La Gomera

La Gomera, situada a unos 28 kilómetros al oeste de Tenerife, con una población de aproximadamente 17.000 habitantes, es la segunda más pequeña de las siete Islas Canarias; su extensión es de sólo 378 kilómetros cuadrados, tiene un diámetro aproximado de 24 kilómetros y una forma casi circular.  A pesar de su reducida extensión, presenta una gran variedad de paisajes naturales y humanos y su orografía es de lo más complicada: el punto más elevado es el alto de Garajonay, de 1.487 metros, y desde el centro de la isla descienden hasta el Atlántico 34 barrancos principales, algunos de los cuales, en su salida al mar, forman bonitas playas. Circular por la isla se convierte en una sucesión interminable de curvas, con continuas subidas y bajadas de fuerte pendiente.

La complejidad de su relieve y la capacidad de adaptación de sus habitantes a las difíciles condiciones del territorio (véase foto de la derecha, en La Cuestita, Valle Gran Rey) han hecho posible la explotación de los recursos con el respeto a la naturaleza, obligando al campesino a construir bancales, uno de los paisajes más impresionantes de la isla, que semeja escalinatas de gigante, fruto del esfuerzo de muchas generaciones de agricultores. Así nació una cultura rural propia, que hasta ahora sigue todavía viva. El aislamiento de la isla ha permitido la conservación de numerosas tradiciones culturales, que en algunos casos tienen sus raíces en los aborígenes (los Guanches), como la cerámica popular,  el baile del tambor y el el silbo gomero;  efectivamente, para evitar desplazarse de un lado a otro, antiguamente se desarrolló un lenguaje de comunicación conocido como el silbo, con el que era posible comunicarse salvando  grandes distancias. También se desarrolló una arquitectura y una gastronomía originales, que combinan las influencias exteriores con los elementos endógenos.

Pero esta búsqueda de espacio agrícola ha sido compatible con la conservación de un importante patrimonio natural de manera que hoy, la isla posee una tercera parte de su territorio afectado por alguna figura jurídica de protección ambiental, entre las que destaca el Parque Nacional de Garajonay por la presencia de la laurisilva  (foto de la izquierda). La imagen natural de la isla se completa con los impresionantes acantilados, los roques y los palmerales que salpican los cultivos y forman numerosos oasis en el fondo de algunos barrancos. La rehabilitación de casas campesinas para el turismo rural permite al visitante conocer de cerca este patrimonio, y disfrutar del ambiente acogedor de su entorno.

La Gomera es la única isla del archipiélago en la que no han tenido lugar erupciones volcánicas recientes (la última erupción aconteció hace unos dos millones de años). Como consecuencia de ello, la erosión ha actuado formando espectaculares roques y fortalezas, como el Roque Cano (Vallehermoso), en la foto de la derecha.  Estos roques o pitones, como también se les conoce, pueden alcanzar varios cientos de metros de altura y corresponden a antiguos conductos volcánicos rellenados por lava más pastosa y dura, habiéndose quedado estos roques, debido a la erosión producida en las rocas circundantes,  como chimeneas que sobresalen del terreno.

(Basado en de la Guía de naturaleza editada por el Centro de Iniciativas y Turismo Rural de La Gomera y en la Guía MARCA de Turismo y Naturaleza 2006)