Nelson en Menorca

 

 Terminaba yo mi último artículo (vid. Es diari de 11 de mayo) asegurando que Lady Hamilton nunca estuvo en Menorca. Al menos científicamente hablando, puesto que no hay testimonios escritos de su venida y ni siquiera la conjetura justifica su estadía en la Balear Menor. Al fin y al cabo el sentido común, nos induce a pensar que en el siglo XVIII era prácticamente imposible para la esposa de un embajador de Su Majestad Británica, pasearse en un navío de guerra de tres puentes por el Mediterráneo, acompañando a su amante.

            Pero Nelson estuvo en nuestra isla, puesto que existen fuentes escritas que lo prueban. En primer lugar una indirecta: la constatación de la presencia del almirante en el diari Roca y, en segundo, otra más directa: una carta suya escrita desde Puerto Mahón el 5 de septiembre de 1800[1].

La primera noticia de su presencia aquí nos la ofrece, como ya hemos dicho, el capitán Roca, en cuyo diario del  12 de octubre de 1799 se dice lo siguiente:

“Ab el Vaxell Foudroyant de 84 (canons) es arribat el ContraAlmirante Lord Nelson de Italia”

            También el diari nos relata su partida días después, concretamente el 18 del mismo mes:

Lo Almte. Lord Nelson es partit ab son Vaxell Foudroyant y se creu pr. Sicilia o Malta”.

Horacio Nelson con el pecho cuajado de condecoraciones y luciendo el Chelengk en el sombrero.

 

          Nelson, en ese momento, se encontraba ya en la cresta de la ola, pero todo se paga y más él, teniendo que luchar contra la intransigencia de clase que  sufre todo aquel que osa subir a lo más alto desde los últimos peldaños, sobre todo en una época de escasa o nula movilidad social. En efecto: por entonces ya había perdido en el camino el ojo y el brazo derechos, amén de la espectacular herida en la cabeza que le produjo un astillazo en Aboukir y que le dejó ciego unos instantes, cuando un pingajo de piel y carne propias le tapó el único ojo sano, que su médico compuso como pudo. También por entonces, dos años antes, en la batalla de Cabo San Vicente, había asaltado, al frente de la Infantería de Marina, el castillo de popa del San Nicolás, y haciendo prisionero a su capitán, blandiendo el sable de su abuelo, después de romper todos los esquemas de la formación naval en línea, táctica tradicional por entonces.

       Así pues, una mañana de octubre el almirante se asomó a nuestro puerto, aunque parece que no desembarcó o al menos la crónica no lo cuenta. Quizás se entretuviera en su camarote admirando aquella joya excepcional que le había regalado el sultán turco por la victoria de Aboukir, el famoso Chelengk, una especie de adorno para el sombrero formado por 13 rayos (uno por cada uno de los buques hundidos en la famosa batalla de Egipto), cuajados de diamantes y con una estrella central, que giraba por medio de un mecanismo de relojería. Ya por entonces se había recuperado de la pérdida del brazo en Tenerife causada, una vez más, por el exceso de su celo, cuando desembarcó a pecho descubierto, otra vez al frente de la Infantería de Marina, en el muelle de Santa Cruz, el 27 de julio de 1797.

Después, en julio de 1800, volvió a la isla. Por entonces su pulso ya era firme al redactar con la mano izquierda la siguiente carta:

 

“Mahón 5 de septiembre de 1800

Mi querido Señor[2]; me siento deudor de su nota y le puedo asegurar que todos mis ascensos son rigurosamente reglamentarios y han sido ratificados por la Comisión (de Marina), por tanto se confirmarán a su debido tiempo.

Le agradezco (haberme adelantado) la noticia de los buques puestos bajo mi mando y me esforzaré en sacarles el máximo partido.

El capitán O´Campbell me escribió que ha sido aceptada mi recomendación de su traslado conmigo y que mi petición de fragatas que yo consideraba necesarias para el servicio desde el cabo de San Vicente a Constantinopla, pasando por Venecia, se verá muy disminuida, pero no me quejaré. Confiemos en el caballero I.D. Thomson.

Si hay que hacer caso a la opinión de Lord Barthams, el enemigo tiene en su flota un sin fin de fragatas y otras embarcaciones menores, con las que (podrán) remolcar a sus naves averiadas.

      Mi lema es  abordar y capturar.

      Siempre su mayor deudor

Nelson Bronte[3]

 

La última frase es significativa: resume toda la táctica del almirante: el ataque brusco, violento, sorpresivo, no sujeto a canon ninguno. El modelo táctico de un genio de la guerra.

El diari Roca nos confirma, una vez más, que por esos días Nelson se encontraba en Menorca. Así en el diario del 4 de julio dice:

Es arribat el Vaxell Foudroyant de 84 (canons) que montava Ld. Nelson quant prengué Guillaume Tell qui també ve pr. acomodar el dañy que rebé en el combat. Este ve de Liorna ahont ha desembarcat la Reyna de Napols qui diuen va a Viena y Ld. Nelson qui va a Inglaterra.”

Parece que en este caso Nelson permaneció, al menos, dos meses largos en Menorca. En esa época hubo mucho movimiento de tropas y buques de guerra británicos en nuestro puerto.

        El almirante partió definitivamente de Puerto Mahón en septiembre, camino de su destino: la batalla de Trafalgar, donde encontró la muerte por excesivo, y también por ostentoso. Un infante de marina español situado en una cofa vio brillar un pecho cuajado de condecoraciones y no dudó en dispararle. Dicen que su segundo Collingwood  (que por cierto moriría años después en aguas de Menorca) le sugirió que se las quitara, aunque otras fuentes aseguran que no se atrevió, conociendo el mal genio de su superior.

 Al poco Nelson murió y, llevado su cadáver a Inglaterra, fue enterrado en la catedral de San Pablo. Su ataúd  fabricado con la madera del palo mayor del Orient, el buque insignia francés, hundido en la batalla de Aboukir, era un macabro regalo que, años antes, le había enviado el capitán Hallowell con una nota que decía:

“Señor: aquí le envío un ataúd hecho con parte del palo mayor del Orient, para que cuando se canse de esta vida  pueda ser enterrado en uno de sus propios trofeos”[4]



[1]              La carta pertenece a la colección Jim Maps. Una copia de la misma se encuentra depositada en el Museo Militar de Menorca. Doy las gracias a mi buena amiga Jenny Travers, que la transcribió y colaboró gentilmente a su traducción.

[2]              My dear Sir en el original. Este apelativo cariñoso solía utilizarlo Nelson para dirigirse a su protector el almirante Sir John Jervis, a quien parece dirigida precisamente esta carta.

[3]              Este título, el ducado de Bronte, se lo había concedido el rey de Nápoles.

[4]              Anécdota citada por  ATKINS, L y R. Las claves de Egipto, Madrid, Debate, 2000, pág. 36.