sombart dice que los individuos que se deciden a emigrar son (al menos en tiempos antiguos cuando el heco d eemigrar y establecerse en un país colonial representaba aún una empresa temeraria) los más enérgicos tenaces, osados, frios, calculadores y los menos sentimentales ; y ello independientemente de si son motivos de opresión religiosa o política o intereses lucrativos los que les impulsan a emigar. Añade que la emigración desarrolla el espíritu xcapitalista mediante la ruptura de todos los lazos y relaciones vitales. En efecto, no es difícil referir todos los procesos psíquicos que observamos en el "extranjero" en su nueva patria a ese único hecho decisivo, es decir, a la circunstancia de que para él, la familia, el país, el pueblo y el Estado, a los que hasta entonces estaba ligado con todo su ser, han dejado de existir. Cuando vemos que lo que prima en la mentalidad del emigrante es el afán de enriquecimiento, hay que comprender que no puede ser de otro modo, ya que al extranjero le resulta imposible desempeñar otras profesiones: en los países de rancia cultura se le excluye de la participación en la vida pública. Para los emigrados no hay pasado ni presente. Solo el futuro. Y una vez que el dinero ha pasado a ocupar el centro de sus intereses, parece natural que lo único que conserve algún sentido sea el afán de lucro como medio para labrarse el futuro. Y Sombart concluye: de todo ello se deriva necesariamente un rasgo esencial que preside todo el hacer del extranjero: la firme decisión de desarrollar hasta sus últimas consecuencias el racionalismo económico-técnico. Tiene que implantarlo porque le obliga la necesidad o su sed de futuro; puede ponerlo más fácilmente en práctica porque no cuenta con ninguna tradición que le intercepte el camino. Así se explica el hecho de que en Europa los emigrantes se convirtieran, doquiera se estableciesen en lso promotores del progreso industrial y comercial. Quiero hacer notar que la tesis global de Sombart puede ser contestada, sin embargo puede aportar algunas ideas parciales que creo son aplicables al caso que nos ocupa, lo que supondría establecer una diferencia cualitativa entre los emigrantes afincados en Menorca y sus habitantes autóctonos, en razón de su condición. Recobrando el hilo de la narración, vemos como estos emigrantes seguirán prosperando durante la segunda mitad del XVIII, pero su suerte estaba unida a la de sus protectores británicos. En 1782, después de la reconquista de Menorca por las tropas españolas al mando del Duque de Crillon, la mayoría de ellos fueron desterrados y confiscadas sus propiedades. Quedaría por ver la capacidad que hubieran tenido estos grupos para liberar las fuerzas productivas locales, sujetas por el yugo del régimen señorial, en caso de haber continuado, disfrutando de su situación por tiempo indefinido, pero estas especulaciones en el terreno de la Historia-ficción.
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